El grado doce en la educación media: no siempre más es mejor - Razón Pública
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El grado doce en la educación media: no siempre más es mejor

Escrito por Francisco Cajiao

Como la ha formulado la ministra, es una idea vieja, vaga y poco útil. En cambio habría que asegurar que todos los niños ingresen al pre-escolar a los cuatro años y habría que mejorar la educación técnica para evitar que los jóvenes deserten.

Francisco Cajiao*

Una propuesta reiterada

Hace algunas semanas la ministra de educación reabrió un debate que ha sido recurrente  en las dos últimas décadas: establecer el grado doce en la educación media.

Si la memoria no me engaña, el primero en hacer la propuesta fue Germán Bula, cuando fue ministro de educación (1998-2000). El asunto no pasó de un par de titulares de prensa, pues la propuesta se hizo en un momento en que la cobertura de este ciclo educativo no superaba el 60 por ciento. En las elecciones de 2011 de nuevo apareció la iniciativa. Gustavo Petro la incluyó entre sus propuestas de campaña a la alcaldía de Bogotá. Ahora el gobierno nacional vuelve a soltar la idea de extender los años de escolaridad, de una manera tan ambigua que resulta imposible saber qué es lo que verdaderamente se propone.

El gobierno nacional vuelve a soltar la idea de extender los años de escolaridad, de una manera tan ambigua que resulta imposible saber qué es lo que verdaderamente se propone.

En el caso de Petro la iniciativa es bastante confusa conceptualmente y no significa un grado adicional para la educación media, sino más bien un rebautizo de lo que se venía haciendo desde 2006 en materia de articulación de la educación media y la educación superior, tratando de que los jóvenes que ya estuvieran en un programa de esta naturaleza avanzaran un año más en las instalaciones de los colegios públicos.

No se trata de ampliar el tiempo de duración del bachillerato, sino de ofrecer un año de educación superior gratuita en la infraestructura escolar.

Un paso adelante

Para tratar de entender el galimatías vale la pena recapitular rápidamente la forma cómo  la Ley 115 de 1994 estableció los ciclos escolares.

Estos colegios técnicos fueron durante muchas décadas la única alternativa de formación para el trabajo de miles de estudiantes que no tenían oportunidad de ir a la educación superior

El gran salto fue pasar la educación de cinco años obligatorios (de primero a quinto de primaria) a catorce años: tres años de educación preescolar; cinco años de básica primaria; cuatro años de básica secundaria, y dos años de educación media.

La ampliación de la educación se focalizó hacia los primeros años y se definió que inicialmente debía establecerse un grado obligatorio de pre-escolar que en principio se denominó “grado cero”. La Ley determinó que las entidades territoriales debían avanzar hacia la atención de los niños más pequeños y posteriormente a los niños de tres años, cuando lograran una cobertura del 60 por ciento. Estos tres grados iniciales se denominaron Transición (cinco años), Jardín (cuatro años) y Pre-jardín (tres años).

A cambio de los colegios técnicos -hoy vigentes en todos los países desarrollados- se propuso la educación media especializada, que “no es ni chicha ni limonada”

La política anterior se ajustaba a los preceptos de la Constitución del 91 y respondía a la urgente necesidad de dar atención educativa a los niños más pequeños que, como lo señalan decenas de estudios nacionales e internacionales, son el tramo de edad donde se acentúa más la inequidad y de alguna manera da la pauta de enormes distancias en el desarrollo posterior de las personas. La primera infancia es el momento donde debe iniciarse la reducción eficaz de las grandes brechas sociales. Es claro que la atención nutricional, la atención en salud, la creación de ambientes apropiados de socialización y la estimulación adecuada tienen un impacto extraordinario sobre la adquisición del lenguaje, la capacidad de relacionarse con otros y el desarrollo general de habilidades de aprendizaje.

Estudiantes de grado once en el festival Colegios.
Foto: 
Universidad Cooperativa de Colombia

Dos pasos atrás

Después de la Ley 115 de 1994 las políticas educativas han sido erradas:

– Durante el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) se hizo una reforma constitucional que modificó sustancialmente el modelo de financiación del sistema educativo. Se pasó del situado fiscal -que asignaba los recursos a las entidades territoriales de acuerdo con las proyecciones de población- a un modelo de capitación que transfiere una suma determinada por niño matriculado. Esta reforma estaba prevista en la Ley 715 de 2001 e hizo desaparecer del Sistema General de Participación los grados pendientes de pre-escolar, que quedaron en el aire y pasaron a depender  del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF-.

