Lectura y escritura en tiempos de la distracción - Razón Pública
Foto: Pruebas PISA

Lectura y escritura en tiempos de la distracción

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¿Y si los malos resultados de PISA 2025 no fueran solo una falla de los sistemas educativos en el mundo? Detrás de la caída de las capacidades lectoras más pronunciada en la historia de la prueba asoma una manera distinta de procesar el mundo, el posalfabetismo.

Lo que dice PISA 2025

El 8 de septiembre pasado se publicaron los resultados correspondientes al año 2025 del Informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (Informe PISA), de la OCDE. En Colombia nos hemos acostumbrado, lamentablemente, a leer cada nueva entrega como la confirmación de un retroceso. En la última década hemos caído en todos los indicadores.

Los resultados publicados este año muestran también una caída generalizada del desempeño educativo en todo el mundo. El 20% de los estudiantes presenta bajo rendimiento en las tres áreas evaluadas (ciencias, matemáticas y lectura), frente al 16% de 2022. La caída más pronunciada, e histórica, en el promedio de los países de la OCDE corresponde a las competencias lectoras que descendieron, entre 2015 y 2025, 28 puntos. Otro aspecto interesante que resalta el Informe tiene que ver con el incremento de “lectores apresurados”, que son los que responden rápido y mal:    pasaron del 7% en 2018 a 11% en 2025. Menos atención y más desconocimiento.

Todo esto se constituye en la mayor alerta del Informe. Estamos formando una generación de jóvenes con grandes dificultades para comprender textos sin importar su complejidad. Jóvenes que no tienen las herramientas cognitivas adecuadas para leer textos largos, evaluar y conectar información proveniente de diferentes fuentes y, sobre todo, realizar tareas que requieren atención y reflexión crítica.

Los resultados, además, muestran que los jóvenes con mayores ventajas socioeconómicas experimentaron la caída más pronunciada en la capacidad lectora (20 puntos frente a 4 de los más desfavorecidos). Algunos mencionan que esto puede ser un efecto derivado del uso intensivo de inteligencia artificial generativa, a la que ese grupo accede con mayor facilidad en sus tareas formativas. Cerca del 46% de los estudiantes de los países de la OCDE utilizan IA semanalmente para “ayudarse” en su aprendizaje. Según el Informe, el 56% de los estudiantes colombianos utilizan en IA para sus tareas formativas. Es el porcentaje más alto en Latinoamérica.  

En definitiva, tres de cada cuatro sistemas educativos en el mundo registraron una caída significativa en el desempeño de lectura entre 2018 y 2025.

 La trampa algorítmica

Es claro que delegar parte de nuestras tareas y esfuerzos a los sistemas de IA nos facilita la vida y nos hace más eficientes, al ofrecernos tiempo para muchas cosas más. También es cierto que delegar en exceso o delegar ciertas tareas cognitivas fundamentales nos está llevando a una trampa algorítmica mental de la que será difícil salir. Una trampa que genera una descarga cognitiva en todo tipo de personas y edades hacia una menor capacidad para la atención sostenida, memoria, pensamiento lógico y, en general, menor capacidad de comprensión de situaciones mínimamente complejas. Es un fenómeno que ya está impactando radicalmente en nuestras democracias y la vida en comunidad.

En los últimos meses varios profesores de algunas universidades de élite en Estados Unidos han señalado la dificultad que presentan los estudiantes para leer textos largos y comprender su contenido. La decisión de muchos de ellos ha sido “acortar” las lecturas obligatorias, buscando menos resistencia hacia esa actividad. Esto parece mostrar que, en la actualidad, el “forcejeo” intelectual con problemas o lecturas difíciles es una forma de aprender demasiado exigente para algunos estudiantes y también para algunos profesores.

Presenciamos un declive de la lectura, ayudado por el mayor uso de la IA y por unas redes sociales enfocadas principalmente en comunicar a partir de imágenes y videos. Un informe de la OCDE (2024), que a mi modo de ver complementa los resultados de PISA, concluyó que la comprensión lectora de los adultos ha disminuido en los últimos diez años. Después de evaluar más de 160.000 personas en 31 países, el estudio encontró que uno de cada cinco adultos apenas es capaz de comprender textos breves y sencillos. Es decir, el 18% de los adultos, en los países de la OCDE, no alcanza los niveles más básicos en competencias lectoras.   

Leer no es natural

Por supuesto que leer no es un acto natural. Por milenios fuimos una especie eminentemente oral. Gran parte del conocimiento solo se compartía a través de cantos y relatos que, para no desaparecer en el mismo momento en que se pronunciaban, se apoyaban en estrategias nemotécnicas de todo tipo. La lectura y la escritura son más bien una tecnología humana reciente en nuestra historia evolutiva, que nos ha permitido estructurar nuestro cerebro en torno a capacidades cognitivas complejas como la atención, el razonamiento lógico, la reflexión y la capacidad de comprender otras perspectivas.

Leer es mucho más que una habilidad para comunicarse. La palabra escrita tiende a utilizar estructuras y vocabulario más complejos que la comunicación hablada. Los lectores pueden retornar a los textos para diseccionarlos, encontrar nuevos significados y, por supuesto, comprenderlos mejor. Eso es un ejercicio de reflexión y de pensamiento lógico fundamental para nuestras capacidades cognitivas. Es precisamente lo que se debilita cuando la lectura se reduce a su mínima expresión, como los posts breves y superficiales de las redes sociales o como cuando delegamos en la IA el trabajo de leer, escribir y resumir.

