Gustavo Duncan y Elda Mosquera, Volver a ser Elda. Una biografía íntima de alias Karina
Foto: Pinguin Libros

Gustavo Duncan y Elda Mosquera, Volver a ser Elda. Una biografía íntima de alias Karina

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El libro es una descripción dramática no solo de la brutalidad del conflicto armado interno que ha vivido el país, sino, y ante todo, de su patética inutilidad. Es una obra de obligatoria lectura no solo para analistas del conflicto armado en Colombia, sino también para los interesados en comprender la historia contemporánea del país.

Esta autobiografía de la controvertida exguerrillera de las FARC Elda Neyis Mosquera García, más conocida por el sobrenombre que portaba cuando se encontraba en las filas del grupo guerrillero, “Karina”, se lee con el corazón en la mano. Un lector extranjero, que no conociera la historia de la violencia en Colombia ni tuviera ninguna referencia de “Karina”, podría pensar que está leyendo una novela. Una novela trágica y dolorosa escrita en primera persona. 

Se trata, sin duda, de un libro muy bien escrito. No es una simple transcripción de las conversaciones que Elda Mosquera sostuvo con Gustavo Duncan, profesor de la Universidad EAFIT en Medellín, PhD en Ciencias Políticas de la Universidad de North-Western (Illinois) y autor de varias obras claves como Más que plata o plomo (2014), Los señores de la guerra (2015) y Democracia Feroz (2018). En cada página se nota la buena pluma del autor, quien escribe una columna quincenal en el diario El Tiempo. 

Duncan, quien hizo parte de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas en las conversaciones de paz con las FARC en La Habana, es un respetado analista de nuestro conflicto armado.

Esta autobiografía descarnada, sin adornos, en ningún momento busca ocultar la tragedia de la violencia que ha vivido el país desde 1948, tras la herencia desgraciada que nos legó el enfrentamiento entre liberales y conservadores y, más tarde, tras la emergencia de las guerrillas posrevolución cubana.

Una pregunta que muchos analistas del conflicto armado en Colombia nos hemos formulado es la siguiente: ¿Por qué, a pesar de años y años de esfuerzos de paz, incluso habiendo llevado a cabo el proceso de paz pionero en América Latina, con una guerrilla posrevolución cubana (el M-19 en 1990), que sirvió de inspiración para el cierre de la lucha armada en todo el mundo occidental (Ecuador 1991, El Salvador 1992, Guatemala 1996, Irlanda del Norte 1998, País Vasco 2018), nuestro país es el único en el cual persisten grupos heredados de aquel período, como es el caso del ELN, la Segunda Marquetalia y el Estado Mayor Central? ¿Por qué hemos fracasado en el logro de la paz en Colombia? En el libro de Elda Mosquera y Gustavo Duncan encontramos muchas pistas valiosas para intentar responder estos dos interrogantes. 

1.º En los conflictos armados prolongados como el que soporta nuestro país –y como ha sido documentado, igualmente, en otras naciones similares a Colombia como la República Democrática del Congo—, la guerra se puede convertir en una forma de vida. Niños, niñas y jóvenes que ingresaron a los grupos armados muy temprano pueden terminar inmersos en el “círculo vicioso” de la guerra. 

Elda Mosquera, quien ingresó a las FARC en 1984, a los 16 años, y solo pudo estudiar hasta quinto de primaria, no solo se sentía orgullosa de su vinculación a las FARC para luchar por un país más justo, sino que la consideraba su familia. Este vínculo emocional le permitía incluso estar alejada de su única hija. En el libro dice: “La guerrilla era mi vida”, y a esta “familia” perteneció por 24 largos años. Al respecto, la única solicitud que le hizo su padre, simpatizante del Partido Comunista, cuando decidió ingresar a las filas de las FARC, fue muy lacónica: “Lo único que yo le pido es que sea una buena guerrillera”. 

2.º En otros casos, no es la añoranza de la guerra sino la imposibilidad de reincorporarse a la vida civil lo que conduce a muchos miembros de grupos armados a mantenerse en las filas, o a retornar a estas después de un período lleno de frustraciones tras la dejación de las armas. 

