
Colombia requiere un doble acto de contrición
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Colombia es una de las naciones más desiguales del mundo, lo cual exige a las élites tradicionales del país un hondo y sincero mea culpa. Además, sufre uno de los conflictos armados más prolongados del mundo, justificado por sectores e intelectuales de izquierda, lo que también les exige un hondo y sincero mea culpa.
Resulta impactante la lectura del reciente libro del destacado economista Eduardo Lora (Los colombianos somos así, Bogotá, Debate, 2025), en particular las páginas dedicadas a la situación socioeconómica de la población, las cuales reafirman que Colombia es una de las naciones más desiguales del mundo. Esta constatación les exige a las élites tradicionales del país un hondo y sincero mea culpa. A su turno, Colombia sufre uno de los conflictos armados vigentes más prolongados del mundo, el cual ha sido objeto de múltiples justificaciones por parte de sectores e intelectuales de izquierda. El país les exige otro hondo y sincero mea culpa.
Una nación muy desigual
En alguna ocasión, un urbanista extranjero me decía que Bogotá era una de las ciudades más impactantes del mundo: si uno entraba a la capital del país por el sur, podía comenzar el recorrido por barrios de estrato 1, luego pasar a barrios de estratos 2, luego 3, luego 4, luego 5 y, finalmente, llegar a los lujosos barrios de estrato 6. Una segregación espacial muy poco común en el mundo.
A pesar de todas las evidencias contenidas en estudios nacionales y extranjeros en el país, sectores situados a la derecha del espectro ideológico se empeñan en negar la dolorosa realidad de la desigualdad y la pobreza. Son profundamente autoindulgentes, poco críticos. “Todo lo hicimos bien”, afirman. Y, desde otra óptica, sectores situados a la izquierda utilizan esa penosa realidad para explicar e, incluso justificar, el uso de las armas. “La pobreza explica la guerrilla”, afirman.
Ni el negacionismo de la extrema derecha, ni la utilización perversa de las desigualdades por parte de sectores de extrema izquierda son aceptables.
Frente a esas dos posturas, Colombia debe proponerse dos grandes objetivos nacionales: por una parte, la construcción de una sociedad más justa y, por otra, sacar para siempre las armas de la política.
La desigualdad de los ingresos
Según el coeficiente de Gini (donde 0 corresponde a una sociedad totalmente igualitaria y 1 a una sociedad radicalmente desigual), si nos atenemos a los estudios sobre la desigualdad de los ingresos del Banco Mundial, Colombia, con un Gini de 0,548, es después de Sudáfrica y Namibia el tercer país con mayores desigualdades a nivel mundial. Un lugar nada confortable.

La desigualdad en la tenencia de la tierra
Según el Informe de Oxfam de 2016 sobre la desigualdad de la tierra a nivel mundial, Latinoamérica registra la mayor inequidad en el planeta: el coeficiente de Gini de Europa es de 0,57; el de África, 0,56; el de Asia, 0,55, y el de América Latina, 0,79. Pero lo que es más doloroso es que Colombia ocupa el primer lugar en nuestra región, tal como se puede observar en el siguiente cuadro.

