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Implicaciones de la decisión colombiana

Escrito por Francesca Ramos

francesca ramosLa controversia por la advertencia de la Cancillería sobre los riesgos de viajar a Venezuela pone de presente dos cuestiones profundas: la integración de los nacionales de la frontera y cómo recomponer la relación bilateral.

Francesca Ramos Pismataro*

En el momento más crítico de las relaciones bilaterales colombo-venezolanas, el gobierno de Colombia endurece su política hacia Venezuela en un aspecto sumamente sensible: el tránsito de nacionales entre las fronteras.

En plena campaña electoral en Colombia pareciera que esa decisión busca animar los nacionalismos, obviando las complejas realidades de los colombianos que viven en Venezuela. Su permanencia allende la frontera es resultado de dinámicas de migración vigentes desde los años setenta y de los lazos sociales, culturales, económicos y familiares creados a lo largo del tiempo por los ciudadanos de la frontera.

Venezuela ha sido un país receptor de colombianos por décadas. Varias olas migratorias se han suscitado por motivaciones económicas, sociales y también por la violencia. A lo largo de cuatro décadas, miles de colombianos han buscado oportunidades en el vecino país. Las cifras más modestas dan cuenta de dos millones de colombianos viviendo en Venezuela. Cifras menos oficiales establecen entre 3 y 4 millones.

Entre las características más sobresalientes de esta migración está el establecimiento de una "población colombiana que tiene hijos y nietos venezolanos, que se ha integrado de una manera permanente a la vida económica y social del país. Buena parte de la segunda y tercera generación es hoy población venezolana"[1].

La presencia de esta inmigración colombiana ha significado en los planos socioculturales y sociosimbólicos de Venezuela "cambios importantes en diversos ámbitos de la vida social de cada espacio geográfico del país. Por ejemplo en las relaciones sociales, formas idiomáticas y configuración de la familia. Genera formas de inserción e integración que se definen a partir de la ocupación que desempeña, el papel que ocupa en su grupo familiar, sus nexos familiares y tipos de familia, los canales de interrelaciones que establecen con sus connacionales y con los nacionales venezolanos, sus expectativas de vida y con relación al futuro de los hijos nacidos en Venezuela". (Gómez y Rengifo, 1999, p.345).

En la zona de frontera, donde la vida cotidiana es compartida entre miles de colombianos y venezolanos, (se calculan en 100 mil el número de las personas que la cruzan diariamente) la situación es todavía más interdependiente y compleja. Tratar de obviar esta realidad y de hecho afectarla de forma negativa es lo que sorprende de la decisión tomada por el gobierno colombiano.

Es poco probable que el gobierno desconozca esta realidad. Hay, por lo tanto, una motivación política detrás de las preocupaciones por los crímenes de colombianos ocurridos en territorio venezolano, no esclarecidos aún; y por los arrestos recientes de nacionales señalados de supuesto espionaje en el vecino país.

La decisión colombiana de proscribir el turismo binacional parece exagerada, muy creativa y plantea algunas preguntas: ¿Qué implicaciones hubiera tenido que en las épocas recientes de peor violencia en Colombia los gobiernos de Venezuela, Ecuador o Brasil hubiesen emitido advertencias similares? ¿Qué mensaje hubiese trasmitido que lo hiciera un país vecino? ¿Cuál hubiera sido la reacción colombiana?

Lo cierto es que en política internacional los temas que tienen ver con nacionales y nacionalismos tienden a ser tratados con sumo cuidado. La experiencia histórica ha demostrado que estos temas enarbolados por líderes exaltados han sido excusas para guerras.

Afortunadamente, y por las relaciones sociales producto de nuestra vecindad, este es un escenario improbable. Colombianos y venezolanos debemos recordar que los gobiernos llegan y se van. De sus resultados, las generaciones futuras juzgarán, mientras que los vecinos geográficos perduran. Así mismo con los lazos históricos, culturales y económicos que nos unen.

Claro está que en los términos de las relaciones internacionales las acciones del actual gobierno serán muy discutidas y claramente contrarias a la acción armoniosa con los vecinos. Queda pendiente el trabajo titánico y sutil que requiere el próximo gobierno para poder recomponer la situación actual. Teniendo en cuenta la posición política que buena parte de los candidatos tiene con Chávez, parece no ser una tarea fácil.

* Directora del Observatorio de Venezuela de las Facultades de Ciencia Política y Gobierno, y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

 Nota de pie de página


[1] Díaz y Gómez citados en Gómez y Rengifo "Dinámica de las migraciones colombiana a Venezuela en las últimas décadas". En Ramírez, Socorro y Cadenas, José María (Eds.) (1999). Colombia Venezuela agenda común para el siglo XXI: Tercer Mundo Editores.

 

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