La familia en Córdoba: el cambio cultural acelerado y sus efectos - Razón Pública
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La familia en Córdoba: el cambio cultural acelerado y sus efectos

Escrito por Víctor Negrete
Victor Negrete

Victor NegreteLa familia es un excelente observatorio para seguir los cambios en la cultura: desde las tradiciones y creencias ancestrales hasta las formas creativas de recomposición de la estructura familiar, en Córdoba vive y se desarrolla una sociedad llena de vitalidad, a pesar de un entorno conflictivo.

Víctor Negrete Barrera*

Olvido y cambio cultural 

Perdidas en la penumbra del tiempo, costumbres y convicciones propias de los habitantes de la región formaban parte integral de la cultura de las familias de Ayapel y del Sinú medio, así resultaran extrañas para unos o inaceptables para otros. 

No todos los cambios culturales en estas sociedades agrarias se han dado de manera pacífica, voluntaria o con algún grado de respaldo de la población, ni las costumbres de reemplazo han sido necesariamente mejores para el conjunto de la comunidad. 

Desaparecieron o disminuyen poco a poco, sin causar aparentemente traumas ni desajustes sicológicos y sociales observables hasta el momento. Fueron reemplazadas paulatinamente por otras costumbres y convicciones más benignas o más compatibles con la cultura dominante. 

Pero invito al lector, antes de conocer algunos hechos estadísticos que describen cambios culturales en la familia cordobesa, a penetrar primero en cuatro cortas narraciones que describen algunas de estas tradiciones y costumbres, posiblemente chocantes frente a la cultura occidental estándar, pero que dan testimonio de la riqueza y de la sabiduría ancestral de sociedades sometidas hoy a un proceso implacable de cambio cultural. 

La niña de Ayapel 

"En Ayapel una india estaba con dolores de parto y ya iba a parir. La costumbre era hacerlo en la ciénaga del mismo nombre. Como era primeriza, dos madrinas la tomaron de los brazos y se botaron juntas al agua, metiéndose hasta que les dio a los pechos. Enseguida, dando un grande grito la india zambulló junto con las otras. Cuando resollaron fue con la criatura; era hembra la nacida, así que la lavaron bien y la madre acabó de parir. Salieron del agua y llevaron a la parida a un chinchorro o hamaca, poniéndole un brasero de candela debajo para que allí escurriesen las inmundicias del parto, para que la recién nacida no tuviese llagas nunca y para que nadie pisara aquella sangre porque moría la parida. A poco rato otra india llevó un poco de aceite de canime en una totuma y untándose el dedo margarito, desfloró a la indiecita para que no tuviese dolor cuando se juntase con macho [1]." 

La sábana blanca 

"En el Sinú medio, el día de boda era una fecha grande. Todo el pueblo y los pueblos vecinos tenían que ver con esta fiesta. A la media noche, en pleno furor, los desposados abandonaban con sigilo la sala y se marchaban a su cuarto o casa dispuesta para la ocasión. Al día siguiente, bien temprano, los familiares, los invitados y todo el pueblo permanecían a la expectativa, a la espera de la salida de los recién casados. Al rato salía ella con la sábana blanca manchada de sangre a colgarla en el alambre de tender la ropa para que todo el mundo se enterara que el hombre la encontró virgen. El se quedaba afuerita de la puerta con una toalla enredada en el cuello, tapándose la nariz y con pedazos de algodón metidos en las orejas para que el aire frío de la mañana no se le metiera en el cuerpo, todavía caliente por el ajetreo de la madrugada. Si la puerta se abría y no salía nadie era señal que algo anduvo mal: la mujer no era virgen y podía ser devuelta a su casa, llenando a la familia de una gran vergüenza que no lograban borrar nunca [2]." 

Promesa de tratarlas bien 

"En los pueblos de Córdoba y Sucre era corriente la compra de muchachas o doncellas. Cuando a las niñas y adolescentes comenzaban a brotarles las teticas o "corocitos", los adultos decían que "estaban rajando tierra", haciendo alusión a la raíz de la yuca que al crecer abre o agrieta la tierra. Con sus trajecitos sencillos, hechos con telas suaves y medio transparentes como la popelina, el opal o la llamada gloria, era fácil notar el par de punticas en el pecho y las nalguitas paraditas que alebrestaban a los hombres mayores, en especial a los finqueros, ganaderos y después a los políticos. Muchos de ellos, ante la tentación irresistible, hablaban con los padres para que les permitieran llevárselas para estar con ellas un tiempo determinado previas promesas de tratarlas bien y si lo merecía hasta tenerla como querida, a cambio de un pedazo de tierra, uno o varios novillos, dinero, mercados o productos. También vale mencionar que a mediados del siglo pasado hubo casos conocidos de derecho de pernada que permitía al dueño de la tierra y el poder local disfrutar la primera noche con la desposada de sus sirvientes o servidores [3]." 

