
Motos, seguridad y salud pública
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Este tema, además de ser un problema de seguridad y convivencia, es también un problema grave de salud pública, y va a ser muy difícil solucionar estos problemas con la sola restricción del parrillero y menos si se hace por unos pocos días. Esta es una buena oportunidad para discutir posibles soluciones a estos problemas.
El problema de la movilidad en motos se mueve entre dos niveles que deben ser complementarios, el control estricto que las autoridades deben ejercer para que los usuarios de este medio de transporte respeten y cumplan las normas de tránsito, y las medidas de seguridad que deben tener conductores y parrilleros para que no terminen lesionados o muertos.
En los dos casos la situación no es la mejor. En el primero, un buen número de motociclistas no cumplen las normas de tránsito, lo que afecta de manera grave a los demás usuarios de las vías, no quieren pagar lo que les corresponde en términos del Seguro Obligatorio de Accidentes Personales (SOAP) y peajes, y tampoco se ve, de manera permanente, a las autoridades haciendo cumplir las normas de tránsito. En el segundo caso, el número de lesionados y muertos no ha dejado de crecer, lo que se constituye en un grave problema de salud pública, como se expone más adelante.
Controlar y proteger
En este tema Bogotá ha sido un referente; en 1997, la Alcaldía, con el objetivo de proteger a los conductores y parrilleros de las motos, expidió el Decreto 407, que hizo obligatorio el uso del casco para quienes se movilizaban en este medio de transporte. A finales de 1998 el gobierno nacional comenzó una campaña para hacer obligatorio el uso del casco en todo el país, medida que quedó en firme con la expedición del Código Nacional de Tránsito Terrestre, Ley 769 de 2002.
En 1999, tras el asesinato de Jaime Garzón por parte de dos sicarios que se movilizaban en moto, y el aumento de otros delitos durante el segundo semestre de ese año, las decisiones de seguridad ciudadana y de seguridad vial se complementaron con la reglamentación del uso obligatorio de chalecos reflectivos con el número impreso de la placa, al igual que en los cascos, prendas obligatorias que debían portar tanto el conductor como el parrillero.
Estas medidas, junto con otras que se hicieron cumplir por parte de las autoridades de tránsito, contribuyeron a reducir el número de muertos en accidentes de tránsito; la ciudad pasó de una tasa de 24,3 muertos en accidentes de tránsito por cada 100.000 habitantes en 1995, a 8,8 en 2003, es decir, una reducción del 64%.
Por otro lado, el chaleco reflectivo, el casco y el número de placa en estas prendas contribuyeron a la reducción del hurto de motos: se pasó de 2.664 motos hurtadas en 1996 a 1.251 en 2003, es decir, una reducción del 53%. Esto porque los delincuentes, además de hurtar la moto, debían hurtar el chaleco y el casco, situación que dificultaba su accionar.
Con base en los resultados de Bogotá, estas normas se hicieron extensivas a todo el país, y hacia finales de la primera década de este siglo fueron modificadas con la expedición de un nuevo Código Nacional de Tránsito, Ley 1239 del 25 de julio de 2008, sin que se hiciera lo que correspondía para regular de mejor manera la movilidad en motos.
Restricción del parrillero como medida de seguridad
La restricción de parrilleros tiene su antecedente en la medida que tomó Juan Gómez Martínez cuando era alcalde de Medellín (1998-2000), en medio de la ola de secuestros y sicariato del narcotráfico que por ese entonces sufría esa ciudad y el país en general, medida que no frenó la ola violenta y la delincuencia.
Durante los años 1990 y comienzos de este siglo, la restricción de parrilleros se convirtió en uno de los mecanismos para controlar el sicariato, el fleteo, el paseo millonario, los hurtos y el mototaxismo. En este último caso, hay que referir el Decreto 4116 de 2008, firmado por el presidente Álvaro Uribe Vélez, con base en el cual muchos alcaldes restringieron el parrillero es sus ciudades.
Cali, ese año, prohibió los parrilleros menores de diez años y en los años subsiguientes la amplió a parrilleros hombres, por medidas de seguridad, y, de acuerdo con estudios de Instituto de Investigación y Desarrollo en Prevención de la Violencia y Promoción de la Convivencia Social (Cisalva) de la Universidad del Valle, esta medida ha contribuido a la reducción de la violencia homicida y otros delitos.
A esta medida, que se ha tomado en muchas ciudades, le ha faltado seguimiento y análisis detallado para poder determinar la real incidencia de esta restricción en la reducción de la criminalidad. Con los datos que se tienen hasta ahora, se puede asegurar que la determinación de restringir el “parrillero” tiene más beneficios en materia de siniestralidad vial, por cuanto reduce el nivel de riesgo de este medio de transporte, que es el que más registra lesionados y muertos.
La restricción al parrillero reduce la siniestralidad vial
El incremento desmesurado de motociclistas y parrilleros muertos en Colombia, que llega casi a 70.000 en los últimos veinticinco años, pone en evidencia el alto nivel de riesgo al que están expuestos los conductores y pasajeros de motos. Esta cantidad de muertes cuadruplica las que produjo el conflicto armado en este mismo período, es mayor que la de todos los homicidios cometidos en Bogotá y Medellín en el mismo lapso y supera el acumulado de los asesinatos que registró el país en los últimos cinco años.
De 1.139 muertos registrados en 2002 se pasó a 5.194 en 2024, es decir, un incremento del 456%. Mientras en el año 2002 el 40% de los muertos en accidentes de tránsito fueron peatones y el 21,5% motociclistas, en 2024 la situación cambió radicalmente: el 62% fueron motociclistas y solo el 22% peatones (ver siguiente gráfica).

