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El Congreso dejó hundir, sin debate ni votación, el único proyecto que buscaba ponerle reglas a la Inteligencia Artificial en Colombia. Esta tecnología, qué ya reemplaza a diseñadores y correctores de estilo, sirve a los gobiernos para vigilar y perseguir migrantes, y se ha usado para inflar de forma artificial la imagen de figuras políticas en plena campaña electoral.

La Inteligencia Artificial es una realidad presente en nuestra vida cotidiana —en el ámbito laboral, por ejemEn las líneas de atención al cliente de entidades y empresas, últimamente nos encontramos con bots más que con personas, voces melodiosas con dificultades para resolver lo que pedimos. Me pasó con la de mi EPS, donde el bot no logró solucionarme algo tan simple como la asignación de una cita, y tuve que ir personalmente a sacarla. El asunto es entre kafkiano y de novela distópica de ciencia ficción: los robots generan una barrera para conseguir lo que buscamos, y la tecnología, que quería facilitarnos las cosas, termina empeorándolas.plo— y para muchos ChatGPT es su amigo, su consejero espiritual y sentimental, y hasta su pareja sin cuerpo, con mente lúcida y complaciente. El problema es que los chatbots, que parecen tecnología amable e inofensiva, les están quitando el empleo: en eso sí son una amenaza real. A esto se suman los problemas medioambientales y el gasto energético que su uso conlleva.
Por sus implicaciones sociales, varios países ya legislaron sobre la IA. El caso más avanzado es el de la Unión Europea, cuyo Reglamento de IA, vigente desde 2024, empezó a aplicarse en agosto de 2026, y clasifica los usos por riesgo: prohíbe los más peligrosos, como la manipulación subliminal o el puntaje social de los ciudadanos; obliga a marcar como tal toda imagen, video, audio o texto generado por IA, y exige que un chatbot avise que quien contesta no es humano. Las reglas de los sistemas de alto riesgo —salud, educación, empleo— se aplazaron hasta 2027 y 2028.
En Colombia, hubo un intento por regularizar la Inteligencia Artificial pero se hundió en el Congreso sin mucho ruido. El proyecto —fusión de más de trece iniciativas radicadas por el Ministerio de Ciencia, con mensaje de urgencia del propio Petro— clasificaba los sistemas de IA por riesgo, como un semáforo, y creaba una autoridad para vigilarlos. El Congreso lo dejó morir el pasado 19 de junio, sin debate ni votación, al vencerse el plazo legal; antes, el gremio tecnológico había pedido archivarlo alegando que el 91.8 % de las empresas del país son pymes y apenas el 2.4 % de ellas usa hoy IA.
Ya hay dos iniciativas nuevas en trámite —una radicada en julio en la Cámara, otra del senador John Amaya Rodríguez en el Senado— pero ninguna nace de un diagnóstico serio sobre el empleo: giran en torno al riesgo y la discriminación algorítmica, sin tocar quién pierde el trabajo.
Más allá de este intento de regular la inteligencia artificial en el país, preocupa que no se tengan en cuenta las implicaciones reales de la nueva tecnología sobre el empleo: el de diseñadores gráficos, redactores y correctores de estilo, por ejemplo. Ya sabemos la agilidad con que los chatbots generan imágenes, escriben de manera correcta —plana, eso sí, y con escasa creatividad— y corrigen la gramática de lo que se escribe. ¿Qué pasará con los trabajadores que están perdiendo el empleo, y lo seguirán perdiendo, con el avance acelerado de la IA?
Afuera las cifras no tranquilizan: Harvard Business School, con 1.38 millones de ofertas freelance, halló que la demanda de diseño gráfico cayó 18.5 % con Dall-e y Midjourney, y la de escritura, 30.4 % con ChatGPT; Upwork encontró que quienes usan la IA ganan 34 % más por hora. En Colombia no hay todavía una cifra propia para diseñadores o correctores de estilo, pero el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario calculó que 5.9 millones de trabajadores —el 25.8 % de los ocupados— están en empleos de alta exposición donde la IA complementa más que reemplaza, y que otro 15%, en labores administrativas, tiene alta exposición pero baja complementariedad: un reemplazo más que una ayuda.
Preocupa también el uso que le dan los gobiernos a programas de Inteligencia Artificial para vigilar y castigar a los ciudadanos. La empresa Palantir, que ya firmó en 2020 un acuerdo con la Presidencia colombiana —sin licitación pública y a costo cero, en plena pandemia—, provee un sistema con el que el ICE, la policía de inmigración de Estados Unidos, ha rastreado inmigrantes para encarcelarlos y deportarlos, muchas veces en operativos violentos. ¿Qué pasará en Colombia al respecto, con un gobierno que comparte las políticas de Donald Trump, que es un aliado ideológico?
Harvard Business School, con 1.38 millones de ofertas freelance, halló que la demanda de diseño gráfico cayó 18.5 % con Dall-e y Midjourney, y la de escritura, 30.4 % con ChatGPT; Upwork encontró que quienes usan la IA ganan 34 % más por hora.
También la inteligencia artificial se metió en las elecciones, y de más de una forma: distintos videos con la voz clonada de Iván Cepeda le atribuyeron frases falsas antes de la definición electoral del 21 de junio, con 2,6 millones de reproducciones, rastreados a dos cuentas de Facebook afines a la candidatura de Abelardo de la Espriella, aunque sin probar una relación con su campaña. Pero ocurrió también lo contrario, la construcción de cobertura elogiosa: una investigación del periodista conocido como Hyperconectado encontró, en Facebook, una red de más de 1.100 videos protagonizados por «reporteros» y «testigos» con cara y voz que parecen personas reales, pero que en realidad fueron creados con inteligencia artificial: no existen. Esos videos registraron 384 millones de reproducciones, y de los que mencionaban al hoy presidente Abelardo de la Espriella, el 100% lo mostraban de forma elogiosa; nunca se pudo establecer quién está detrás de esa red.
Meses antes, en febrero de 2026, la FLIP —la organización que defiende la libertad de prensa en Colombia— ya había denunciado videos manipulados con inteligencia artificial que atacaban al periodista Daniel Coronell, dentro de una serie de ataques de la campaña de De la Espriella contra la prensa crítica, que incluyó, en sus propios canales oficiales, otro contenido hecho con IA disfrazado de verificación periodística, aunque no lo era.
La regulación de la IA que intentó el Gobierno Petro se hundió en el Congreso, y el tema es urgente: las nuevas iniciativas deben legislar sobre la realidad actual de la IA y sus estragos socioeconómicos. Por la ideología del gobierno actual, no hay buenas señales de que prosperen propuestas que piensen en sus consecuencias sociales.
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*Una versión de este texto se publicó en Contexto Media el 01 de octubre de 2026.
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