Contadores, psicólogos y comunicadores estudiando la crisis ambiental

Contadores, psicólogos y comunicadores estudiando la crisis ambiental

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Caminando por muchas zonas de Bogotá es casi inevitable encontrarse con grupos de estudiantes universitarios. Son jóvenes tan diversos, tienen atuendos muy diferentes, les interesan cosas muy variadas y cursan programas académicos de un amplio espectro: economía, administración, ingenierías, psicología, comunicación, artes, derecho, arquitectura y un largo etcétera. La educación superior sigue atrayendo a familias y jóvenes con su promesa de ascenso social, contribución al bienestar social y a la construcción de un mejor país. Hay algunos que estudian programas relacionados con la crisis medioambiental: ecología, ingeniería forestal, biología, por ejemplo. Pero la mayoría de carreras en Colombia no forman a sus estudiantes en esta problemática.

Esta situación puede estar por cambiar. En otros lugares del mundo han sido los jóvenes, quienes preocupados por la inacción de los gobiernos, la ceguera de grandes empresas, el despilfarro de la gente más pudiente y las costumbres de consumo tan arraigadas del grueso de la población, vienen pidiendo una educación más integral, que les permita entender mejor y actuar más eficazmente contra las amenazas de la crisis ambiental.

Un ejemplo de este giro en la educación es el que se viene dando en varias universidades de élite en Francia. En el 2020, la École Polytechnique, una de las mejores academias de ingeniería del mundo vivió una serie de protestas y discusiones internas, cuando la petrolera francesa Total ofreció financiar un centro de investigaciones en el campus del sur de París. Casi cualquier institución educativa alrededor del mundo le daría la bienvenida a la llegada de recursos millonarios, pero aquí, los estudiantes se opusieron y votaron en contra de la creación del centro. Consideraron que la Universidad no podía acoger a una empresa empecinada en seguir extrayendo y vendiendo masivamente combustibles fósiles, cuando los principales indicadores de cambio climático señalan niveles peligrosos. Los estudiantes querían aprender de sostenibilidad y demandaron la reforma curricular de sus programas para lograrlo. Un estudio de 2019 concluyó que en 34 universidades francesas, menos de una cuarta parte de los programas de grado ofrecían algún curso sobre cuestiones climáticas y energéticas, y la mayoría de ellos no hacían obligatoria una clase de este tipo. El movimiento pidiendo un cambio se extendió a otras de las Grandes Écoles francesas, lo cual es bastante inusual, ya que son instituciones en las que normalmente no hay protestas estudiantiles. En la escuela de negocios HEC de Paris, más de 2.000 estudiantes firmaron una carta criticando la educación que estaban recibiendo ya que “no integra suficientemente las cuestiones ecológicas y sociales, reduciéndolas en el mejor de los casos a ‘externalidades negativas’ y en el peor a oportunidades de marketing».

El interés de los estudiantes por trabajar en grandes corporaciones y proyectos de infraestructura está dando un giro hacia la preocupación por los impactos ecológicos y sociales de estas iniciativas. Desde el 2018 circula en Francia el “Manifiesto por un despertar ecológico” que ha sido firmado por miles de estudiantes en todo el país. En uno de sus apartes el texto plantea: “Nosotros, futuros trabajadores, estamos dispuestos a cuestionar nuestra zona de confort para lograr un cambio social profundo. Queremos aprovechar nuestro poder como estudiantes dirigiéndonos a los empresarios que acepten las reivindicaciones expuestas en este manifiesto. Afirmamos que es posible vivir decentemente sin ahogarse ni en el consumo ilimitado, ni en la miseria más absoluta; que el sistema económico debe ser consciente de su dependencia del medio ambiente para ser sostenible; y que resolver los problemas medioambientales es clave para reducir las desigualdades y los riesgos de conflictos”. Iniciativas como esta han llevado a varias universidades a revisar sus programas de formación. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas de Lyon se ha comprometido a revisar sus currículos para educar a todos sus estudiantes en cuestiones medioambientales.

Algo similar viene ocurriendo en instituciones educativas inglesas como la Universidad de Sheffield que se comprometió en el 2020 a que en un plazo de cinco años todos sus estudiantes, ya sea que estén inscritos en programas de matemáticas, música o arte dramático, van a recibir formación en temas de sostenibilidad. Cada departamento está reinventando sus planes de estudio desde esta óptica, de acuerdo a su área. La universidad está analizando cómo los estudiantes de arte y humanidades pueden colaborar con los científicos, utilizando sus habilidades con la palabra y la música para idear formas más convincentes de hablar al público acerca de los retos globales del cambio climático. Un ecologista inglés comentó: «Es lo correcto para los estudiantes. Sea cual sea el trabajo al que te dediques -agricultor, constructor o banquero-, vas a necesitar entender la crisis climática en este mundo moderno.»

En el 2022 un grupo de estudiantes se tomó durante una semana las instalaciones de la Universidad de Barcelona protestando contra la influencia de las empresas petroleras en la educación y la ausencia de reflexión académica al respecto. Los directivos de la universidad ni siquiera llamaron a la policía, aceptaron que los estudiantes tenían razón y se comprometieron a que desde el año 2024 en adelante, los estudiantes de todos los programas académicos y también todos sus profesores tomarán un curso obligatorio sobre la crisis climática. Varias universidades en los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda están pensando implementar cursos similares.

No es un secreto que la pandemia afectó el rendimiento académico de los estudiantes, que hay desencanto con la educación superior entre los jóvenes, que la adicción a los celulares afecta su concentración y que muchos creen que pueden aprender las destrezas que demanda el mercado laboral sin pasar por las universidades. En nuestro contexto de desigualdad, precariedad laboral, altos costos de la educación y falta de oportunidades, la prioridad de muchos jóvenes y sus familias es la de formarse en profesiones rentables y a corto plazo. Pero la educación es mucho más que un negocio o un entrenamiento instrumental en destrezas pasajeras e inciertas. También puede ser una oportunidad para entender y enfrentar la mayor amenaza que pesa sobre la especie humana. ¿Se unirán las universidades colombianas a este giro hacia la formación integral y la sostenibilidad?

Acerca del autor

Juan Carlos Valencia

*PhD, Profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, periodista cultural en 91.9 FM Javeriana Estéreo y Radio UNAL.

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Juan Carlos Valencia

*PhD, Profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, periodista cultural en 91.9 FM Javeriana Estéreo y Radio UNAL.

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