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Córdoba: El silencio de la violencia

Escrito por Víctor Negrete
Victor Negrete

Victor NegreteCrónica del miedo cotidiano en un pueblo cordobés abandonado por el gobierno, pero no por los paramilitares.

Víctor Negrete Barrera*

Ni el viento sopla

Los pueblos de la violencia suelen ser callados y abandonados… pero viven llenos de susurros, de soledades y de sollozos. La imagen que guardo la contemplé un mediodía de sequía bajo el ardiente sol de la Costa, hace varios años.

Callejones largos y solos, polvorientos y con terrones parecidos a piedras cortantes. A lado y lado, una tras otra, las casas viejas y averiadas, con árboles y palmeras sin una hoja en movimiento, y en algunas, ascendiendo con lentitud rastros de humo gris de leña de fogones. Perdido en el follaje, el canto persistente de la torcaza, tan lleno de tristeza que hace llorar de nostalgia a los ausentes. Alguien se asomó furtivo por una puerta entreabierta y, a lo lejos, un perro en mitad de la plaza se levantó somnoliento y se alejó sin prisa, hasta perderse…

El corregimiento

Algo parecido vi hace poco en Bonito Viento, donde funcionó la Zona de Ubicación del municipio de Tierralta. Es corregimiento desde el año 2002, en vísperas del proceso de negociación del gobierno con las Autodefensas Unidas de Colombia.

Hacen parte de él:

  • la vereda Carrizola con 88 casas dispersas;
  • Santa Rita o Machuca con 11 casas ocupadas, de 32 que alcanzó a tener en otra época;
  • Campamento con 15 casas;
  • Cúcuta con 12 y El Torito con 20;
  • Los Martínez, compuesta por 15 casas, desapareció durante el proceso por los hechos violentos que allí ocurrieron.
  • En cuanto a la cabecera, en el 2002 tenía 26 casas con 30 familias; en la actualidad hay 12 casas habitadas, con igual número de familias; el resto está abandonado, a merced de la maleza.

El pueblo cuenta, además, con una plaza, dos calles (una que conduce al corregimiento Nueva Granada y a Tierralta y la otra a la vereda Cúcuta y al corregimiento El Caramelo), una escuela con 82 estudiantes de preescolar a quinto grado, una tienda, un billar y una cantina.

A propósito de la educación: en las ocho sedes escolares que funcionan en la llamada Zona de Ubicación, el número de estudiantes pasó de 780 a 630 en el presente año.

El pueblo aunque quiera no puede crecer: está rodeado de haciendas voraces por todas partes, cuyas cercas de alambre con púas y hombres vigilantes o armados no lo permitirían.

El hábitat de la miseria rural

Las casas son de techo de palma, piso de tierra, paredes de tablas y vena de coroza, de donde extraen la manteca negrita o aceite para suavizar el cabello y curar granos y carbuncos. Por lo regular las hacen con dos cuartos, sala y cocina. En los alares cuelgan canastas de alambre o soportes de otros materiales con helechos, begonias o veraneras y algunas veces gajos con manzanos, guineos o plátanos.

La mayoría tiene, al lado de la vivienda, un rancho pequeño que llaman en canillas, o sea, con techo y horcones sin paredes, que usan para colgar la hamaca y descansar, atender visitas, comer, jugar dominó y cartas. En la mayoría de los patios hay matas ornamentales como el bonche, frutales como mangos, tamarindos, naranjas, papayas, y hortalizas como habichuelas, berenjenas y ajíes.

Ya en el interior las paredes están cubiertas con afiches de reinas, cantantes y políticos, periódicos con modelos de carros y paisajes y las imágenes de la Virgen del Carmen y el Corazón de Jesús, en una esquina del cuarto o colgados encima del baúl. Presiden la sala los retratos de los abuelos, de los padres el día del casamiento o del compromiso, y de los niños que han recibido diplomas de estudios.

El mobiliario está formado por taburetes (asientos de madera y cuero de res), sillas plásticas, mesas rústicas, camas de madera, baúles con bases, el tinajero con su tinaja de barro para mantener fresca el agua con sus vasos de plástico, vidrio o metal, las vitrinas o alacenas donde guardan la loza y los utensilios de cocina.

En cuanto a los servicios públicos, el sistema de electrobomba no funciona desde hace cuatro años: debería extraer agua de pozos subterráneos para llevarla a un tanque elevado y distribuirla por presión a través de las tuberías; la energía eléctrica es débil y funciona irregularmente; el baño lo componen la taza del sanitario, conectada al pozo séptico y el tanque con agua para bañarse y evacuar la orina y los excrementos.

