
La ruta de Daniel Quintero hacia la elección de 2026
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El exalcalde de Medellín sigue decidido a competir por la presidencia, aunque su movimiento no tiene personería jurídica y su salida del Pacto Histórico lo dejó en una zona gris. Su aspiración depende, por ahora, de una carrera contrarreloj por las firmas.
Entre la consulta y el retiro
El 28 de octubre se llevó a cabo la consulta del Pacto Histórico para escoger sus candidatos a la presidencia, al Senado y a la Cámara en 2026.
Iván Cepeda obtuvo alrededor de un millón y medio de votos y se declaró ganador; Carolina Corcho, con más de setecientos mil sufragios, anunció que encabezará la lista al Senado, que será presentada oficialmente en los próximos días.
En Antioquia, de las 2.208 mesas con un potencial de 5,3 millones de votantes, acudieron cerca de 144 mil personas. Los más votados para la Cámara de Representantes fueron Hernán Muriel (41.612 votos) y David Alejandro Toro, actual congresista del grupo de Quintero (21.741 votos).
Aunque el exalcalde anunció su retiro de la consulta por razones jurídicas y políticas, su nombre y su imagen aparecieron en el tarjetón. La Registraduría aclaró que esos votos no eran nulos ni en blanco, y los incluyó en el conteo del Pacto Histórico. Quintero agradeció a los 150 mil ciudadanos que votaron por él a pesar de su retiro, gesto que interpretó como respaldo a su “movimiento ciudadano”.
Los motivos del retiro
La renuncia a la consulta fue, ante todo, una jugada estratégica.
Quintero explicó que no quería inhabilitarse para participar en una eventual consulta del Frente Amplio, prevista para marzo de 2026. Su decisión también refleja las tensiones dentro del Pacto Histórico, la falta de un mecanismo unificado para las candidaturas y la incertidumbre jurídica derivada de la fusión de los partidos que lo integran.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobó la personería del Pacto Histórico mediante la Resolución 9673 del 17 de septiembre de 2025, pero de manera condicionada. La unión del Polo Democrático, la Unión Patriótica y el Partido Comunista solo se haría efectiva una vez concluyeran los procesos sancionatorios pendientes. En otras palabras, mientras no se cumpla esta condición, el Pacto Histórico no existe formalmente como partido único.
El obstáculo jurídico
Daniel Quintero enfrenta un problema adicional: su movimiento Independientes no tiene personería jurídica. El CNE se la negó en 2020, y el Consejo de Estado confirmó la decisión en 2024 por no haber alcanzado el umbral exigido en las elecciones legislativas, según el artículo 108 de la Constitución.
Para inscribirse como candidato independiente, necesita ahora recoger unas 630 mil firmas válidas, equivalentes al 3% de los votos emitidos en la última elección presidencial. El plazo vence el 17 de diciembre de 2025, y la Registraduría tiene hasta el 21 de enero de 2026 para verificar la validez de las rúbricas.
El equipo de Quintero calcula que deberá recolectar cerca de 20 mil firmas por día para cumplir la meta. Antes, sin embargo, la Registraduría debe aprobar el comité promotor de su candidatura, paso previo para comenzar la recolección. El proceso es exigente, más aún en un ambiente político saturado de candidaturas por firmas, donde también compiten figuras como Mauricio Cárdenas, Claudia López, Vicky Dávila y David Luna.

Un Consejo Nacional Electoral cuestionado
Las decisiones del CNE son decisivas para el futuro de Quintero.
El organismo, compuesto por nueve magistrados elegidos por el Congreso mediante el sistema de cifra repartidora, ha sido blanco de críticas por su politización y falta de transparencia.
La actual composición refleja los acuerdos partidistas: dos magistradas del Pacto Histórico (Fabiola Márquez Grisales y Alba Lucía Velásquez Hernández), dos liberales (Benjamín Ortiz Torres y Altus Alejandro Baquero Rueda), uno conservador (Alfonso Campo Martínez), uno de la Alianza Verde (Cristian Ricardo Quiroz), uno del Partido de la U (Maritza Martínez Aristizábal), uno de Cambio Radical (César Augusto Lorduy Maldonado) y un magistrado sin partido claro (Álvaro Echeverry). El presidente del CNE, Álvaro Hernán Prada, proviene del Centro Democrático y enfrenta un proceso penal por presunto soborno en el caso contra Álvaro Uribe.
Este contexto explica la desconfianza de varias campañas frente a las decisiones del tribunal electoral, incluida la de Quintero, que percibe en el CNE una trinchera de los partidos tradicionales.
El cálculo del exalcalde
Sin partido, sin coalición estable y sin garantías jurídicas claras, Daniel Quintero se mueve entre la denuncia y la expectativa.
Su apuesta es presentarse como una figura antisistema, que reta tanto al uribismo como al petrismo, y que aspira a captar el voto de quienes desconfían de ambos polos.
Su narrativa combina tres elementos: el discurso de independencia frente a los partidos, la apelación al liderazgo “ciudadano” y una dosis calculada de confrontación mediática. Su estilo recuerda el de líderes populistas locales que construyen identidad a partir del enfrentamiento con las élites políticas y los medios de comunicación.