Afirmación de la hombría 

"Es conocida la relación sexual de los muchachos de la Costa con los animales, en especial burras, terneras, mulas, gallinas, pavas y cerdas. Esta relación no solo fue permitida sino estimulada y a veces obligada por los padres, con la complicidad de las madres, porque según opiniones de la época, 30 años atrás aproximadamente, cuando empezó a disminuir, garantizaba "el desarrollo" en la adolescencia o la afirmación de la hombría, alejando de esta manera toda posibilidad de homosexualidad o amaneramiento sospechoso. Un hijo, con estas actitudes y disposiciones era una afrenta que empañaba la dignidad y seriedad de la familia. Afirmaban además que preparaban al muchacho para las relaciones con mujeres y era eficaz para hacer crecer el pene. Hoy, las supuestas o reales ventajas de esta práctica son discutibles y nadie sabe con certeza la veracidad de tales apreciaciones ni el papel que ha jugado en las relaciones de noviazgo y matrimonio de las parejas costeñas. [4]" 

Muchas de estas tradiciones, costumbres, creencias y conductas han ido desapareciendo de la región, mientras que en otros lugares del departamento de Córdoba aún subsisten: es el caso de la compra de doncellas y las relaciones con animales. La familia en Córdoba ha experimentado cambios profundos durante los últimos 30 años, que la han afectado notoriamente y por consiguiente al tejido social conformado por las comunidades. 

La familia cordobesa hace 30 años 

Hace 30 años, en Montería, la gran mayoría de las familias se componía de los padres y seis o siete hijos en promedio, la típica familia nuclear. Predominaba la unión libre, como todavía se da hoy en los sectores populares, urbanos y rurales. 

En los pueblos de pescadores y campesinos alejados de centros urbanos era usual que parejas solteras con hijos, uno o ambos, conformaran nuevas familias con relativa facilidad. Por lo general las madres que quedaban viudas o eran abandonadas, así fueran jóvenes, no buscaban otros maridos por restricciones culturales y oposición de la familia, sobre todo de los parientes e hijos varones. 

Había pobreza pero no tanto como ahora, porque existía suficiente y variada producción de pancoger, tanto en las casas como en numerosas parcelas; los ríos y ciénagas aportaban recursos de toda clase; en los playones de ciénaga, al servicio de todos, crecían los cultivos rápidos (sandía, pepino, ajonjolí, fríjol, tomate), el pasto para la alimentación de los animales y la vegetación para elaborar artefactos de uso en el hogar y artesanías; abundaban las frutas así como los animales de tierra, agua, aire y los árboles; pedazos de tierra eran alquilados, prestados o en acuerdos de partir utilidades con los dueños por una o varias cosechas. 

Para la mayoría de las familias pobres la alimentación de los hijos era lo fundamental, lo demás podía esperar: vestuario, educación, salud en general, mejoramiento de la vivienda, juguetes, muebles, menajes. Aún hoy muchos padres creen que con entregar dinero para la comida, escaso por supuesto, están cumpliendo con sus obligaciones. 

En estos años el porcentaje aproximado de los principales tipos de familia según su composición era el siguiente:

  • Familia nuclear 
  • Familia extensa 
  • Familia reintegrada 
  • Familia con jefatura femenina      6%
  • Otros tipos 

La familia cordobesa hoy 

Actualmente los porcentajes son los siguientes de acuerdo con estudios realizados en algunos asentamientos, encuestas en barrios y poblaciones, observaciones durante varios años y entrevistas hechas a líderes comunitarios y personas informadas de distintos lugares: 

  • Familia nuclear 
  • Familia con jefatura femenina  28%
  • Familia extensa 
  • Familia reintegrada 
  • padrastros, madrastas, hijastros o entenados y hermanastros)
  • Otros tipos 

(con jefatura masculina, de abuelos, tíos y hermanos mayores y las adoptivas) 

Por estratos, el orden de frecuencia es: 

  • Estratos 1 y 2: jefatura femenina, nuclear, extensa y reintegrada.
  • Estratos 3 y 4: nuclear, extensa, jefatura femenina y reintegrada.
  • Estratos 5 y 6: nuclear, extensa, reintegrada y jefatura femenina.

