
La imaginación moral: de la filosofía a la literatura
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La literatura y las artes cultivan nuestra imaginación moral, fomentando empatía y compasión. ¿Cómo nos transforma la lectura al ponernos en los zapatos de otros?
La imaginación moral
La literatura, y en general las artes, pueden llegar a establecer una función vital para la consolidación de la moral en las personas. Parte fundamental de la filosofía se ha establecido en el estudio de la moral como uno de los ejes de la razón humana, por ello es que este artículo plantea una forma de relación entre la filosofía y la literatura.
Hablar de moral es un tema de variopintas corrientes, pero de lo que sí podemos dar una idea es que de ella radica el establecimiento de cómo nos movemos en un mundo social que llega a ser determinante para nuestras acciones y pensamientos. Martha Nussbaum, filósofa estadounidense, se posiciona en la corriente de la ética de la virtud que grosso modo establece que el ser humano puede desarrollar o inclinarse por unas disposiciones virtuosas para un buen vivir.
Es en ese marco que Nussbaum propone su teoría de la imaginación moral. En el capítulo 3 del libro El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal (1999), la filósofa establece que las artes son un punto clave para el desarrollo moral porque ellas “cultivan poderes de la imaginación que son esenciales para la construcción de ciudadanía” (p. 85).
Ahora bien, ¿qué es la imaginación moral? Es la capacidad humana de ponerse en otros zapatos imaginando situaciones que no le son propias, pero que podrían serlo. ¿Cómo actuaríamos en una situación donde tuviéramos que salvar nuestra vida? ¿cómo podríamos actuar ante una tragedia o, incluso, cómo podríamos actuar si vemos a alguien que le falta un poco de comida y pudiésemos dársela? ¿se la daríamos?
Preguntas como esas son el eje temático de este artículo. Es en la riqueza de la imaginación donde podemos dar rienda suelta a la posibilidad de que las cosas nos fueran diferentes o imaginarnos la posibilidad de que las cosas sean como no son. La imaginación es el mundo de la posibilidad, y en este mundo hay mucho de lo que podemos aprender, como, por ejemplo, el construir nuestra moral.
Podríamos dar un paso extra al preguntarnos ¿cómo es que llegamos de la imaginación a la moral? Nussbaum respondería, muy asertivamente, creo yo, que ese paso se genera cuando logramos empatizar y desarrollar compasión por situaciones que suceden más allá de nosotros. Así, “La compasión requiere una cosa más: el sentido de la propia vulnerabilidad ante la desgracia. Para responder con compasión, debo estar dispuesto a abrigar el pensamiento de que esa persona que sufre podría ser yo” (p. 91).
La compasión ante una situación se genera cuando empatizamos con quienes están de interlocutores. La empatía se vuelve el núcleo, es el reconocimiento de cercanía entre el otro y yo, y una vez se establece este lazo (como, por ejemplo, ser humanos), podemos decir que seríamos compasivos del otro si se encontrara en una situación que podría vulnerarlo; en otras palabras, reconocemos la vulneración a partir del otro y la proyectamos hacia nosotros. De ahí la frase “ponte en mis zapatos”.
Con todo esto es que se postula a las artes como una de las fuentes primarias y esenciales para una compresión de la imaginación moral, ya que apelan a nuestra sensibilidad y nos proyectan hacia situaciones donde seamos capaces de desarrollar empatía y compasión (reconociéndome a mí mismo en una situación ajena).
Literatura y filosofía
Una de las razones por las que la lectura de literatura es fundamental (además de otras artes) es porque nos lleva a un contexto ajeno al nuestro. La literatura es en sí misma otra de las variantes de la imaginación que logra capturar escenarios y situaciones que ya pasaron o que son meramente ficticios. Es otro reino de la posibilidad. Sin embargo, eso no implica que de ella no se siga una correlación con la moral.
Cuando nos topamos con un libro literario tenemos que atravesar constantemente situaciones que le suceden a los personajes y nos van creando lazos más fuertes con unos que con otros. La narrativa literaria puede fascinarnos con sus páginas o hacernos detestar su contenido.
En cada narrativa se nos presentan diferentes situaciones que nos impone empatizar o deplorar las acciones que allí suceden, pueden angustiarnos, generarnos felicidad o tristeza. En esa interacción con la literatura es que se despierta la imaginación moral.
Por ejemplo, ¿qué haría si tuviera que enfrentarme a las situaciones adversas que padeció Oliver Twist? ¿cómo podría actuar ante la evidencia de una injusticia? ¿puedo empatizar con las razones que tienen personajes literarios para actuar como actúan? En esos momentos comenzamos a establecer nuestra moral a partir de lo leído.
Hay autores de la literatura que buscan transmitirnos emociones más oscuras que otras, buscan que nos adentremos en argumentos específicos, pero en cada momento de la lectura, mientras disfrutamos de la narrativa, nos imaginamos a nosotros mismos estando en la misma situación y, de paso, evaluamos nuestras posibilidades ante ella.
La imaginación moral aparece en la literatura cuando la situación nos impone la apertura del abanico de posibilidades en las que debo proyectarme para una situación o contexto específico. Me obliga a pensar qué es lo que yo haría y cómo trataría con la situación. En ese proceso de pensamiento establezco limites, formas de mi conducta y puedo sopesar diferentes alternativas para la resolución de la situación buscando aplicar la más correcta.
En definitiva, la literatura nos acerca a pensamientos sobre lo que yo podría ser o estar pasando en contextos diferentes que podrían darse alguna vez o tal vez nunca. Lo importante es ver qué huella dejan en nosotros cada una de esas lecturas, qué enseñanzas y qué actos de virtud podríamos llegar a aplicar en nuestra vida cotidiana.

