Las pruebas PISA o el mito de la calidad educativa
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Las pruebas PISA o el mito de la calidad educativa

Escrito por Víctor Manuel Gómez

Los estudiantes de Colombia volvieron a rajarse en las pruebas que utiliza la OCDE para medir la calidad educativa. ¿Pero qué tan confiables en realidad son esas pruebas?

Víctor Manuel Gómez*

Una calificación que pisa callos   

Otra vez en las pruebas PISA (sigla del Programme for International Student Assessment) del 2023 a Colombia le fue mal: en matemáticas, lectura y ciencias, donde ya estábamos mal, desmejoramos en relación con los puntajes del 2018.

Desde el 2006, una vez cada tres años, el sector educativo se conmociona con los resultados de la prueba PISA que administra la OCDE. Este informe tiene un alto poder simbólico y político:

  • Su poder simbólico se debe al gran efecto mediático mundial que implica señalar “los mejores y los peores”;
  • Su poder político proviene de que sirve a la OCDE para impulsar una gobernanza hegemónica sobre la política educativa internacional.

Las discusiones internacionales han reforzado el poder simbólico y político de la prueba PISA, de modo que los funcionarios públicos, los medios de comunicación, la clase política, los maestros, estudiantes y padres de familia le dan más importancia.

Mejorar las competencias en estas tres áreas es importante, pero en un país como Colombia no se puede ignorar la formación social, individual y emocional de los estudiantes, más en el contexto violento y marginal que deseamos superar.

En Colombia se renuevan las críticas por la baja calidad de la educación, se hacen comparaciones con otros países, se denuncia la mala calidad de las instituciones de formación de docentes, se prometen inversiones en dotación a los colegios y se anuncian mejoras en la remuneración de docentes. Pero esta prueba se acepta de manera acrítica y los resultados causan conmoción, pero la discusión no dura mucho: no hay una postura activa frente a la educación, sino una crítica pasiva; es alarmante y notable el mutismo del Ministerio de Educación Nacional (MEN) alrededor de este tema.

Foto: Facebook: Ministerio de Educación - Las pruebas PISA invisibilizan otros saberes igualmente importantes, como las artes en sus diferentes expresiones.

Estudios ignorados

Pero, ¿qué significa la prueba PISA? ¿cuál es el origen y el objetivo en lo tocante a la calidad de la educación? ¿tiene sesgos y/o limitaciones metodológicas? ¿tienen impacto sobre las políticas educativas?  El aumento de la visibilidad e importancia de PISA la ha constituido en un verdadero objeto de estudio, con múltiples referencias bibliográficas sobre los siguientes temas:

  • el origen político e institucional de la prueba
  • los antecedentes en la evaluación educativa internacional
  • los objetivos e intenciones de la OCDE con esta prueba
  • la teoría de la prueba y el training diferencial para la ejecución
  • la validez y confiabilidad en dimensiones culturales y lingüísticas
  • el concepto de formación por competencias en tres áreas del saber
  • el concepto de formación general e integral
  • la subvaloración e invisibilidad de otros saberes igualmente importantes.
  • las implicaciones para la formación de docentes y sobre la profesión docente.
  • la teoría de la calidad de la educación y la influencia sobre la política educativa.

Pero los estudios mencionados arriba son muy poco conocidos en Colombia, lo cual aumenta la mitificación de la prueba PISA como medición objetiva de la calidad de la educación.

Los defectos de PISA

Para empezar y de manera evidente, las pruebas PISA simplifican y reducen la educación a tres áreas del saber: matemáticas, ciencias y lenguaje. Mejorar las competencias en estas tres áreas es importante, pero en un país como Colombia no se puede ignorar la formación social, individual y emocional de los estudiantes, más en el contexto violento y marginal que deseamos superar.

Por otra parte, se ha responsabilizado a los maestros de los bajos puntajes de estudiantes colombianos, ignorando otros factores que inciden en la calidad de la educación como la infraestructura, la dotación técnico-pedagógica, la dinámica institucional y gestión escolar, el alto número de estudiantes por profesor, el bajo gasto por estudiante o las condiciones del trabajo cotidiano de los docentes reguladas por el Decreto 1278 de 2002.

Una tercera consecuencia negativa del desconocimiento de esta prueba, y su consiguiente mitificación, es el uso de programas para que a los estudiantes les vaya bien en el examen: aunque hipotéticamente se lograran mejores puntajes, estos serían atribuidos al efecto de la preparación o entrenamiento, más no a una mejor   calidad de la educación.

