Colombia: entre los turistas y el petróleo - Razón Pública

Colombia: entre los turistas y el petróleo

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Por un turismo distinto que nos permita dar el salto

El consumo energético de Colombia se nutre de una vasta red hidroeléctrica apuntalada por algunas centrales termoeléctricas. Esta circunstancia protege el consumo de hogares, empresas e industrias frente al cambio climático a menos que se trastornen seriamente los regímenes de lluvias en el país, como ocurrió a principios de 2024. Pero las exportaciones de Colombia si están basadas en la extracción de materiales fósiles como el petróleo y el carbón. Explotarlos es como sacar de lo profundo de la tierra y de la historia mundos destruidos, calcinados en otras eras geológicas, y ponerlos a contaminar los aires, mares y territorios del mundo actual. Muchos gobiernos y multinacionales alrededor del mundo persisten en la explotación de combustibles fósiles, por su gran rentabilidad a corto plazo, por inercia cultural o por el tráfico de influencias de quienes se benefician económicamente. Esto a pesar de que su uso intensivo es la gran causa del calentamiento global.

El gobierno actual de Colombia, a pesar de sus muchas contradicciones, desaciertos y enredos, ha propuesto descarbonizar la economía para contribuir a enfrentar el cambio climático y una de sus apuestas centrales ha sido la del turismo. La propuesta no es insensata si uno revisa las cifras de visitantes e ingresos por turismo de algunas naciones. En el 2019, antes de la pandemia, Francia recibió casi 120 millones de turistas, el país más visitado del mundo. México fue el tercero, con más de 50 millones de turistas. En ese 2019 los ingresos totales por turismo estuvieron cerca de 9 trillones (estadounidenses) de dólares y ya se recuperaron tras la pandemia.

El acuerdo de paz con las FARC, la pacificación de muchas regiones del país, las inversiones de la última década en infraestructura aeroportuaria y carreteras, el auge de expresiones culturales como la música, la renovación urbana de ciudades como Barranquilla, Cartagena y Bogotá y, quizás por encima de todo, la gran vitalidad cultural de Colombia combinada con sus paisajes diversos y maravillosos, puede permitir que el país reciba por fin niveles significativos de turismo y compita en buenas condiciones con otros como Costa Rica, República Dominicana o Panamá. Algunos destinos vecinos que brillaron durante años y recibían grandes volúmenes de visitantes han experimentado graves crisis políticas que han empañado sus muchos atractivos: Venezuela, Perú, Ecuador, Argentina.

Estas circunstancias y otras permitieron que el 2023 fuera un año récord en cuanto a turismo hacia Colombia. Nos visitaron 5.8 millones de turistas extranjeros, los trabajadores del sector ya son 1.4 millones y los ingresos por turismo ya empiezan a compararse con los que recibe el país por la exportación de algunos combustibles fósiles. Colombia o algunas de sus ciudades o paisajes vienen apareciendo en los listados de publicaciones de renombre como el New York Times y Lonely Planet. Y si uno deambula por las zonas turísticas de Cartagena, Santa Marta, Bogotá, Medellín, o incluso Nuquí e Inírida, ya se ven muchísimos turistas extranjeros.

En principio, esto puede justificar cierto optimismo: no es imposible abandonar o reducir la explotación de los perniciosos combustibles fósiles y sustituir esos ingresos por los del turismo, la ‘industria sin chimeneas’. Pero como todo en la vida, las cosas no son en blanco y negro. De hecho, los escándalos recientes sobre turismo sexual en ciudades como Medellín o Cartagena muestran que el turismo no es una industria perfecta. Ya viene ocurriendo en Tailandia que ha tratado de contener el turismo sexual hacia destinos maravillosos como Phuket o Pattaya, con escasos resultados. Por otro lado, ciudades como Ámsterdam, Barcelona o Venecia experimentan problemas graves ocasionados por su gran éxito a la hora de atraer turistas: consumo exacerbado y tráfico de drogas, expulsión de residentes por la subida de los costos de los arriendos y los alimentos, congestión insoportable del espacio público, destrucción y exotización de las culturas locales, empleo inestable asociado a las temporadas de turistas. Los habitantes de esos lugares están uniéndose para demandar restricciones en el flujo de turistas, cualificación de los tipos de turistas que se intenta atraer y regulación de plataformas digitales como AirBnB que llevan a los propietarios de finca raíz a preferir a los turistas sobre los locales.

