Viviendas para pobres en barrios de los ricos: el proyecto de Petro - Razón Pública
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Viviendas para pobres en barrios de los ricos: el proyecto de Petro

Escrito por Alberto Saldarriaga

Panorámica del centro de Bogotá.

Alberto SaldarriagaCada ciudad es un mosaico resultante de su historia, su cultura, sus mercados y sus normas. Petro pretende integrar los estratos sin entender cómo funciona ese mosaico, y por eso su propuesta haría más mal que bien a Bogotá. Lo explica un urbanista.

Alberto Saldarriaga Roa*

Con el estrato a cuestas

Ha dado mucho de qué hablar la propuesta del alcalde Gustavo Petro de construir viviendas de interés prioritario en predios localizados en áreas estrato 6, es decir, con altos precios del suelo urbano y viviendas de alto costo.

Su idea es iniciar un proceso de integración entre distintos estratos sociales mediante la inserción de viviendas prioritarias en tejidos considerados por el Catastro Distrital como de estratos medios y altos. A primera vista esta parece una intención saludable. ¿Pero lo es realmente?

Ese sentido de “vivir entre iguales” tiene importancia en la apropiación del territorio urbano

Bogotá sin duda es una ciudad segregada, aunque no siempre lo ha sido. Durante el siglo XIX los ricos y los pobres convivían en los mismos barrios centrales, los primeros en los pisos bajos y los segundos en los altos.  Pero a comienzos del siglo XX la aparición de los barrios residenciales y de los barrios obreros rompió esa mezcla y originó el modelo de la separación entre el norte y el sur, el primero para los más pudientes y el segundo para los más pobres.

En realidad, esto no fue del todo cierto, pues en el norte se desarrollaron numerosos barrios populares y en el sur hubo varias urbanizaciones para sectores de ingresos medios. Sin embargo en el imaginario ciudadano todavía existe la imagen de esa separación.

Al iniciarse la era de la estratificación, primero como criterio para establecer las tarifas de servicios públicos, luego del predial, y después de los precios del suelo y de la vivienda, no se pensó que el “estrato” eso se convertiría en una especie de marca social de la ciudadanía. Ahora preguntan en las encuestas: “¿De qué estrato es usted?”, lo cual demuestra que uno lleva su estrato consigo.

Integración en las ciudades del mundo

La apropiación del territorio urbano por grupos de carácter heterogéneo refleja en parte el espíritu segregacionista, pero también obedece a circunstancias de carácter cultural, histórico y social.

Por ejemplo, existe una tendencia a la congregación de familias y personas de un mismo origen regional en un sector de las ciudades o a la formación de “colonias” étnicas o similares. Por eso en Bogotá hay sectores habitados por población costeña, boyacense o valluna.

En ciudades con un alto grado de inmigración, como Barranquilla, se formaron colonias sirio-libanesas, judías, españolas, chinas, etc. Ese sentido de “vivir entre iguales” tiene importancia en la apropiación del territorio urbano y forma especies de nichos ecológicos dentro de las ciudades.

En Bogotá y a lo largo del tiempo, la planeación urbana ha definido en buena parte la ubicación de distintos grupos sociales determinando, por ejemplo, el tipo de uso y densidad residencial, la denominación del tipo de urbanización o de barrio, así como las normas urbanísticas tocantes al tamaño de los predios, los índices de ocupación y de construcción y los aislamientos, entre otros.

El valor del suelo urbano determina quién puede y quién no puede ocuparlo y, por consiguiente, qué tipo de desarrollo residencial se dará en tal o cual sector.

En las ciudades europeas la separación entre grupos sociales se dio, precisamente, a través de los planes urbanos y los proyectos periféricos para familias de bajos ingresos o de inmigrantes. Los resultados han sido en muchos casos desafortunados, como lo muestran los casos de violencia étnica en los suburbios de Paris. En Londres, por su parte, se hicieron hace algunas décadas intentos de inserción de vivienda social en sectores centrales con efectos menos graves.

Viviendas al norte de Bogotá.
Viviendas al norte de Bogotá.
Foto: Diego Cambiaso

El caso bogotano

Todo lo anterior muestra como el mosaico social de una ciudad es un fenómeno complejo, y que hay que entenderlo muy bien antes de intervenir sobre él. Si la intención de un alcalde es integrar a los distintos grupos socio-culturales en el espacio urbano debe partir de comprender ese mosaico. Y esto no es tan sencillo como hacer un mapa de estratificación donde no figuren las demás variables, que en muchos casos son más importantes.

