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Duque capoteando la crisis: una ilusión

Escrito por Mario Morales

Mario MoralesMejoró el grado de aprobación a la labor del presidente. ¿A qué se debe esto y qué tan buena ha sido la estrategia de comunicación durante la pandemia?

Mario Morales*

Una estrategia dudosa

La favorabilidad del gobierno Duque en la encuesta de Gallup-Invamer saltó del 23% en febrero al 52% en abril. Según algunos analistas, esto se debe a la adecuada estrategia de comunicación que el presidente ha utilizado durante la pandemia.

Pero ¿existe esa estrategia? Un análisis rápido de las actuaciones del presidente y su círculo cercano deja más dudas que certezas.

No solo tardaron en tomar acciones, sino que lo hicieron de forma desordenada. La multiplicidad de voceros con argumentos dispersos y no especializados traicionó los principios del liderazgo: claridad, intensidad y unidad en el mensaje y en las actuaciones.

Por esta vía la posición del gobierno se confundió a menudo con la opinión desinformada de funcionarios tan desconcertados como el resto de la población. Fue, entre otros, el caso de la ministra del interior o el de la vicepresidenta. A esto se sumaron las contradicciones, salidas en falso y rectificaciones en palabras o en actos.

También se ha notado un desequilibrio en el discurso con un enfoque productivista y empresarial, en detrimento de los valores fundamentales de la salud y la vida de la población.

Sin añadir que desde el comienzo hizo falta un protocolo de comunicación de crisis que validara los aprendizajes de la Organización Mundial de la Salud, conservando la empatía, la humanidad y la autenticidad.

El despelote

También fue desafortunada la reivindicación verbal de autoridad de Duque —“aquí el presidente soy yo”— como respuesta al protagonismo de los mandatarios regionales. Sobre todo, aludiendo a los alcaldes de Bogotá, Medellín y Cartagena, inicialmente desautorizados, pero a quienes finalmente cedió la gestión de la crisis.

La recurrencia de los fenómenos citados ha dado lugar a varios momentos de caos. Sobre todo, porque el gobierno nacional no ha sido oportuno en sus pronunciamientos, dejando poco margen de maniobra a quienes deben ejecutar las decisiones y a la misma población para comprenderlas.

La posición del gobierno se confundió a menudo con la opinión desinformada de funcionarios

Esto ocurrió, por ejemplo, en el momento de reabrir la construcción y la manufactura, a lo cual se oponían varios alcaldes. La demora del gobierno en expedir los decretos —que apenas acabaron de conocerse la víspera de la reapertura— propició un verdadero despelote.

El presidente tuvo que ceder para no cargar con toda la responsabilidad de un eventual aumento de los contagios. La confusión y la desinformación han dado pie a protestas, tanto de quienes claman por la reapertura como de quienes piden que se mantenga la cuarentena.

Uno de los primeros efectos ha sido la indisciplina social, reforzada por el incumplimiento de las medidas por parte de funcionarios y líderes de opinión, como la alcaldesa de Bogotá y su esposa, la congresista Angélica lozano.

Finalmente, la multiplicación de plataformas, aplicaciones y herramientas sin el debido hilo conductor ha hecho que se dispersen los mensajes –y los usuarios-.

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Ayudas circunstanciales

¿Por qué, entonces, existe la ilusión de que el presidente y sus asesores están capoteando la crisis, al menos hasta el momento?

La respuesta se encuentra en casualidades o en otros fenómenos circunstanciales:

  • El llamado de muchos a despolarizar el ambiente político, que a menudo se entiende como no criticar al gobierno.
  • La ausencia de contrapesos como el del poder legislativo, así como las prerrogativas del estado de excepción que le dan amplio margen de maniobra.
  • El manejo centralizado de datos e informaciones neurálgicas, pese a que esto impida una visión certera y transparente de la pandemia.
  • El apoyo editorial, expreso o tácito, de los principales medios de comunicación, apegado a emociones, valores e imaginarios como la solidaridad o el patriotismo.
Información del gobierno para el manejo de la covid19

Foto: Presidencia de la República
El gobierno debe ponerse de acuerdo y ser claro en la información que comunica.

El gobierno también tiene a su favor que el país está buscando en qué o en quién creer en medio de la incertidumbre y el desconcierto generalizados. Prueba de ello es la búsqueda ansiosa de información en el ciberespacio, el aumento ratings y registros de lectura de los medios periodísticos, la sintonía de las celebraciones religiosas, la nostalgia colectiva alrededor de la Selección Colombia en el recuento televisivo mundialista y, por supuesto, las encuestas de favorabilidad de los gobernantes locales, regionales y nacionales.

