Reformismo y polarización - Razón Pública

Reformismo y polarización

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Este mes el gobierno de Gustavo Petro obtuvo dos importantes victorias, una relacionada con la reforma laboral y otra con la reforma pensional. Así no logre sacar adelante en el año y medio de administración que le queda alguna de sus otras reformas, o la paz total tampoco llegue a buen puerto, los logros de las reformas laboral y pensional serán un hito de estudio importante en la historia del reformismo criollo.

Algo que en ocasiones muchos analistas y académicos parecen olvidar es que las grandes reformas sociales por lo general implican algún grado de polarización política en la sociedad, puesto que los sectores que se sientan afectados por las reformas van a salir a protestar, y, dependiendo los recursos de poder con los que cuenten, sus aliados y el grado de apoyo popular que tengan se harán sentir más o menos.

Entonces, lo raro no es que en momentos reformistas exista polarización, lo que puede variar es el tipo o alcance de esta. Al respecto podemos identificar dos tipos de situaciones reformistas, a las que denominaremos reformismo centrípeto y reformismo centrífugo. El primero hace referencia a situaciones donde las fuerzas políticas tienden hacia el centro (no ideológico, sino de acuerdos básicos) y el segundo a situaciones donde las fuerzas políticas se alejan del centro (no ideológico, sino de acuerdos básicos)

En el reformismo centrípeto, pese a la radicalización de sectores opuestos a las reformas, el gobierno logra conformar una coalición o un bloque lo suficientemente amplio para sacar adelante sus reformas. Por el otro lado, en el reformismo centrífugo, el gobierno sí logra conformar una coalición o un bloque para sacar adelante las reformas, pero la radicalización de algunos sectores opositores es tan fuerte, que puede llevar al gobierno a tácticas constitucionales duras o pulsiones autoritarias, y, a la oposición a recurrir a tácticas obstruccionistas o insinuaciones golpistas.

Podrá notar el lector que no hablamos de reformismo polarizante y reformismo no polarizante, puesto que ya dijimos que todas las situaciones reformistas implican algún grado de polarización o radicalización. Pero tampoco hablamos de reformismo democrático y reformismo autoritario, puesto que, tanto en el centrípeto como en el centrífugo pueden presentarse pulsiones autoritarias o ruidos golpista, la diferencia es que en los centrífugos tienden a ser más usuales. Además, reformismo democrático o autoritario hace mas referencia al sistema político en el que se desarrolla la situación reformista, por ejemplo, reformismos autoritarios fueron los que se desarrollaron en las dictaduras militares de Velasco Alvarado en Perú o Gamal Abdel Nasser en Egipto, y, reformismos democráticos serían los de Allende en Chile o Jacobo Árbenz en Guatemala.

Miremos algunos ejemplos de reformismo centrífugos en nuestra historia. En el quinquenio de Rafael Reyes de 1904 a 1909 durante la Hegemonía Conservadora, se hicieron profundas reformas a la Constitución de 1886, pero estas vinieron acompañadas de un autogolpe de Estado por parte de Reyes, la clausura del Congreso y su renuncia al poder en 1909.

Otro importante momento reformista centrífugo ocurrió en la República Liberal durante la Revolución en Marcha de López Pumarejo de 1934 a 1938. Este vino acompañado de la abstención electoral masiva por parte del Partido Conservador, que se radicalizó a la extrema derecha, rompiendo la tradición de gobiernos de coalición que ellos mismos habían promovido en las décadas anteriores, además del intento de golpe de Estado a López Pumarejo en su segunda administración en 1944 por parte de un grupo de militares en Pasto.

Por su parte también tenemos ejemplos de reformismos más centrípetos, como por ejemplo al inicio del Frente Nacional en 1958, cuando Liberales y Conservadores se ponen de acuerdo sobre los diseños institucionales que darían origen al Frente Nacional. Pero este reformismo poco a poco se radicalizó hasta convertirse en centrífugo, siendo la reforma agraria promovida por los Lleras uno de los detonantes. Además, se olvida con bastante frecuencia que el Frente Nacional tuvo sus momentos de tensión también, tanto al inicio, cuando en los primeros meses de su funcionamiento hubo ruido de sables, o al final, con el fraude electoral de 1970.

Otro ejemplo de reformismo centrípeto fue el proceso constituyente de 1991. Salvo el momento reformista republicano de Carlos E. Restrepo de 1910-1914 o los primeros años del Frente Nacional, el proceso constituyente de 1991 tal vez sea el momento donde se la logrando la coalición reformista más amplia y plural, la cual permitió no reformar la Constitución de 1886, sino crear una totalmente nueva.

Pero incluso ese momento reformista también tuvo sus tensiones, como las dudas legales que generó en la Registraduría si contar o no los votos de la Séptima Papeleta, o la posibilidad de que la Corte Suprema de Justicia en su Sala Constitucional tumbara el Decreto con el que Barco preguntaba al pueblo si estaba a favor o no de una Asamblea Constituyente, cuando la Constitución vigente de 1886 expresamente no permitía ese mecanismo para modificar la Constitución, o las presiones del narcoterrorismos a los asambleístas para eliminar la extradición, etc.

El reformismo de Petro clasifica claramente en un reformismo centrífugo. El gobierno no ha logrado armar una coalición lo suficientemente amplia y estable, lo que ha generado incentivos perversos para tácticas constitucionales duras por parte de la administración -el decretazo por ejemplo- y por parte de sectores de la oposición tácticas obstruccionistas reiteradas e insinuaciones irresponsables a los militares.

Pero lo reiteramos, el problema no es la polarización, puesto que todos los momentos reformistas la pueden generar, el problema es dejarla radicalizar al extremo. Lo “ideal” es que los momentos reformistas sean lo más centrípetos posibles, donde la mayor cantidad de fuerzas políticas tiendan al centro en unos consensos básicos, logrando así coaliciones amplias. Pero, en lo “real”, esto no siempre ocurre.

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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