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La Ciudad CAN: ¿dejará de existir el Centro Administrativo Nacional?

Escrito por Alberto Saldarriaga
Renovación del CAN en Bogotá

Renovación del CAN en Bogotá

Alberto SaldarriagaCon el inicio de este megaproyecto vuelve también la incertidumbre sobre la demolición del CAN en Bogotá y la construcción de un centro donde funcionen las entidades del Gobierno central. ¿Se justifica demoler el CAN? ¿Qué tan difícil será reemplazarlo?

Alberto Saldarriaga*

Hoy y ayer

El domingo pasado se demolió el edificio del ministerio de Transporte en Bogotá, y el alcalde Peñalosa firmó el decreto que adopta el Plan Parcial de Renovación Urbana del Centro Administrativo Nacional (CAN). Sería el primer paso de un proyecto gigantesco que abarcaría 109 hectáreas y costaría siete billones de pesos con destino a construcción de oficinas, viviendas, comercios y espacios públicos.

Para apreciar mejor esta noticia importa comenzar por un poco de historia.     

En Colombia, desde la segunda mitad del siglo diecinueve, las entidades del Gobierno Nacional se alojaron en edificaciones pertenecientes al período colonial, principalmente en los conventos expropiados por Tomás Cipriano de Mosquera a las órdenes religiosas en 1861.

Hacia 1930 surgieron propuestas de unificar esas dependencias en un solo conjunto de edificaciones, pero estas propuestas nunca llegaron a concretarse en proyectos específicos. En 1947, la presencia en Bogotá del arquitecto suizo Charles Edouard Jeanneret -más conocido como Le Corbusier- dio fuerza renovada a la idea de reunir las entidades del Gobierno Nacional en un “centro cívico” localizado en el centro histórico de la capital. Y así quedó previsto en el “Plan Piloto de Le Corbusier” (1950).

Antiguo Ministerio de Transporte.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá
Antiguo Ministerio de Transporte. 

Tanto Le Corbusier como la firma Town Planning Associates formada por los urbanista-arquitectos Paul Lester Wiener y José Luis Sert, encargada de llevar a cabo el Plan Regulador, consideraban que el Centro Cívico de Bogotá debía localizarse en el área fundacional de la ciudad, lo que hoy se conoce como el Centro Histórico y el Barrio Las Nieves. De esa manera el simbolismo presente en ese espacio podría reconocerse, aun cuando su tejido antiguo fuera objeto de una demolición masiva.

Un proyecto descuidado

La trayectoria del Centro Administrativo Nacional (CAN) de Bogotá comenzó con el Decreto Número 3571 del 10 de diciembre de 1954, firmado por el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla y mediante el cual “se ordena la construcción del Centro Administrativo Nacional”. Este decreto autorizó al Ministerio de Obras Públicas para negociar y adquirir los terrenos necesarios en predios de la antigua hacienda El Salitre al occidente de la capital.

El proyecto se adjudicó a la firma estadounidense Skidmore Owings and Merrill y en el se alojarían los Ministerios y el Palacio Presidencial. El CAN no fue un proyecto aislado, sino que hizo parte de un plan urbanístico que incluyó el trazado de la Avenida 26 y la construcción del aeropuerto internacional de la ciudad.

La construcción comenzó en 1954, y para 1957 se había dado inicio a las obras del Palacio Presidencial y los ministerios de Hacienda, Salud Pública, Trabajo y Justicia. Algunos edificios se terminaron pero otros quedaron inconclusos a raíz de la caída de Rojas.   

El CAN no fue un proyecto aislado, sino que hizo parte de un plan urbanístico que incluyó el trazado de la Avenida 26 y la construcción del aeropuerto internacional de la ciudad.

De este conjunto inicial -que fue concluido bajo el gobierno Lleras Camargo- quedaron los edificios que hoy alojan los ministerios de Transporte (el que fue demolido esta semana), Defensa, Educación y Minas y Energía, y también las sedes del DANE, Incoder e Invías.

La caída de la dictadura de Rojas Pinilla dejó en el aire la construcción del CAN y las críticas al proyecto se hicieron públicas rápidamente: (i) de índole política por tratarse de un proyecto de un gobierno dictatorial, (ii) de índole profesional por la presencia de arquitectos extranjeros como autores del plan, y (iii) de índole urbanística por su localización periférica. En respuesta a estas críticas se conformó un grupo defensor de construir el Centro Cívico en el centro histórico y se propusieron algunos diseños.

Pero la construcción del CAN quedó detenida y el Gobierno Nacional procedió a asignar las estructuras construidas y los terrenos sin construir a distintas entidades, lo cual acompañó con el correspondiente plano de notificación y viabilidad.

Lo que era un predio unitario se fraccionó en predios individuales con asignación específica. El CAN que existe hoy en día es resultado de este fraccionamiento y de la construcción de edificaciones independientes, sin mayor preocupación por el conjunto total. En los afanes de quienes tuvieron a su cargo las intervenciones, los espacios públicos también fueron repartidos para acabar siendo parqueaderos.

