Nicanor Parra: más allá de la Antipoesía - Razón Pública
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Nicanor Parra: más allá de la Antipoesía

Escrito por Paula Altafulla
Instalación de Nicanor Parra en el Centro Cultural Palacio La Moneda, santiago, en 2007.

Instalación de Nicanor Parra en el Centro Cultural Palacio La Moneda, santiago, en 2007.

A pesar de su muerte, la risa que nos deja la crítica mordaz de Nicanor Parra es un indicio de buena salud. Albañil y poeta, autor de nada y de todo, Nicanor nos invita a cuestionar necesidades y verdades cada vez más patológicas.

Paula Altafulla*

“Pienso que nunca fui el autor de nada

porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire”.

(Entrevista)

Una oda de la expresión popular

Nicanor Parra no inventó la antipoesía: él aclaró el concepto para nuestra época.

Pero la antipoesía, entendida como el discurso que perturba la división entre alta y baja cultura, ha habido desde el comienzo de la civilización. Por eso considerar a Parra como el creador de esta propuesta estética, muestra el desconocimiento de las fuerzas que han impulsado a la creación literaria.

Del mismo linaje del griego Aristófanes, del español Cervantes, del francés Rabelais o del colombiano Luis Carlos López, el chileno Nicanor Parra fue consciente de que la cultura no la crean, exclusivamente, las élites, sino que reside y se inclina hacia la expresión popular.

Ahora el canto de los payadores, los dichos, los refranes, lo que dice la gente, es decir, el habla, son los materiales privilegiados de la creación verbal.

Así como la comedia se opuso a la tragedia en Atenas y el mester de clerecía se opuso al mester de juglaría en la Edad Media, Parra alzó su voz en oposición a la poesía solemne de “cuello y corbata”, pues para él “desde el Renacimiento la poesía sufrió una desvitalización” que dio como resultado una poesía hermética y profundamente aburrida; observación crítica que apunta tanto hacia su contexto histórico (Neruda, Huidobro, Mistral), como hacia el resto de la tradición literaria modernista y vanguardista.

El poeta: un albañil de mundos

Manifestaciones de antipoesía.
Manifestaciones de antipoesía. 
Foto: Flickr – Rafa_luqe

De cara a ello, la pulsión que lleva al antipoeta a elegir las formas de lo prosaico de la oralidad –como una manera de estar más cerca a la fuente de aquello que se percibe como vital y auténtico– es producida por la tensión constante entre vida y poesía.

Se trata de poner en evidencia la falsedad de la convención social, así como el vacío del lenguaje literario que está cargado de una excesiva trascendencia; se da aquí una inversión de los valores que se manifiesta mediante una revuelta en contra del discurso dominado por los intereses del poder.

El antipoeta se ríe e ironiza sobre esa realidad porque –de alguna forma– no la cree. De ahí que las jerarquías, el prestigio, la belleza, el honor, la riqueza, entre otros valores perseguidos por la sociedad, sean vistos con suspicacia y burla por el antipoeta.

La antipoesía encarna la irreverencia contra el mundo de los seres humanos, pues pone en crisis el sentido convencional y, de esta forma, propende hacia la liberación de la mente de lo que tiene de codificada y del espíritu de los dogmas que lo limitan.

Y es desde esta intención que Nicanor Parra, en su gesto por llevar nuevamente la vida a la poesía, desmitifica la imagen del poeta como un ser elegido, y defiende la figura del poeta como “un hombre como todos, un albañil que debe construir su propio muro”.

Esta controversia con la visión del poeta como un ser privilegiado por los dioses o las musas, que es depositario de un lenguaje oculto que solamente los iniciados pueden descifrar –lo que supone ya un abismo entre la poesía y la gente–, es uno de los ángulos punzantes de la propuesta creativa de Parra.

Ahora el canto de los payadores, los dichos, los refranes, lo que dice la gente, es decir, el habla, son los materiales privilegiados en su creación verbal. De ahí que el poeta en lugar de imaginar otros mundos, deba escuchar atentamente los discursos de su época.  

Nicanor: una voz de totalidad y aporía

Así, Parra nos transmite que la poesía no la hace un individuo, sino que es la voz de la tribu, de la comunidad.

La apuesta del antipoeta es comunicar un pensamiento, y es por esto que no duda en usar versos endecasílabos para conectar mejor con sus contemporáneos. En sus propias palabras: “si el octosílabo de la poesía popular nació de los ritmos del habla popular del medievo, el endecasílabo representa el grupo fónico que correspondería al habla más sofisticada de la burguesía moderna”.