Este conocimiento no parece orientar la propuesta de la Alcaldía Mayor de Bogotá. El alcalde Petro piensa suprimir la estratificación en el Distrito Especial, pero aún no ha dicho por cuáles  mecanismos piensa sustituirlos en asuntos como los cálculos tarifarios previamente mencionados: servicios públicos, predial, precios del suelo y de la vivienda, etcétera.  

Pero la intención de Petro va más allá, porque quiere forzar la convivencia de sectores sociales de diversa condición económica y cultural en un mismo territorio y para ello propone construir 372 unidades de vivienda prioritaria en edificios localizados en siete predios localizados en el norte de Bogotá, entre las calles 82 y 109 y las carreras 10 y 17, en terrenos costosos y en medio de desarrollos residenciales y comerciales destinados a grupos de altos ingresos.

Los beneficiarios serán familias víctimas del conflicto armado, es decir, personas de diversos orígenes que, además de sus traumas acumulados, tendrán que adaptarse a vivir en un ambiente extraño que no facilitará para nada la convivencia ciudadana.

Si el señor alcalde se preocupara realmente por estas familias debería desarrollar todo un sistema de atención y apoyo para su inserción en la vida ciudadana. Esto, aparentemente, no sucede, al menos si tenemos en cuenta el tamaño de dicha población.

Si bien la intención del alcalde puede parecer interesante, la propuesta concreta dista mucho de serlo. Unos edificios aislados en medio de tejidos ya consolidados no significan una verdadera integración, sino cuerpos extraños que no se asimilarán fácilmente ni en el tejido urbano ni en el social. Los ocupantes se sentirán extraños en ese medio, donde no encontrarán nada que tenga relación con su experiencia previa.

Sería mejor entonces pensar en conjuntos habitacionales de mayor capacidad, dotados de espacios abiertos y equipamientos, donde se crearían entornos amigables tanto para quienes los habitan como para quienes los rodean.

El Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro Urrego.
El Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro Urrego.
Foto: Gustavo Petro Urrego

El desafío de la territorialidad

Los edificios aislados tal y como los piensa el alcalde se leen más como un desafío que como una solución, y esto puede despertar de parte y parte más resentimientos y rechazos de de los que ya existen. Con esta propuesta, en vez de invitar a la convivencia ciudadana se invita a una forma indeseable de defensa territorial.

Si se mirara de cerca el mosaico socio-cultural bogotano, se apreciaría cómo muchos actos de violencia surgen de los problemas de territorialidad entre familias y personas de un mismo “estrato” social. En Ciudad Bolívar o en la localidad de Suba este tipo de conflictos son más frecuentes que en otros sectores urbanos.

Trasladar esos conflictos al resto de la ciudad parece obedecer más a intenciones de polarización y de odio que a verdaderos propósitos de integración y convivencia ciudadana. La territorialidad, como ya se dijo, es un fenómeno complejo y contribuir a acentuarla es un acto irresponsable.

El mosaico social de una ciudad es un fenómeno complejo, y que hay que entenderlo muy bien antes de intervenir sobre él. 

Es curioso, por otra parte, cómo en los megaproyectos que llevan a cabo las grandes firmas urbanizadoras y constructoras se ha establecido la idea de la mezcla de estratos. Esto puede apreciarse en la Ciudadela La Felicidad, donde se han construido viviendas de interés social al lado de otras para grupos de mayores ingresos. Resulta algo paradójico que lo que propone la Alcaldía Mayor se asemeje a lo que hace la gran empresa inmobiliaria.

Un experimento en sentido inverso lo intentó el Banco Central Hipotecario con la renovación urbana del barrio Santa Bárbara y la construcción de la Ciudadela Nueva Santa Fe de Bogotá. Históricamente este sector se había caracterizado por un alto nivel de delincuencia y la Ciudadela, destinada a familias o personas de ingresos medios, quedó como una isla, rodeada por un vecindario inseguro. Los bloques construidos fueron habitados pero la integración social nunca se dio.

 

* Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en Vivienda y Planeamiento Urbano del Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento (CINVA), docente en el Doctorado de Arte y Arquitectura de la Universidad Nacional.

 

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