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El eterno retorno del modelo extractivista en Colombia

Escrito por Álvaro Pardo
Luis-Alvaro-Pardo

Mientras crece la alarma del mundo ante el cambio climático, Colombia se regocija por el repunte de los combustibles fósiles en el mercado internacional. Esta es la realidad de un país que vive a espaldas del futuro.

Álvaro Pardo*

Alerta roja por el cambio climático

La intensidad y frecuencia de las alteraciones climáticas, como las prolongadas oleadas de calor o los fríos extremos de invierno, complican aún más la lucha global contra el cambio climático, pues los medios para enfrentarlas provienen de los combustibles fósiles.

El carbón especialmente, pero también el gas, son los protagonistas de la crisis energética que vive Europa y de la creciente demanda en Asia, incluso de países que suscribieron en Acuerdo de París.

Junto a ellos, el mundo vive también la euforia de los llamados minerales de la transición, es decir, de minerales estratégicos para la fabricación de paneles solares, torres eólicas y equipos para la conversión, almacenamiento y distribución de energía.

El informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) anunció que el calentamiento global llegó a un punto sin retorno y advirtió que, aunque la actividad humana cambió irreversiblemente los patrones climáticos, aún es posible evitar sus efectos catastróficos.

Es más: las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDCs) para contrarrestar el calentamiento global por parte de los países suscriptores del Acuerdo de París se quedan cortas frente a las noticias recientes sobre cambio climático. Y el llamado de la Cumbre Internacional de Adaptación Climática (CAS) que tuvo lugar en enero de 2021, había pedido que se duplicaran los esfuerzos para reducir las emisiones contaminantes.

Ahora bien, en medio de esta alerta roja los gobernantes y lideres ambientales del mundo se preparan para la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26).

El regreso mundial del carbón

La pandemia paralizó el comercio mundial durante el año pasado, a tal punto que los precios y volúmenes transados de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) cayeron a niveles muy bajos. Y aunque se esperaba un mayor repunte de las energías limpias, hoy por hoy los combustibles fósiles vuelven a ser el recurso energético más demandado.

Entre las razones del actual auge del carbón —el más sucio de los hidrocarburos fósiles— se encuentran:

  • El repunte económico de la pospandemia en los países desarrollados,
  • La escasez del gas que llevó a una crisis energética en Europa, y
  • La creciente demanda de carbón y gas en India y China.

La economía no puede detenerse, así que el carbón se convirtió de la noche a la mañana en el recurso energético preferido, inclusive para los países que suscribieron el Acuerdo de París y que mantienen en sus discursos el compromiso de reducir las emisiones de gases contaminantes.

Países que avanzaban con rapidez en las energías renovables cedieron ante los menores precios y reservas del carbón, cuyo precio saltó de 50 dólares a comienzo de 2020 a más de 198 dólares por tonelada en el mercado de futuros. Por ejemplo:

  • España cedió ante el reclamo de los ciudadanos por los altos precios del gas y permitió que las empresas de servicios públicos acudieran a las bolsas del Estado para comprar carbón.
  • Alemania y el Reino Unido anunciaron la reapertura de viejas minas de carbón o de plantas cerradas de producción de energía con carbón.
  • China e India aumentaron su explotación doméstica y sus importaciones.

Indonesia, Vietnam, Japón y Corea del Sur anunciaron que aumentarán sus pedidos de carbón durante los próximos meses.

Aunque se esperaba un mayor repunte de las energías limpias, hoy por hoy los combustibles fósiles vuelven a ser el recurso energético más demandado.

Mientras el carbón renace de sus propias cenizas, el gas comienza a venderse como un combustible limpio y clave para la transición a un mundo de bajas emisiones de CO2. Aunque las emisiones contaminantes del gas son bajas —comparadas con la combustión de crudo y carbón—, su contribución al cambio climático es alta. Por eso muchos exigen que las reservas de gas queden también enterradas para siempre.

Colombia de espaldas al cambio climático

La lógica del capitalismo se repite aun en momentos críticos que amenazan la supervivencia de la humanidad: la oferta y la demanda determinan los precios y volúmenes de extracción, sin ninguna consideración ambiental o social.

Las empresas de carbón e hidrocarburos y los gobiernos que viven de la explotación y comercialización de los combustibles fósiles —como Colombia—, galopan eufóricos sobre esta nueva ola de extractivismo mundial.

Cuando pensábamos que el carbón había entrado en fase irreversible de declive —debido al cierre de contratos en Europa y al cese de operaciones del Grupo Prodeco y Colombian Natural Resources (CNR)— este sector resurge en Colombia ante la creciente demanda y la apertura de nuevos mercados.