Muchos desmovilizados resienten su falta de preparación laboral distinta al porte de armas, para solicitar un empleo, a lo que se añade el rechazo que sufren por su pasado en las filas de algún grupo armado. Ese pasado no solo les va a pesar a los desmovilizados para conseguir un empleo formal, sino que, incluso, pueden ser objeto de rechazo en los barrios o en las zonas rurales en donde intentan reconstruir su proyecto de vida. Son vistos por la comunidad como una amenaza por su pasado en la guerra.

3.º Otro factor que dificulta mucho la reintegración exitosa de los desmovilizados son las profundas afectaciones psicológicas que sufren debido a las dolorosas experiencias de la guerra. “Uno se deshumanizaba”, afirma en el libro Elda Mosquera. “La venganza facilitaba todo (…). Era la lógica del ojo por ojo, diente por diente. Nos convertimos en máquinas de guerra. La ideología no importaba en medio de la guerra. Importaba ganar, sobrevivir. No había tiempo para pensar si estaba bien o estaba mal tanto exceso de violencia”. Los enfrentamientos contra las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y contra el Ejército de Liberación Nacional (EPL) fueron sin contemplaciones. 

Foto: Instituto Popular de Capacitación

El “síndrome de la guerra” o, más técnicamente, el “trastorno por estrés postraumático” que sufren muchos desmovilizados (como ha sido estudiado en Estados Unidos con los veteranos de Vietnam) y que, por ejemplo, se expresa en altos niveles de violencia intrafamiliar, no ha sido objeto de una política seria en Colombia. El tratamiento psicológico no ha hecho parte de las políticas de reintegración de los excombatientes en el país. 

4.º Finalmente, un factor que dificulta mucho la reintegración de los excombatientes es la presión de los grupos disidentes para que retornen a la guerra gracias a su experiencia militar. Es menos costoso y más eficiente cooptar de nuevo a un excombatiente con años de experiencia militar que incorporar a un joven que no conoce el arte de la guerra. 

La reintegración a la vida civil de Elda Mosquera no fue nada fácil. No solo era calificada a riesgo de su vida como una traidora a la revolución, sino por la necesidad de aprender un oficio distinto a las armas, por la urgencia de superar los traumas de la guerra, por crear una imagen distinta a la brutal y sanguinaria imagen de Karina en la opinión pública, por la necesidad de reencontrarse con su hija y lograr su perdón debido a los años de abandono. 

Así mismo, tampoco fue fácil la obligación de enfrentar, en el marco de la Ley de Justicia y Paz, a las víctimas del conflicto armado. Como dice la propia Elda Mosquera: “Me he desmoronado muchas veces cuando me encuentro con el dolor de las otras personas. Hay rostros de las víctimas llenos de dolor, los he visto y me he llenado de ese dolor. Hay rostros diferentes, no solo están cargados de dolor sino de odio y venganza; cuando los he visto le pido a Dios que algún día me puedan perdonar”. 

Hoy Karina volvió a ser Elda como bellamente se titula el libro. Y Elda dejo de ser una guerrillera en armas. Tras once años de prisión está intentando reconstruir su vida. Incluso, para ello aceptó convertirse en gestora de paz y reconciliarse con el jefe paramilitar Raúl Hasbún (“Pedro Bonito”), responsable de las muertes de dos de sus hermanos. Pero señala con firmeza que nunca aceptó convertirse en informante, pues siempre consideró que los miembros de las FARC desilusionados debían tener, como ella, una oportunidad también de salir con vida de la selva. 

El libro de Gustavo Duncan y Elda Mosquera es una descripción dramática no solo de la brutalidad del conflicto armado interno que ha vivido el país, sino, y ante todo, de su patética inutilidad. Por ello, Elda pensó en algún momento que el libro debería titularse “Causa perdida”. 

Yo creo que se trata de una obra de obligatoria lectura no solo para analistas del conflicto armado en Colombia, sino también para los lectores interesados en comprender la historia contemporánea del país, así sea con lágrimas en los ojos. 

Le recomendamos: El orden invisible: Colombia frente al espejo de su historia

Acerca del autor

Eduardo Pizarro Leongómez
EduardoP@razonpublica.org | + posts

*Profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia

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*Profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia

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