Un Nobel para los Simpsons - Razón Pública

Un Nobel para los Simpsons

Compartir:

rodrigo hurtadoTal vez no para los Simpsons, pero sí para su creador, Matt Groening, que ha puesto el dedo en la llaga de muchas iniquidades de nuestra sociedad.

Rodrigo Hurtado*

Solución para huérfanos

Cuando se anunció el Premio Nobel para Mario Vargas Llosa, muchos de sus lectores recibimos con alivio ese acto de justicia. Es una verdad de a puño que sus principales obras representan una "cartografía del poder", encantadora, reveladora y profunda.

Así que ahora algunos pueden sentirse huérfanos de alguien por quien pujar para que obtenga una distinción merecida. Por lo pronto, tengo un candidato, si no al Nobel, al menos a un justo reconocimiento: Matt Groening, el creador de la serie de televisión más exitosa de la historia, "Los Simpsons", retratista certero de quienes ejercen un mayor influjo en nuestras vidas.

Porque si los poderosos de hoy son Slim, Gates, Buffet, Murdoch (y en el plano local Santo Domingo, Ardila Lulle y Sarmiento Angulo), qué mejor parodia que Charles Montgomery Burns, el empresario cruel que en un ataque de codicia le quitó el sol a Springfield.

La última bomba

Una de esas cartografías satíricas del poder económico, que Groening acostumbra entregarnos de cuando en cuando, salió al aire el pasado fin de semana en Estados Unidos y el Reino Unido. La famosa entrada del programa, que se repite con variaciones desde hace veintiún temporadas, tuvo esta vez una continuación abrupta y sorprendente.

Una vez la familia amarilla toma asiento en el sofá de su sala de TV, la imagen comienza a diluirse y da paso a la escena lúgubre de una fábrica en algún país de Oriente. La animación, producida por el artista británico  Banksy, satiriza las denuncias sobre crueldad animal, contaminación ambiental, explotación infantil y deplorables condiciones laborales en fábricas de China, Vietnam, Indonesia, Tailandia y otros países de la región, donde se produce la mayoría de los artefactos y mercancías que facilitan la vida moderna a muy bajos precios.

Claro, es un chiste con un unicornio triste haciendo huecos en la línea de producción de los DVD's de la serie, pero es un chiste que ve mucha gente. En Estados Unidos, cada fin de semana, nueve millones, y en Colombia, por lo menos casi todos los niños que no tienen más qué hacer un sábado en la tarde a la hora en que lo presenta Caracol.

Y es también un planteamiento muy pertinente en estos tiempos agitados a causa del desempleo y la quiebra de productores locales por la invasión de productos baratos desde esas naciones.

Cuchilla para su propio pescuezo

La misma Fox Broadcasting Company, productora de la serie, ha sido acusada de llevarse buena parte del trabajo que generaban "Los Simpsons" de Estados Unidos a Oriente, donde pagan sueldos más bajos. El productor Al Jean explicó que nada de lo que se describe en el capítulo tiene que ver con las condiciones laborales bajo las cuales se realizan algunos aspectos de la animación, pero confirmó que desde hace tiempo parte del seriado se hace en Corea del Sur [1].

El fondo del chiste no es un asunto desdeñable. China, la "fábrica del mundo" ha desequilibrado la balanza comercial con Estados Unidos, y este año ya le vendió 28 mil millones de dólares en mercancías[2], muchas subcontratadas por firmas como Nike y Apple, que se precian de exigir altos estándares laborales a sus subcontratistas[3].

Una de ellas, Foxxcon, enfrentó en julio pasado una ola de suicidios de empleados que se botaban por la ventana desesperados por los bajos sueldos y la férrea disciplina del lugar. Antes de tomar medidas, murieron 17 trabajadores. Peter Wang, contratista de Nike, fue sincero: "El precio que pagan nunca sube un centavo, pero el cumplimiento de los códigos laborales sí aumenta los costos". Según The Guardian, producir un iPhone 4 vale $11.800 y Apple lo vende en sus elegantes tiendas a $1'700.000[4].

