Calidad y equidad: problemas centrales para una política educativa - Razón Pública
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Calidad y equidad: problemas centrales para una política educativa

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Victor Manuel Gomez RazonPublica

La democracia exige la misma calidad de la educación para todos. Por eso mismo la ausencia de criterios y estrategias para elevar la calidad de la educación popular ha sido el gran lunar de la política bajo los tres gobiernos últimos.

Víctor Manuel Gómez *

Calidad de la educación y desigualdad social

Las pruebas comparativas internacionales (PISA) y los diversos exámenes nacionales (SABER) en los niveles básico, medio y superior han puesto en evidencia la mala calidad de la educación en Colombia. De igual forma han puesto en evidencia la profunda desigualdad social: la poca educación de calidad está altamente concentrada en los estratos más altos.

Colombia en efecto cuenta con una pequeña élite que recibe educación de alta calidad, especialmente en colegios privados de alto costo. Esta élite acumula y ejerce un alto grado de poder simbólico -sustento y legitimación del poder económico y político- expresado en la producción de imaginarios y expectativas sociales de consumo y distinción, de ‘proyectos’ de desarrollo social y económico, de valores sociales y pautas de conducta y de construcción de ‘sentido’.

Colombia en efecto cuenta con una pequeña élite que recibe educación de alta calidad, especialmente en colegios privados de alto costo.

Este poder simbólico –o ‘hegemonía’ cultural, como diría Gramsci- se sustenta y reproduce de diversas formas mediante el control de los medios masivos de comunicación; el manejo de las instituciones legislativa y jurisprudencial; la dirección de los partidos políticos; la participación en altos cargos de gobierno; y la connivencia con iglesias y organizaciones religiosas.

Colombia es un buen ejemplo de sociedad con una pequeña élite pensante que accede a educación de calidad y ejerce un alto grado de dominación social (simbólica) sobre la gran masa de la población con pobre formación intelectual. Esto va en contravía del proyecto de una sociedad incluyente donde la educación de calidad juega un papel central mediante la cualificación intelectual de toda la población.

Una sociedad democrática exige que todos sus ciudadanos, independientemente de su origen, logren el mismo nivel de desarrollo de sus capacidades intelectuales básicas: de análisis, de síntesis, de investigación e indagación, de argumentación. El logro de estas capacidades intelectuales equivale a ‘enseñar a pensar’ y a pensar crítica y propositivamente sobre todas las dimensiones de la vida, e implica un cambio significativo en la política educativa que dejaría de ser el ámbito de ‘hegemonía’ de la pequeña élite dominante y pasaría a ser el campo de interacción entre diversos actores y productores de proyectos y de “sentidos” de vida social.

Universidad nacional
Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.  
Foto: Javier Guillot

Otra visión de la calidad: “enseñar a pensar”

Por supuesto que ‘enseñar a pensar’ a toda la población constituye un estándar de calidad de la educación superior cualitativamente muy superior a los saberes y competencias que conforman las pruebas PISA y SABER, alrededor de las cuales se han escrito innumerables críticas recientes.

Los estándares de calidad de la educación no pueden reducirse a lo que se mide en estas pruebas. Aunque se necesitan competencias matemáticas básicas, comunicativas y de comprensión de lecturas complejas, es fundamental asumir que “enseñar a pensar” es un estándar mucho más alto, exigente y de mayores implicaciones culturales y políticas.

En una reciente nota periodística Hugh Schofield se preguntaba por qué en Francia se insistía tanto en que los estudiantes dominaran conceptos y nociones de Filosofía como felicidad, bondad, ley, el mal, materia y espíritu, existencia y tiempo, arte, conciencia, el otro, la sociedad, dios, razón, el deber, la democracia, la equidad social. Más allá de la importancia de estos conceptos en la formación del ciudadano consciente, ilustrado y analítico, su comprensión es un poderoso medio pedagógico de ‘enseñar a pensar’, de formación de las competencias intelectuales de mayor nivel: conceptualización, abstracción, capacidad analítica y sintética. Las que deben constituir el objetivo principal de la educación para todos los estudiantes, independientemente de sus características y diferencias de origen social y cultural.

Calidad y equidad

La formación de las competencias intelectuales generales debe constituir el núcleo de una educación de calidad para todos, objetivo fundamental en una sociedad democrática.

La igualdad social de oportunidades educativas empieza por el acceso con equidad a éstas competencias con una educación de calidad igual para todos. En Finlandia, por ejemplo, el 98 por ciento de los estudiantes obtienen puntajes similares en las pruebas PISA (PISA, 2010), lo que implica que prácticamente todos los estudiantes han tenido la misma calidad de la educación. El resultado es una ciudadanía igualitaria, competente, ilustrada, participativa, dialógica, creativa, proactiva al cambio y consciente de sus derechos y deberes sociales.

La formación de las competencias intelectuales generales debe constituir el núcleo de una educación de calidad para todos, objetivo fundamental en una sociedad democrática.

“Enseñar a pensar” es empoderar a la persona en la adquisición de competencias intelectuales necesarias en cualquier ámbito de la vida: en la política, las artes, la ciencia, la tecnología, las profesiones, la técnica. Y en el contexto de una larga duración de la vida laboral –de 30 o 40 años- durante la cual se presentan rápidos cambios en la economía, el trabajo, la estructura ocupacional, la cultura, y la ciencia y la tecnología. Estos cambios exigen –de todas las personas- la capacidad de aprendizaje continuo, de recalificación, de adaptación creativa y de apertura de oportunidades. Hay un alto riesgo de obsolescencia, marginación y subempleo.

