Petro y “centros de consumo controlado”: el enfoque de la reducción de daños - Razón Pública
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Petro y “centros de consumo controlado”: el enfoque de la reducción de daños

Escrito por Guillermo Castaño
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guillermo_alonso_castano_razon_publicaUna mirada autorizada sobre los principios, ventajas, riesgos y obstáculos del enfoque alternativo que propone el alcalde. Primero se requiere un buen sistema de salud.

Guillermo A. Castaño P*

Enfoque alternativo y complementario

A finales de la década de 1970 y principios de 1980, se empezó a escribir la historia de la política de reducción de daños, cuyo principal objetivo no es la recuperación, sino evitar daños mayores por el consumo de drogas.

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No pretenden curar la adicción, sino paliar los efectos dañinos del consumo y disminuir los riesgos asociados a él.
Foto: fundacionvivelavida.blogspot.com

Aunque su nacimiento se ha vinculado con la provincia inglesa de Merseyside —como respuesta a una fuerte epidemia de VIH/SIDA entre consumidores de heroína por vía intravenosa— para ser justos con la historia es preciso reconocer que grupos de expertos y de no expertos de diferentes instituciones ya habían comenzado a desarrollar desde antes acciones en procura de mejorar la calidad de vida de los consumidores de drogas, independiente de su recuperación.

La evolución histórica de este concepto dentro de las políticas y programas asistenciales en los tratamientos de las adicciones son el resultado de las reflexiones y de la búsqueda de soluciones a las que los profesionales que atendían personas con problemas de drogas se empezaron a ver abocados en la práctica.

La reducción de daños es una política de prevención de los daños potenciales relacionados con el uso de drogas, más que de prevención del uso de drogas en sí mismo. Es una política social que tiene como objetivo prioritario disminuir los efectos negativos asociados al consumo de estas sustancias.

Esta corriente admite el hecho de que el uso de drogas ha existido, existe y existirá pese a todos los esfuerzos que se hagan para evitarlo. Los expertos españoles, De Andrés y Delás las definen como acciones individuales y colectivas, médicas y sociales, destinadas a minimizar los efectos negativos asociados al consumo de drogas.

Guillermo_Castano_Consumo_jeringasUna de las estrategias aplicadas en este tipo de políticas es el intercambio y distribución de jeringuillas, para los que se inyectan. Foto: lostiempos.com

No pretenden curar la adicción, sino paliar los efectos dañinos del consumo y disminuir los riesgos asociados a él. Además, pretenden fomentar el acceso a otros recursos normalizados, en busca de mejoría en sus condiciones socio–sanitarias.

En general, los programas de reducción de daños son programas de atención especializados que pretenden asegurar la atención a aquellos drogo–dependientes mayores de edad que no pueden o no quieren abandonar su conducta adictiva, pero que están dispuestos a modificar sus hábitos de riesgo para que su dependencia no los margine más o afecte en mayor medida su salud física o síquica, manteniéndolos vivos y más o menos funcionales, sin dañar a la sociedad, mientras deciden dejar de consumir.

Perfil del usuario y estrategia integral

Entre las muchas estrategias aplicadas en este tipo de políticas, se encuentran las siguientes:

  • el intercambio y distribución de jeringuillas, para los que se inyectan;
  • la educación objetiva y veraz sobre las sustancias psicoactivas y sus efectos y riesgos para la salud;
  • la disminución de la mortalidad por sobredosis, mediante el suministro de Naloxona, antídoto para la sobredosis de heroína, administrada por los mismos consumidores;
  • el alivio a su desesperanza desarrollando las potencialidades de los consumidores de drogas;
  • la oferta de espacios donde los consumidores puedan estar y recibir atención primaria en salud y asistencia social con normas mínimas y sin muchos condicionamientos;
  • promover la participación  activa de los mismos  usuarios de drogas en el cuidado de su salud, así continúen en consumos activos y  el facilitar el acceso a los servicios, entre los que se encuentran  las dispensación controlada de  las mismas drogas, cuya utilidad ya ha sido probada para la heroína y la cocaína en algunos países europeos

En esta línea parece ir la iniciativa del alcalde Petro, una propuesta audaz, para nuestro contexto, no exenta de detractores y riesgos, cuando no se explica bien que este tipo de políticas solo deben estar dirigidas a mayores de edad, para aquellos que no han podido rehabilitarse pese los tratamientos que ya han recibido y los ingentes esfuerzos de los consumidores por dejar de consumir, o para aquellos que por el momento no se han planteado la abstinencia total como objetivo inmediato.