Los estudios internacionales indican que PISA es una prueba sumativa, no formativa, es decir, que su intención es medir la ‘evolución’—avance o retroceso — del alumno en relación con objetivos previamente fijados. No mide entonces el nivel de calidad educativa y por lo tanto sirve poco para elevar la calidad del sistema. De esta manera, la falta de entendimiento por parte del gobierno sobre las pruebas PISA hace que estas pruebas sean inútiles.

Los silencios de PISA

La calidad de la educación colombiana sería aún más pobre si se analizaran y evaluaran las áreas que no se miden en prueba PISA.

Las artes, por ejemplo, en todas sus manifestaciones y especialidades. Todos sabemos que hay sociedades donde la formación artística, en la música por ejemplo, es tan importante como las matemáticas.

A su vez, la formación en fisiología y alimentación, la formación literaria, la capacidad de argumentación razonada, las competencias comunicativas, la educación en tecnología, la formación filosófica, la formación histórica y sociológica básica requerida para la comprensión analítica de la sociedad en la que vive el estudiante, futuro ciudadano.

Análisis similares se aplican a la formación política, de principios de economía, y a la capacidad de formular problemas de investigación en las ciencias y las tecnologías.

Es mucho más importante y significativo, en la formación integral del estudiante, lo que no se mide ni evalúa en este tipo de pruebas, que lo susceptible de ser reducido a las limitaciones técnicas y metodológicas de dichas pruebas.

Pero esta prueba se acepta de manera acrítica y los resultados causan conmoción, pero la discusión no dura mucho: no hay una postura activa frente a la educación, sino una crítica pasiva; es alarmante y notable el mutismo del Ministerio de Educación Nacional (MEN) alrededor de este tema.

La responsabilidad de esta lamentable situación recae en gran medida en las políticas que tienden a reducir la calidad de la educación a lo que se puede medir, ya sea en pruebas estandarizadas de opción múltiple como el Saber 11, o en pruebas de competencias en unas pocas áreas del saber como PISA.  Estas pruebas ignoran otros saberes y competencias de tanta importancia en la sociedad actual y en el futuro desempeño del estudiante como ciudadano, trabajador y profesional.

A esta situación se suma el dominio que tiene el ICFES sobre la medición y evaluación de la educación. Este monopolio impide o limita lo que todo campo intelectual requiere: libre examen, debate, emulación entre  opciones conceptuales y metodológicas y desarrollo de una amplia comunidad académica independiente.

El campo de la medición y evaluación en educación seguirá teniendo un desarrollo limitado si el país no diversifica los actores y modalidades de evaluación en un sentido más comprehensivo y formativo que se oriente por un desarrollo más integral del estudiante.

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3 Comentarios

Juam Berom febrero 5, 2024 - 8:15 pm

Es una buena anotación. Muy importante. Las pruebas eluden lo que para las pedagogias contemporáneas es muy importante: las capacidades, en términos de Nussbaum y de Amartya Sen. Esto es, las posibilidades de desarrollo autónomo y creativo en escenarios de vida, de acción con el mundo; y absolutamente importante, la disposición que los sistemas construyen para que quienes se educan articulen sus saberes propios con nuevos conocimientos que pueden ponerse en acción. El mutismo del MEN establece una carencia notable en ese sentido. Accesibilidad y capacidad de construir dominio sobre la acción.

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helena febrero 6, 2024 - 4:31 pm

Hace mucho oigo lo de la «integralidad del conocimiento» y lo del «análisis crítico» y ahora lo del «desarrollo autónomo», pero esto sólo oculta la mediocridad y la falta de disciplina y rigor en el estudio. En una pregunta de las PISA pasadas se le pedía al estudiante que descubriera el camino más corto entre dos puntos, entre los cuales había trazadas diferentes opciones de caminos de diferentes segmentos. Los colombinaos no pudieron. Sólo había que pensar: si sumo los segmentos, encuentro el camino de menor longitud. Pero los estudiantes NO PUEDEN RAZONAR, NO PUEDEN PENSAR. Otro de los puntos era comprender las instruccioes del folleto de una aspiradora. Tampoco pudieron. Por limitadas que sean las pruebas a nivel metodológico y conceptual, ¿por qué otros jóvenes de otros países sí pueden? Nuestra mediocrización aumenta, la falta de rigor y de criterio, y flaco favor hace este autor echándole al metro la culpa de nuestra enanez.

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Pedro Jacome febrero 10, 2024 - 11:37 am

Mientras nosotros los docentes continuemos exigiendo que los estudiantes repitan lo que orientamos y no les enseñemos a pensar y construir,como dice la señora Helena,seguiremos teniendo esos mediocres resultados,enseñémosles a pensar y debatir constructivamente para que tengan posiciones personales .

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