Movilidad y trabajo

Los medios de transporte son las motocicletas, una camioneta de 16 pasajeros sentados que sale para Tierralta, municipio situado a 30 kilómetros – desplazamiento que cuesta 7 mil pesos por cabeza -, y un bus de 28 pasajeros para Montería, capital departamental situada a 98 kilómetros, viaje que vale 10 mil pesos por persona, además de caballos y burros para distancias cortas. Ambos vehículos salen temprano en la mañana y regresan en la tarde, si no llueve. Las vías son destapadas y en tiempos de lluvia terminan por ser intransitables.

No todos los hombres tienen oportunidad de jornalear ocasionalmente, debido a la escasez de trabajo, a la edad o a impedimentos físicos. El valor que les reconocen por día es de nueve mil pesos en jornada de seis a once de la mañana, en labores de desmonte, desmalezado, arreglo de cercas, ordeño y siembra de maíz o arroz.

Las mujeres se dedican a atender el hogar, pero ayudan lavando ropa ajena, vendiendo rifas o haciendo oficios en otras casas. En cualquier caso, lo poco que reciben a duras penas les alcanza para sobrevivir.

Los animales que mantienen en la casa y el patio son de gran ayuda en la alimentación, la entretención, la compañía y la atención de otras necesidades, en especial los cerdos, a los que consideran una especie de alcancía, porque es a lo primero que acuden cuando se presentan calamidades o emergencias. En cada vivienda por lo regular tienen gallinas, patos, perro, gato, y pericos, loros, canarios y picogordos, encerrados en jaulas. Los burros y caballos son escasos.

La alimentación por lo regular consiste en plátano, yuca, huevo o queso en el desayuno; arroz, sopa con espagueti y huevos en el almuerzo; arroz con queso en la cena, acompañado de vez en cuando con presas de gallina, pato, cerdo o res.

La intimidad del miedo

En el pueblo, como ya es tradición, la presencia de grupos armados ilegales ha dividido a la comunidad en dos sectores:

  • los que por ideología, interés, familiaridad, afecto, compromiso, conveniencia o forzados son miembros, colaboradores o simpatizantes del grupo armado ilegal presente en el corregimiento, y
  • los que evitan tener relaciones estables o frecuentes con ellos, pero sin darles a entender que exista oposición, desobediencia o inconformismo.

Aunque los segundos son más numerosos, los primeros no dejan de crecer. Cada vez hay más gente del pueblo vinculada y por lo tanto con más acceso a jóvenes y adolescentes, a quienes tratan de reclutar a todo momento.

Ambos sectores viven el miedo y la preocupación de diferentes maneras. Los primeros temen la llegada de las autoridades y otros grupos armados ilegales antagónicos, mientras los segundos le temen al grupo presente y a sus enemigos.

Aunque se hablan y se saludan, puesto que son vecinos y paisanos, las visitas y reuniones entre ellos son escasas y formales. La desconfianza es mutua, pues nadie sabe con exactitud qué están pensando y a quienes sirven.

Desaparecieron las fiestas, reuniones, juegos y festejos ruidosos y francos hasta altas horas de la noche o el amanecer, tan comunes antes. Los comentarios y averiguaciones sobre lo que sucede en el pueblo y sus alrededores son restringidos a familiares y amistades de rigurosa confianza. Las conversaciones transcurren en voz baja y con cambios de tema cuando alguien se acerca.

En el hogar y en ciertos momentos del día o de la noche, la pareja sola o con alguno de los hijos siente la necesidad de hablar, de expresar sus ideas, sentimientos y presentimientos. En susurros cuentan la presión en que se encuentran, los sueños que han tenido y las señales que han percibido, la tristeza que los agobia, la desesperanza a punto de llegar, el miedo que no los deja, el llanto que los alivia y la oración que los reconforta, pero también confiesan los malos pensamientos que a veces los asalta.

Hablan de sus relaciones como pareja, de la necesidad de permanecer juntos, apoyándose a todo momento en medio de la pobreza, de las dolencias y achaques por las condiciones de vida y la vejez, de promesas y planes que están seguros no van a lograr, pero los anima a seguir…es entonces cuando ella le aprieta las manos y él cierra los ojos.

Cuando llegan al tema de los hijos, el llanto silencioso es inevitable. Parece que vieran con claridad – a través de las lágrimas – el futuro que les espera y la imposibilidad de evitar que ello ocurra. Quedan en silencio un largo rato, hasta cuando un perro ladra asustado, escuchan voces, un disparo y otra vez los murmullos de la noche.

"Tratemos de dormir" le dice y cada uno en su puesto piensa en lo que les sucederá mañana.

* Centro de Estudios Sociales y Políticos. Universidad del Sinú, Montería.

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