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Retos de la relación colombo-venezolana

Escrito por Francesca Ramos

francesca ramos hugo ramirezWashington ha mantenido una posición distante en la crisis colombo venezolana y no ha dado un parte de tranquilidad por medio de garantías sobre el uso de las bases colombianas.

Francesca Ramos Pismataro* – Hugo Eduardo Ramirez**

 

A veinte años de la caída del muro de Berlín, en América Latina se evoca todavía la guerra fría, y el Presidente Uribe asegura que "Colombia jamás construirá un 'muro de Berlín' en la frontera". En los medios se habla de "tambores de guerra entre Washington ha mantenido una posición distante en la crisis colombo venezolana y no ha dado un parte de tranquilidad por medio de garantías sobre el uso de las bases colombianas.", exacerbando nacionalismos y generando un clima de tensión entre las dos naciones que puede traer graves consecuencias para el futuro.

Si bien no es razonable esperar que en medio de la diferencia ideológica entre los dos gobiernos y la animadversión de sus líderes surja de repente alguna forma de cooperación, sí es hora de que los sectores que aún no están identificados con la política de amigo-enemigo comiencen a pensar en propuestas para que ambos gobiernos se decidan a construir confianza y a poner freno a la espiral de antagonismos entre colombianos y venezolanos.   

El fondo del problema

El peligro real no está en los llamados que hace el presidente Chávez a que el pueblo y los militares se organicen contra amenazas externas, ni está tampoco en que Colombia  tenga una alianza estratégica con Estados Unidos para luchar contra del narcotráfico. Lo que en realidad podría llevar a un conflicto sería que el gobierno venezolano  compruebe o crea comprobar acciones del gobierno de Estados Unidos encaminadas a derrocarlo y ejecutadas o apoyadas desde el territorio colombiano. En un proyecto nacionalista, como el que Venezuela está construyendo, los temas de soberanía y defensa territorial son por supuesto centrales dentro de la agenda del gobierno.  

Como sugiere Benedict Anderson, "la realidad es evidente: el ‘fin de la era del nacionalismo', anunciado durante tanto tiempo, no se encuentra ni remotamente a la vista"[1]. La idea de soberanía, combinada con un discurso según el cual las fronteras territoriales coinciden con las culturales, será el foco del conflicto que se teje en la actualidad.

De por sí la relación binacional ya se caracterizaba por altas dosis de desconfianza. El acuerdo firmado entre Colombia y Estados Unidos sólo genera más susceptibilidades y viene a confirmar las sospechas recíprocas. En últimas, ese es uno de los riesgos que se corren al involucrar a un tercero – en este caso a una potencia como Estados Unidos- en una relación tan delicada como la que actualmente sostienen Colombia y Venezuela. Así, mientras para Colombia Estados Unidos es un garante de su seguridad nacional, para Venezuela se trata de una amenaza real.

La visión de Venezuela

Como en repetidas ocasiones lo ha señalado el presidente Chávez "La revolución bolivariana es una revolución pacífica, pero no es un revolución desarmada". Si quieres la paz, prepárate para la guerra –si vis pacem para bellum– parecería ser el sustento de la actual postura de Venezuela frente a las amenazas que identifica ante su proyecto político por la presencia de militares norteamericanos en territorio colombiano. Tal como lo expresó Francisco Arias, el vicecanciller venezolano: "No pensemos en una guerra que promueve Venezuela, ni en una guerra que promueve Colombia o los colombianos".

El gobierno de Chávez contempla probables amenazas a la soberanía y a su proyecto revolucionario, entre las cuales ya se han presentado antecedentes que van desde un golpe de Estado, la subversión y las acciones de grupos separatistas -promovidos por organizaciones políticas transnacionales- hasta un conflicto armado regional.

El triángulo Colombia, Venezuela, Estados Unidos

Entre los pronunciamientos del Presidente Chávez que fueron tomados como amenazas de guerra por parte del gobierno colombiano se incluye su advertencia al Presidente Obama: "No se vaya a equivocar y ordenar una agresión abierta contra Venezuela utilizando a Colombia".

Sin lugar a dudas, la actual postura del gobierno de Colombia es contraria al proyecto ideológico de la Revolución Bolivariana, así como el proyecto "bolivariano" de Chávez constituye un obstáculo para la política exterior colombiana y su cercanía a los Estados Unidos. Sin embargo resulta paradójico que, pese a la tensión política, Colombia siga siendo el segundo mayor socio comercial de Venezuela, así como Venezuela es el de Colombia, cerrando el círculo con los Estados Unidos que en la actualidad es el primer socio de estos dos países.

Colombia pidió a la Organización Mundial de Comercio que interceda ante la decisión del gobierno de Hugo Chávez de prohibir la importación de algunos productos colombianos, en protesta por el acuerdo militar con Estados Unidos, así como por los obstáculos que las autoridades de ese país han interpuesto al tránsito de personas, vehículos y mercancías a través de las fronteras.

Salvo por el comunicado donde aboga por que los gobiernos de Venezuela y Colombia disminuyan la retórica, Washington ha mantenido una posición distante en todo este problema y no ha dado un parte de tranquilidad por medio de garantías sobre el uso de las bases colombianas. En estas circunstancias, las incertidumbres ocasionadas por el acuerdo han tenido que ser asumidas de forma exclusiva por el gobierno colombiano.

En busca de soluciones

Ante este panorama es necesario buscar salidas como el pacto de no agresión entre Colombia y Venezuela, que sin lugar a dudas se facilitaría con la mediación de otros gobiernos y que sin embargo pareció alejarse con la negativa del Presidente Chávez a aceptar la mediación brasileña.

Para disminuir la tensión y en el corto plazo, resulta urgente poner a operar, reformar o crear nuevos organismos o mecanismos binacionales que, en medio de una situación tan politizada y donde los acuerdos se construyen y se destruyen de la noche a la mañana, logren mantener ciertos niveles de estabilidad en la relación.

Hay que buscar nuevas instancias que ayuden a restablecer la confianza y establezcan   canales de comunicación entre los dos gobiernos, más allá de los dos presidentes. El presidencialismo que caracteriza las políticas exteriores de Venezuela y Colombia debe tener límites. Sin importar las desavenencias entre ambos mandatarios es necesario siempre recordar que las relaciones entre ambos países son complejas, abarcan múltiples ámbitos, vinculan estrechamente a dos naciones -en particular en la zona de frontera-, y están mucho más allá de los intereses políticos del proyecto de uno u otro mandatario. La relación binacional colombo-venezolana debe reposar en políticas exteriores de Estado y no de gobiernos ni de personas.

Y en todo caso, para empezar a resolver esta crisis, ambos países deben empezar por identificar unos mínimos en la relación binacional que no estén sujetos a las tensiones entre los Estados como no limitar el comercio ni la movilidad de los colombianos y venezolanos de la frontera. Por otro lado, el fantasma presente como es el gobierno de los Estados Unidos, causa de la animadversión de Chávez debe hacer parte de la solución y que hasta ahora no se ha hecho presente desechando los temores de los vecinos y dando las garantías que se requieren.   

* Directora del Observatorio de Venezuela del Centro de Estudios Políticos e Internacionales (CEPI) de las Facultades de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales, en la Universidad del Rosario. Coordinadora y Profesora Principal del programa de Relaciones Internacionales de la misma universidad.

** Politólogo, Joven Investigador del Observatorio de Venezuela, Centro de Estudios Políticos e Internacionales (CEPI) Universidad del Rosario.

Nota de pie de página


 

[1] Anderson, Benedict (1993). Comunidades Imaginadas. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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