En términos comunicativos, el actual gobierno se mantiene al debe, así que quizás haya que buscar las causas de su alta aprobación en la incertidumbre extrema que experimenta el país, y en su necesidad de un apoyo más o menos concreto para reducir la ansiedad colectiva.

Los trucos del gobierno

Aunque fuera dando tumbos o jugando al ensayo y error, las acciones comunicativas del Gobierno han aprovechado ese panorama para forjar una imagen positiva.

Una de esas acciones fue uniformar el mensaje que se transmite a los medios a través del programa televisivo de la tarde-noche, que no es claro y concreto con respecto a los hechos. Se convierte en una comunicación unidireccional, vertical y aburrida, cuyo fin no es informar sino crear la percepción de un gobierno que actúa, se conecta y responde en vivo y en directo. Así se obvia el escrutinio periodístico; no hay intermediarios ni cuestionamientos.

La figura presidencial se reviste de cierto histrionismo, como si fuera el presentador de un espectáculo

Durante el programa, la figura presidencial se reviste de cierto histrionismo, como si fuera el presentador de un espectáculo, asignando los temas fuertes y las decisiones a sus ministros o asesores técnicos y científicos. Las apariciones públicas de expertos también sirven para subsanar las carencias de conocimientos específicos y, especialmente, la forma de comunicarlos —a diferencia de Claudia López, que asumió el rol de vocera, líder y gestora—.

Sin duda, el gobierno ha echado mano de otras tácticas para suavizar el impacto de la pandemia, para ganar autoridad o para mejorar su imagen:

  • Matizar el discurso a través de una “actitud mental positiva”, repitiendo hasta el cansancio expresiones como colaboración, trabajo colectivo y disciplina social.
  • Evitar el énfasis en asuntos médicos y necrológicos para sustituirlos por temas menos importantes, como anuncios de labores futuras.
  • Usar eufemismos como “positivos” en vez de contagios, “fallecimientos” en vez de muertes, “aislamiento inteligente” o “vida productiva” en lugar de fin del aislamiento.
  • Encarnar ideas y decisiones en líderes deportivos o políticos, con especial énfasis en Angela Merkel, a quien se cita textual y frecuentemente.
  • Ampliar la difusión del mensaje, en medio del bajo rating televisivo, en plataformas como Facebook, mediante una pretendida interacción con los usuarios.

Lo que falta para una estrategia de comunicación

A pesar de todo lo que acabo de decir, el presidente Duque no ha logrado enviar un mensaje coherente.

La comunicación en estos momentos es definitiva, más que para gestionar su imagen, para afrontar -como tanto repite- “de manera colectiva los retos del presente y del futuro inmediato”, sobre la base de la claridad (otra de sus consignas incumplidas).

decretismo de Duque

Foto: Presidencia de la República
¿Celeridad en López y parsimonia decretística en Duque?

Para que eso sea posible, sería necesario:

  • Construir una narrativa coherente con una gestión planeada, basada en la legitimad del poder presidencial, sin confundir la conciliación con la debilidad frente a las presiones, como se percibió con la actuación reciente de una aerolínea internacional.
  • Interlocución real con el periodismo y los medios, más allá de la pose de hablar con emisoras regionales.
  • Centralizar la información, aún la proveniente de las carteras a cargo del Centro Democrático – desde donde se incluyen cargas de profundidad que generan desconfianza, como con la intención reiterada de una reforma tributaria en medio de la crisis-.
  • Planear, anticipar y comunicar con suficiente tiempo y de manera didáctica, para permitir coordinación y sincronismo.
  • Mayor precisión y transparencia en los decretos, como en el caso de los fondos privados de pensiones o en el de la “cuota nacional” en la televisión.
  • Hacer públicos los datos y explicar con claridad herramientas como la CoronApp y sus implicaciones para los ciudadanos.

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Si seguimos creyendo que gobernar es comunicar, el presidente tendría que demostrar que tiene una estrategia –no apenas para aumentar su favorabilidad – sino ante todo para guiar al país durante los próximos días, cuando los muertos por la pandemia se contarán en miles y los infectados en decenas de miles.

También sería inteligente no cantar victoria con resultados pírricos y transitorios como los de las encuestas. Su favorabilidad es del 52% —un 45% que lo respalda por conveniencia para que termine el confinamiento— pero, en la otra cara de la moneda, un 75% de colombianos que creen y sienten que las cosas están empeorando.

*Analista, columnista y profesor de la Universidad Javeriana. @marioemorales www.mariomorales.info

 

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