Bogotá, Petro y el POT: ¿sin modelo de ciudad? - Razón Pública
Alberto Saldarriaga

Bogotá, Petro y el POT: ¿sin modelo de ciudad?

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Alberto-SaldarriagaEl episodio tragicómico de una revisión estructural disfrazada del POT y su consiguiente hundimiento ponen en evidencia que ni el alcalde ni su administración han hecho la tarea requerida por la ley para imponer un nuevo modelo de ciudad.

Alberto Saldarriaga Roa*

Visión articulada de ciudad

En Bogotá se puso de moda hablar de modelos de ciudad, pero nadie explica claramente qué quiere decir eso. En sentido estricto, un “modelo de ciudad” debería ser una imagen deseable y viable del futuro de una ciudad que puede conjugar, por lo menos, tres aspectos: lo territorial y urbano, la economía urbana y el bienestar social:

  • Los primeros abarcan lo ambiental, lo urbanístico y lo arquitectónico, incluido lo patrimonial.
  • Luego se debe formular una visión articulada de la actividad económica de la ciudad con la participación de los distintos sectores y grupos.
  • En fin, el bienestar social abarca todo aquello que garantiza a la ciudadanía sus derechos fundamentales en educación, salud, vivienda y la “expansión del cuerpo y del espíritu”, en palabras de Le Corbusier.

El modelo no se forma con las piezas sueltas, sino, precisamente, con la articulación viable y coherente entre ellas.  Es cosa seria.

El origen reciente del empleo técnico del término “modelo” puede encontrarse en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de 2000, que tuvo como punto de partida la adopción de un "modelo de ordenamiento", entendido como una imagen deseable de la ciudad donde debían adquirir un peso especial tanto la ciudad ya construida como las innovaciones urbanísticas por desarrollar y las nuevas formas de ocupación del territorio. 

El modelo tuvo como objeto orientar y concentrar la acción de gobierno, la inversión pública y las iniciativas de los particulares hacia los objetivos previsibles a largo plazo: la sostenibilidad del desarrollo urbano, la equidad social y el aumento en los niveles de productividad urbana. Tuvo también el objetivo de fomentar y cimentar una cultura urbana en los ciudadanos, basada en una visión compartida del futuro de la ciudad y de su territorio. 

El alcalde de entonces, Enrique Peñalosa, al emplear la expresión “la ciudad que queremos” (¿quiénes?) dio origen a su vez a lo que podría considerarse como su propio modelo de ciudad. Desde entonces el término ha rondado en los discursos políticos y técnicos sin que se llegue, como ya se dijo, a una definición precisa.           

Desde el final del siglo XX, cada administración ha querido definir a su manera un proyecto de ciudad, algo muy distinto de un modelo:

· En la primera administración de Mockus se puso el énfasis en la cultura ciudadana;

· Peñalosa dio impulso a la educación y a las obras físicas;

· En su segundo mandato, Mockus dio importancia a la tributación y a la cultura política;

· Garzón hizo énfasis en lo social;

· … y todos sabemos cuál fue el proyecto de ciudad de Samuel Moreno.

Los primeros fueron proyectos individuales que tuvieron una relativa continuidad hasta la llegada de Polo Democrático al poder, y que ahora durante la administración de Petro, se han vuelto trizas. 

Qué dice la ley 388

 

 

Alberto Saldarriaga Modelos ciudad POT Alcalde Petro revisión POT 
Foto: Gustavo Petro Urrego

 

Uno de los reclamos permanentes del Alcalde Mayor, Gustavo Petro, y de algunos de sus funcionarios y seguidores es el de que la oposición (o mejor, las distintas fuerzas de oposición) no le han permitido consolidar su modelo de ciudad, del que sin embargo poco se conoce, salvo unos “clips” sueltos que aparecen en los medios y por Twitter: hasta ahora han sido interpretados como signos de improvisación y de falta de coherencia. 

Por esta razón, resultaba de particular importancia la discusión a fondo de la propuesta de modificación excepcional del Plan de Ordenamiento Territorial vigente, presentada al Concejo por la Administración Distrital, que ha causado tanto revuelo en todos los sectores involucrados.           

En la ley 388 de 1997 — o Ley de Ordenamiento Territorial — se definen con bastante precisión los contenidos de los POT y los términos de su vigencia y revisión. En el artículo 28 de la ley se  dice que “El contenido estructural del plan tendrá una vigencia de largo plazo, que para este efecto se entenderá como mínimo el correspondiente a tres períodos constitucionales  de las administraciones municipales y distritales, teniendo cuidado en todo caso que el momento previsto para la revisión coincida con el inicio de un nuevo período para estas administraciones.” 

Para los contenidos urbanos de mediano plazo la vigencia establecida en la ley es de dos períodos constitucionales de las administraciones municipales, y los contenidos de corto plazo así como los programas de ejecución pueden ser revisados después de un período constitucional.

La ley añade que “las revisiones estarán sometidas al mismo procedimiento previsto para su aprobación y deberán sustentarse en parámetros e indicadores de seguimiento relacionados con cambios significativos en las previsiones sobre población urbana, la dinámica de ajustes en usos e intensidad de los usos del suelo, la necesidad o conveniencia de ejecutar proyectos de impacto en materia de transporte masivo, infraestructuras, expansión de servicios públicos o proyectos de renovación urbana; la ejecución de macroproyectos de infraestructura regional o metropolitana que generen impactos sobre el ordenamiento del territorio municipal o distrital, así como en la evaluación de sus objetivos y metas del respectivo Plan.”

