Decrecimiento: palabra maldita o sueño de otro futuro
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Decrecimiento: palabra maldita o sueño de otro futuro

Escrito por Juan Carlos Valencia

Los informes de la ONU y otras instituciones públicas o privadas sobre el estado del medio ambiente son cada vez más alarmantes ¿Qué hacer frente al avance del cambio climático?

Juan Carlos Valencia*

Se agrava el calentamiento

En marzo de este año el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), un organismo asesor de Naciones Unidas, presentó su informe, donde concluye que el calentamiento global ha sido causado por actividades humanas, que han elevado la temperatura promedio de la superficie del planeta en 1,1°C por encima de los niveles del siglo XIX.

Las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando debido al uso masivo de combustibles fósiles, prácticas agrícolas, ganaderas y pesqueras destructivas, así como a estilos de vida insostenibles y patrones de consumo y producción inadecuados.

Todas estas acciones han alterado la estabilidad del planeta en un período muy corto ─quizás no más de un par de siglos─ y ponen fin a la estabilidad que existía desde antes de la aparición de la especie humana, hace millones de años. Juan Carlos Valencia

Recibimos tantos reportes de este tipo que nos hemos acostumbrado a revisarlos con preocupación, impotencia y resignación, para seguir adelante con nuestras vidas. Esta sensación de incertidumbre y amenaza se da en un contexto de múltiples crisis contemporáneas, como la crisis de la democracia, la salud, la precarización del empleo, la guerra, la delincuencia y la corrupción.

En 1972, el Club de Roma publicó «Los límites del crecimiento», uno de los primeros informes sobre la crisis ambiental. Los científicos usaron los mejores computadores de la época para hacer simulaciones con múltiples fuentes de datos. Se dijo que en cien años se alcanzarían los límites de la Tierra con el aumento de la población, la industrialización, la contaminación y la explotación de la naturaleza.

Los indicadores son desalentadores y múltiples ecosistemas han sufrido daños irreversibles. El último informe del IPCC lo recuerda y los detalla. Las tormentas devastadoras se alternan con sequías terribles, el nivel del mar sigue aumentando y ya está afectando a ciudades como Miami y a islas en el Océano Pacífico.

En revisiones realizadas en 2004 y 2014, mediante nuevas simulaciones, se encontró que este pronóstico triste se había cumplido al pie de la letra, pese a la campaña de desprestigio contra el Club de Roma.

Esfuerzos ciudadanos contra el calentamiento

Es probable que muchas personas de distintas edades, condiciones económicas, géneros y orígenes empecemos a hacer parte en la conservación del medio ambiente. Reciclamos, aunque a veces no sea clara la distribución de los deshechos, apagamos luces innecesarias en hogares u oficinas, reparamos fugas de agua, y quizás adquirimos electrodomésticos y vehículos más eficientes en el consumo de energía.

Además, podemos haber plantado árboles en nuestros vecindarios o conjuntos residenciales, tener plantas en nuestras terrazas, hacer compostaje o incluso trabajado en la producción de pacas digestoras en los parques cercanos, que es cada vez más común en las ciudades de Colombia.

También surgen iniciativas de ecobarrios que pretenden mejorar nuestro entorno. Algunas de ellas se dedican a recuperar aguas lluvias y generar energía solar o eólica, así como a fomentar el uso de la bicicleta, mantener huertas comunitarias y desarrollar sensores de bajo costo para medir la contaminación del aire. Además, tratan de persuadir a más vecinos a participar y cuidar el entorno.

Pero esas iniciativas no reciben suficiente atención en los informes de las instituciones y los medios periodísticos que consultamos, que suelen ser sensacionalistas y no destacan esas soluciones innovadoras.

Esfuerzos de los gobiernos

En general, hay una transición hacia fuentes de energía más limpias.

El gobierno de Estados Unidos está invirtiendo 369.000 millones de dólares, una cantidad sin precedentes, en sistemas renovables que prometen reducir en un 40 % sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. Sin embargo, esta inversión también permite explotar combustibles fósiles en áreas protegidas de Alaska.

Europa también avanza rápidamente en la instalación de celdas solares y sistemas de generación eólica, debido a la presión que ejerce la guerra en Ucrania y la interrupción del suministro de gas ruso. El propósito de La Comisión Europea es que para 2030, el 45 % de la energía que consumen provenga de fuentes renovables, incluyendo plantas de energía nuclear con sus peligrosos residuos radioactivos.

China se ha convertido en líder en el campo de la generación de energía solar, pero por la alta demanda internacional de sus productos industriales viene poniendo en marcha nuevas plantas de generación que utilizan carbón.

Además, la legislación en muchos países del mundo está fomentando la transición hacia vehículos eléctricos, aunque estos dependen de materiales como el litio, que es aún más escaso que los combustibles fósiles.