Estos cambios tan drásticos en un tiempo relativamente corto se deben a factores externos e internos. Dentro de los factores externos están: 

  • el despojo y la concentración de la tierra,
  • el abandono del campo,
  • la pobreza,
  • el conflicto armado,
  • el desplazamiento,
  • el narcotráfico,
  • la violación de los derechos humanos y
  • la pérdida y deterioro de los recursos naturales.

Entre los factores internos se han identificado los siguientes: 

  • la violencia doméstica y comunitaria,
  • desempleo,
  • vicios,
  • infidelidad,
  • separaciones,
  • irrespeto,
  • carencia de oportunidades,
  • ausencia de comunicación y
  • autoridad, entre otros.

Algunos de estos factores internos son consecuencia de los externos. 

Por lo general los factores mencionados que inducen el cambio cultural tienen una connotación negativa, pero también los hay positivos que no podemos ignorar como: 

  • el desarrollo,
  • el avance tecnológico,
  • la educación y capacitación,
  • los medios de comunicación,
  • el acceso al conocimiento de culturas diferentes y

Efectos entre los pobres 

En el 2005 comenzó a funcionar en Montería la Casa de Justicia y Paz. Está situada en Los Araújos, un asentamiento subnormal al sur de la ciudad. Aquí prestan sus servicios la Comisaría de Familia, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Consultorios jurídicos de universidades, Fiscalía, Medicina legal, Personería, Defensoría del Pueblo, Inspección de Policía, Policía Comunitaria, los programas de orientación sicológica y conciliación en equidad y una oficina atendida por afrodescendientes. Su área de influencia abarca en la actualidad a 24 barrios o asentamientos vecinos o cercanos. 

Hasta noviembre de 2010 atendieron 20.312 consultas. El 69,7 por ciento de las consultas, 14.169 casos, tienen que ver con problemas familiares y con los vecinos, seguido por incumplimientos de contratos con el 7,1 por ciento, delitos varios con el 5,1 por ciento, las calumnias con el 2,4 por ciento y la violación a los derechos humanos (salud, servicios públicos y asuntos laborales) con el 2,2 por ciento. 

Llama la atención que 192 personas, el 0,9 por ciento, acudieron en busca de orientación sicológica y jurídica y solo 8 personas en busca de capacitación. Es decir, los problemas no los resuelven, quedan vigentes. 

En la Comisaría de Familia de Montería aseguran que la violencia intrafamiliar está desbordada y no cuentan con personal ni recursos suficientes para atender esta compleja situación. La Procuraduría de Familia también reconoce la gravedad de lo que ocurre y clama por acciones más decididas. 

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*Noviembre 

Fuente: Casa de Justicia y Paz de Montería 

Reflexiones y recomendaciones 

Estos hechos me llevan a las siguientes reflexiones y recomendaciones: 

  1. Los factores externos e internos han modificado sustancialmente la composición de las familias en el departamento. 
  2. Los cambios observados en las familias de los sectores populares, del campo y la ciudad, están poco documentados; en los sectores medios y altos prácticamente no hay nada conocido. 
  3. Al parecer, las instituciones y las organizaciones involucradas con esta situación no se han percatado de estos cambios y en consecuencia no han tomado las medidas para atenderlos. 
  4. Aunque conocen con alguna exactitud la situación real de riesgo en que se encuentran los niños, adolescentes y jóvenes en las áreas urbanas y rurales, es mínimo lo que han hecho por ellos. 
  5. Es necesario evaluar hasta qué punto la cultura tradicional, es decir, las normas, los valores, los principios, los deberes y las creencias que tradicionalmente han guiado a las familias en su proceso de formación pueden contribuir hoy en día a enfrentar con éxito los factores que las han debilitado. 
  6. Las administraciones municipales, y en particular el consejo de política social, deben elaborar con carácter urgente un plan de trabajo con propósitos y metas definidas en tiempo y lugar, evaluaciones y seguimiento permanente e informes periódicos a la población sobre el estado en que se encuentra las familias, las medidas adoptadas y los resultados obtenidos. 

 

* Director del Centro de Estudios Sociales y Políticos. Universidad del Sinú, Montería. 

 

Notas de pie de página


[1] Joseph Palacios de la Vega. Diario de viaje. 1787-1788. 

[2] Víctor Negrete Barrera y Teresa de Vettiger. La familia cordobesa. 1984. 

[3] Víctor Negrete Barrera, 2010. 

[4] Víctor Negrete Barrera, La familia en la cuenca del Sinú, 2011.

 

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