El problema es que la misma estrategia que le dio notoriedad como alcalde lo deja sin estructura territorial ni alianzas sólidas. En la actualidad, su movimiento cuenta con apenas un senador y un representante a la Cámara en la lista del Pacto Histórico.
El contexto electoral
La coyuntura de 2026 estará marcada por la fragmentación de la izquierda y el agotamiento del gobierno de Gustavo Petro.
En ese escenario, Quintero busca posicionarse como alternativa a ambos extremos: un líder joven, tecnocrático, que critica tanto la “vieja política” como los errores del “cambio” prometido por Petro.
Pero el desafío es mayúsculo. Su candidatura depende del reconocimiento legal del movimiento o, en su defecto, de un aval prestado por otro partido, algo improbable sin acuerdos previos. Además, enfrenta investigaciones por contratación durante su administración y ataques constantes del uribismo, especialmente del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.
Entre el personalismo y la incertidumbre
El llamado “quinterismo” encarna una forma particular de política personalista: un liderazgo que se apoya en la exposición mediática y en redes sociales más que en organizaciones partidistas o ideológicas. Su fuerza radica en su capacidad de movilización simbólica, pero su debilidad es estructural: carece de maquinaria y de programa definido.
Sus seguidores ven en él a un político joven que desafía a los poderosos; sus detractores, a un oportunista que cambia de alianzas según las circunstancias. Su renuncia tardía a la consulta del Pacto Histórico y su ambigüedad frente al Frente Amplio ilustran esa doble condición: cálculo táctico y falta de rumbo.
Un camino cuesta arriba
De aquí a diciembre, el tiempo será su principal enemigo.
Si no logra las firmas necesarias, podría intentar un aval político de última hora o una alianza con sectores disidentes del petrismo o del centro. En todo caso, su aspiración presidencial se juega entre los plazos del CNE y la capacidad de mantener su nombre en la conversación pública.
La campaña de Quintero, más que un proyecto ideológico, es una prueba de resistencia frente a un sistema político que excluye a los movimientos sin personería. Su éxito dependerá menos de sus ideas que de su habilidad para presentarse como víctima de ese sistema.
El desenlace abierto
En el corto plazo, Quintero deberá resolver tres asuntos: la validación de su comité promotor, la recolección de firmas y la definición de su posición en la coalición del Frente Amplio.
Si logra superar estos obstáculos, podría convertirse en un actor relevante de la contienda. Si no, su capital político se desvanecerá en el ruido de una campaña saturada.
Su insistencia en “dejar a los políticos atrás” refleja tanto una estrategia como una contradicción: quiere ser presidente de un país que desconfía de la política, pero debe hacerlo dentro de las reglas de esa misma política. En ese dilema se juega su futuro.
Epílogo: el riesgo de una candidatura
La enrarecida atmósfera política colombiana —polarización, desconfianza, líderes judicializados y partidos debilitados— ofrece un terreno fértil para outsiders como Daniel Quintero. Pero también los expone al desgaste rápido.
El exalcalde parece decidido a seguir adelante, aunque su ruta esté llena de obstáculos jurídicos y políticos. Su destino depende de si logra transformar su imagen de candidato mediático en una opción con respaldo real. De lo contrario, su nombre quedará como símbolo de una generación que quiso llegar al poder sin partido, sin estructura y sin red de seguridad.
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Acerca del autor
Juan Antonio Zornosa Bonilla
* Abogado, magister en Ciencia Política, especialista en Planeación del Desarrollo Regional y doctor en Historia de la Universidad Nacional. Profesor de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Nacional, y director del Laboratorio de Ciencias Sociales y Económicas (FCHE).
2 comentarios






Felicitaciones profesor Zornosa, una mirada bastante juiciosa de la situación que atraviesa el proyecto político electoral del Quinterismo. Aportaría un aspecto que no observé en el análisis. Aún si Daniel consiguiera las firmas y el reconocimiento de ellas por parte de la Registraduría, tendría que enfrentar el reto de tener sus congresistas actuales y candidatos a Congreso 2026 en la lista del Pacto Histórico, que será la lista que respalde a quizá su principal contendor político en una eventual consulta del Frente Amplio. Si ellos votaran por Daniel quizá abran las puertas a un proceso por doble militancia. El 2026 esta muy lejano para el Quinterismo. Definitivamente, la política electoral no puede hacerse a las carreras ni mucho menos sin la asesoría suficiente.
daniel quientero es un oportunista, su unico proposito es blindarse de un carcelazo, es la cronica de un arresto anunciado, los vejamenes contra los dineros de los paisas son tan enormes, que un estudiante de derecho de primer semestre puede denunciar sus fechorias y salir exitoso, quintero es el tipico pillo mentiroso y ladron, basta ver lo que hizo su hermano miguel como recolector de las coimas de la contatacion, que es el combustible almacenado para la campaña, prefiero a un petro loco, ezquisofrenico y drogadicto a u bandido disfrazado de estadista.