El debate por el Tedeum, los días festivos y el Estado laico - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad El debate por el Tedeum, los días festivos y el Estado laico

El debate por el Tedeum, los días festivos y el Estado laico

Escrito por William Duica

Te Deum, realizado por el día de la Independencia de Colombia en la Catedral Primada, 2014.

Wiliam_DuicaUn fallo judicial sobre una ceremonia de gobierno revive una pregunta importante y controversial en nuestra vida pública: ¿qué significa y qué implica realmente el que hoy Colombia sea un Estado no confesional?  

William Duica*

La sentencia

El Tedeum es una misa católica de acción de gracias que se venía oficiando cada 20 de Julio y congregaba al presidente de la República y a sus ministros. El fallo reciente del Consejo de Estado (CE) que suspende el Tedeum como parte de esta celebración patria produjo una polémica que, aunque no tuvo mucha resonancia, abre las puertas para una reflexión importante.

En primer lugar debe quedar claro que no se trata de prohibir la celebración del Tedeum. Esta es una interpretación perniciosa con la cual se intentó confundir a la opinión pública. No solo se seguirá celebrando la misa del Tedeum, sino que el presidente y sus ministros podrán asistir a título personal a esta ceremonia el 20 de julio si así lo desean. El fallo del CE no prohíbe ningún ritual religioso ni se inmiscuye en las prácticas privadas y personales de los miembros del gobierno.

No se trata de prohibir la celebración del Tedeum.

La sentencia se ocupa de la identificación de un acto oficial del Estado con una práctica religiosa en particular. Y a pesar de que era previsible que se diera una discusión acerca de si este fallo implicaba una afrenta contra la Iglesia católica, la polémica fue perdiendo interés debido a que, tal como lo explicó el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Augusto Castro, la decisión no le incomodó a la Iglesia católica y era algo que esperaba porque desde 1991 el Estado colombiano dejó de ser confesional.

El fallo del CE debió basarse en la consideración de dos artículos de la Constitución vigente:

  • El Artículo 1 establece que Colombia es un Estado social de derecho organizado en forma de República, e inmediatamente señala que esta República es democrática, participativa y pluralista.
  • El Artículo 19 establece la libertad de culto y la igualdad de las confesiones religiosas y las iglesias ante la ley.

De manera que al responder a la demanda que presentó un “ciudadano preocupado” parece que se unieron dos conceptos: que Colombia es un Estado de derecho y que es pluralista.

Un Estado laico

Arzobispo Luis Augusto Castro.
Arzobispo Luis Augusto Castro. 
Foto: Wikimedia Commons

Es obvio que por pluralista se quiere decir que el Estado reconoce (entre otras cosas) diversas prácticas y credos religiosos sin adoptar ni darle preferencias a ninguno. Esto puede parecernos obvio hoy, pero no siempre fue así. Recordemos un par de textos de la Constitución de 1886:

“Artículo 38.- La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada como esencial elemento del orden social. Se entiende que la Iglesia Católica no es ni será oficial, y conservará su independencia”.

“Artículo 40.- Es permitido el ejercicio de todos los cultos que no sean contrarios a la moral cristiana ni a las leyes. Los actos contrarios a la moral cristiana o subversivos del orden público, que se ejecuten con ocasión o pretexto del ejercicio de un culto, quedan sometidos al derecho común”

La importancia del pluralismo radica en que, sin importar si se trata de pequeñas o grandes congregaciones, o de iglesias con mayor o menor tradición histórica, el Estado colombiano no establecerá una jerarquía que le dé mayor relieve o importancia a un credo que a otro.

Lo que no es tan obvio es que por Estado de derecho se quiere decir “Estado no confesional”. Recuérdese que la Constitución de 1886 empezaba diciendo: “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad”. En este contexto, decir que Colombia es un Estado social de derecho implica que sus normas están basadas en el derecho y nada más, y que el Estado no concibe otra fuente de autoridad distinta de la que proviene de su ordenamiento institucional y legal.

Por eso lo interesante es lo que significa el fallo. La modificación del protocolo oficial, que es un asunto menor, representa una decisión que responde a una demanda de coherencia entre la “conciencia nacional” que el Estado colombiano suscribe en su Constitución y sus prácticas oficiales.