El empoderamiento generado por las competencias intelectuales generales representa una enorme ventaja comparativa respecto a aquellos que solo reciben una educación práctica, aplicada, instrumental, pobre en competencias intelectuales, como la que se ofrece a los jóvenes pobres en la educación media articulada con el SENA y con instituciones técnicas de mala calidad. Las grandes diferencias de ingresos y desempeño ocupacional, así como de estatus, de poder y de participación política ilustrada, se manifiestan a lo largo de la extensa vida laboral y social.

salon de sistemas
Clase de sistemas en un colegio de Medellín.
Foto: Medellín Ciudad Inteligente

Los profesores y la calidad de la educación

Diversos estudios han puesto en evidencia los problemas de la formación de los docentes que se expresan en las carencias en el desarrollo de las competencias generales que son atribuibles a las deficiencias en la formación y, en parte, también al bajo nivel cultural de origen de la mayoría de estudiantes que ingresan a las licenciaturas [1].

Este diagnóstico remite al origen socioeconómico de los aspirantes a ser maestros y el bagaje y el conocimiento que aportan al proceso de formación, su conocimiento del mundo, de la sociedad, de la vida y de otras culturas. Todo lo cual requiere licenciados bien informados, que lean, consulten y busquen; que estén abiertos al mundo, a sus problemas y dilemas; que tengan la capacidad de comprensión de la complejidad de la sociedad moderna en la cual son socializados los niños y jóvenes que serán sus alumnos.

El asunto es: ¿cómo es posible contar con este tipo de profesores cuando la mayoría de licenciados en educación no comprende otra lengua y tiene grandes carencias en la comprensión de textos complejos en su propia lengua?

La trascendencia de estas competencias generales de los profesores es que sin ellas no se puede ser ni buen técnico, ni buen docente, ni buen profesional, ni buen ciudadano. No se puede participar proactivamente en la sociedad moderna, ni en el trabajo, ni en la cultura, ni en la política. Dichas competencias generales son un complemento fundamental de la formación “pedagógica” del docente. Sin ellas es muy cuestionable la calidad y pertinencia de la docencia, cuyo objetivo primordial debe ser el desarrollo más amplio posible de las capacidades intelectuales y expresivas (comunicativas, artísticas, creativas) de los estudiantes. La educación no puede reducirse a determinados contenidos de algunas asignaturas.

¿Cómo puede un docente lograr estas competencias en los estudiantes si su formación es altamente deficitaria en esas mismas competencias? Nadie puede dar de lo que carece.

Calidad y política educativa

La calidad de la educación en el país presenta grandes contrastes entre colegios privados y colegio públicos; entre ciudades y regiones; entre zonas urbanas y rurales. Se requieren nuevas orientaciones de la política educativa que permitan enfrentar los grandes retos y afrontar una serie  de interrogantes que deben ser incorporados en la agenda pública en el 2014:

· ¿Cómo lograr igual calidad en la educación ofrecida a los jóvenes, independientemente de su origen social y su nivel de capital cultural?

· ¿Qué características o atributos de origen y formación deben tener los docentes para poder formar a los estudiantes en las competencias intelectuales generales ya descritas? Es decir, enseñar a pensar?

· ¿Qué diagnóstico se ha hecho sobre las competencias intelectuales generales de los docentes en Colombia, sobre su origen social, capital cultural y grado de identidad con la profesión docente?

docente lograr estas competencias en los estudiantes si su formación es altamente deficitaria en esas mismas competencias? Nadie puede dar de lo que carece.

· ¿Cómo inciden el bajo estatus social y laboral de los docentes en su desempeño profesional? 

· ¿Los profesores colombianos están en condiciones de enseñar a pensar a los jóvenes colombianos?

· ¿Qué sucede con los niños y jóvenes con bajo nivel de competencias genéricas? ¿qué calidad de educación pueden recibir? ¿cómo afecta esto la desigualdad social en la calidad de la educación recibida?

· ¿Cuáles son los cambios que presentan los docentes a lo largo de su vida laboral y cómo afectan su desempeño ocupacional?

* Departamento de Sociología, Universidad nacional de Colombia.

Notas:

[1] Ver OECD “TEACHERS MATTER. Attracting, Developing and Retaining Effective Teachers”. Paris, 2005; García, S; Maldonado, D; Perry, G; Rodríguez, C; Saavedra, J. E. “Tras la excelencia docente. Cómo mejorar la educación pública primaria, secundaria y media en Colombia a través del mejoramiento de la calidad docente”. Fundación Compartir. 2011 y Gómez, V. M. & Celis, J. “Observaciones e ideas sobre la propuesta ‘tras la excelencia docente’·. Departamento de Sociología. Universidad Nacional. Julio 2013.

 

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Víctor Manuel Gómez
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*Profesor del Departamento de Sociología del área de Sociología de la Educación de la Universidad Nacional (pensionado).

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*Profesor del Departamento de Sociología del área de Sociología de la Educación de la Universidad Nacional (pensionado).

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