La ONU y el multilateralismo en tiempos de fragmentación - Razón Pública
Foto: Asamblea General de Naciones Unidas

La ONU y el multilateralismo en tiempos de fragmentación

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En un escenario internacional marcado por conflictos, rivalidades y consensos cada vez más frágiles, la ONU enfrenta cuestionamientos sobre su eficacia y relevancia. Sin embargo, lejos de desaparecer, el multilateralismo se transforma: adopta esquemas más flexibles, incorpora nuevos actores y conserva espacios indispensables para el diálogo y la cooperación.

El debate general de la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrado entre el 22 y el 26 de septiembre puso de manifiesto las profundas fisuras en la comunidad internacional. Estas tensiones se reflejan en el aumento de los conflictos armados, el auge de movimientos de extrema derecha, la incertidumbre ante el potencial destructivo de una inteligencia artificial sin controles humanos efectivos y los impactos cada vez más visibles del calentamiento global.

Los discursos de los líderes mundiales no pudieron ser más distintos. Donald Trump amenazó con aniquilar la civilización iraní; Luiz Inácio Lula da Silva rechazó la interferencia de potencias extranjeras en procesos electorales; Emmanuel Macron advirtió sobre el retorno de la “ley de la selva”; mientras que el vicepresidente colombiano, José Manuel Restrepo, leyendo una carta del presidente Abelardo de la Espriella, se sumó a las teorías conspirativas que presentan a la ONU como la cúspide de una supuesta ideología denominada “globalismo”, destinada a socavar la soberanía nacional mediante doctrinas de izquierda.

Ante esta cacofonía de posturas, acusaciones y protestas, así como la limitada capacidad de la organización para resolver o siquiera mitigar muchos de los grandes desafíos globales, cabe preguntarse  si la ONU y el multilateralismo están acabados. Desde mi punto de vista, hay buenas razones para pensar que no. Sin embargo, también es evidente que los papeles de ambos está cambiando.

La utilidad persistente de las Naciones Unidas

El sistema de las Naciones Unidas difícilmente desaparecerá porque, a pesar de sus evidentes defectos y limitaciones, sigue siendo funcional para los gobiernos y la comunidad internacional. Para los líderes mundiales, el debate general de la Asamblea General constituye una oportunidad única para dirigirse simultáneamente a audiencias nacionales e internacionales. Allí proyectan la imagen de sus países que desean transmitir al mundo. Venezuela se presenta nuevamente como un país estable, Irán como una nación resiliente e Israel como un Estado que no se deja intimidar por la presión internacional. Estos fueron algunos de los mensajes centrales de los discursos de Delcy Rodríguez, Masoud Pezeshkian y Benjamín Netanyahu.

Pero los líderes también aprovechan la tribuna de la ONU para presentarse ante sus propias sociedades como firmes defensores de los intereses nacionales. En ese sentido, Javier Milei criticó a la organización por su inacción ante la disputa con el Reino Unido por las Islas Malvinas; Keiko Fujimori y José Antonio Kast subrayaron la necesidad de reforzar los controles fronterizos y combatir el crimen; mientras que Emmerson Mnangagwa reivindicó la autodeterminación económica de Zimbabue. Incluso la decisión de Abelardo de la Espriella de no asistir personalmente a la Asamblea puede interpretarse bajo la misma lógica de comunicación política orientada al público doméstico.

La diplomacia más allá de los discursos

Más allá de la utilidad de este encuentro como escenario para proyectar imágenes y transmitir mensajes políticos, pocas veces al año se produce una concentración semejante de jefes de Estado, ministros, diplomáticos y altos funcionarios. Esta dimensión menos visible del evento permite que los gobiernos interactúen de manera informal, intercambien posiciones, negocien acuerdos, identifiquen aliados potenciales, fortalezcan coaliciones y, ocasionalmente, contribuyan a resolver disputas. 

En otras palabras, la Asamblea General posee un valor práctico tanto para los gobiernos participantes como para la comunidad internacional, un valor que suele pasar inadvertido cuando la atención pública se concentra en aquello que la ONU no logra resolver. En conjunto, estos factores ayudan a explicar por qué la organización se ha mantenido vigente a pesar de los reiterados llamados de distintos gobiernos a abandonarla o desfinanciarla.