Foto: Resultados prueba lectura PISA 2025

Menos de un minuto de atención

Vivimos en un mundo construido a partir de la distracción. La investigadora de la Universidad de California Gloria Mark encontró un descenso en la capacidad de atención de las personas en entornos laborales de dos minutos y medio en 2004 a 47 segundos dos décadas después. Este cambio afecta de raíz nuestros trabajos, la manera como aprendemos e incluso el modo como sostenemos una conversación. 

Nuestro cerebro ha interiorizado el patrón definido por las plataformas diseñadas para interrumpir, hasta el punto de que aprendió a anticipar la propia interrupción y en muchas ocasiones genera un impulso que nos lleva a cambiar de foco automáticamente, sin que aparezca previamente la distracción.

Un mundo de estas características no tiene espacio ni tiempo para la lectura de libros largos y complejos. A lo sumo, fomenta una lectura fragmentada, superficial, de estructuras simples y que tiende al olvido.

Más textos, menos lectura

La gran paradoja reside en que hoy producimos y consumimos, también gracias a la IA, más textos que en las décadas pasadas. Hoy un número mayor de libros son publicados cada año, los nuevos artículos científicos se cuentan por varios cientos de miles mensualmente, la información y la desinformación inundan nuestros dispositivos cada segundo. Consumimos contenidos escritos y audiovisuales de manera bulímica. Pero, en general ¿qué tipo de lecturas hacemos? Las más superficiales y fragmentadas a las que se puede acceder.

Aún más preocupante, la escritura, ese viejo acto de revisar lo que supuestamente conocemos para comprenderlo mejor mientras nos esforzamos por organizar palabras y frases una tras otra, también la estamos delegando. Para muchos ya no hay esfuerzo al escribir, ya no existe el pánico de la hoja en blanco, porque la IA lo hace mejor que la mayoría de nosotros.

Los textos de la IA son claros, con una prosa sencilla y convincente, pero al mismo tiempo algo superficiales y, sobre todo, poco originales; abusan de estructuras repetitivas y formas homogéneas. La escritura se está convirtiendo en una manera aburrida e impersonal de comunicarse.

Creo que delegar la escritura en la IA nos evita el gran esfuerzo mental, el pánico y la preocupación de la fecha límite, pero también nos limita la capacidad de interrogarnos a nosotros mismos sobre lo que sabemos o no, la capacidad de construir nuestras propias opiniones y, en definitiva, de habitar un mundo más interesante, construido por nuestras dudas e intereses que hacen posible nuestra capacidad de pensarlo y experimentarlo.

El posalfabetismo llegó

Aunque en declive, la lectura no va a desaparecer (de la escritura humana no estoy tan seguro). Como lo postula el interesante artículo de Rose Horowitch en The Atlantic, la lectura se está transformando de maneras que aún no somos conscientes. Tal vez ya entramos a una fase de posalfabetismo, como lo anticipó el teórico de la comunicación Marshall McLuhan en la década de los sesenta del siglo pasado, cuando sostuvo que por causa del exacerbado consumo de programas de televisión el mundo occidental entraría a una posalfabetización en donde la lectura se integraría y adaptaría a otras formas de información y comunicación.

Muchos de los que conocemos hoy son personas posalfabetizadas, no solo todo los más jóvenes. Se comunican con dinámicas en donde la escritura y la lectura no son siempre centrales. Es bien sabido que alguien como Donald Trump, el presidente del país más poderoso del mundo, no lee informes, ni siquiera breves cartas informativas; explota el poder de las redes sociales y, últimamente, se comunica más con imágenes generadas por IA. Los influenciadores dominan la opinión en el mundo y solo una fracción muy pequeña de ellos lo hace mediante la escritura. Es probable que a ninguno de ellos le vaya bien en las pruebas PISA.

El declive de la lectura, expresado con contundencia en el reciente Informe PISA, nos lleva a una conclusión poco esperanzadora: en comparación con décadas anteriores, el modo de pensamiento que estamos cultivando actualmente en nuestros jóvenes, e incluso en nosotros mismos, es menos racional, menos profundo, menos analítico y menos sofisticado. Esto, como sucedió cuando pasamos de un pensamiento dominado por la oralidad a otro centrado en la escritura y la lectura complejas, habrá de modificar la forma de acceder al conocimiento, de comprender el mundo y, por ende, de actuar en defensa de nuestra libertad.

Le recomendamos: Educación: entre grandes promesas y resultados esquivos

Acerca del autor

Gustavo Silva
gsilva@razonpublica.org | + posts

*PhD en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Investigador del Instituto de Neurociencias en la Universidad El Bosque. Fue director de la Editorial Universidad Nacional de Colombia y vicerrector de investigaciones de la Universidad El Bosque.

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Gustavo Silva

*PhD en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Investigador del Instituto de Neurociencias en la Universidad El Bosque. Fue director de la Editorial Universidad Nacional de Colombia y vicerrector de investigaciones de la Universidad El Bosque.

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