
¿Cómo se va a comportar el electorado en la segunda vuelta presidencial?
Compartir:
En estas elecciones estamos observando cambios profundos en la dinámica política del país, cuyas consecuencias son todavía impredecibles. En cualquier caso, esta será una de las elecciones más reñidas de la historia de Colombia.
Me parece de gran interés observar las tendencias electorales desde la aprobación de las dos vueltas presidenciales en la Constitución de 1991 (una norma que se aplicó por primera vez en 1994), con objeto de disponer de un punto de referencia para analizar lo que puede ocurrir en la segunda vuelta el próximo 21 de junio.
La segunda vuelta tiene como objetivo central que el presidente electo cuente con un respaldo mayoritario, es decir, más del 50% de los electores. Además, busca que el nuevo mandatario para poder triunfar se vea obligado a conformar una alianza política con otros candidatos y partidos que se quedaron rezagados en la primera vuelta y así poder disponer de una sólida coalición de gobierno. En un país con un sistema de partidos tan fragmentado se trata de una decisión clave para poder disponer de mayorías en el Congreso de la República y, por tanto, para poder sacar adelante el programa gubernamental.
Si observamos el Cuadro 1, en general entre la primera y la segunda vuelta se produce un aumento porcentual de la participación electoral. La única excepción ha sido en los años 2010 y 2018, en los cuales se produjo una disminución. En general, en las elecciones más altamente polarizadas -es decir, en donde existen diferencias profundas en el plano programático y en el estilo de liderazgo entre los dos candidatos mayoritarios- el aumento de la votación es más notable, tal como ocurrió en 1994 (Samper-Pastrana), 1998 (Serpa-Pastrana) y 2014 (Santos-Zuluaga).

Es importante señalar que en las recientes elecciones tuvimos la mayor participación porcentual en una primera vuelta desde 1994, ni más ni menos que el 57,9% del potencial electoral de Colombia. En un país con una marcada tradición abstencionista, este nivel de participación es una muestra del interés electoral que han despertado los actuales comicios. Y, sin duda, dado el altísimo nivel de polarización, no es nada improbable que se produzca un aumento notable en la segunda vuelta. La pregunta clave es: ¿A cuál de los dos candidatos, Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella, va a beneficiar más ese flujo de nuevos electores? Es decir, ¿cuál de los dos candidatos tiene mayor espacio para aumentar su votación mediante alianzas electorales y movilización de quienes se abstuvieron en la primera vuelta?
Para algunos analistas, De la Espriella tiene las mayores opciones debido no solamente a los más de 600.000 votos que obtuvo en la primera vuelta por encima de Cepeda, sino al apoyo de la inmensa mayoría de los electores del Centro Democrático (ver Cuadro 2). Así mismo, es probable que los votos de otros precandidatos de derecha o de extrema derecha como Santiago Botero, Miguel Uribe, Sandra Macollins y Gustavo Matamoros, que suman alrededor de 260.000 votos, se trasladen al candidato De la Espriella. A su turno, Cepeda podría aumentar su caudal gracias a un porcentaje de los votos obtenidos por los seguidores de Sergio Fajardo, Claudia López, Mauricio Lizcano y Roy Barreras. Desde esta perspectiva, si las simples matemáticas funcionaran como un reloj, De la Espriella tendría mayores opciones de triunfar el 21 de junio. Pero, en el terreno electoral, 1 + 1 no siempre es igual a 2. Siempre puede haber sorpresas. Ante todo, si se produce una avalancha de electores que se abstuvieron el 31 de mayo. Un fenómeno, sin embargo, poco común en el pasado.

Al respecto, resulta muy preocupante el clima de enfrentamientos violentos promovidos por seguidores de ambos candidatos, que están incentivando un clima de crispación muy grave para el país. Estas acciones, además, pueden reforzar al candidato de la extrema derecha, dado el peso que tuvo en estas elecciones el tema de la seguridad interna. Sin duda, como ocurrió en una nación afectada por las maras como es el caso de El Salvador y que condujo al triunfo de Nayib Bukele, en Colombia el fracaso de la Paz Total y el acrecentamiento de la violencia urbana y rural les dio alas a los discursos autoritarios de Abelardo de la Espriella. Sus opositores, paradójicamente y sin querer, pueden estar reforzando sus posibilidades de triunfo en el 21 de junio.
Ahora bien, si observamos el Cuadro 3, los dos candidatos que han pasado a la segunda vuelta desde 1994 invariablemente aumentan su votación. Se trata, sin duda, de un hecho normal, si consideramos que los candidatos derrotados se alinean en torno a los contendores que obtuvieron las mayorías. En ese escenario, ante la reducción del número de candidatos y la necesidad de optar entre dos proyectos de gobierno diferenciados, muchos electores que se abstuvieron en la primera vuelta se sienten motivados a participar en la segunda.
¿Cómo se van a alinear los candidatos derrotados en la primera vuelta antes del próximo 21 de junio de 2026?
Ya hemos tenido algunas adhesiones: el mismo 31 de mayo, Paloma Valencia informó de su apoyo al candidato De la Espriella. También es el caso del candidato a la vicepresidencia de Claudia López, Leonardo Huerta. En los próximos días vamos a ver cómo se alinean el resto o si, como también es previsible, algunos deciden mantener su independencia de los dos polos y convertirse en una fuente de oposición democrática gane quien gane.
Ahora bien, si observamos el cuadro No. 3, salvo en dos comicios, en el resto de las elecciones presidenciales celebradas desde 1994 el candidato ganador en la primera vuelta triunfó en la segunda. Las dos excepciones fueron en 1998, cuando Horacio Serpa, a pesar de haber ganado en la primera vuelta, fue derrotado en la segunda por Andrés Pastrana e, igualmente, en 2014, cuando Juan Manuel Santos logró remontar y derrotar a Óscar Iván Zuluaga en la elección decisiva.

