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El embarazo adolescente: un problema de toda la sociedad

Escrito por Yolanda Puyana
Embarazo adolescente.

Embarazo adolescente.

Yolanda PuyanaNuestra sociedad propicia la sexualidad temprana y hace de la maternidad una de las pocas alternativas de vida para muchas adolescentes, pero a la hora de atender  el problema descarga toda la responsabilidad en las jóvenes madres. ¿Qué hacer al respecto?

    Yolanda Puyana Villamizar*

Un problema de inequidad

La última Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), publicada en 2015, muestra que el 17,4 de las mujeres entre 15 y 19 años de edad son madres o están embarazadas.  

El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, destacó la caída de este indicador que había estado ascendiendo: de 12,8 en 1990 llegó a su punto máximo –20,5– en 2005. Según el ministro, aunque la reducción es poca podría “mostrar la efectividad de algunas políticas”. De todas maneras, se calificó como “uno de los hallazgos más relevantes de la sexta edición de la Encuesta”.

Al asociar los datos con el contexto, con la información socioeconómica y regional de las encuestadas, se observan variaciones que permiten relacionar la tasa de maternidad adolescente con la calidad de vida de las encuestadas:

  • Cuando las adolescentes pertenecen al grupo socioeconómico con los ingresos más bajos del país, la tasa asciende a 22,7, mientras que si pertenecen al grupo con más altos ingresos la tasa desciende a 7,4.
  • Con la educación ocurre algo similar. Cuando las adolescentes tienen solo educación primaria y han abandonado el sistema educativo la tasa sube a 36,4, pero entre quienes llegan a la educación superior desciende a 5,5.
  • Y ocurre lo mismo en relación con la procedencia geográfica. La maternidad adolescente es mayor en zonas rurales –15,1– que en zonas urbanas, donde es de 11,6. En Bogotá la tasa es de 12,2, mientras en la costa del Pacífico es de 27,4.

Los dos primeros factores hacen pensar en la relación entre las condiciones de vida precarias y la maternidad adolescente; las diferencias regionales en el acceso a programas y en la calidad de los servicios de salud reproductiva para los adolescentes del país. Es sabido que los servicios de salud son mejores en las ciudades que en el campo. También se sabe que hay factores culturales asociados con la maternidad adolescente en las zonas apartadas de los cascos urbanos, donde tradicionalmente la fecundidad es más alta.

Desafortunadamente, como afirma la ENDS, el descenso en la tasa de maternidad “es mayor en los grupos más favorecidos socialmente: en el quintil más alto de riqueza, en el nivel superior de educación, en la zona urbana y en las regiones más desarrolladas”. Lo anterior lleva a afirmar que la maternidad adolescente es consecuencia de un problema de inequidad social y regional. Y esto no solo ocurre en Colombia, sino en toda América Latina.

Además de las estadísticas presentadas, varias investigaciones muestran las condiciones de precariedad y pobreza en las que viven las adolescentes en los lugares donde se presentan los más altos índices de maternidad temprana.

La reflexión puede circunscribirse a las condiciones en las cuales se construyen los proyectos de vida de las adolescentes. Las que nacen en hogares con ingresos medios y altos incluyen en su proyecto de vida estudios técnicos o universitarios que, por supuesto, un embarazo podría limitar. En contraste, en los sectores con menos ingresos, donde la posibilidad de progresar por medio de la educación es casi nula, la maternidad se convierte en una alternativa para las adolescentes. Ellas mismas la ven como una manera de obtener una ganancia, de ser respetadas en su contexto inmediato y de alcanzar la edad adulta.

Lo anterior lo confirma un estudio realizado en Ciudad de México con un grupo de jóvenes de los sectores más marginados de la ciudad. Según la investigadora Noemí Ehrefeld, “si el trabajo y la educación no son alternativas elegibles para que las mujeres adolescentes alcancen un estatus diferente, la maternidad sí lo es. El ser madre genera un reconocimiento inmediato de ser una mujer valiosa”.

Identidad femenina, amor romántico y maternidad

Campañas en prevención del embarazo adolescente
Campañas en prevención del embarazo adolescente
Foto: Colombia Joven

Las niñas y adolescentes aún reciben una formación de género fundamentada en la relación entre la mujer y la maternidad según la cual deben aspirar a convertirse en la reina del hogar, respetada y querida por un esposo proveedor y protector. Esta es la imagen reproducida en la mayoría de las telenovelas, en la música vallenata o en series de televisión latinoamericanas. Las historias por lo general terminan con el matrimonio mostrado como medio y condición para alcanzar la felicidad.