·  En los larguísimos ocho años del gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) no solo se descartó cualquier discusión sobre el tema, sino que a las instituciones educativas que tenían atención a los niños más pequeños se las obligó a cerrar estos grados o a financiarlos de alguna manera distinta de la que correspondía a la educación básica. Paralelamente, el ICBF siguió ampliando sus coberturas mediante el modelo de madres comunitarias, de indudable valor solidario pero de muy precaria calidad educativa.

Adicionalmente, bajo este gobierno se debilitaron casi hasta su extinción los colegios técnicos que en algunos casos habían logrado un alto nivel de desarrollo, facilitando a muchos jóvenes de estratos pobres y de zonas rurales la adquisición de competencias laborales. Estos colegios técnicos fueron durante muchas décadas la única alternativa de formación para el trabajo de miles de estudiantes que no tenían oportunidad de ir a la educación superior y, además, fueron la motivación principal para concluir su bachillerato.

A cambio de los colegios técnicos -hoy vigentes en todos los países desarrollados- se propuso la educación media especializada, que “no es ni chicha ni limonada”, pues en el mejor de los casos ofrece algunos énfasis, pero sin contar con profesores especializados en áreas técnicas, sin laboratorios y talleres, y sin la intensidad horaria con que contaban los colegios técnicos. Para tratar de subsanar parcialmente esta decisión se aumentaron los convenios con el SENA en aquellos lugares donde fuera posible. Todo esto se hizo para reducir los costos de la educación, ya que los colegios técnicos resultaban más onerosos, requerían menos estudiantes por grupo y exigían dotación e infraestructura.

Estos antecedentes son necesarios para tratar de entender en qué consiste la nueva propuesta del gobierno de un grado adicional, justo a unos meses de terminar su período.

Estudiantes de prekinder.
foto: 
Saint John’s School

Tres problemas centrales

Una política educativa seria o que se apoye sobre buenos argumentos debe atender al menos tres problemas centrales:

1. Debe pensarse en serio la duración del ciclo de educación media y la posibilidad de ampliarla uno o dos años.

Si la decisión es ampliar el ciclo básico, el gobierno debe estar dispuesto a garantizar los niveles de jardín y pre-jardín a todos los niños colombianos, y que los niños sean atendidos por personal idóneo con formación superior para que puedan atender a la población más vulnerable del país. Yo estaría completamente de acuerdo. Es una decisión que está fuera de toda discusión.

En defensa de su iniciativa, la ministra María Fernanda Campo sostiene que los estudiantes se están graduando muy jóvenes y que este es un factor determinante de la deserción universitaria. Digamos, en gracia de discusión, que esto es cierto (aunque no creo que lo sea). Si así fuera podría establecerse que el niño ingrese a pre-jardín a los cuatro años y esté comenzando el primer grado a los siete años, después de haber tenido tiempo adecuado para jugar mucho, para madurar sus funciones cognitivas y motrices y para aprender a relacionarse con los demás mediante la comunicación oral. Los estudiantes se estarían graduando a los 18 años -que es lo que ocurre en otros países- y  disminuirían los niveles de fracaso escolar en los primeros años de primaria.

Una mirada de conjunto permite establecer que el gran cuello de botella del sistema educativo está en la incapacidad de la educación básica secundaria y media de ofrecerle a los jóvenes alternativas para sobrevivir

Sin este requisito de educación temprana dudo mucho de que un año más al final de la primaria o al final del bachillerato sirva mucho para mejorar la calidad de la educación o las oportunidades de vida para los chicos.

2. Es fundamental contar con información adecuada y suficiente. No basta enunciar la posibilidad de añadir un grado escolar, se requiere el cuento completo: en qué parte se propone el añadido; cuánto cuesta; qué se hará durante ese nuevo año; cuánta infraestructura adicional se requiere. Hacer un año más de lo mismo es costoso y no sirve para nada.

3. Una mirada de conjunto permite establecer que el gran cuello de botella del sistema educativo está en la incapacidad de la educación básica secundaria y media de ofrecerle a los jóvenes alternativas para sobrevivir, bien sea avanzando hacia la educación superior o ingresando al mercado laboral.

En países como Francia, Italia, Alemania o España los colegios técnicos se han convertido en institutos especializados de los cuales pueden egresar los jóvenes con un nivel alto de formación técnica añadiendo uno o dos años a su formación básica. Esto mismo ocurre hoy en Colombia con las Escuelas Normales.

En resumidas cuentas, parecería que la propuesta del grado doce es un globo lanzado al aire para ver qué pasa. Pero ya que está por ahí dando vueltas es interesante tenerlo en cuenta para ver qué plantean los candidatos a ocupar el trono presidencial en los próximos cuatro años.

 

* Filósofo, magister en economía, consultor en educación, exsecretario de educación de Bogotá y columnista de El Tiempo.

 

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