Según este estudio, en América Latina las personas que viven de la agricultura familiar, campesina e indígena son propietarias del 13% del total del área agrícola, mientras que en Colombia la cifra es aún menor: 4%.
La desigualdad de las regiones
En el informe titulado No dejar ningún territorio atrás, elaborado por el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimsp), nuevamente nuestro país se raja. Mientras en Colombia existen regiones con niveles de desarrollo similares a las más avanzadas en América Latina (por ejemplo, el departamento de Cundinamarca), otras regiones tienen niveles de desarrollo equiparables a las regiones más atrasadas del continente. Por ejemplo, Chocó y La Guajira.
Según el estudio, los territorios rezagados tienden a tener características comunes: son más pequeños en términos de población, son más rurales, tienen una mayor proporción de población perteneciente a pueblos originarios o afrodescendientes y, además, contienen una mayor proporción de población menor de 15 años.
Una nación afectada por la violencia
Por otro lado, la falsa explicación de la persistencia de grupos guerrilleros debido a la pobreza o a la desigualdad en la tenencia de la tierra por parte de ideólogos de izquierda ha brindado a estos grupos un discurso de autojustificación para persistir en armas. Es decir, les dio argumentos para pasar de la seudoexplicación sociológica (mediante las llamadas “causas estructurales de la violencia”) a la justificación ideológica.
Si la pobreza engendra guerrilla, ¿cómo explican los defensores de los denominados “factores estructurales” que en América Latina la lucha guerrillera que se extendió por todo el continente tras la Revolución Cubana (1959) ya pasó la página, salvo en Colombia? Es más. Ya pasó la página en todo el mundo occidental.
Lo cierto es que los grupos guerrilleros que decidieron no acudir a la gran cita nacional de 1991, las FARC y el ELN, lejos de haber contribuido a mejorar la situación de los sectores populares y de las regiones más marginales del país, han contribuido a su empobrecimiento: la guerrilla hoy día es un factor de pobreza, no el resultado de la pobreza.
Según un estudio conjunto de Fedesarrollo y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el peso económico de la violencia en el país significó el 3,64% del PIB en 2022, superior al presupuesto anual en educación y salud, al alcanzar una cifra de $68 billones, alrededor de US$17.000 millones.
Los grupos armados no estatales, incluidos los de origen político, están causando hoy día en el país enormes daños a la economía y a la sociedad y están ahondando la pobreza debido a diversos motivos:
- Están contribuyendo a la descapitalización del campo, a la fuga de capitales, por temor al secuestro y a la extorsión;
- Esta fuga de capitales está contribuyendo al desplazamiento masivo de la población rural hacia los centros urbanos en busca de oportunidades, lo que acrecienta la pobreza en los centros urbanos;
- Además, estas prácticas están llevando a muchos propietarios a convertir la tierra en una fuente de valorización improductiva o dedicada a la ganadería extensiva.
- En Colombia, como ocurre con otras sociedades afectadas por una violencia interna, los gastos en seguridad absorben una proporción desmedida del presupuesto nacional, en detrimento, por ejemplo, del gasto social.
Hacia una sociedad más justa y más pacífica
Desde distintas posturas y liderazgos políticos y sociales día a día crece en el país la idea de definir los ejes de unos “acuerdos nacionales sobre lo fundamental”, para retomar la expresión del líder conservador asesinado Álvaro Gómez Hurtado. Ninguna democracia en el mundo puede funcionar sin unos acuerdos mínimos: por ejemplo, el respeto a la Constitución vigente, a la división de los poderes públicos, a unas elecciones limpias y transparentes.
A mi modo de ver, además de esos acuerdos básicos, en el caso de Colombia deberíamos tambien acordar la necesidad de construir una sociedad más justa, al menos en los tres frentes básicos mencionados: menor desigualdad en los ingresos, menor desigualdad en la tenencia de la tierra y mayor equilibrio en el desarrollo de las regiones. Y, en segundo término, deberíamos acordar también sacar definitivamente de la política las armas, que tanto daño le han causado y le continúan causando al país.
Le recomendamos: Las “disidencias de las disidencias” y la fragmentación caótica de las actuales negociaciones de paz
Acerca del autor
Eduardo Pizarro Leongómez
*Profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia
3 comentarios






En verdad las regiones de mayor pobreza son también,el pacífico sur,y el sur de Bolívar. También en las ciudades existe una distribución espacial racial.
Y ninguna sociedad «puede funcionar» cuando los méritos son hechos a un lado y cuando roscas con mediocres se apropian de los recursos del Estado para su beneficio. Y no me refiero únicamente a las burocracias sino también a las universidades públicas. ¿Si eso es Occidente?
Al profesor Pizarro la realidad le queda con vacíos como un queso suizo, porque no incluye la instrumentalización del narcotráfico por el establecimiento, ni la colombia profunda desinstitucionalizada con premeditación y alevosía por las élites y dejada en manos de la policia de la coca para que todo $iga fluyendo…