Esto significa que la revisión del POT de Bogotá no puede salir únicamente de la imaginación de un alcalde o de su “modelo de ciudad”.         

¿Por qué no presentan un nuevo POT?

 

 

4.2 Alberto Saldarriaga Modelos ciudad POT vista centro Ciudad Bolivar Foto: Wolfgang Sterneck  

Entre 2000 y 2013 han transcurrido ya más de tres períodos constitucionales de la Administración Distrital: uno de tres años (Antanas Mockus), dos de cuatro años (Luis Eduardo Garzón y Samuel Moreno) y la cuarta parte del período de Gustavo Petro. 

La primera revisión del POT se llevó a cabo en 2003, al término de la segunda administración Mockus, y debió atender básicamente lo prescrito en la ley, es decir, los contenidos de corto plazo y los programas de ejecución. 

Como se recordará, la revisión fue más allá de eso, sin alterar sustancialmente lo estructural del Plan, es decir: la estructura ecológica principal, las piezas urbanas y los sistemas urbanos. 

La revisión que propone ahora la Administración Distrital parece acogerse a los términos de la ley, pero no acata lo que no le conviene.  Por ejemplo, que la revisión debe someterse al mismo procedimiento previsto para su aprobación y debe sustentarse en parámetros e indicadores de seguimiento, así como en la evaluación de los objetivos y metas del Plan. Este procedimiento requiere más tiempo, más estudios, más trabajo e información confiable.           

Adriana Córdoba, Veedora Distrital, publicó el pasado 26 de mayo en Razón Pública un análisis donde expone sus observaciones al proyecto de modificación excepcional del POT, que ella considera, con justa razón, una “revisión estructural disfrazada”, lo que se comprueba si se comparan los términos de la ley con los argumentos de la Administración. 

Al consultar lo que estipula la ley para aprobar una reforma estructural del POT, se deben cumplir unos requisitos ineludibles:

· las revisiones deben hacerse antes del inicio de un nuevo período de la administración de la ciudad;

· debe someterse “al mismo procedimiento previsto para su aprobación”;

· debe sustentarse en “parámetros e indicadores de seguimiento” que deben articularse con los temas contenidos en la ley.

Es decir, en la práctica el procedimiento equivale a hacer un nuevo POT debidamente sustentado. Al parecer, eso es precisamente lo que no desea hacer la Administración Distrital, en su afán de forzar un nuevo “modelo de ciudad”, pero del cual se desconocen los fundamentos técnicos y solo se han mostrado algunas fichas sueltas, prematuramente puestas en conocimiento público a través de los medios.           

Las críticas a la propuesta de la Administración Distrital de “modificación excepcional” del POT se centran principalmente en la evasión deliberada de los requerimientos legales vigentes.  

Adriana Córdoba lo ha expuesto claramente en el texto previamente mencionado al decir que, si lo que quiere la Administración es hacer una transformación estructural del POT, entonces debe hacerlo de acuerdo con la ley, pero si lo que pretende es introducir modificaciones, debería evitar todo aquello que afecte lo estructural del Plan. 

Propone además que esto se haga de manera transparente para que s puedan leer comparativamente los artículos existentes y los nuevos, que se hagan explícitos los fundamentos técnicos, jurídicos y políticos que sustentan las modificaciones, y que se demuestren claramente los beneficios que estas pueden traer a la ciudad. Esto quiere decir, en pocas palabras, que esto se haga seriamente.        

La ciudad no le cabe en la cabeza

El POT vigente fue resultado de estudios muy serios realizados por equipos de alta calificación. Su Documento Técnico de Soporte así lo demuestra. Desde 2003, el POT no ha sido objeto de un seguimiento y de una evaluación sistemáticos. Es posible que su aplicación haya sido errática, debido principalmente a los cambios en la orientación política de las sucesivas administraciones que lo han manejado. 

La ciudad actual ha logrado, pese a todo, algunas mejoras indiscutibles en asuntos de regulación normativa, de infraestructura vial y sistemas de transporte colectivo, de espacio público urbano, de equipamientos educativos, algo de bienestar social y algo de preservación ambiental y patrimonial. Pero se ha perdido la confianza ciudadana y lo que se había avanzado en autoestima ciudadana.     

Esto nos trae nuevamente al tema de los modelos de ciudad.  No parece realista pensar que Petro tenga hoy en su cabeza un verdadero modelo de ciudad, cuando no ha pensado en ella, como quedó demostrado en su discurso de posesión, donde habló de todo menos de la ciudad que habría de administrar. 

Hay serios indicios de que su modelo — si acaso existe — sea una colcha de retazos, tomados de aquí y de allá, que podría formularse de dos maneras: “el modelo soy yo” o “¿a que no adivina cuál es mi modelo?. Ninguna de las dos es satisfactoria ni le conviene a la capital de Colombia.

Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en Vivienda y Planeamiento Urbano del Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento (CINVA), docente en el Doctorado de Arte y Arquitectura de la Universidad Nacional.

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