El señor Murdoch, el señor Gates

En el pasado la serie de Groening arremetió contra empresarios con nombre propio. A Bill Gates lo retrató a finales de los 90 como un abusador que intentaba arrebatar por las buenas o las malas la naciente empresa .com de Homero. Y al mismísimo dueño de la Fox, lo puso a describirse en un capítulo como "Rupert Murdoch, el multimillonario tirano".

No falta quien alegue que "es sólo una serie de televisión, y además para niños" -porque hay quien cree que todas las animaciones son infantiles‒. Pero otros chistes del equipo creativo al frente del cual está Groening han causado la airada reacción de poderosos en el vecindario. En 2008, por ejemplo, el canal de Fox Latinoamérica vetó un capítulo en el cual Moe, Carl y Louis, los amigos de Homero, le adjudican los muertos de la dictadura militar argentina a Juan Domingo Perón y confunden a Evita con Madonna. Partidarios peronistas del gobierno de Kitchner se habían quejado.

Y en Brasil, el jefe de promoción turística de Río de Janeiro se quejó porque en un capítulo protagonizado por Liz se mostraba a la capital carioca como un lugar salvaje, inseguro y lleno de ratas y ladrones.

En Venezuela el chavista Consejo de Telecomunicaciones (CONATEL) calificó el programa como inadecuado y ordenó reemplazarlo por "Guardianes de la Bahía".

Manifiesto de una generación sin fe

Es tal el impacto en la cultura popular que ha tenido la serie debido a su permanencia en el prime time de la televisión de Estados Unidos -y por ahí, del mundo‒ que otros poderosos han optado por congraciarse con ella. Pasaron haciendo morisquetas y las voces de sí mismos, el ex premier británico Tony Blair y el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore.

De hecho, la película "Los Simpsons" (2008) tuvo como tema central la preocupación por el cambio climático que con su documental, "Una Verdad Inconveniente", había puesto en la agenda el político gringo un par de años antes.

Es un hecho irrefutable que la cultura afila el sentido crítico y que buena parte de los referentes culturales de hoy son audiovisuales. De ahí que el programa de Matt Groening pueda equipararse a un manifiesto de una generación que perdió la fe en la política y que ante la inminencia del fin sólo atina a manifestarse con un chiste afilado.

Ojalá a los miembros del Partido Comunista Chino no les dé por romper relaciones con Estados Unidos a causa de esta carga de profundidad lanzada desde el 742 de la calle Siempre Viva.

* Rodrigo Hurtado es periodista de Razonpublica.com y profesor en la facultad de comunicación social y periodismo de la Universidad Sergio Arboleda.

twitter1-1@rodrihurt

Notas de pie de página


[1]The Simpsons' Explains Its Button-Pushing Banksy Opening. The New York Times. October 11, 2010. http://artsbeat.blogs.nytimes.com/2010/10/11/the-simpsons-explains-its-button-pushing-banksy-opening/?src=tptw

[2] ESTADOS UNIDOS: Aumenta la brecha en la balanza comercial con China. BBC. 14 de octubre de 2010. http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias
/2010/10/101014_ultnot_balanza_comercial_eeuu_pl.shtml

[3] Secrets, Lies, And Sweatshops. Business Week. Noviembre de 2006. http://www.businessweek.com/magazine
/content/06_48/b4011001.htm

[4] Do we still care about sweatshops? Douglas Haddow, Guardian.co.uk. 14 de Octubre 2010

0 comentarios

Rodrigo Hurtado

Escrito por:

Rodrigo Hurtado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Alejandro Santos, director de la Revista Semana
Economía y Sociedad

Publicar o no publicar: los medios y el escándalo de los falsos positivos

Gustavo Wilches-Chaux
Economía y Sociedad

La oleada invernal: el clima y el modelo de desarrollo

Economía y Sociedad

La política monetaria ante la crisis

Economía y Sociedad

Nuevo rector de la Universidad Nacional: una elección problemática

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.