Las reglas del juego: listas, umbrales y curules en 2026
Foto: Senado

Las reglas del juego: listas, umbrales y curules en 2026

Compartir:

El cierre de inscripciones para 2026 revela las apuestas entre listas abiertas y cerradas, umbrales y paridad. Las reglas del juego que definirán quiénes competirán —y cómo— por las 284 curules del próximo Congreso.

Este lunes 8 de diciembre finaliza el proceso de inscripción de candidaturas para la contienda de las 284 curules al Congreso e inicia la propaganda electoral en espacio público. Al cierre del plazo, la mayoría de los partidos, grupos y coaliciones han presentado las listas que radicaron ante la Registraduría, en las que encontramos una combinación de las modalidades permitidas por la ley.

Tipos de postulantes y modalidades

En 2026 cinco tipos de postulantes pueden presentarse al Senado (circunscripción nacional) y a la Cámara de Representantes (circunscripción territorial): partidos o movimientos políticos con personería jurídica; grupos significativos de ciudadanos; resguardos y organizaciones indígenas; consejos comunitarios o formas de expresión organizativa de comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, y organizaciones sociales de víctimas, campesinas, sociales, de mujeres y Kumpañy.  

Desde la reforma política de 2003, existen dos modalidades para los cinco tipos de postulantes: las listas abiertas y las listas cerradas.

Listas abiertas o con voto preferente

En las listas abiertas es el elector quien decide si: a) vota por la organización política, seleccionando la lista completa, o b) vota por un único candidato de su preferencia en la lista.

En el caso de elegir un candidato preferente, el electorado —por medio de su voto— es el encargado de definir el orden de la lista. Mientras que si votan por la organización política, su voto no afectará el orden de los candidatos, pero sí contará para los umbrales y cifras repartidoras necesarios para definir el número de curules obtenidas. 

Esto significa que si, por ejemplo, el partido Alianza Verde obtiene una sola curul y su candidata más votada fue Angélica Lozano, a pesar de no haber sido la cabeza de la lista en el tarjetón, sería ella quien obtendría la curul.

Se sabe hasta el momento que algunos partidos, como Cambio Radical, el Conservador, el Liberal, la U y los Verdes, optarán por las listas abiertas.

Listas cerradas o bloqueadas

En las listas cerradas, el grupo político decide el orden y el elector decide si votará por ella, sabiendo que los primeros nombres serán los primeros en ser elegidos. Por lo tanto, sí, de forma hipotética, el Centro Democrático solo obtuviera una curul en el Senado, quien la ocuparía automáticamente sería su cabeza de lista, Andrés Forero.

Este modelo implica cohesión dentro de los partidos o coaliciones para resolver el problema de definir el orden entre los candidatos. 

En Colombia, las listas cerradas pueden ser “listas cremallera”, con alternancia entre hombres y mujeres, lo que garantiza la paridad de género. Esta modalidad ha sido muy discutida: para algunos, es una  “inclusión forzada” que puede romper con los deseos del electorado.

Las críticas

Desde la academia, la sociedad civil y los propios actores políticos se han planteado argumentos a favor y en contra de ambos modelos. Son debates profundamente relevantes al ser un componente central del sistema electoral, tan importante como otros elementos de la ingeniería constitucional, como los distritos electorales, los umbrales o el mismo tamaño del parlamento.

Muchas de estas críticas reaparecieron en los últimos años tras los múltiples intentos de reforma política tramitados

Las listas cerradas han sido, quizá, las más controvertidas entre el público en general. Sus defensores señalan que fortalecen el carácter programático e ideológico de los grupos políticos, permiten un mayor control de la financiación y menos disputas internas. Sus detractores se centran en la posibilidad de fomentar el autoritarismo y el caudillismo dentro de los partidos, de limitar la posibilidad de aparición de nuevos liderazgos y de que haya mayor imposición ideológica al electorado.

Sin embargo, el voto preferente no se queda atrás en la discusión. Sus fortalezas, según algunos, se centrarían en que todos los candidatos —independientemente de su posición inicial en la lista— tienen opciones reales de ocupar una curul, lo que, a su vez, se traduce en una mayor aparición de nuevos liderazgos.