La maternidad adolescente es consecuencia de un problema de inequidad social y regional. 

Inscrito dentro de un pensamiento dicotómico acerca del género, el amor romántico impone a la sexualidad femenina un rol pasivo y a la masculina uno activo, con lo cual el hombre se convierte en el referente para la construcción de la autoestima de la adolescente. En relación con esto, algunos estudios muestran:

  • Los temores que aún tienen las adolescentes para decidir sobre el uso del condón;
  • La asociación de su sexualidad con el matrimonio, y
  • Cómo el embarazo se entiende como un paso previo para el establecimiento de una unión marital de hecho dentro de la cual se espera un padre proveedor, aunque sea muy joven y no tenga posibilidades de empleo.

Los estudios también señalan que el 70 por ciento de las adolescentes embarazadas habían abandonado la educación formal en el momento de ser madres y que el 80 por ciento no se reintegra al colegio después, pues encuentra en el matrimonio y en la maternidad un medio de realización personal.

Otras investigaciones indican que nuestra sociedad ha creado un ambiente propicio para la sexualidad adolescente que, no obstante, los adultos negamos porque rechazamos la sexualidad activa de esta población. Se afirma que los mensajes transmitidos constantemente estimulan el sexo a edades tempranas. “La mayor frecuencia de las telenovelas, videos musicales y programas con contenido violento y sexual, valoran positivamente las escenas sexuales y se relacionan con una vida sexual activa en estas edades”.

A esto se suma que en estas edades las prácticas sexuales dependen en buena medida del comportamiento de los pares.   

¿Y los adultos?

Debe anotarse que entre padres, docentes y adolescentes todavía existe temor de tratar el tema de la sexualidad.

Los primeros esperan que la educación sexual se realice en los establecimientos educativos, y desde 1994 se está desarrollando un plan que ha dado pocos resultados. Esto se debe en parte a que, ante la evidencia de sexualidad en la edad adolescente –que para los adultos es precoz– los docentes tienden a culpar a las familias por no colaborar en la educación sexual de sus hijos. Al final, nadie se compromete con prácticas dirigidas a los adolescentes como seres capaces de reflexionar de manera activa y responsable acerca de su vida sexual.

Como resultado de lo anterior, de esta mirada “adulto-céntrica”, padres y docentes terminan abandonando y rechazando a las adolescentes que quedan en embarazo y las culpan de múltiples problemas sociales, con lo cual las convierten en chivos expiatorios de situaciones que tienen sus causas en un contexto social más amplio.

En cualquier caso, lo que prima todavía es la prohibición de la sexualidad adolescente y el sometimiento de las embarazadas a un discurso alejado de su nueva realidad. Prevalece el no reconocimiento del derecho de los adolescentes a vivir una sexualidad libre y responsable, que implicaría el acceso gratuito a anticonceptivos y la aceptación de que su sexualidad tiene significados distintos de la de sus progenitores.

¿Qué hacer?

Es fácil estigmatizar a las adolescentes embarazadas y responsabilizarlas de los problemas de la infancia en el país sin analizar los problemas sociales y culturales detrás de esta situación. Es, quizás, lo que se hace con más frecuencia. Pero el embarazo adolescente debe ser parte de las políticas sociales de equidad y de planes de cambio cultural con un enfoque diferencial de género.

Entre padres, docentes y adolescentes todavía existe temor de tratar el tema de la sexualidad. 

Son necesarias políticas sólidas y amplias. Algunas ya se han ensayado en varios lugares de Colombia y han probado su eficacia. Este es el caso del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, donde se vinculan pares adolescentes que ayudan a educar a otros para que vivan una sexualidad más responsable.

Por lo demás, es claro que se necesitan transformaciones culturales que contribuyan a cambiar las prácticas tradicionales que aún limitan las posibilidades de vida de las niñas y les dejan la maternidad como única salida. Y también son urgentes políticas del cuidado que faciliten a las madres y padres trabajadores cumplir con sus obligaciones.

* Docente investigadora. Universidad Nacional de Colombia.

 

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