Conclusión
¿Por qué leer? No solo es la riqueza de la lectura por sí, no solo es disfrutarla y buscar modos de entretenimiento desde ella, es una fuente inagotable de contacto con múltiples herramientas útiles para nuestra vida, para desarrollarnos como persona.
En este artículo quise dar un atisbo a un aspecto de lo que la literatura puede ofrecernos. Leer literatura es ponernos a nosotros en contextos que posiblemente jamás veamos, vidas que nunca vivamos y experiencias que en absoluto sintamos. No hay que vivir todo ese universo de realidades para sentirlas con una fuerza tan vívida como si estuviéramos ahí. Podemos aprender de nosotros mismos, conocernos hipotéticamente en situaciones utópicas y salir de la lectura con una empatía moral resignificarte.
Adicionalmente, durante esta lectura estuvimos filosofando a cada paso cuando nos preguntamos por nuestra situación en el mundo y por nuestras acciones. Creo fervientemente que hay muchas relaciones entre la filosofía y la literatura, esta es una.
Acerca del autor

Nicolás Orozco M
*Es uno de los fundadores de la Revista Horizonte Independiente y su actual director. Filósofo de la Universidad El Bosque. Ha desarrollado un enfoque en temas de metafísica, filosofía de la percepción, agnotología, filosofía de procesos, filosofía japonesa y teoría crítica literaria de fantasía. Es miembro de la European Network of Japanese Philosophy y de la Red Colombiana de Filosofía de la Religión.
1 comentarios






Nunca me he preocupado por involucrarme en la situación de los personajes de una novela o un cuento; siempre que leo me ubico en la posición de una cámara que va captando una realidad imaginada por un autor que indiscutiblemente es de mis preferencias. En filosofía siempre me he interesado por la comprensión de mi propia existencia. Lo cierto es que ambas cosas: la literatura y la filosofía me han ayudado a un mejor vivir y a aprovechar el instante de la existencia, las disquisiciones morales se comportan como un contrasentido ante la presencia de una obra de arte. Ese es mi parecer y posiblemente en mis años escolares y de juventud, si vi una proyección diferente al leer o ver una película.