En lo que respecta a los lesionados, la cifra total de este período casi llega a 500.000, en su gran mayoría con lesiones graves y de difícil recuperación.
Frente a la creciente siniestralidad de usuarios de motocicletas y su utilización en la comisión de delitos por parte de unos pocos motociclistas, solo existe evidencia en dos ciudades de que la restricción de parrilleros ha contribuido a la reducción de los homicidios en Cali y de muertos en accidentes de tránsito en Barranquilla, donde el alcalde Álex Char la aplicó durante su primer gobierno y la tasa de muertos en accidentes de tránsito pasó de trece por cada 100.000 habitantes a seis.
¿Qué hacer?
La decisión que ha tomado Bogotá de restringir el parrillero durante unos pocos días ha provocado una serie de bloqueos e inconformismo por la gran mayoría de motociclistas, muchos de los cuales no quieren que exista restricción alguna o costos adicionales a los que ya han incurrido, desconociendo los altos riesgos a que están expuestos en las vías colombianas.
Este tema, además de ser un problema de seguridad y convivencia, es hoy también un problema grave de salud pública, como se puede ver con las cifras de siniestralidad presentadas, y va a ser muy difícil que se puedan solucionar estos problemas con la sola restricción del parrillero y menos si se hace por unos pocos días. Frente a esta situación, esta es una buena oportunidad para la ciudad y para el país para discutir posibles soluciones a estos problemas.
Con el objetivo de reducir el número de muertos y lesionados y no ejecutar medidas que acaben perjudicando a todos los usuarios de las motos, entre otras medidas, sería importante que se regresara al chaleco o chaqueta con aditamentos reflectivos y el número de placa atrás y adelante; además, en el casco. Esto tendría varias ventajas en materias de seguridad, convivencia y salud pública:
La primera: mejoraría la seguridad de los motociclistas y parrilleros, en la medida en que serían más visibles para los demás usuarios de las vías las 24 horas del día, lo cual reduciría la accidentalidad, como ya sucedió en Bogotá.
La segunda: facilita a las autoridades de Tránsito la identificación rápida y le permite a la Policía controlar y detectar a quienes utilizan la moto para cometer ilícitos, en razón de que en las grabaciones que hacen las cámaras de seguridad se podría ver más fácilmente el número de la placa. En este caso es posible que los delincuentes utilicen otro número en sus chalecos o chaquetas, pero con controles y retenes, la policía puede detectarlos más fácilmente.
La tercera ventaja tiene que ver con la disminución del hurto de motos, en especial en la modalidad de halado, en la medida en que los delincuentes tendrían que robar la moto, la chaqueta y el casco; de lo contrario, pueden ser detectados más fácilmente por la Policía en retenes y controles.
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Acerca del autor

Hugo Acero
*Sociólogo de la Universidad Nacional, asesor presidencial de las Consejerías de Paz y de Seguridad Nacional 1993-1995, Exsubsecretario de seguridad de Bogotá 1995, 2003 y Secretario de Seguridad de Bogotá 2021-2022, experto en temas de seguridad, justicia y manejo de crisis.
2 comentarios




Estás opiniones sesgadas solo aumentan la estigmatización hacia los motociclistas, en las calles uno se siente atropellado por conductores de taxis, buses de sito, y particulares porque por opiniones como ésta piensan que uno no tiene derecho a usar las vias y te intentan atropellar o sacar de las vías. Más respeto, las personas que usamos la moto somos mujeres y hombres como ustedes con hijos y familia que debemos sacar adelante. Soluciones no restricciones y pagamos todo para poder salir a la calla al igual que cualquier carro.
Al experto en seguridad se le olvida un PEQUEÑO detalle, Bogotá tiene un problema básico de infraestructura. Las vías y las normas están hechas medianamente para los carros con pegotes para bicicletas. Las ciudades colombianas son ciudades de motos y Bogotá, en especial, de manera creciente de bicicletas. Se requiere un reforma estructural que adecúe las ciudades a esta realidad. El populismo punitivo solo agrava el problema de exclusión social que hay de fondo.