
Lo que Colombia necesita: tiempo de hacer acuerdos sobre lo fundamental
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Una reseña del libro editado por el economista y exministro de Hacienda José Antonio Ocampo, clave para entender por qué hoy, más que nunca, las diferentes fuerzas políticas del país necesitan crear consensos.
En América Latina tuvimos recientemente dos experiencias de gran interés en relación con la difícil coyuntura electoral que afronta hoy nuestro país: por una parte, en Uruguay, el 1 de marzo de 2025, Luis Lacalle, del conservador Partido Nacional, le traspasó la presidencia a Yamandú Orsi del Frente Amplio. Es decir, se produjo una alternación pacífica del poder de Derecha a Izquierda.
Por otra parte, en Chile, hace pocos días, el 11 de marzo de 2026, Gabriel Boric le entregó la banda presidencial a José Antonio Kast, un líder político situado a la Derecha. Una alternación pacífica en sentido contrario: de Izquierda a Derecha.
En uno y en otro caso hubo una transferencia del poder de un polo político hacia su contrario sin mayores traumatismos, evidenciando una enorme madurez democrática en ambas naciones.
Ni los unos ni los otros consideraron que perder el poder y transferirlo al otro polo del espectro ideológico significaba el “fin del mundo”.
Personalmente, considero que las naciones en las cuales se ha alcanzado una alternación pacífica entre una Derecha moderada —que pone el acento en el mercado— y un Centro o una Izquierda moderada — que ponen el acento en las medidas sociales—, ha dado origen a los países más admirables actualmente en el mundo: desde Canadá hasta Nueva Zelanda, pasando por Suecia o Dinamarca.
Al respecto, en Uruguay hubo una experiencia excepcional que deberíamos estudiar en Colombia. Tras la elección de Yamandú Orsi se reunieron todos los expresidentes vivos del período post dictatorial (Luis Lacalle Herrera, Julio María Sanguinetti y José Mujica) con el presidente electo e intercambiaron ideas sobre los consensos básicos de la democracia uruguaya. El presidente Orsi, en su discurso de posesión, afirmó con fuerza que esos consensos básicos iban a constituir ejes importantes de su mandato presidencial.
¿Hemos alcanzado en Colombia una madurez democrática similar?
Si observamos lo que ocurrió hace casi cuatro años, el 7 de agosto de 2022, cuando Gustavo Petro asumió la Presidencia de la República, tenemos motivos de optimismo.
En efecto, ese día, por primera vez en la historia de Colombia desde mediados del siglo XIX, asumió el poder un presidente electo que no provenía de los dos partidos tradicionales: liberales o conservadores, o de sus facciones disidentes. Era, además, un exguerrillero desmovilizado del M-19 y, el entonces Presidente de la República, Iván Duque, no dudó en colocarle la banda presidencial.
Esta transición pacífica del poder era sorprendente no solo por el acceso al poder de un exguerrillero, sino por que en aquellos años tuvimos en nuestro continente dos experiencias traumáticas: por un lado, el 6 de enero de 2021 se había dado el asalto al Capitolio en Washington —sede del Congreso, tanto del Senado como de la Cámara de Representantes — por parte de los seguidores de Donald Trump, molestos con el triunfo de Joe Biden, el cual dejó un saldo de cinco muertos. Por otro lado, el 8 de enero de 2023 se produjo el asalto a la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia por parte de partidarios del presidente Jair Bolsonaro, tras la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva.
¿Es hoy posible en Colombia una alternación pacífica del poder similar a la de 2022, si gana las elecciones uno de los candidatos distintos al del Pacto Histórico?
Colombia está viviendo una coyuntura muy difícil, pues estamos enfrentando un proceso electoral con un altísimo nivel de polarización política. Desde distintos sectores se están planteando escenarios catastróficos si gana un candidato presidencial contrario al que apoya su corriente política. Pocos dudan de que Colombia está enfrentando altos riesgos de una grave crisis política.
En este clima de crispación es de enorme interés el libro editado por José Antonio Ocampo, pues propone temas centrales para la construcción de unos consensos básicos entre los distintos candidatos. Es decir, unos “acuerdos sobre lo fundamental”, como los denominaba el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado. O lo que los británicos llaman los “acuerdos para el desacuerdo”, para el ejercicio pacífico de los disensos en el marco del pluralismo democrático.
Por ello creo que el país debe aprovechar la publicación de esta obra colectiva para abrir un gran debate nacional sobre los consensos básicos en los cuales todos los colombianos —de Derecha, Centroderecha, Centro, Centroizquierda e Izquierda— deberíamos converger para garantizar unas elecciones en paz y la posesión de nuevo presidente de la República sin traumatismos.
Consensos básicos como sacar definitivamente las armas de la política, garantizar un total acatamiento a los resultados de las elecciones, no poner en duda la transparencia de nuestro sistema electoral, respetar la división de los poderes públicos y la independencia del poder judicial, avanzar hacia una sociedad más justa y con menos desigualdad de los ingresos y en la distribución de la tierra y otros que proponen los distintos autores de este libro.
No dudo en afirmar que en los breves ensayos contenidos en este libro editado por José Antonio Ocampo, uno de los más destacados economistas del país, pueden estar las bases de una agenda nacional para el futuro. Ojalá todos los candidatos presidenciales lo lean con detenimiento y ojalá Colombia pueda encontrar unos “acuerdos sobre lo fundamental” para garantizar una transición pacífica del poder en 2026.
Como afirma José Antonio Ocampo en la introducción, esta obra “espera contribuir al debate electoral en curso y a las políticas de la nueva administración”.
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*Una primera versión de este texto se publicó el 26 de marzo de 2026 en Contexto Media.
Acerca del autor
Eduardo Pizarro Leongómez
*Profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia
2 comentarios





Resumen: Se pasó de un neoliberalismo de ‘derechas’ a un neoliberalismo progresista, porque así resulta más funcional a los intereses del capital.
Muy interesante.