Foto: Retiro de delegaciones ante discurso Israel

El surgimiento de un multilateralismo más flexible

Lo anterior no significa, por supuesto, que la ONU esté en capacidad de ofrecer soluciones contundentes a los desafíos más complejos de nuestra época. La gobernanza del ciberespacio y de la inteligencia artificial, el cambio climático, la lucha contra la criminalidad organizada transnacional y la prevención de conflictos armados involucran intereses nacionales demasiado divergentes como para que la organización pueda actuar eficazmente como laboratorio de soluciones globales.

Sin embargo, el hecho de que el multilateralismo haya perdido efectividad como mecanismo para organizar la política y la economía mundiales no implica que haya desaparecido. Lo que estamos observando es una transformación de sus formas tradicionales. En lugar de grandes consensos globales, están emergiendo esquemas de cooperación más flexibles y de menor alcance, en los que países con proximidad geográfica o intereses compartidos colaboran para enfrentar problemas específicos. La creciente coordinación europea en materia de defensa constituye un ejemplo claro de esta tendencia.

La reconfiguración del comercio internacional

Algo similar ocurre en el ámbito económico. Frente a los aranceles unilaterales impuestos por el gobierno de Donald Trump, numerosos países han buscado diversificar sus relaciones comerciales y reducir su dependencia de Estados Unidos. En su reciente libro World Trade War, el economista Richard Baldwin destaca que, a diferencia de lo ocurrido antes de la Segunda Guerra Mundial, las prácticas proteccionistas de Washington no han sido ampliamente imitadas por otras potencias.

Por el contrario, muchos de los países afectados por estas medidas están buscando nuevos socios y promoviendo acuerdos comerciales regionales o interregionales. De esta manera, los principios y reglas que durante décadas han estructurado el comercio internacional continúan operando, aunque a una escala menor. Los acuerdos recientes entre India y el Reino Unido, así como entre Mercosur y la Unión Europea, reflejan esta dinámica. Baldwin incluso anticipa la consolidación de dos grandes polos comerciales con capacidad para organizar una parte significativa de los intercambios mundiales mediante diferentes formas de asociación: la Unión Europea y el Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico.

Nuevos actores y canales de cooperación

Todavía está por verse si estas nuevas formas de multilateralismo lograrán extenderse a otros ámbitos de cooperación, como la protección del medio ambiente, la regulación de las tecnologías digitales y la gobernanza de la inteligencia artificial. También resulta evidente que el multilateralismo está lejos de ser el único mecanismo de cooperación política. Hoy observamos una creciente participación de empresas, organizaciones no gubernamentales y redes de expertos en procesos de toma de decisiones, tanto formales como informales. Al mismo tiempo, las fuerzas políticas con afinidades ideológicas han desarrollado vínculos transnacionales cada vez más estrechos, a menudo al margen de los canales diplomáticos tradicionales.

La política exterior de Argentina bajo Javier Milei ilustra bien este fenómeno. Entre 2024 y 2026, el mandatario visitó España en seis ocasiones para reunirse con inversionistas y aliados políticos, sin sostener encuentros oficiales con el gobierno español pese a los profundos vínculos históricos y económicos entre ambos países. 

Esta evolución ayuda a entender por qué espacios como el debate general de la Asamblea General siguen siendo relevantes. Por un lado, ofrecen a los líderes un escenario mediático de alcance global que contribuye a su legitimación política. Por otro lado, proporcionan un espacio informal indispensable para gestionar tensiones, explorar acuerdos y mantener abiertos los canales de comunicación en un mundo cada vez más volátil, fragmentado e impredecible.

Le recomendamos: Los ecos de la Asamblea General de Naciones Unidas

Acerca del autor

Nicolas Alexander Beckmann
nbeckmann@razonpublica.org | + posts

*Profesor de Estudios Globales de la Universidad de los Andes. Es analista e investigador sobre temas relacionados con el narcotráfico, políticas de drogas, y el papel de América Latina en la Política Global.

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Nicolas Alexander Beckmann

*Profesor de Estudios Globales de la Universidad de los Andes. Es analista e investigador sobre temas relacionados con el narcotráfico, políticas de drogas, y el papel de América Latina en la Política Global.

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