La Bienal de Bogotá BOG25: la ciudad como galería viva
Foto: X: Gobernación de Cundinamarca

La Bienal de Bogotá BOG25: la ciudad como galería viva

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Con BOG25 Bogotá se atreve a desafiar esa idea de que el arte está reservado a los circuitos especializados. Este encuentro convoca la ciudad entera, propone nuevas formas de experiencia colectiva y pone en juego preguntas esenciales sobre vivir, mirar y soñar el espacio urbano y la vida común.

Desde el 20 de septiembre hasta el 9 de noviembre de 2025, Bogotá se convierte en el escenario de una ambiciosa apuesta cultural a nivel nacional: la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25.

Arte en movimiento por la ciudad

Bogotá vuelve a ser sede de una Bienal de arte contemporáneo. BOG25 se despliega entre septiembre y noviembre en espacios emblemáticos como el Museo Tadeo Lozano, el Palacio de San Francisco y el Eje Ambiental, y propone un recorrido abarcable, urbano y sensorial. Casi en simultáneo, se celebran la Bienal de Medellín (2 de octubre al 25 de noviembre) y el Salón Nacional de Artistas (entre octubre y diciembre), lo que convierte este período en un verdadero pulso cultural para Colombia.

Más que una exposición, BOG25 se presenta como un museo al aire libre o una galería pública abierta, una experiencia de serendipia donde el ciudadano se encuentra con el arte sin buscarlo. El espacio público rompe la solemnidad de las ferias cerradas y permite que el arte se infiltre en la cotidianidad, trastocando rutinas; activando preguntas, y desarmando dicotomías entre realidad y ficción, idea e imagen, vigilia y sueño, mente y cuerpo, y simbólico y material.

Según los organizadores distritales, participan artistas de diversos países y comunidades, incluidas expresiones barriales, arte popular y colectivos como la comunidad trans y habitantes de calle que le dan un aire de rebasar fronteras e integrar sensibilidades. La Bienal se propone como una plataforma para reconocer lo nuevo y redescubrir lo ya conocido desde una cercanía singular. Obras y espectadores se podrán encontrar con extrañamiento y sorpresa generando percepciones, afectos, memorias e imágenes comunes que expandan el horizonte de lo posible; un nuevo presente se asume, otro futuro común aparece. 

Espacios, programación y accesos

La sede principal será el Palacio San Francisco, ubicado en la calle 14 del barrio Santa Fe, pero la iniciativa se despliega por toda la ciudad a través de más de veinticinco sedes y espacios públicos. Hay exposiciones, instalaciones, intervenciones urbanas, performances, talleres y conversaciones curatoriales que activarán barrios, plazas, parques, edificaciones patrimoniales y rutas peatonales.

La inauguración se realizó el sábado 20 y el domingo 21 de septiembre, con una experiencia inmersiva de luz, sonido y mapeo en la, ahora llamada, Plaza Cultural La Santamaría. Según cifras de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, se reportaron más de 125.000 personas en las actividades iniciales, y más de 50.000 visitantes recorrieron distintas sedes en los primeros días.

En este mes largo se estima que participarán más de doscientos artistas nacionales y extranjeros provenientes de alrededor de doce países. Entre los ejes conceptuales se destacan líneas curatoriales como Ocio radical, Esoterismo ambiental, Infancia, Estratigrafías, Tierra fría, La promesa y Optimismo tóxico, dentro del título general “Bogotá, ensayos sobre la felicidad”. Lo que despierta la pregunta por ¿cómo esta apuesta conceptual y curatorial logra plasmar estos sentires y frases en interacciones cotidianas entre artes plásticas y ciudadanía?

La Ciudad de México actuará como invitada de honor, con artistas mexicanos que participarán en intervenciones visuales, música y colaboraciones curatoriales en diálogo con las propuestas bogotanas.

Importancia y expectativas de la Bienal

BOG25 surge como un intento de modificar la percepción urbana: mirar Bogotá como una obra viva, caminar la ciudad como un museo abierto e intervenir el espacio público con gestos artísticos que convoquen el azar y la sorpresa (bienalbogota.com). Para algunos críticos este presupuesto distrital estaba disponible y debía utilizarse, lo cual se ejecutó de manera apresurada para mejorar la imagen de la ciudad y sus gobernantes más allá de la centralidad del arte. También han manifestado que es bueno que se realice para disputarse espacios con sectores del arte capitalizado, privatizado o especializado como ARTBO, en donde se pagan entradas costosas y que intenta marcar la pauta de lo que es el arte en una ciudad capital importante como lo es Bogotá.