“En 2020 el 31,6% de las exportaciones de Drummond tuvieron como destino Eurasia; el 19% Asia y el Pacífico; el 10% Oriente Medio y África, además de varios países de Centro y Suramérica” expuso José Miguel Linares, presidente de Drummond. Linares, quien fue acusado por la fiscalía de concierto para delinquir vinculado a la financiación de grupos paramilitares, lidera la reactivación del sector del carbón en Colombia.

Drummond y Cerrejón anunciaron nuevas metas de explotación tras un año de pandemia, parálisis laboral y cierre de sus mercados tradicionales. La extracción del mineral podría pasar de 48 millones de toneladas en 2020 a unos 60 millones este año. Algunas compañías mineras ya están avanzando para cumplir este propósito:

  • Colombian Natural Resources (CNR) podrá reiniciar actividades a corto plazo gracias a la adquisición de sus minas por el Fondo Key Industries.
  • El Grupo Prodeco S.A. podría anunciar en las próximas semanas la venta de sus activos en el Cesar, después de que la Agencia Nacional de Minerales le negara la devolución de sus títulos mineros.
  • La empresa turca Yildirim Holdings A.S. y su filial Best Coal Company avanzan en la fase de licenciamiento ambiental para ejecutar el nuevo proyecto de megaminería de carbón Cañaverales.

El gobierno colombiano no se sonroja por la ambiciosa meta de reducción de los gases de efecto invernadero a un 51 % para el 2030, veinte puntos porcentuales por encima de la meta inicialmente propuesta. Para el gobierno una cosa es que Colombia exporte y otra que las empresas compradoras contaminen.

Foto: Productividad en la minería - El Gobierno colombiano no se sonroja cuando se le pregunta sobre la ambiciosa meta de reducción de los gases de efecto invernadero a un 51 % para el 2050.

La fiebre extractivista

Minerales como el cobre, litio, platino, oro, fosfatos, magnesio, uranio y tantalio conforman la lista de los llamados minerales de la transición, a los que se suma el gas, un combustible fósil que logró ese estatus gracias a la Ley de Transición Energética.

Aunque las reservas de estos minerales en Colombia son bajas, comparadas con otros países como Chile y Perú, el anuncio de una gran demanda despertó en Colombia una nueva fiebre extractivista.

La Agencia Nacional de Minería (ANM) se apresuró a montar un sistema de subastas para otorgar concesiones en las Áreas Estratégicas Mineras (AEM). En estas zonas —antiguamente reservadas por su enorme potencial minero— se ofrecen múltiples beneficios y se accede a ellas mediante un “proceso flexible, competitivo y transparente”, según su presidente Juan Miguel Durán.

El gobierno colombiano no se sonroja por la ambiciosa meta de reducción de los gases de efecto invernadero a un 51 % para el 2030. Para el gobierno una cosa es que Colombia exporte y otra que las empresas compradoras contaminen.

La ANM entrega contratos de concesión a diestra y siniestra, mientras que en otras zonas avanzan proyectos de polimetálicos, especialmente oro y cobre, con un común denominador: el rechazo de la comunidad en sus áreas de influencia.

Se cuentan entre ellos, el proyecto de Minesa en el páramo de Santurbán en Santander, y el proyecto de AngloGold Ashanti (AGA) en Jericó, Antioquia. Ambas compañías extranjeras usan su poder económico para decidir sobre los territorios, bajo la mirada complaciente de un Estado urgido de inversión extranjera, impuestos y regalías.

AGA llegó con la idea de convertir al sureste antioqueño en un distrito minero sin contar con la centenaria tradición de hombres y mujeres que hicieron de ese pedazo de patria un paraíso.  La compañía hace alarde de su poder cuando quiere convencer a los pobladores de que hay una nueva tecnología para depredar el ambiente con delicadeza.

Mientras la comunidad le pide que desalojen los parques para que los niños puedan jugar, AGA pasea por el pueblo maquinaria 4D para convencer sobre su proyecto extractivista.

Así mismo, sus empleados acusan a Colombia de país subdesarrollado porque la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) no se apresura a entregarles la licencia ambiental. “¿Por qué no somos un país desarrollado? Todos somos conscientes de las enormes oportunidades de Colombia, pero a la vez del entramado burocrático que hace casi imposible que se avance en alguna iniciativa”, dijo el columnista y empleado de AGA, Juan Camilo Quintero.

Quizá algún día la autoridad minera entienda que en cada título minero otorgado está la semilla de nuevas demandas contra el Estado, como ocurrió en el caso Eco Oro. Recordemos que estas compañías, gracias a los Tratados de Libre Comercio, piensan que regular es un atentado a sus intereses económicos.

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