¿Cómo explicar estas dos remontadas-sorpresa?
En el caso de Horacio Serpa su candidatura se vio muy afectada por el Proceso 8.000 y por la dura arremetida de las FARC en el último año del mandato de Ernesto Samper. De igual manera, paradójicamente, la sorpresiva declaración de Manuel Marulanda (Tirofijo) y Jorge Briceño (Mono Jojoy) de la voluntad de llegar a un acuerdo de paz con Andrés Pastrana, tras una reunión con su delegado Víctor G. Ricardo, impulsó la candidatura del candidato conservador.
En el caso de Santos, éste siempre ha afirmado que su candidatura se vio beneficiada por el voto situado hacia la izquierda con objeto de defender el proceso de paz con las FARC en La Habana -que había iniciado en su primer mandato- y por temor al triunfo del candidato apoyado por Álvaro Uribe, el exministro de Hacienda Óscar Iván Zuluaga. Al respecto, hubo un hecho coyuntural en un momento decisivo de la campaña y fue una intervención desafortunada por televisión del candidato uribista, en la cual se salió de casillas, se refirió en términos desapacibles a Santos y perdió en pocos minutos su halo de candidato sereno y conciliador (Armando Neira, “La noche en la que Zuluaga perdió la Presidencia”, Semana, 14 de junio de 2014).
Este episodio muestra que, en el tiempo que resta, cualquier error cuesta muy caro y puede afectar a un candidato. Por ello, nos planteamos una segunda pregunta: ¿Es posible que Iván Cepeda sea una nueva excepción y pueda derrotar a De la Espriella en la segunda vuelta? Si bien todo indica que el candidato de la extrema derecha tiene las mayores opciones, ¿es posible para el candidato del Pacto Histórico revertir esta tendencia? ¿Tendrá la habilidad para captar los votos situados hacia el centro y romper aún más la abstención electoral crónica del país?
En conclusión
En estas elecciones estamos observando cambios profundos en la dinámica política del país, cuyas consecuencias son todavía impredecibles. Por un lado, el fin del liderazgo de Álvaro Uribe en la derecha y su desplazamiento hacia una nueva derecha, incluso más radical, liderada por un outsider, un auténtico advenedizo como De la Espriella. Por otra parte, un ahondamiento de las crisis del sistema de partidos cada día más y más fraccionado, por lo cual la conformación de sólidas mayorías parlamentarias es cada día más difícil. En tercer término, es claro que la izquierda como fuerza política es ya una realidad y que llegó para quedarse. Y por último, tal como señala Santiago Torrado en El País (4 de junio de 2026), esta será una de “las elecciones más reñidas de la historia de Colombia”.
Le recomendamos: Entre el miedo y las garantías democráticas
Acerca del autor
Eduardo Pizarro Leongómez
*Profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia
2 comentarios





Reciban todos un cordial saludo.
Primero, demos crédito pleno al diario El Colombiano de Medellín, que hace unos días, se ha dado la pela de publicar simultáneamente, un asomo de los Hombres candidatos, detrás del voto, Espriella y Cepeda.
Dicho esto, al contrastarlos, me quedó la sensación-duda, ¿cuánto podrían apoyarse uno al otro para servirle a la Nación de todos, con lo que cada cual nota y sabe de la Vida y del Mundo?
Me imaginé entonces, una segunda vuelta, con 25 millones de votos para los elegidos, si Espriella o Cepeda, son los Vicepresidentes «V» de quién quede.
Allí, juntos, como ejemplo, y con las chispas y roces de todo suceso, la única oposición sería como país, a lo que nos daña, a lo que nos falta, incluso a lo que nos sobra.
¿Y los vice actuales Restrepo y Quilcué?
En esta coyuntura, de reto para la existencia, donde todos podemos dar algo, ceder algo, servir con algo, Restrepo Min hacienda, y Quilcué Min cultura.
Intentemos la «Fórmula V».
Salud.
Excelente análisis. No obstante, me parece que es hoy tan trascendental el tema de las redes sociales, que debería destacarse en algún punto. Nunca antes habíamos vivido tal grado de crispación social, facilitada por la posibilidad de trascender la información desde el lugar más íntimo a la desolada tierra de nadie del espacio de la comunicación nacional y global.