Esfuerzos insuficientes

Aunque se están tomando medidas, estas son claramente tímidas e insuficientes, y no podemos negar que la situación ambiental empeora.

Los indicadores son desalentadores y múltiples ecosistemas han sufrido daños irreversibles. El último informe del IPCC lo recuerda y los detalla. Las tormentas devastadoras se alternan con sequías terribles, el nivel del mar sigue aumentando y ya está afectando a ciudades como Miami y a islas en el Océano Pacífico.

Los picos nevados y los glaciares continúan derritiéndose y se han detectado migraciones de la fauna hacia lugares más elevados. La acidificación de los océanos amenaza toda forma de vida marina, incluso aquellas más allá del alcance humano habitual. La extinción de especies es una noticia constante y las enfermedades tropicales se extienden, debido en gran parte a la falta de atención de la industria farmacéutica metropolitana durante décadas.

Se teme que los efectos sobre la productividad agrícola empiecen a ser devastadores en las próximas décadas.

Además, cerca del 90 % de la población mundial está expuesta a altos niveles de contaminación atmosférica, especialmente en los países de ingresos bajos y medios.

Las emergencias de calidad del aire en Medellín y Bogotá son una señal inequívoca de que el problema es cada vez más grave en Colombia.

La visión capitalista

El cortoplacismo de la mayoría de las grandes corporaciones obsesionadas con la acumulación de utilidades y de los gobiernos, que prefieren dar prioridad al crecimiento de las economías y del consumo, con la promesa casi siempre incumplida y con frecuencia exclusivamente retórica de reducir la pobreza y combatir el desempleo, es suicida y sólo profundiza la crisis.

Según el informe del Instituto de Responsabilidad Climática, veinte empresas en el sector de los combustibles fósiles han generado más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero de la era moderna. La defensa del crecimiento económico ilimitado en un planeta finito entronca con las ideas de bienestar y confort basadas en el consumo compulsivo.

Según el ecologista Andreas Malm, el 45 % de la humanidad más pobre generó apenas el 7 % de las emisiones de CO2 a comienzos del siglo XXI, mientras que el 7 % más rico generó el 50 %. Las clases más pudientes, especialmente en el Norte, pero también en el Sur Global, son responsables del grueso del deterioro ambiental señalado por los informes.

Sin embargo, numerosas comunidades étnicas y campesinas, por tradición, convicción o exclusión, defienden otras formas de relación con el medio ambiente. Además, tras la crisis emocional y civilizatoria que significó la pandemia, muchas personas en zonas urbanas están tratando de vivir de manera más armónica con la naturaleza.

Decrecimiento y economía

Hace unos meses, se produjo una polémica nacional en torno al concepto de «Decrecimiento«. Las declaraciones poco claras de los funcionarios públicos al respecto permitieron que el concepto fuera ridiculizado sin mayor discusión.

Las grandes empresas de combustibles fósiles e industrias afines invierten mucho dinero en publicidad, financian campañas electorales y publicitarias, y hasta instituciones dedicadas a la desinformación. Estas reciben una cobertura poco crítica por parte de los medios de comunicación, que necesitan financiación en tiempos de crisis económica y cuentan con menos periodistas dedicados a explorar temas tan complicados y preocupantes.

Foto: CAR - Un alto porcentaje de la población está expuesto a altos niveles de contaminación atmosférica. En Colombia, se refleja con las emergencias de calidad del aire en Bogotá y Medellín.

El cortoplacismo de la mayoría de las grandes corporaciones obsesionadas con la acumulación de utilidades y de los gobiernos, que prefieren dar prioridad al crecimiento de las economías y del consumo, con la promesa casi siempre incumplida y con frecuencia exclusivamente retórica de reducir la pobreza y combatir el desempleo, es suicida y sólo profundiza la crisis.

Es imposible detener por decreto el impacto medioambiental de las formas de vida modernas, pero las ideas de decrecimiento, buen vivir y post-humanismo han estado circulando en entornos académicos y activistas desde hace mucho tiempo.

Se las califica de ingenuas, idealistas y románticas, pero son aún más románticos e ingenuos quienes creen que el camino del crecimiento ilimitado y el consumo compulsivo asegura un futuro sostenible para la humanidad y el medio ambiente, como señala el profesor colombiano Arturo Escobar.

La esperanza radica en que cada vez más personas, funcionarios y empresarios comprendan esta situación y sigan con acciones cotidianas que ya muchos estamos realizando para lograr controlar a las empresas y gobiernos que nos están llevando al abismo.

Juntos podemos darle un sentido más definido, ejecutar acciones y comunicar de manera más efectiva aquello que, quizás de forma simplista, se viene llamando «decrecimiento».

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