Moda sostenible en tiempos de crisis ambiental global
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Moda sostenible en tiempos de crisis ambiental global

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La industria de la moda enfrenta una crisis de sostenibilidad que afecta directamente la calidad de vida de los humanos. Es claro que ya hay impactos irreversibles para la ingeniería humana actual. ¿Pero cuáles son las responsabilidades y compromisos a este problema aparentemente sin solución?

La crisis ambiental global

El planeta Tierra viene sufriendo cambios drásticos en sus ciclos como lo ha demostrado la última década, especialmente después de la crisis mundial de salud provocada por el COVID-19. Lo que la Tierra vive no es solamente un cambio climático, también sufre de alteraciones en los ciclos del agua y en el ciclo de los nutrientes, principalmente de fósforo y nitrógeno. El planeta padece de una pérdida acelerada de biodiversidad, una intensificación de catástrofes naturales, mayor polución general de ecosistemas fundamentales para la vida, destrucción de la capa de ozono entre otros daños ecosistémicos.

Esto es producto de un sistema económico-político mundial que establece hábitos alineados al consumo y al desecho, con el presupuesto de la posibilidad de un crecimiento económico ilimitado en un planeta finito. Los alimentos, la ropa, los materiales de construcción y la energía que se utilizan para saciar las necesidades humanas básicas diarias provienen de la naturaleza, son naturaleza-transformada. Por lo mismo, los desechos, el despilfarro y el desaprovechamiento también vuelven a caer dentro de los ciclos de la naturaleza. No hay un afuera de la relación entre ser humano y naturaleza; hay un continuum, es una imbricación de mutua afectación. En esa medida, el sistema económico-financiero dominante ha venido desconociendo y pasado por alto los ciclos bio-físicos de la naturaleza. 

Pareciera inentendido que la economía está inserta en un sistema más grande, un ecosistema natural de donde vienen los beneficios materiales y energéticos, y que al mismo tiempo termina absorbiendo todos los impactos negativos. Impactos que no serán reversibles por la ingeniería humana. Así lo plantean académicos como Giorgos Kallis, Susan Paulson, Federico Demaria, Isabelle Angelovski, Serge Latouche, Sofía Avila-Calero, Tim Jackson, Silvia Federici, Giacomo D’Alisa, Vandana Shiva, Ariane König, Joan Martinez-Alier o Kate Raworth. 

Estos académicos provienen de distintas áreas del conocimiento, con diferentes métodos de investigación e incidencia en la vida socio-política, pero con la misma determinación para encontrar caminos comunes que permitan vivir el cambio ecológico mundial de una manera justa y con un bienestar duradero. Por lo anterior, toda justicia ambiental pasa por la justicia social y viceversa.

El impacto de la industria de la moda

La industria de la moda se encuentra en el centro de un problema global. Es una de las mayores contribuyentes a la contaminación y la explotación laboral. Aunque las acciones como consumidores individuales puedan parecer insignificantes en comparación con las de las grandes marcas, existen formas en las que se puede minimizar el impacto hacia el medio ambiente y hacia las personas que producen la ropa que se utiliza. 

Es bien sabido que la industria de la moda, responsable del 10 % de las emisiones globales de carbono, supera al transporte marítimo y aéreo juntos. A esto se suman las terribles condiciones laborales. En muchos países productores, la diferencia entre el salario mínimo y el digno alcanza un 48.5 %. Marcas de lujo como Dior y Armani han sido vinculadas a fábricas que pagan salarios tan bajos como 2 dólares la hora a trabajadores inmigrantes.

Ante esta realidad, la necesidad de cambios estructurales en la industria es evidente. Expertos como Kenneth P. Pucker, exdirector de operaciones de Timberland, afirman que la verdadera solución comienza con más legislación. Proponen imponer impuestos al uso de recursos contaminantes como el poliéster y exigir transparencia en las cadenas de suministro.

El crecimiento de la moda sostenible y el lavado verde 

A pesar de las críticas, la moda sostenible ha crecido como una categoría que atrae especialmente a la generación Z, quienes valoran la sostenibilidad en sus decisiones de compra. Sin embargo, este interés ha llevado a muchas marcas a utilizar términos ambiguos como «eco» o «biodegradable» sin pruebas claras, armando una reputación de falsa sostenibilidad o greenwashing, únicamente utilizando este vocabulario como fórmula de publicidad. Por lo mismo, la Unión Europea ha comenzado a regular el uso de estas palabras, prohibiendo y penalizando las afirmaciones sin sustento. Decisión que no ha sido tomada en la mayoría de los países de Latinoamérica, por ejemplo.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) aconseja que los consumidores busquen marcas que realmente cumplan con los tres pilares de la sostenibilidad: medioambiental, social y económica. Certificaciones como B Corp, Fair Trade y GOTS son indicadores fiables.

Cómo reducir el consumo de moda

Para quienes desean reducir su consumo, existen métodos prácticos. La periodista Tiffanie Darke, por ejemplo, promueve la «Regla de las cinco«, que sugiere comprar solo cinco prendas nuevas al año. Esto, combinado con una reflexión antes de adquirir una nueva prenda, ayuda a disminuir el impacto ambiental y promueve el uso de lo que ya poseemos.