El CAN está subestimado

Como es apenas lógico, el paso del tiempo y los descuidos en el mantenimiento de los edificios y los espacios públicos se perciben a simple vista. A las limitaciones propias de diseños estructurales realizados medio siglo atrás se sumaron adiciones laterales y sobre-elevaciones sobre las cubiertas.

La vulnerabilidad estructural se manifiesta en diversas formas, tanto en las fachadas como en el interior de las edificaciones; además, fue obstaculizada la dotación de algunas instalaciones propias de los sistemas contemporáneos de voz y de datos. Aún así cabe la pregunta: ¿era necesario demolerlo todo?

Se ofertará a las grandes empresas urbanizadoras y constructoras, con poca intervención estatal.

Lo anterior porque en el interior hay edificaciones de buena calidad: el hospital de la Policía, el Hospital Universitario de la Nacional, la Escuela Superior de Administración Pública, entre otras. Una renovación urbana integral solo se alcanza con una fuerte administración pública y una visión a largo plazo, cosas que en Colombia son extrañas, por no decir inexistentes.

La decisión del gobierno Santos y la administración Peñalosa de intervenir radicalmente el Centro Administrativo Nacional tiene dos orígenes más o menos explícitos:

  • El reconocimiento de sus problemas actuales y
  • La posibilidad de realizar una operación de renovación urbana de una escala y trascendencia no vista antes en el país.

A ojos de los gobiernos Nacional y Distrital, el CAN no es una pieza urbana valorable por la calidad de sus espacios libres y sus edificaciones sino como un suelo urbano que puede ser utilizado de otra forma, más planificada. En esto es claro que ese terreno, una vez liberado de sus usos actuales y adecuado para un futuro desarrollo, se ofertará a las grandes empresas urbanizadoras y constructoras, con poca intervención estatal.

El alcalde Peñalosa anuncia el proyecto de la transformación del CAN
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá
Pronunciamiento del Alcalde de Bogotá sobre la nueva “Ciudad CAN”, Enrique Peñalosa. 

Un proyecto embolatado

El primer paso para lograr el Plan Maestro de Renovación Urbana Ciudad CAN fue crear una entidad encargada de manejar los bienes de propiedad del Gobierno Nacional y de su modernización. Esta entidad es la Agencia Nacional de Renovación y Desarrollo Urbano – Virgilio Barco Vargas-SAS, hoy denominada Agencia Nacional Inmobiliaria (ANI).

La Agencia fue la encargada de establecer el perímetro de los terrenos a intervenir incorporando al CAN unos terrenos colindantes al oriente y al occidente. El perímetro así definido alcanza 108.72 hectáreas, casi el doble de las 60 hectáreas actualmente ocupadas por el CAN.

También fue organizado el concurso internacional para el Plan Maestro con la selección de las firmas participantes. El concurso se dividió en dos etapas:

  • Un primer “concurso de ideas” para el Plan Maestro Ciudad CAN en el que participaron seis firmas extranjeras asociadas cada una con una firma nacional. 
  • El contrato del diseño del Plan Maestro, acorde con su viabilidad en las normas urbanas de Bogotá. 

El proyecto ganador, ya entregado a la ANI y supuestamente en proceso de ejecución, propone aportes urbanísticos interesantes. Pero dadas su extensión y su complejidad, el proyecto supone recorrer muchas etapas, comenzando por el englobe de predios y por la adquisición de inmuebles que tienen distintos propietarios.

En los afanes de quienes tuvieron a su cargo las intervenciones, los espacios públicos también fueron repartidos para acabar siendo parqueaderos.

La demolición total del CAN puede tomar muchos años. A esto se añade otro elemento importante, y es la relación de sincronía propuesta entre el proyecto del nuevo centro -que obviamente ya no se denominará CAN- con el de los Ministerios en el borde occidental del centro histórico. La realización del primero depende del traslado de los ministerios a los nuevos edificios sobre la Carrera décima. Se trata de dos proyectos urbanos de gran envergadura y complejidad que deben ejecutarse en forma sincronizada para que sus resultados sean efectivos.

Pero existe un obstáculo mayor. Es la falta inveterada de continuidad de los proyectos del Gobierno o el Distrito, más la también inveterada falta de coordinación entre el uno y el otro, debidas a la mala costumbre de cada gobernante de hacer de lado los proyectos de sus antecesores. El proyecto del CAN es del gobierno de Santos y del alcalde Peñalosa, así que los futuros gobernantes bien podrían rechazarlo o dejarlo apenas iniciado.

De esto hay incontables casos en la historia reciente del país. Aún cuando exista una voluntad política inmediata, el futuro es incierto.

Aún no se ha divulgado ampliamente el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, pero es casi seguro que el proyecto del CAN quedará incluido en el capítulo sobre Renovación Urbana, lo cual ya se adelantó en los estudios que crearon el escenario para el nuevo proyecto.

Por ahora se ha detonado, estruendosamente, la estructura del Ministerio de Transporte, heredada de la primera fase de construcción del Centro pero de los ministerios no se ha escuchado aún ni una sola palabra.

*Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en Vivienda y Planeamiento Urbano

 

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