Por otro lado, se critica que puedan ser un caldo de cultivo para el clientelismo, y que puedan propiciar la disolución y el debilitamiento tanto de las líneas programáticas como de los propios partidos políticos. También, a diferencia de las listas cerradas, este sistema dificulta el control de la financiación.

Foto: Wikimedia Commons

La cuota de género y la lista cremallera

En Colombia, la ley establece que la cuota de género depende del número de curules que las listas aspiren a elegir. Para aquellas con cinco o más curules, deberán conformarse con un mínimo del 30% de uno de los géneros; por lo tanto, en corporaciones históricamente masculinas, se debe asegurar que al menos el 30% sean mujeres.

En las listas en las que se elijan menos de cinco curules, al menos uno de los candidatos debe ser mujer. Por ejemplo, aunque solo se elija una curul indígena en la Cámara de Representantes, si la lista tiene dos candidatos, uno de ellos debe ser mujer.

Las listas cremallera van más allá de la cuota de género y aseguran la paridad, aunque las críticas que suscitan son comparables a las formuladas contra las cuotas. Los beneficios serían claros: mejoran la representación de las mujeres, la alternancia hace más visibles a las candidatas y genera presión institucional para planificar su participación, y diversifican los perfiles, lo que, en principio, enriquece la deliberación democrática.

Sus críticos, aunque no muy numerosos, podrían temer que, si los grupos no hacen cambios reales en sus dinámicas internas, las candidaturas terminen como figuras simbólicas y se conviertan en relleno de la lista, sin posibilidades reales de elección. Otros podrían verlas como una traba a la libertad de los partidos, con efectos sobre la calidad democrática y de la competencia. También se cuestiona que no atacan las causas estructurales de la desigualdad.

Estos obstáculos pueden ser políticos (el modelo masculino de la política, la falta de apoyo partidista o los mismos sistemas electorales), económicos (la feminización de la pobreza y el desempleo) o ideológicos y psicológicos (los papeles de género o sesgos en los medios de comunicación).

La elección

Para entender también la importancia del orden de la lista, hay que conocer cómo se eligen las curules del Congreso. En Colombia tenemos un sistema de representación proporcional que busca que, en su composición, se refleje la diversidad de opiniones de la gente. El objetivo es que la representación de los partidos sea proporcional al número de votos que obtengan. El número de curules se asigna tras superar un umbral, mediante la cifra repartidora y el cociente electoral.

El umbral es el porcentaje mínimo de votos necesario para acceder a una curul. En el Senado es del 3% de los votos válidos, requisito que también otorga personería jurídica. Luego, la fórmula electoral establece que se debe “dividir sucesivamente por uno, dos, tres o más el número de votos obtenidos por cada lista, ordenar los resultados en forma decreciente hasta que se obtenga un número total de resultados igual al número de curules a proveer”. El valor más pequeño que se obtenga será la cifra repartidora. Cada grupo obtiene tantas curules como el valor de la cifra repartidora que queda dentro de sus votos.

En la Cámara de Representantes, cuando hay más de dos curules, el umbral es el 50% del cociente electoral. El cociente se obtiene al dividir el número total de votos válidos entre el número total de curules. Por ejemplo, en una elección con mil votos válidos para diez curules, el cociente será de cien y el umbral de cincuenta. Así, si el partido A obtiene cuatrocientos votos y el partido B obtiene trescientos, y se aplica la distribución, se les asignarán las curules de forma correspondiente.

Le recomendamos: Cómo votan las mujeres en Colombia

Acerca del autor

Paola Corredor
pcorredor@razonpublica.org | + posts

*Politóloga y coordinadora editorial de Razón Pública

1 comentarios

Paola Corredor

Escrito por:

Paola Corredor

*Politóloga y coordinadora editorial de Razón Pública

Comentarios de “Las reglas del juego: listas, umbrales y curules en 2026”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

Política y Gobierno

¿Es realmente laico el Estado colombiano?

Así va la reforma política.
Política y Gobierno

Reforma política: mucho ruido y pocas nueces

Política y Gobierno

¿En qué queda la Cancillería tras la salida de Laura Gil?

Política y Gobierno

Autonomía universitaria: ¿derecho o “patente de impunidad”?

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!