Investigadores académicos como los mexicanos Ángeles López y Gustavo Marín, adscritos al interesante campo de los Estudios del Turismo, se preocupan por lo que vienen encontrando: la mayoría de los ingresos del turismo no se quedan en el país destino sino que se van a las grandes multinacionales del sector. Los turistas pagan tiquetes y paquetes a estas empresas que subcontratan a operadores locales por precios mínimos. Los turistas sí realizan consumos locales, pero el grueso de su dinero nunca llega al país que visitan.

Hilando más fino, algunos investigadores empiezan a sospechar de las listas de destinos turísticos sugeridos por los medios de comunicación y las redes sociales. Aunque a veces esas listas si son producto de intrépidos e iluminados viajeros que recorren el mundo prestos a descubrir el nuevo lugar mágico, otras veces son el resultado de arduas negociaciones entre emporios turísticos, aerolíneas y gobiernos, que definen tarifas y exenciones de impuestos. El destino turístico novedoso que creemos descubrir en realidad ha sido predefinido por intereses económicos y políticos que lo resaltan sobre muchos otros. John Urry, uno de los grandes académicos de los Estudios del Turismo decía que “nuestras experiencias son estructuradas por la preexistencia de imágenes culturales generadas por el cine, la televisión, la literatura, la prensa, la música, los videos”. Los medios de comunicación y las redes sociales, guiados por las multinacionales y los gobiernos y sus planes estratégicos de negocios, instalan en nuestros sueños esos destinos turísticos.

Entonces, ¿debemos quedarnos con una economía basada en la extracción de combustibles fósiles ya que el turismo sería en realidad un espejismo, una trampa?

Muchos investigadores del turismo todavía piensan que es posible propiciar un turismo distinto, que no sea otra forma de extractivismo, que sí beneficie a las comunidades locales, no las expulse de sus territorios, ni devaste sus ecosistemas.  Un turismo bien pensado y organizado puede propiciar la revitalización de las identidades locales, la valoración de las costumbres y los espacios. Puede posibilitar la recuperación o el mantenimiento de los lugares, contribuir al empoderamiento y la creatividad de los habitantes locales. También puede fomentar la interculturalidad, el diálogo entre diferencias, el aprendizaje y la hibridación productiva. Ojalá nuestro gobierno actual le apueste a este turismo distinto y persista en descarbonizar nuestra economía.

2 comentarios

Juan Carlos Valencia

Escrito por:

Juan Carlos Valencia

*PhD, Profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, periodista cultural en 91.9 FM Javeriana Estéreo y Radio UNAL.

2 comentarios de “Colombia: entre los turistas y el petróleo

  1. El turismo masivo que sustituya otras rentas como los hidrocarburos y metálicos en Colombia es un propósito bien lejano. Primero pacifiquemos a fondo el país (más de 36 organizaciones ilegales dispersas a la fecha), incentivemos el bilingüismo (solo 1 de cada 10 jóvenes colombianos lo es), la bajísima o nula conectividad rural y lo costoso que es acceder a muchas de las atracciones naturales por simple ausencia de infraestructura vial. Esto no puede convertirse en quimeras como lo fueron en su momento la industria automotriz o el sacrificado sector textil.

  2. Richard, no es tan lejano como explico en el articulo a partir de datos reales. Obvio que todo seria mejor si se lograra desmovilizar a tantos grupos ilegales (aunque en Tailanda, un pais tan turistico, tambien hay grupos armados ilegales que rara vez se mencionan en los medios periodísticos). Lo del bilinguismo no ha sido un problema en Francia o Costa Rica, asi que no es un obstáculo importante. Hay mucho internet satelital en zonas rurales o remotas. La precariedad de internet tampoco es un obstaculo como se puede verificar en zonas del Chocó como Nuqui a donde estan llegando turistas europeos a ver a las ballenas o al Guania a conocer Mavecure.
    Sin ser la panacea, el turismo es una posibilidad interesante, compleja e incluso una reaiidad en muchas zonas del pais como Boyacá.

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