Mundial Sub 20: ¿Una fiesta sin motivos para celebrar? - Razón Pública
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Mundial Sub 20: ¿Una fiesta sin motivos para celebrar?

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Rodrigo-HurtadoEste viernes 29 de julio comienza en Medellín el torneo deportivo más importante que ha tenido lugar en Colombia. Tres años de preparación y 213 mil millones de pesos invertidos. ¿Cuál es el significado de este certamen que absorberá la atención nacional hasta el próximo 20 de agosto?

Rodrigo Hurtado Sabogal*

86, crespos hechos

Este es uno de los primeros recuerdos futboleros que tengo: el álbum Panini del Mundial España 82 lleno y entre sus páginas el aviso del Banco de Colombia, con un águila pintada a lápiz donde se leía “Apoyamos el Mundial Colombia 86”.0149

Me costó años entender por qué el Mundial 86 se había jugado en México, un país devastado un año antes por un terremoto de 7,3 grados en la escala de Ritcher. Para los manitos aquello no fue disculpa y el mejor gol del siglo
 
se produjo en el Estadio Azteca y no en el Campín.

Cuenta la historia que un día de marzo de 1983 el presidente Belisario Betancur (BB) le dijo al mandamás del fútbol colombiano, León Londoño Tamayo, que el Estado no aportaría los recursos necesarios para concretar el torneo “porque acá necesitamos más hospitales y escuelas”. Así Colombia pasaría a la historia como el único país, en 80 años de mundiales, que le sacó el cuerpo al evento deportivo más importante del mundo y el presidente del “Sí se puede” agregaría otro “No se pudo” a su dudoso legado.

Claro, BB no fue el único responsable. Al sector privado colombiano, encabezado por el extinto Grupo Grancolombiano, Bavaria y Avianca, asociados bajo la Corporación Colombia 86, también les quedó grande la designación que había ganado el dirigente Alfonso Senior en 1974.

2001, de rebote

En 2001 casi repetimos el papelón, esta vez a escala continental. Comprometidos con la Copa América, y a pocas semanas del pitazo inicial, la seguridad del país hacia aguas. Las gotas que rebosaron la copa y casi acaban con la Copa fueron un bombazo en un puente peatonal cerca de El Campín y el secuestro por unas horas del dirigente deportivo Hernán Mejía.

Canadá y Argentina desistieron de venir a Colombia. Brasil, México y Uruguay enviaron equipos alternos. Por arte de birlibirloque, Colombia sacó adelante una emotiva Copa América y se coronó campeón. Este es el único título importante alcanzado por la selección de mayores en la historia.

Ahora sí

Y aquí estamos otra vez: el viernes comienza en ocho ciudades el evento deportivo más importante que ha albergado el país. Y parece que esta vez no nos quedo grande, la inseguridad creciente no ahuyentó a nadie y por fin vamos a cumplirle al fútbol con una fiesta como la que ya tuvieron aquí el baloncesto, la natación, el esquí náutico, el patinaje artístico, el patinaje de carreras, el hockey, el ciclismo y el microfútbol.

Mundiales manipulados

A lo largo de 100 años el fútbol ha jugado un papel fundamental, aunque pocas veces se le ha prestado la atención que merece, como lamenta Eduardo Galeano [1]. Pero hay anécdotas reveladoras:

  • El Duce Mussolini utilizó la Copa de 1934 para promocionar el fascismo y presidió con pompa cada uno de los partidos. Cuatro años después motivó a sus muchachos a imponerse sobre Hungría en la final, con un telegrama que viniendo de él había que tomarse muy en serio: “vencer o morir”. Italia ganó y el triunfo inspiró a La Gazzetta dello Sport el titular: “la apoteosis del deporte fascista en esta victoria de la raza”.

  • Todavía no es claro cómo Argentina se tituló campeón cuarenta años después, cuando el general Jorge Videla gobernaba con mano de hierro. Lo cierto es que en los últimos años se han conocido testimonios de sobornos y amenazas contra el equipo peruano, que convenientemente cayó 6-1 en el partido clave para la selección gaucha. Algunas declaraciones señalan que los generales argentinos se valieron de una generosa donación del Cartel de Cali para apuntalar la victoria [2].

  • Por estos días se estrenó en el Cono Sur un documental sobre el Mundialito de 1981. Lo dirige Sebastián Bednari, un joven realizador que se preguntaba por qué, pese al significado futbolístico, esa victoria uruguaya permanece en el olvido, cubierta por una indeleble capa de sospecha. Resulta que el evento fue organizado por la dictadura del general Aparicio Méndez y proyectado como celebración de la victoria en un plebiscito que tuvo lugar un par de meses antes. En las urnas perdieron y el Mundialito resultó la celebración de los ciudadanos, quienes coreaban en el Centenario, mientras ganaba La Celeste, “se va a caer, se va a caer, la dictadura se va a caer”.

Un mundial uribista

Este Mundial Sub 20 también tiene un origen controversial. A principios de 2008, cuando ya era un hecho que Uribe estaba interesado en una segunda reelección y se recogían firmas para un referendo que le diera luz verde, el gobierno lanzó la rocambolesca idea de organizar la Copa Mundo 2014, asignada ya a Brasil, por un acuerdo de la Confederación Suramericana de Fútbol (CONMEBOL).

Hasta al cuestionado Joseph Blatter, capo de la FIFA, le sorprendió la improbable candidatura y la calificó como una “presentación de relaciones públicas para decir que están vigentes no sólo por otros titulares, sino también por el fútbol”.

La tarea, encargada al vicepresidente Francisco Santos, acabó con un premio de consolación: la designación de Colombia como sede del Mundial Sub 20, el 26 de mayo de 2008, luego de vencer a Venezuela. ‘Pachito’ consagró el torneo como “la fiesta de 15 de la nueva Colombia que estamos construyendo”.

Pero como a la dictadura uruguaya, al uribismo también se le aguó fiesta, que quedó servida para que otro le sacara provecho: en este caso el menos uribista de los Santos, cuyo primer aniversario en el Gobierno coincidirá con los partidos más intensos del mundial.

Pantalla y fanfarria

Y Santos no ha escatimado esfuerzos para sacar el mejor partido de esta oportunidad.

Pese a los atrasos en entregar las obras, heredados de la administración anterior, las ocho sedes están listas, los estadios están preparados y algunos, como el de Pereira, son muy bonitos. Aunque se diga que

  • En Manizales hubo sobrecostos.

  • En Cali, los retrasos mantienen en vilo la sede hasta el momento.

  • En Bogotá no habrá Avenida Eldorado para llegar al estadio desde el aeropuerto (pero tal vez esto se les podrá vender a los visitantes como una prueba del folklor local)

El costo: 213.237 millones de pesos. Los amargados podrían preguntarle a Belisario cuántas escuelas y hospitales para los damnificados del invierno podrían haberse construido con ese platal.

El actual presidente es un auténtico aficionado al fútbol e hincha de Santa Fe. Antes de la Copa América presidió un fastuoso evento para motivar a los jugadores y al técnico que tomarían parte del torneo en Argentina.

En medio de la ola de optimismo que desató la victoria 2-0 sobre la temible Bolivia, el presidente llamó al Bolillo. Escogió un lugar muy poco propicio para hacerlo: las ruinas aún humeantes de Corinto, el pueblo del Cauca que está desde hace meses bajo el fuego de guerrillas y militares.

Alborozado por la victoria ante tan encopetado rival, a Santos se le salió el hincha
 
y soltó esta frase como para La Caza de Citas: “Un motivo para celebrar. Creo que Corinto le dio una buena espina a nuestra Selección". El blog labobadaliteraria planteó una objeción a la infortunada retórica santista: “¿Entonces un atentado guerrillero es un amuleto de buena suerte? ¿Invitará Santos ahora a arrasar con un pueblo cada vez que la selección tenga partido?”.

Pese a la derrota en los octavos de final, el ánimo presidencial no ha mermado. El jueves duplicó la apuesta en el salón Gobelinos de la Casa de Nariño, donde entregó la bandera a los juveniles dirigidos por el impredecible Eduardo Lara: “Desearles lo mejor, creo que están en óptimas condiciones. Sabemos que van a hacer un gran papel”, dijo el mandatario.

Esa noche les presentó la película Invictus
 
y recordó un anuncio que había hecho días antes: dentro del “ambicioso programa de restitución de tierras” en el municipio El Salado se construirá una cancha con “el nombre del jugador de Colombia que meta el último gol”. Ojalá con ese estadio no pase lo mismo que con el que prometió Pastrana en Bojayá y que casi 10 años después sigue en planos.

Periodistas deportivos como Alejandro Pino Calad e Iván Mejía Álvarez se quejan por el poco entusiasmo que ha despertado el Mundial entre la afición. No se ha logrado vender toda la boletería -en Canadá, en 2007, lo lograron y eso que es un país poco futbolístico- a pesar de la presión del patrioterismo hiperbólico de los patrocinadores:

  • La española Telefónica ha desplegado su campaña “Colombia está llena de Gloria” que incluye a 4.500 mujeres de ese nombre reunidas para perseguir al Bolillo en este comercial.

  • La sudafricana SabMiller con el lema “Bienvenidos al país dónde el fútbol se baila” que ingeniosos han satirizado diciendo “bienvenidos al país donde en fútbol nos bailan”…

  • Los centros comerciales están llenos de banderitas y baloncitos.

  • Las alcaldías de las ocho ciudades han engalanado lo mejor posible los alrededores de los estadios.

No es para tanto

Pero la verdad es que ninguna fiesta es buena si no hay qué celebrar. Y el palo en Colombia no está para cucharas. Ni en lo futbolístico ni en todo lo demás. La caída en cuartos de final de la Copa América es apenas la más reciente muestra de un fútbol estancado y mal manejado desde por lo menos desde 1998.

Los 22 jóvenes que nos representan en el Sub 20 son la selección de una generación irregular, que quedó tercera en el mundo hace tres años, que luego hizo el ridículo en el torneo Juventud de América, y que hace un mes ganó el torneo Esperanzas de Toulon. Como con Falcao, todas las ilusiones se concentran en una sola estrella, James Rodríguez, un jugador talentoso cuyo nivel está muy por encima del resto de su equipo.

Pero tendremos Mundial

  • Juvenil, pero tenemos Mundial.

  • Puede que Colombia no pase de la primera ronda, pero tenemos Mundial.

  • De nuevo, jugadores tan esperados como Neymar (Brasil) o Jack Wilshere (Inglaterra) no asistirán, pero tenemos Mundial.

Y como siempre, la máquina publicitaria de la FIFA se saldrá con la suya: concentrar la atención de todos, de aquí al 20 de agosto, en una pelota, esta vez, la Speedcell de Adidas.

Durante tres semanas los medios proyectarán la imagen de un país feliz y pujante, embelesado por las cabriolas de Gael Kakuta (Francia), Thiago Alcántara (España), Eric Lamela (Argentina) y ojalá James Rodríguez.

El 21 de agosto comenzará el guayabo y el país seguirá igual o tal vez peor. Pero como dice la sabiduría popular, nadie nos quita lo bailado. El fútbol, que siempre da revanchas, seguirá ahí, con sus sinsabores y sus emociones, haciendo que hasta el más frío y calculador de sus fanáticos pierda la razón.

*Periodista y profesor universitario.
twitter1-1@rodrihurt

 

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