
¿Los colombianos seremos capaces de reconstruir confianza?
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Han pasado casi 21 días desde que ocurrió el terrible atentado contra la vida del Senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay.
Sin duda este hecho nos impactó enormemente en nuestra consciencia colectiva.
Muchos afirmaron que estábamos volviendo atrás en la historia violenta del país cual cangrejo que se repliega. Otros, han hablado de la reaparición de fuerzas oscuras, quienes cíclicamente reaparecen a través de este tipo de actos atroces con el objetivo de generar el caos y la inestabilidad que les permiten moverse a sus anchas y aprovecharse para lograr sus propios objetivos perversos.
Sin duda es muy importante que las autoridades logren establecer y dar con los responsables del hecho, tanto materiales como intelectuales y reciban por parte de las autoridades judiciales las sanciones que les correspondan.
Más allá de que estos enunciados puedan tener un grado de posibilidad, por encima de las especulaciones y la ausencia de evidencia concreta que nos permita entender a ciencia cierta qué es lo que realmente está ocurriendo detrás de las bambalinas, lo cierto es que como ciudadanos tenemos todos, un margen de acción muy amplio en el terreno individual y en el colectivo. Tenemos la posibilidad de construir resiliencia porque sin duda todos los colombianos hemos sido impactados de alguna u otra manera, luego nos corresponde igualmente afrontar la situación y usar las mejores herramientas para superar la situación y poder seguir adelante.
Las historias que construimos a través de las conversaciones, lo que nos contamos sobre lo que nos sucede en el día a día, de alguna manera dan cuenta de nuestro estado anímico.
Por eso es muy importante que en estos momentos todos tomemos una mayor conciencia sobre la importancia de hacer un esfuerzo superior por emplear un lenguaje que nos permita mantener nuestra identidad nacional, que nos permita igualmente mantener una comunicación efectiva y lograr unos niveles de mayor cohesión social, pues es a través del lenguaje principalmente como transmitimos nuestros valores, nuestras tradiciones, en suma nuestra cultura, y así marcamos el devenir de la historia. Claro, algunos dirán que para poder emplear bien el lenguaje, tenemos que reflexionar previamente sobre nuestros sentimientos y sobre nuestros pensamientos. Es un ejercicio que tenemos que hacer a diario, identificar que sentimientos y que pensamientos nos resultan tóxicos y no nos sirven mayormente para nada, y desecharlos.
Por supuesto que no son momentos fáciles, estamos a prueba, de manera individual y de manera colectiva, nuestra democracia está a prueba, nuestras ideas y convicciones están aprueba, nuestros derechos, empezando por los más simples y elementales como lo son el derecho a la vida y a la libre expresión, están a prueba.
Gracias a Dios, la ciudadanía en general ha reaccionado, o hemos actuado con sentimientos de inmensa solidaridad con el afectado y su familia, ha habido marchas del silencio en casi la mayoría de las ciudades y no solo para pedir por la vida del senador Miguel Uribe, también por muchas victimas que incluso han muerto en Cali, o en otras regiones pues han resultado afectados como victimas por ataques en los que también ha sufrido nuestros lideres sociales, algunos ciudadanos y algunos de nuestros policías y soldados. Estos sin duda han sido gestos maravillosos de solidaridad llenos de generosidad y profunda empatía con quienes sufren.
De manera que estas marchas del silencio han tenido todo el propósito y sentido en expresar un sentimiento de dolor por los afectados, por los caídos, también por el deseo sincero de que no sea la violencia la que rige nuestra ruta, ni nuestro sendero, ni mucho menos nuestra cotidianidad, y menos aún nuestro destino.
Por eso valoro enormemente todas estas muestras ciudadanas porque de alguna manera nos invitan a romper el miedo y la inercia de los acontecimientos que por momentos nos han dejado pasmados o sencillamente paralizados, pues no se entiende como cosas así puedan estar ocurriendo en pleno siglo veintiuno y por ello la realidad se torna tan compleja de asimilar y asir, para la gran mayoría de nosotros.
De manera que actitudes individuales, sumadas una a la de otros individuos y ciudadanos se han convertido también en parte de nuestro comportamiento colectivo, la gente ha querido orar, rezar, caminar, acompañar, llorar, reír, recordar, cantar o simplemente marchar en silencio. En hora buena nos hemos manifestado de alguna manera, y nos hemos percatado de que no estamos solos, que en todo caso somos una gran fuerza de colombianos que clama por un mejor presente y claro un mejor futuro, para nosotros y para nuestros hijos y nuestros nietos.
También van haciendo carrera las actitudes de defensa real de la democracia, al estado del derecho, y a tener un mejor orden social que nos permita convivir en ausencia de manifestaciones violentas que priven a los ciudadanos de su vida, de su salud o de su seguridad e integridad. Por eso cobra mayor relevancia el lenguaje y la comunicación como herramientas para lograr un mejor entendimiento mutuo, como mecanismo de resolver diversas tensiones y lograr llegar a acuerdos, como el suscrito por varios precandidatos para lograr el respeto a la vida, a tener elecciones libres y transparentes, y un mayor compromiso en todos los sentidos.
De manera que esta es solo una invitación a reflexionar sobre nuestros márgenes de acción individuales y colectivos y a tener muy presente que todas las voces cuentan, ojalá sean utilizadas de manera responsable, consciente y constructiva en la mayoría de las veces.
Acerca del autor

Clara Rojas
Abogada y Especialista en Derecho de la U del Rosario, Magister en Estudios Políticos, Representante a la Cámara por Bogotá 2014-2018, Consejera en la Unesco, docente universitaria, escritura varios libros, Cautiva -Testimonio de un Secuestro, Resiliencia Personal a Prueba de Fuego, Cartas a Emmanuel, De la Selva al Congreso, entrego otros. Actualmente, Speaker y en proceso preparación siguiente libro.
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