Guillermo_Castano_atencion_consumidoresLa idea sería ofrecer espacios donde los consumidores puedan estar y recibir atención primaria en salud y asistencia social con normas mínimas y sin muchos condicionamientos.
Foto: ziadrahbany.blogspot.com

Todos estos aspectos requieren primero definir muy bien el perfil de los usuarios que se beneficiarían de este tipo de estrategias y que además deben estar integradas a una política integral que privilegie la prevención, ofrezca tratamiento y rehabilitación bajo el modelo de la abstinencia total para aquellos que lo demanden, pero también ofrezcan alternativas para los consumidores activos –que no quieren dejar de consumir o que no han podido– procurando mejorar su calidad de vida y reduciendo los problemas asociados, como el VIH/Sida, la hepatitis B y C entre los que se inyectan drogas y comparten jeringas, las infecciones de transmisión sexual, la tuberculosis, la criminalidad y la accidentalidad asociadas al consumo, problemáticas con un alto impacto para la salud pública.

El enfoque de reducción de daños en los programas de tratamiento de las adicciones debe entenderse, pues como un paradigma que le da mayor flexibilidad a los procesos terapéuticos, que hasta hace unos años, sólo se centraban en la abstinencia total como objetivo.

La nueva modalidad permite al consumidor pasar de una modalidad a otra, según la situación individual en que se encuentre, tomando entonces la reducción de riesgos y daños como una etapa intermedia —de modo que se le posibiliten diferentes alternativas y mayor adherencia a los dispositivos asistenciales, mientras decide el cambio— y sobre todo disminuir la morbimortalidad de los consumidores y los problemas sociales asociados al consumo.

La propuesta de reducir daños —dentro del marco de la “identificación y manejo de riesgos”— no puede ni debe sustituir a la reducción de la demanda (prevención y tratamiento) objetivo principal de toda intervención. La reducción del daño debe ser complementaria e integrarse a los programas de prevención y a los programas de tratamiento que buscan la abstinencia.

Los programas de reducción de daños deben establecer y definir claramente los perfiles de los usuarios que se beneficiarán de las acciones. No hacerlo posibilita la emisión de dobles mensajes como “las drogas no hacen daño”, pudiendo caer además en la descalificación de los programas “libres de drogas”. Solo en la medida que se establezca un perfil preciso de usuarios, se logrará que los mensajes y las acciones las reciba quien las debe recibir.

Principios fundamentales

De otro lado, el enfoque de reducción de daños debe rechazar cualquier definición estereotipada que la identifique con la legalización de las drogas, entendiéndola como una política y una práctica, construida en torno a cuatro principios fundamentales:

  • el pragmatismo, que se opone al idealismo y que rompe con el paradigma de la curación (abstinencia total), versus la atención–cuidado, que busca mejorar las condiciones de vida y acompañar al usuario, mientras decide abordar objetivos más exigentes;
  • la ética profesional, basada en la total aceptación del consumidor de drogas como un ser ciudadano con todos sus derechos;
  • el humanismo, comprendiendo y aceptando que el consumidor es un ser humano que sufre y que necesita y busca ayuda;
  • el principio de la Salud Pública, a través del cual se busca preservar el bienestar bio–sico–social de los consumidores y de la sociedad en general, al disminuir los índices de criminalidad y accidentalidad.

