¿Qué tan viables son las propuestas económicas de Petro? - Razón Pública
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¿Qué tan viables son las propuestas económicas de Petro?

Escrito por Hernando Zuleta
Hernando Zuleta

Las principales propuestas del candidato son atractivas, pero poco viables e incluso indeseables. Análisis de las tres propuestas principales y las maneras como pueden mejorarse.

Hernando Zuleta*

Las propuestas

El panorama político parece ser propicio para promover medidas de cambios profundos en el sistema económico de Colombia.

En primer lugar, los ciudadanos han mostrado su inconformidad frente a los altos índices de desigualdad y pobreza y cada vez reclaman con más fuerza políticas redistributivas. En segundo lugar, el cambio climático y la inminencia de catástrofes ambientales han puesto en evidencia la necesidad de adoptar medidas drásticas e inmediatas.  En tercer lugar, la persistencia del déficit comercial resulta sumamente preocupante porque el aumento del riesgo pone en duda la sostenibilidad del déficit y el futuro de las exportaciones no tradicionales que suele asociarse con ganancias de productividad.

En este escenario han surgido propuestas que persiguen tres grandes objetivos:

  • Mejorar la distribución de los ingresos a través de reformas al estatuto tributario y el sistema pensional;
  • Aumentar los impuestos al consumo de combustibles fósiles y otorgar subsidios que estimulen el uso de energías limpias;
  • Modificar los aranceles y conceder estímulos directos a las exportaciones para facilitar la inserción de la economía colombiana a los mercados globales.

Entre las propuestas que más llaman la atención hay tres del candidato presidencial Gustavo Petro:

  • Aumentar los aranceles a la importación de confecciones y otro tipo de bienes para estimular la producción local;
  • Suspender la exploración de combustibles fósiles y abandonar la producción de carbón y petróleo apenas se acaben las reservas existentes. A esta propuesta se le conoce como “Cero carbón”;
  • Aumentar los impuestos de las cuatro mil personas más ricas del país.

A continuación, explico porque creo que estas propuestas son inviables e inconvenientes y propongo que un cambio del estatuto tributario es una mejor estrategia para lograr los tres objetivos mencionados.

La idea de subir los aranceles

Una de las confusiones más comunes al hablar de macroeconomía y comercio exterior tiene que ver con los determinantes de la balanza comercial. Con frecuencia, esta confusión lleva al uso de barreras al comercio que acaban por reducir las importaciones y las exportaciones: la propuesta de aumentar los aranceles para sectores específicos tiene el efecto potencial de reducir los flujos de comercio, dificultando el desarrollo de sectores exportadores no tradicionales.

En lugar de aumentar los aranceles, habría que aumentar el ahorro nacional. Cuando la demanda agregada de una economía supera la oferta hay déficit comercial. Esto implica que la única forma como un país puede gastar más que sus ingresos corrientes es teniendo más importaciones que exportaciones. Así pues, independientemente de que haya o no aranceles, mientras el gasto agregado supere el producto habrá déficit comercial y para reducir el déficit comercial será necesario aumentar el ahorro nacional.

Si bien la mejor estrategia para disminuir el déficit comercial es estimular el ahorro privado, el gobierno dispone de un mecanismo más directo para aumentar el ahorro: reducir el déficit fiscal.

El concepto de déficits gemelos propone que un mayor déficit fiscal implica un menor ahorro agregado y, por tanto, un mayor déficit comercial. En definitiva, los esfuerzos por aumentar el recaudo tributario y reducir el déficit fiscal se verían reflejados en una reducción del déficit comercial.

Cambio climático y política tributaria

A juzgar por los estándares internacionales, la producción de energía eléctrica en Colombia es bastante limpia y la biodiversidad –especialmente las selvas, páramos y bosques– constituye un activo importante para la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, el transporte del país usa combustibles fósiles en exceso.

Hay dos estrategias para avanzar en la defensa ambiental: (1) establecer impuestos que castiguen el uso de combustibles fósiles y aumenten la rentabilidad relativa de la inversión en sistemas de transporte limpios y/o (2) conceder estímulos fiscales para la adopción de tecnologías de transporte limpias y para el cuidado de la biodiversidad. En ambos casos habría que llevar a cabo una reforma tributaria ambiciosa, pues la primera propuesta exige recaudar más impuestos y la segunda exige aumentar el gasto público.

Si bien estas estrategias son factibles, es importante reconocer que la lucha contra el cambio climático exige pagar costos importantes. Por ejemplo, la transición energética puede acarrear costos distributivos asociados con la recomposición sectorial de la economía y aumentar las tasas de desempleo.

Estos costos comprometen la viabilidad política de las propuestas, pues probablemente los grupos que podrían verse afectados se opondrán a ellas, como ocurrió en Francia con los chalecos amarillos. Por esa razón, la política ambiental tendría que ir acompañada de una política social que compense los efectos distributivos mencionados. Por supuesto, esto solo es posible con un aumento importante en el recaudo tributario.

Por su parte la propuesta específica de no suscribir nuevos contratos de exploración tendría efectos negativos en el mediano plazo sobre la balanza comercial y el recaudo tributario.  Además, los efectos en las emisiones serían modestos o nulos a menos de que haya un cambio generalizado en las tecnologías de transporte.

No obstante, si las potencias mundiales siguen avanzando en la transición energética, la demanda global de combustibles fósiles caerá y los incentivos para la exploración desaparecerán. En este orden de ideas, en vez de anunciar el fin de la exploración, los candidatos deberían comprometerse a destinar las rentas producidas por los combustibles a pagar la deuda externa para poder aumentar el ahorro, reducir el déficit comercial y financiar la transformación del transporte para reducir las emisiones.

Foto: Pixabay - La propuesta de suspender los contratos de exploración tiene efectos negativos de mediano plazo sobre la balanza comercial y sobre el recaudo tributario.

La reforma tributaria de Petro

En Colombia los impuestos no contribuyen a reducir la desigualdad porque el sistema tributario no es progresivo. Para poner en marcha políticas que permitan reducir la pobreza y aumentar las oportunidades para los sectores más vulnerables, sería preciso un sistema tributario progresivo en el que la carga tributaria sea mayor para quienes tienen ingresos más altos. Solo así será posible aumentar el gasto social.

A la luz de las consideraciones anteriores, es evidente que urge una reforma tributaria para aumentar el recaudo fiscal. Petro propone aumentar la carga tributaria sobre el 0,1% más rico de la población y recaudar cuarenta billones de pesos anualmente.

Esta propuesta presenta tres grandes problemas:

  • El ingreso anual de la población más rica de Colombia ronda los treinta billones de pesos, de manera que la meta de Petro no se puede alcanzar ni siquiera con una tasa del 100% como impuesto de renta;
  • Las tasas de impuesto de renta excesivamente altas provocarían una salida masiva de capitales;
  • Recargar los impuestos sobre un grupo de individuos tan pequeño significaría otorgarles una gran influencia en las decisiones políticas, lo cual agravaría la ya elevada concentración del poder político.

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