La religión católica, apostólica y romana ya no es la religión de la nación colombiana. Eso no quiere decir que el Estado colombiano no la reconozca, o reniegue de ella, o la prohíba. Nada de eso. Quiere decir que el Estado colombiano no tiene ninguna religión; que la religión católica no es el elemento esencial del orden social. Los ciudadanos pueden no practicar ninguna religión o practicar la que deseen en su vida privada, pero en el ámbito público el Estado en su identidad nacional no define el orden social a la luz de ninguna religión.

Es difícil establecer cuántas transformaciones culturales tendrán que darse para que los ciudadanos colombianos de todos los niveles sociales y de educación entiendan que Colombia no es un país confesional. Cuánta educación nos hace falta para que se entienda lo que eso implica. Por ejemplo, que el concepto de “valores morales” no se reduce al de “moral cristiana”; que “matrimonio” no es un concepto bíblico que se agota en la idea de “unión de hombre y mujer”; que la “orientación sexual” no es el resultado de “adoctrinamiento ideológico”.

Es contra esa estrechez que, a través de cosas tan puntuales como este fallo del CE, se abre una puerta de transformaciones que puede llevarnos a consideraciones interesantes acerca de nuestra identidad como nación.  

El problema de los festivos

Ritos católicos durante la Semana Santa, en Popayán.
Ritos católicos durante la Semana Santa, en Popayán.
Foto: Wikimedia Commons

Una de esas consideraciones apareció en la efímera controversia de la semana pasada. Como respuesta al argumento de que el país debe mantener una coherencia entre su ideario constitucional y sus prácticas oficiales, se preguntó si por esa vía debía replantearse el tema de los días festivos consagrados a motivos religiosos.

Desde 1991 el Estado colombiano dejó de ser confesional. 

Este tema sí que nos puso a pensar en la tal coherencia entre ley y cultura, porque en el santoral no hay santos, ni uribes, ni síes, ni noes, ni duros, ni maduros que nos dividan a los colombianos a la hora de defender nuestro verdadero tesoro nacional: los días festivos. Mire Usted la lista:

     Días festivos de Colombia en 2016

01 Enero: Año Nuevo 
11 Enero: Día de los Reyes Magos
20 Marzo: Domingo de Ramos
21 Marzo: Día de San José
24 Marzo: Jueves Santo
25 Marzo: Viernes Santo
27 Marzo: Domingo de Pascuas o Resurrección
01 Mayo: Día del Trabajo 
09 Mayo: Día de la Ascensión
30 Mayo: Corpus Christi
06 Junio: Sagrado Corazón de Jesús 
04 Julio: San Pedro y San Pablo
20 Julio: Día de la Independencia
07 Agosto: Batalla de Boyacá 
15 Agosto: Asunción de la Virgen
17 Octubre: Día de la Raza 
07 Noviembre: Día de todos los Santos
14 Noviembre: Independencia de Cartagena 
08 Diciembre: Día de la Inmaculada Concepción
25 Diciembre: Navidad

¿Qué hacer si uno quiere ser coherente pero sin perder ni un solo día de fiesta? La salida a este horrible dilema parece que puede ser “democrática, participativa y pluralista”. De los 20 días festivos del año, 14 son religiosos. Podríamos conservarlos incluso en las mismas fechas para que la gran mayoría de colombianos católicos conservaran sus tradiciones. Pero por otra parte, para que el Estado no pueda ser acusado de no respetar el derecho a la igualdad podría redefinirse el motivo de esos días festivos. Podríamos por ejemplo, declarar el 30 de mayo Día de la Diversidad Cultural o algo por el estilo (ya que es algo que se declara en la Constitución). Ese día los que quieran podrían celebrar el Corpus Christi, pero la fiesta nacional sería la de la multiculturalidad.

Me imagino que también podríamos convocar a los historiadores u organizaciones a ayudarnos en esa tarea. Pero, como quiera que sea, al final tendríamos lo mejor de dos mundos: nuestros 20 festivos al año y un país que recuerda y hace honor a su identidad y su historia en sus fiestas nacionales.   

 

* Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia en el Departamento de Filosofía. Investigador en el grupo Relativismo y Racionalidad.

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies