La Bienal de Venecia 2024: un espacio para repensar la política del arte y el arte global
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La Bienal de Venecia 2024: un espacio para repensar la política del arte y el arte global

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La Bienal de Venecia 2024 es un poderoso espacio de diálogo, donde artistas del Sur Global desafían las fronteras de la identidad al promover la inclusión y la reflexión crítica.

Extranjeros en todas partes

La Bienal de Venecia es uno de los eventos de arte contemporáneo más importantes y antiguos del mundo. En 2024, celebra su 60ª edición. Desde su creación en 1895, ha sido una plataforma crucial para artistas, curadores y críticos, consolidándose como un punto de encuentro para el arte de vanguardia y el debate cultural. Este evento, que se realiza cada dos años y se extiende por casi siete meses (de abril a noviembre), suele generar discusiones estéticas, éticas y políticas. Esta nueva edición, además de reafirmar su relevancia mundial, dio un paso importante en la visibilización de artistas y culturas tradicionalmente marginadas bajo el lema «Foreigners Everywhere».

El tema central de la Bienal de Venecia 2024, «Foreigners Everywhere» («Extranjeros en todas partes»), es un concepto poderoso y multifacético que invita a reflexionar sobre la condición humana en un mundo cada vez más interconectado y globalizado, abordando la interdependencia energética, económica y tecnológica. La frase, seleccionada por el curador Adriano Pedrosa, reconocido director artístico brasileño, promueve la visibilización de artistas del Sur Global (América Latina, África y Asia) y explora las experiencias de quienes se sienten o son percibidos como extranjeros, no solo en el sentido geográfico, sino también en los ámbitos social, cultural y político.

Adriano Pedrosa, el primer curador latinoamericano en dirigir la Bienal, explicó que el lema «Foreigners Everywhere» tiene múltiples interpretaciones. En un sentido literal, refiere que hoy en día, es común encontrar personas de distintas culturas, religiones o nacionalidades. No obstante, también alude a una dimensión más íntima, reflejando la sensación de ser ajeno incluso dentro del propio entorno. Diferencias en el idioma, la cultura, la religión, el género, la orientación sexual, la situación económica o el estatus social pueden generar este sentimiento. La frase recuerda que las barreras, tanto visibles como invisibles, siguen dividiendo a las personas y reproduciendo microviolencias cotidianas en un mundo globalizado.

El enfoque curatorial destaca a los artistas del Sur Global. Esta noción visibiliza dinámicas históricas y postcoloniales. También describe desigualdades globales en lugares distantes entre sí, da voz a las marginalidades y refuerza la solidaridad sur-sur. El concepto abarca América Latina, África, partes de Asia y otras voces marginadas del circuito artístico occidental. La Bienal 2024, en pocas palabras, busca romper con esa exclusión al ofrecer una plataforma a quienes no siempre han podido participar plenamente en la escena artística internacional.

Diversidad e inclusión 

El énfasis en la visibilización de artistas del Sur Global y otras comunidades marginadas es uno de los aspectos más relevantes de la Bienal de Venecia 2024. Este enfoque responde a las demandas de mayor equidad e inclusión en el mundo del arte y refleja un cambio en las estructuras de poder que han dominado el circuito artístico global. Tradicionalmente, bienales y grandes exposiciones han sido controladas por artistas, curadores y capitales de Europa y América del Norte, creando un sesgo en la representación y valoración de diversas expresiones culturales.

La Bienal 2024 pone especial atención en obras que exploran temas como la migración, la identidad y la otredad. Estos temas son particularmente relevantes en el actual contexto de crisis migratorias, climáticas y económicas, así como en los conflictos políticos y desplazamientos forzados por guerras en distintas partes del mundo.

«Foreigners Everywhere» se ha posicionado como un lema que abre la puerta a que los artistas exploren las tensiones entre lo global y lo local. En un mundo donde las fronteras geográficas parecen diluirse, pero persisten fuertes divisiones culturales y sociales, el arte puede ofrecer una visión crítica y novedosa de estas complejidades. La Bienal de Venecia 2024 se convierte en un espacio para abordar cuestiones de pertenencia, exclusión y búsqueda de identidad, en un contexto donde los conceptos de «nación» y «frontera» están en constante reconfiguración.

Algunos pabellones nacionales, por ejemplo, exploran temáticas relacionadas con la colonialidad, la diáspora y la resistencia cultural. El pabellón de Nueva Zelanda, ganador del León de Oro en 2022, regresará en 2024 con una propuesta centrada en las tradiciones maoríes y su conexión con los temas de desplazamiento y recuperación cultural. De manera similar, el pabellón de Arabia Saudita promete una reflexión crítica sobre las percepciones occidentales de las mujeres saudíes, ofreciendo una visión interna que desafía estereotipos externos.

Es importante resaltar que el deseo de dar voz a subjetividades y a seres históricamente marginados no es una novedad de la Bienal de Venecia 2024. Este enfoque forma parte de un devenir histórico inscrito en resistencias, luchas y sublevaciones que han emergido en diversos lugares en busca de igualdad, justicia y libertad. La Bienal de Venecia 2024 recoge estos impulsos de reclamos históricos, pero no representa un pensamiento único ni originario de esta exposición.

Foto: Wikimedia Commons

La política del arte 

Además, es interesante señalar que la política del arte implica rastrear cómo las obras artísticas cambian los modos en que las personas perciben y entienden el mundo. No se trata de una política explícita, como un discurso o una protesta, sino de una reconfiguración de lo que puede ser visto, escuchado, palpado o sentido. La anterior problemática se relaciona con cómo los seres humanos experimentamos el mundo, el lenguaje, el movimiento en el espacio y el discurrir del tiempo. Dicha concepción, cercana al pensamiento del filósofo Jacques Rancière, sugiere que el arte puede desafiar lo que es posible pensar o imaginar dentro de una sociedad, produciendo efectos estéticos y culturales que, de forma indirecta, pueden influir en lo político.

La relación entre arte y política, según Rancière, radica en la capacidad del arte para reconfigurar lo sensible. Esto se refiere a su habilidad para alterar las percepciones y experiencias de la realidad, afectando cómo las personas ven, oyen y sienten el mundo, y, por tanto, cómo actúan en él. Rancière entiende tanto el arte como la política en términos de «reparto de lo sensible», que abarca los modos en que lo visible, lo audible, lo palpable y lo decible se distribuyen, organizan y, a veces, estabilizan en una sociedad.

Por lo anterior, no es necesario que el arte se presente como un hecho que, de antemano, plantea incidir en las dinámicas sociopolíticas imperantes. El arte, con su expresividad originaria, posee la potencia de gestar cambios en los espectadores, incluso sin emitir un discurso militante, activista o ideológico explícito. Por lo tanto, la política del arte y la política de un movimiento social tienen diferencias significativas y no afectan la realidad sociopolítica de igual manera.

La política de un movimiento social es directa y explícita. Está orientada hacia la transformación de las estructuras de poder y las relaciones sociales, trabajando a nivel práctico y cotidiano para generar cambios. Un movimiento social busca objetivos concretos, como derechos civiles, reformas legales o justicia económica, y opera en el ámbito de las relaciones de poder, la protesta, la movilización, la reflexión conjunta y la organización colectiva.

Una crítica que podría hacerse a la Bienal de Venecia de este año es su tendencia a posicionarse como un hecho político que busca resarcir y visualizar marginalidades. La obra de arte no necesita explicación ni debe transmitir significados previamente establecidos. Sin embargo, estratégicamente, el lema «Foreigners Everywhere» puede tener un impacto en esferas de poder económico, político y cultural, alineándose con lo que las obras presentes en la bienal buscan abrir o transgredir. Dichos efectos en los ciudadanos y en líderes de gobiernos o corporaciones pueden modificar agendas y replantear convicciones culturales y económico-políticas.

Bienal de inclusión 

En un contexto global marcado por tensiones políticas, discordias económicas, crisis migratorias y conflictos culturales, la Bienal de Venecia 2024 cobra una importancia especial. «Foreigners Everywhere», como síntesis de lo que la Bienal busca expresar, no solo ofrece una reflexión sobre la experiencia del «extranjero», sino que también sirve como recordatorio de que, en un mundo globalizado, todos podemos ser percibidos como extranjeros en algún momento.

En el contexto colombiano, surgen preguntas relevantes: ¿cómo se enmarcan las ferias y exposiciones de arte más importantes del país? ¿De qué manera y en qué medida inciden las grandes ferias y exposiciones de Colombia en la discusión sobre arte y política en el mundo? Ferias de relevancia nacional como ARTBO (Feria Internacional de Arte de Bogotá), el Salón Nacional de Artistas (SNA) o ARTMED (Feria Internacional de Arte de Medellín) ofrecen un contexto interesante para estas reflexiones.

Volviendo a Venecia, al incluir voces del Sur Global y artistas marginados, la Bienal no solo busca democratizar el acceso a esta plataforma, sino que también desafía las estructuras de poder que han determinado qué se considera «arte» y quién tiene derecho a ser llamado «artista». Esta edición resalta quién y qué cuentan en esta sociedad mundial de los años 20 del siglo XXI. En este sentido, la Bienal de Venecia se reafirma como un espacio vital para la creación de diálogos interculturales, la amplificación de nuevas narrativas, relatos no escuchados, imágenes disonantes y contraintuitivas, y la construcción de un futuro solidario e igualitario dentro del arte global.

En conclusión, la Bienal de Venecia 2024 no solo reafirma su estatus como uno de los eventos más importantes del arte contemporáneo, que se prolonga durante casi medio año (lo que muestra la complejidad y escala del evento, la atracción de espectadores globales, y el impacto en la ciudad de Venecia), sino que también se posiciona como una plataforma para el cambio, la inclusión y el diálogo en un mundo donde el concepto de «extranjero» está más presente que nunca.

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Mateo Giraldo B.
mgiraldo@razonpublica.org | + posts

*Investigador de la cultura con énfasis en acontecimientos emblemáticos de la historia y en la relación entre estética, ética y política.

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