El proyecto aspira a generar un legado más allá del período del evento: establecer continuidad (como la prometida edición BOG27) y que los espacios intervenidos permanezcan como plataformas culturales activas.

Con BOG25 -más allá de algunas críticas acerca de su curaduría- Bogotá se atreve a desafiar esa idea de que el arte está reservado a los circuitos especializados. Este encuentro convoca la ciudad entera, propone nuevas formas de experiencia colectiva y pone en juego preguntas esenciales sobre vivir, mirar y soñar el espacio urbano y la vida común.

Respirar arte: beneficios y desafíos para la ciudad

La Bienal oxigena la cultura. Democratiza el acceso al arte, lo saca de los marcos elitistas y lo pone en juego en la ciudad. En un país donde muchas instituciones (familia, escuela, medios, colectividades) han contribuido a alejar a la ciudadanía del arte, BOG25 busca revertir esa distancia. El arte, cuando se arroja a la ciudad, genera conversaciones, despierta inquietudes, y permite que incluso quienes no se consideran “público afín al arte” se vean interpelados.

Para las ciudadanías marginadas o trabajadoras, que muchas veces solo acceden a contenidos simbólicos a través de la publicidad o el entretenimiento fácil, la Bienal puede ser una oportunidad para imaginar otros mundos. El arte, como fuerza que sacude lo real, puede cambiar puntos cardinales, cuestionar hemisferios y abrir nuevas atmósferas de comprensión.

Además, la Bienal invita a salirse de los entornos formales de exposición, a buscar el subtexto de los automatismos cotidianos, a encontrar nuevos sentidos. 

Foto: Alcaldía de Bogotá

Entre transgresión y adorno: preguntas críticas

Pero no todo es celebración. BOG25 también activa preguntas incómodas sobre el estado del arte en Colombia. ¿Es esta Bienal una apuesta original y transgresora o una escenificación apurada que busca cumplir casillas sin profundidad artística? ¿Habrá continuidad? ¿Será este impulso un evento aislado o el inicio de una política cultural sostenida?

La monetización del arte es uno de los puntos más críticos. En un sistema donde el mercado “piensa por nosotros”, el arte corre el riesgo de convertirse en mercancía, en objeto decorativo que reproduce lo ya dicho y domestica cualquier modificación simbólica. ¿Quién selecciona a los artistas? ¿Hay cocreación con los territorios? ¿Las obras tienen libertad presupuestal o son genéricas, listas para encajar en cualquier lugar?

La organización de la Bienal también plantea dudas sobre su carácter democrático. ¿Cómo se convoca? ¿Quiénes conforman los grupos curatoriales? ¿Qué diferencia hay entre esta Bienal y las exposiciones con tiquete de precio elevado y excluyente? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación al poner preguntas interesantes, críticas y desafiantes que despierten conversaciones novedosas para no solo sostenerse en cubrir el evento? 

¿Cómo entender la Bienal en el marco de otras Bienales a nivel latinoamericano o, si se quiere, mundial? ¿Qué le deja BOG25 al sistema artístico local? A veces hay desproporciones de inversiones notorias porque simplemente hay que utilizar un presupuesto y después artistas y todo su entramado artesanal y conceptual quedan desprotegidos o sin continuidades serias para realizar su arte y exponerlo. Esto es lo que sucede en muchos contextos latinoamericanos o del llamado Sur Global. Lo deseado sería que este evento deje huella institucional para inscribirse en el sistema distrital de artes plásticas.

Por lo anterior, se mantiene la cuestión de la continuidad. El Salón Nacional de Artistas, por su parte y para poner un caso concreto, parece ser el único evento propio del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y aun así no ha estado en el presupuesto nacional (Conpes). Cada edición depende de negociaciones locales, lo que revela una fragilidad institucional. ¿Por qué otras iniciativas no se atan al impulso de la Bienal para consolidar un sistema artístico más robusto?

BOG25 es una invitación a la ciudadanía a imaginar y repensar qué es estar-en-el-mundo. Pero también es una oportunidad para revisar los mecanismos de distribución, consolidación y control de las artes plásticas en particular y del arte y la cultura en general. En una época de interpretaciones rápidas y sentidos prefabricados, el arte llama a la pausa, al desvío, a la contemplación. Y eso, en sí mismo, ya es una forma de resistencia frente a los aprietos sociopolíticos, a las presiones de mercado y las asfixias técnico-culturales.

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Mateo Giraldo B.
mgiraldo@razonpublica.org | + posts

*Investigador de la cultura con énfasis en acontecimientos emblemáticos de la historia y en la relación entre estética, ética y política.

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*Investigador de la cultura con énfasis en acontecimientos emblemáticos de la historia y en la relación entre estética, ética y política.

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