Otro enfoque viene de Andrea Cheong, quien enseña a los consumidores a analizar la calidad de las prendas antes de comprarlas. Su método Mindful Monday promueve compras más conscientes, demostrando que la mayoría de las prendas no superan su prueba de calidad.

Si se compra menos, es natural que se utilice más la ropa que ya se tiene. Para mantenerla en buen estado, es recomendable lavar las prendas al revés, a baja temperatura y con menos frecuencia. Además, secar la ropa al aire libre en lugar de usar secadoras prolonga su vida útil y reduce el impacto ambiental.

La reparación también ha empezado a jugar un papel crucial. Desde servicios ofrecidos por marcas como Patagonia y Levi’s, hasta opciones más creativas como el zurcido visible, la reparación no solo alarga la vida de las prendas, sino que también añade un toque personal.

No obstante, cuando una prenda llega al final de su vida útil, es importante considerar su destino. Aunque donar a organizaciones benéficas es una opción, solo un 30 % de las prendas donadas se venden en tiendas, mientras que el resto termina en vertederos, a menudo en países del sur global. Esto ha creado lo que algunos llaman «colonialismo de los residuos«, donde las naciones ricas envían su ropa desechada a países menos desarrollados.

Una alternativa es participar en intercambios de ropa o vender en aplicaciones como Vinted y Depop. Organizaciones como Give Your Best o HUMANA también ofrecen oportunidades para donar a personas en situación de vulnerabilidad.

Foto: Pixnio

El cambio real empieza por las empresas

Elizabeth L. Cline, experta en moda sostenible, sostiene que la responsabilidad principal recae en las empresas. Si bien los hábitos de los consumidores son importantes, las empresas deben ser quienes lideren el cambio. Aplicaciones como Good On You permiten a los usuarios evaluar el impacto social y ambiental de las marcas, ayudando a los consumidores a tomar decisiones más informadas.

Además, apoyar marcas de comunidades pequeñas, indígenas o diseñadores de comunidades marginadas es una forma de oponerse al statu quo capitalista y redistribuir la riqueza. Proyectos como Buzigahill, que reutilizan ropa de segunda mano para crear nuevas prendas, son ejemplos innovadores de cómo es posible desafiar las prácticas tradicionales de la moda.

Abogando por un cambio político en la moda

El cambio real en la moda también pasa por la acción política. Organizaciones como Fashion Revolution y Re/Make ofrecen guías para promover un cambio legislativo en la industria de la ropa y toda la cadena de producción de vestuario. Nueva York tiene, por ejemplo, The Fashion Act, un proyecto de ley que busca aumentar la transparencia en las cadenas de suministro y reducir las emisiones de carbono de las empresas de moda.

Al mismo tiempo, la Responsabilidad Extendida del Productor (RPA) está ganando terreno. Este sistema obliga a las marcas a pagar por la gestión de los residuos textiles y a reducir su producción, compensando a los países que reciben grandes cantidades de ropa desechada.

El cambio: consciencia sobre lo que llevamos puesto

La ropa o el vestuario es un producto de casi primera necesidad. Además de los alimentos, los seres humanos necesitan abrigo y también la posibilidad de adornar sus cuerpos para expresarse, para crear un estilo exterior y así adquirir un cierto bienestar del cuerpo y de la personalidad. Sin embargo, la moda, como mecanismo publicitario y de consumo, se ha salido de todo limite a tal nivel que se produce, se vende, se compra y se desecha la ropa de maneras excesivas, ocasionando los efectos perjudiciales para la sociedad y el planeta. Es por esto que urge un cambio en la relación que se tiene con aquellas prendas, trajes, vestidos, ropajes que utilizamos a lo largo de la vida.

La moda, como industria, enfrenta una crisis de sostenibilidad. Si bien el cambio real debe provenir de las empresas, los consumidores tienen poder en sus decisiones diarias. Ralentizar el consumo, cuidar y reparar las prendas, y apoyar a marcas que realmente promuevan la sostenibilidad social, ambiental y económica son acciones que pueden ayudar a mitigar los efectos dañinos de esta industria. Al mismo tiempo, abogar por cambios políticos es crucial para transformar un sistema que, hoy en día, sigue siendo extractivo y explotador. El poder de nuestros bolsillos y nuestras voces colectivas es más fuerte de lo que imaginamos.

Acerca del autor

Mateo Giraldo B.
mgiraldo@razonpublica.org | + posts

*Investigador de la cultura con énfasis en acontecimientos emblemáticos de la historia y en la relación entre estética, ética y política.

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Mateo Giraldo B.

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Mateo Giraldo B.

*Investigador de la cultura con énfasis en acontecimientos emblemáticos de la historia y en la relación entre estética, ética y política.

Comentarios de “Moda sostenible en tiempos de crisis ambiental global”

  1. Una moda más responsable impactaría a la cadena productiva agrícola al crear nuevas y sustentables estrategias de producción en fibras naturales como yute y algodones nativos, tintes y botones vegetales de recolección ecológica.

    Se recomienda evitar la plancha eléctrica por el alto consumo energético y el daño que ocasionan a las prendas de vestir en el corto plazo.

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