Ventajas comprobadas

Entre las ventajas que ha traído este tipo de estrategias donde se han implementado —Brasil, Argentina, España, Holanda, Suiza, Portugal, Australia, entre otros— se han encontrado las siguientes:

  • disminución de los riesgos sanitarios, asociados al consumo (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, enfermedades pulmonares, desnutrición, etc.);
  • disminución de la marginación social de los consumidores;
  • diminución de los riesgos sociales conexos al consumo (criminalidad, accidentalidad);
  • cambio los comportamientos de riesgo por parte de los consumidores;
  • disminución del uso de drogas con alto índice de adicción y deterioro bio–sico–social (cuando se substituye una sustancia por otra, en el caso del fármaco metadona en consumidores de heroína y de la droga marihuana en los consumidores de basuco y crack);
  • aproxima las instituciones a los drogo–dependiente, aumenta el índice de retención en Centros de Acogida y Programas de Tratamiento y estimula las demandas de tratamiento y rehabilitación.

Riesgos identificados

Son también varios los riegos que existen cuando se trata de poner en marcha este tipo de estrategias. Entre algunos de los posibles riesgos y errores en que se puede incurrir al proponer y desarrollar propuestas de reducción de riesgos y de daños, se han identificado los siguientes:

  • considerar la disminución de riesgos y de daños como el objetivo principal de los Programas de Intervención y Prevención de las Drogodependencias;
  • instrumentar políticamente los programas de reducción de riesgos y daños como acciones para enfrentar los problemas de seguridad y orden público, olvidando los intereses sanitarios y sociales de los consumidores;
  • crear climas de aceptación social al consumo de drogas, en forma tal que sean interpretados incluso como estar a favor de la legalización;
  • englobar las acciones en torno a un objetivo mínimo, no inscritas en estrategias integradas a objetivos más amplios, como prevención y tratamiento;
  • riesgo de caer en una especie de identificación con los consumidores, incluso en una especie de “connivencia”;
  • entrar en conflicto con el marco legal;
  • reducción del número de usuarios que optan por la abstinencia;
  • disminución del interés por los programas libres de drogas;
  • transmisión de mensajes de desesperanza y desahucio a los consumidores de drogas y sus familias frente a una posible recuperación;
  • reacciones adversas no deseadas y daños provocados por sustancias substitutas o por las mismas sustancias cuando no se controla la calidad de éstas.

Obstáculos para su puesta en marcha

Entre los obstáculos para su aplicación —y aquí es donde posiblemente más problemas puede estar teniendo la propuesta del alcalde Petro— se han identificado los siguientes:

  • acceso restringido a los servicios de atención básica en salud para la población general;
  • falta de implementación de programas de prevención primaria y de centros cualificados de rehabilitación para atender a los consumidores que quieren rehabilitarse;
  • falta de capacitación técnica sobre el tema de reducción de daños y moralización y mitificación del consumo y los consumidores, que para muchos aun siguen siendo considerados “viciosos”, “depravados”, “amorales” y no como seres humanos y ciudadanos con derechos.

Perspectiva complementaria y humanista

Los programas de reducción de daños son una alternativa eficaz y posible, pero no antagónica, sino complementaria de los programas de rehabilitación donde la abstinencia total es la meta, contribuyen a dar una respuesta más plural y realista a la problemática de las drogas y a los problemas conexos.

Guillermo_Castano_perfil_consumidoresLos programas de reducción de daños deben establecer y definir claramente los perfiles de los usuarios que se beneficiarán de las acciones. 
Foto: malibest-94.blogspot.com

Es innegable que a pesar de los riesgos y de los obstáculos de la implementación de este tipo de estrategias, la reducción de riesgos, considerada como parte de una política integral, integrada y complementaria a las que buscan reducir y controlar la demanda del consumo de sustancias psicoactivas, aporta nuevas perspectivas y nuevas prácticas al tratamiento y rehabilitación de los drogodependientes y da una visión más integral, comprensiva y humanista del fenómeno.

Estos programas agregan valor al trabajo con los drogo–dependientes al brindarles esperanza, motivarlos para el cambio, acompañarlos y estar ahí no sólo en su rehabilitación, sino también en su sufrimiento y de paso resolver problemas sociales y de salud pública, como la violencia y la criminalidad.

En esto el alcalde Petro hace la diferencia.
 

* Médico, magíster en Drogodependencias y líder del Grupo de investigación en Farmacodependencia y otras adicciones de la Fundación Universitaria Luis Amigó. 
E-mail: gcastano@funlam.edu.co

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