
¿Nos vamos de concierto?
Compartir:
El auge de la música en vivo en grandes escenarios
Se avecinan grandes conciertos y festivales musicales en los próximos meses en Colombia. Vuelven grandes figuras de la Salsa, el Rock en español, el Pop, el Reggaetón y las Baladas. Nuevas estrellas de la música popular colombiana van a presentar sus lanzamientos. Jóvenes estudiantes y adultos melómanos hacen cuentas, esculcan los bolsillos, sacan sus ahorros o exprimen sus tarjetas de crédito para poder comprar sus entradas.
La música en vivo ya se recuperó de la debacle que representó la pandemia. Aunque la vida nocturna en las ciudades del país todavía se siente disminuida, los grandes conciertos y festivales atraen a públicos masivos. Se están abriendo enormes auditorios en ciudades como Medellín, Cali y Barranquilla. Colombia es hoy por hoy una gran plaza para músicos de muchos géneros.
¿Por qué se está dando este gran auge de la música en vivo? Los expertos consideran que se trata de una reacción al encierro de la pandemia, una sed de catarsis grupal, de experiencias impactantes llenas de sonidos intensos, luces asombrosas, colores cambiantes, coreografías y montajes espectaculares. De hecho, en la academia se habla de toda una nueva economía de la experiencia. Vivimos tiempos turbulentos de polarización extrema, inflación, precarización laboral, teletrabajo, especulación de finca raíz, crisis ambiental, desencanto con las instituciones, individualismo, problemas de salud mental, sistemas de transporte saturado e inseguridad. Las ciudades en las que vivimos son quizás menos gratas, más inhóspitas. Vivimos más solos y aislados. Por todo esto, la experiencia de un concierto masivo puede darle sentido a todo, permitir vivencias que no se tienen en la cotidianidad, generar la ilusión de pertenecer a comunidades que hemos perdido, agitar nuestros sentidos como nuestras ocupaciones y rutinas ya no pueden, darnos el espacio para rediseñarnos y estetizarnos con mayor libertad. Modulados por la música, salimos de nuestros roles y estatus asignados – de género, etnia y clase – y entramos en una breve utopía de igualitarismo, creatividad y amor mutuo. Los organizadores de festivales y conciertos han descubierto estas necesidades y han pasado a ofrecernos más cosas que música: mercancías asociadas, actividades recreativas dentro de los eventos, interacción personalizada con los artistas. Por otro lado, la gente cada vez vive más años y es más activa en edad avanzada, lo cual ha aumentado los públicos potenciales de los conciertos y festivales.
Estas necesidades han sido detectadas por las grandes empresas que manejan los espacios de concierto y por la industria de la música, que las han explotado en profundidad. Una multinacional, Live Nation se ha convertido casi en un monopolio, especialmente cuando a sus negocios de programación de conciertos y giras, unió el de la venta de tiquetes, con la adquisición de Ticketmaster, una fusión que está siendo evaluada por el gobierno de los Estados Unidos por sus consecuencias para la competencia y los músicos. En el 2023, Live Nation organizó más de 50.000 eventos a los que asistieron casi 150 millones de personas. Sus ingresos aumentaron un 36%. Su filial Ticketmaster vendió más de 620 millones de boletas, un aumento del 13% frente al año anterior y controla la venta de entradas en el 70-80% de las principales salas de conciertos de Estados Unidos. El éxito notable de Taylor Swift tuvo que ver mucho con estos resultados, pero otros grandes artistas también triunfaron en los escenarios en el 2023.
Sin embargo, esta abundancia de conciertos y festivales viene aparejada con situaciones menos positivas. Por ejemplo, las quejas por el elevado costo de las entradas se han multiplicado. Las grandes empresas introdujeron sistemas basados en inteligencia artificial que fijan precios dinámicos para los tiquetes. Si detectan alta demanda, los precios van subiendo y se han reportado excesos. Para un concierto de Bruce Springsteen el precio de las entradas alcanzó los 5.000 dólares. Algunos músicos han salido a ofrecer disculpas a sus seguidores. Esta situación ha llevado a que se empiece a hablar de un frenazo en la venta de entradas en lo que va corrido del 2024. O incluso de una caída en la asistencia a grandes eventos de música en los Estados Unidos.
Por otro lado, los clubes más pequeños que dan espacio a la música en vivo están sufriendo los estragos de la inflación en los arriendos, los servicios públicos, las bebidas y los alimentos. La gente en Colombia y en otros países no tiene muy arraigada la costumbre de pagar por escuchar música en lugares pequeños y por esto, la sobrevivencia de clubes legendarios, aquellos donde van creciendo artísticamente los músicos y conectándose con sus seguidores, está en riesgo. Un artículo de The Guardian explicó que en el Reino Unido estaban cerrando 14 clubes con música en vivo cada mes.
Y lo más preocupante, en un momento en que los músicos ya no viven de vender discos, ni de las ínfimas regalías que obtienen de plataformas como Spotify, Apple Music, Deezer o YouTube, el camino de ganarse la vida a través de su participación en festivales y conciertos es cada vez más ilusorio. Estrellas como Taylor Swift, Madonna, Bad Bunny o los Rolling Stones no tienen de qué preocuparse, pero los costos de transporte, sonido, luces, equipos, alquiler de espacios, publicidad, impuestos y regalías están logrando que artistas menos famosos o emergentes no tengan ya la oportunidad de recibir ingresos por su trabajo.
Por estas situaciones, es tan importante que algunas ciudades de Colombia estén ofreciendo festivales musicales gratuitos a sus ciudadanos. La gente necesita de estos espacios. Facilitan otras maneras de habitar el espacio público, dan sentido a la vida, atraen turistas, permiten el desarrollo y la expansión de las industrias culturales, ofrecen una línea de oxígeno a los músicos y normalmente son un exitoso rotundo de asistencia. En Bogotá en el 2023, 390.000 personas asistieron a Rock al Parque, 170.000 a Salsa al Parque, 150.000 a Hip Hop a Parque, 41.000 a Jazz al Parque. La asistencia a Joropo al Parque pasó de 22.000 personas en el 2023 a 40.000 en este año.
Necesitamos buena música, necesitamos volver a encontrarnos, vibrar juntos, apropiarnos del espacio público y darle más esperanza a nuestras vidas a través de las artes. Las grandes empresas de festivales y conciertos cumplen un papel importante, pero el sector público también lo debe cumplir.
Acerca del autor
Juan Carlos Valencia
*PhD, Profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, periodista cultural en 91.9 FM Javeriana Estéreo y Radio UNAL.
0 comentarios