Expresiones como la anterior, en la cual se usa y cambia la métrica con el fin de contribuir con la comunicación popular, dan un matiz particular a su rebeldía.

Parra es un poeta y un antipoeta, cara y reverso, métrica y verso libre, tesis y antítesis.

Nicanor, siendo físico y matemático, intentó –como todo gran artista– alcanzar la comprensión de la vida como una unidad de sentido. Sin embargo, la conciencia de la imposibilidad de unir los fragmentos del sujeto desembocó en una contradicción, una fluida contradicción, en una aporía.

Tanto la vida como la obra de Nicanor parecían ser la caracterización de una aporía. Por ejemplo, se le ha criticado por su vaga posición política frente a la dictadura chilena, pero a la vez sus poemas políticos demuestran que sí hay una denuncia frontal contra la situación que gobernaba su país.

Poeta y antipoeta

En definitiva, Parra es un poeta y un antipoeta, cara y reverso, métrica y verso libre, tesis y antítesis. En sus textos se lee la voz del ciudadano global, pero también la del chileno de una pequeña localidad llamada Las Cruces.

En sus gestos posvanguardistas, Parra revisa las formas del pasado para asimilar lo que resulta útil a su intención comunicativa; llega hasta la ruptura con el libro y el verso mediante sus artefactos, que se mueven a caballo entre el arte conceptual y lo poético.

Esta facilidad para correr la frontera entre los géneros es la manera más acertada de Parra para romper con la convención literaria.

La clásica coherencia entre inventio-dispositio y elocutio se desintegra y, con esta desintegración, se esfuman también las jerarquías morales y sociales. El que habla ahora es un profesor, un trabajador, un hombre de la calle que se da el lujo de despotricar del capitalismo burgués, del socialismo realista, y de sus productos poéticos: la poesía modernista y la realista.

“Ni socialista ni capitalista / sino todo lo contrario: / ecologista”

En consecuencia, la propuesta estética y vital de Parra contribuye a ampliar nuestra conciencia sobre la realidad y desborda el juego de opuestos de las ideologías tradicionales: tanto el capitalismo como el socialismo – que en la práctica han resultado ser casi hermanos gemelos– han llevado al planeta a la situación desastrosa en la que se encuentra.

En este sentido, Nicanor Parra, como todo artista auténtico, obedece a otra ley, a otro orden que supera y transgrede la convención social para ahondar en lo esencial de su época.

En concreto, su extensa obra poética y antipoética suscribe diferentes registros y niveles de calidad. En ocasiones el prosaísmo resulta demasiado escueto, y en otras aparece una solemnidad cercana a la que critica, sin embargo, se destaca siempre en su estilo la ironía, el humor, la informalidad, la libertad y el pensamiento.

Un ecologista a la altura de nuestra época

Instalación de Nicanor Parra en el Centro Cultural Palacio La Moneda, santiago, en 2007.
Instalación de Nicanor Parra en el Centro Cultural Palacio La Moneda, santiago, en 2007. 
Foto: Wikimedia Commons

Más allá de su valioso aporte para renovar la heterodoxa tradición de la antipoesía en occidente, Parra fue un pensador de su momento histórico.

Su preocupación y denuncia de la situación ambiental, que le llevó a proponer sus eco-poemas en el marco de una poesía eco-comprometida, expresa la amplitud de su propuesta estética.

“Ni socialista ni capitalista / sino todo lo contrario: / ecologista” fue una de sus últimas definiciones políticas, y la “economía mapuche de subsistencia” su propuesta concreta para salvar al planeta de la hecatombe ambiental.

El devoto lector de Shakespeare, de Dante y Eliot, que se ve a sí mismo como “un mapuche x derecho propio”, fue capaz de llevar, más allá del ámbito literario, el discurso antipoético sobre la baja y alta cultura, y de demostrar con su vida y obra que la escritura es también un acto social y político.

La muerte de Nicanor Parra es la oportunidad para que su palabra viva entre nosotros, ya que el acto de escribir –en un mundo que cada día se inclina más por lo necesario– debería ser una apuesta por cuestionar la manera en que nos relacionamos entre nosotros y con nuestro entorno.

*Politóloga de la Universidad Javeriana y Magíster en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, donde es hoy investigadora y docente, autora del  libro de poesía Del tiempo al caos (editorial Catapulta, 2009), y de ensayos y poemas en varias publicaciones.

 

 

 

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