Los tres strikes para los conductores ebrios: ¿será que aprendemos? - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad Los tres strikes para los conductores ebrios: ¿será que aprendemos?

Los tres strikes para los conductores ebrios: ¿será que aprendemos?

Escrito por John Sudarsky R
conductores ebrios

conductores ebrios

John SudarskyLa Ley 1696 de 2013 abordó el problema de los conductores ebrios que ponen en riesgo la vida de la ciudadanía. ¿Cuál ha sido el balance hasta el momento de esta iniciativa según uno de sus impulsadores?

John Sudarsky*

Tránsito mortal

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los accidentes de tránsito son actualmente la segunda causa de muerte en el mundo.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal, entre enero y agosto de 2013, los accidentes de tránsito cobraron en Colombia 3.572 vidas, con una cuarta parte concentrada en víctimas entre los 20 y 29 años.

Si bien la mayoría de estos casos no son ocasionados por conducir embriagado, sino por conductas tales como irrespetar las señales de tránsito o el exceso de velocidad, el número de vidas perdidas como resultado de conducir en estado embriaguez es importante: aunque no se tiene información sobre las circunstancias de 2.422 de las muertes reportadas (68 por ciento), de las 1.150 víctimas que se conoce la circunstancia, el 6 por ciento corresponde a conducir en estado de embriaguez.

Aunque parezca bajo el porcentaje, una sola vida ya es importante, y con mayor razón cuando son muertes que pudieron ser evitadas fácilmente.

¿Por qué los ciudadanos no hemos reaccionado a un fenómeno que a diario nos alerta? ¿Qué mensaje necesita la ciudadanía para despertar y cambiar el nefasto comportamiento de combinar alcohol y gasolina?

comparendos por conducir en estado de embriaguez
Con la nueva ley, los comparendos por conducir en
estado de embriaguez se han reducido en un 81 %.
Foto: Pepe C.

Buscando solución

Estas preguntas nos motivaron a impulsar y aprobar durante la pasada legislatura la Ley 1696 de 2013 sobre medidas para controlar los conductores embriagados.

Resulta pues oportuno un balance de los efectos que esta Ley ha producido  hasta el momento. De acuerdo con los datos suministrados por la Dirección de Tránsito y Transportes de la Policía Nacional, desde la entrada en vigencia de la Ley -el 19 de diciembre de 2013- hasta el 6 de enero de 2014, el número de comparendos por conducir en estado de embriaguez pasó de 14.511 en el mismo período de 2012, a 2.757 en este año. Es decir, se redujo en un 81 por ciento el número de infractores.

Hubo quienes consideraron que la solución más efectiva para combatir el problema era castigar con cárcel a quienes cometieran esta mala práctica, cayendo así en un “populismo punitivo” que hubiera conllevado el agravamiento de otros problemas como el hacinamiento en las cárceles, por querer solucionar una inmensidad de problemas con la privación de la libertad. Este hubiera sido un mensaje contradictorio en un Estado de Derecho como el que nuestra Constitución exalta.

Los diferentes matices

En primer lugar, hay que diferenciar las medidas que deben aplicarse cuando al conducir embriagado se comete un homicidio o una lesión personal y, por otra parte, la conducta de conducir después haber consumido alcohol, que sin duda ya implica un peligro mayor del que supone conducir un vehículo.

desde la entrada en vigencia de la Ley -el 19 de diciembre de 2013- hasta el 6 de enero de 2014, el número de comparendos por conducir en estado de embriaguez pasó de 14.511 en el mismo período de 2012, a 2.757 en este año. Es decir, se redujo en un 81 por ciento el número de infractores.

Debemos aclarar, sin embargo, dos situaciones diferentes: el consumo de alcohol y el estado de embriaguez. El primero supone que la persona ha bebido una pequeña cantidad de alcohol, pero no hay intoxicación aguda en el organismo, lo que se ha denominado el “grado cero”. El segundo supone una intoxicación y la alteración aguda de los reflejos y sentidos, lo que se mide en 1º, 2º y 3º grado de embriaguez.

Hecha la aclaración, pasemos a analizar los dos escenarios planteados. En cuanto al primer escenario (homicidio y lesiones personales), la Ley corrige el punto neurálgico del problema: la excarcelación para quienes cometen estos crímenes. La modificación del Código Penal permite que cuando el delito de homicidio y lesiones sea cometido al conducir embriagado la persona deba ser privada de su libertad.

Sobre el segundo escenario (consumir alcohol y conducir), creamos incentivos de impacto que permiten modificar el comportamiento de los ciudadanos. Las medidas planteadas (ver Tabla 1) y llevadas a las plenarias por los ponentes del proyecto tanto de Cámara como de Senado tras lograr un consenso, tienen el objetivo de prevenir la conducta y castigar a los reincidentes.

Para esto, contamos con cuatro mecanismos: multas, cursos comunitarios, suspensión de la licencia e inmovilización del vehículo. Como estaban planteados, estos mecanismos permitían a los conductores evadir los castigos, debido a los vacíos de la legislación anterior.

La Ley 1696 de 2013 se estructuró de tal forma que al graduar las sanciones los conductores cambien este comportamiento. Con la creación de esta Ley queremos crear un tabú en torno a mezclar alcohol y conducir.

La ley contempla duras sanciones
La ley contempla duras sanciones.
Foto: Carlos Guevara

Las sanciones

Las sanciones establecidas para los conductores que por primera y segunda vez son sorprendidos en grado cero buscan dar a los ciudadanos una “alerta temprana” para que sepan que están en la mira del Estado y no reincidan.

No es una novedad que esta Ley castigue el grado cero. La anterior legislación lo hacía con una multa de 45 salarios mínimos diarios, y anteriormente era impuesta esta misma multa sin importar el grado o reincidencia del infractor.

Ahora, si pasan por alto esta advertencia y reinciden por tercera vez en grado cero, la sanción se agrava y es equivalente a ir en primer grado de embriaguez. Se envía el mensaje de no volver a conducir al haber tomado aunque fuese una copa.

Para quienes conducen en estado de embriaguez, es decir, del primer al tercer grado, el tratamiento es diferente. Se impone una fuerte sanción desde la primera vez, pues en estos estados la persona es un potencial homicida y solo la suerte lo libra de convertirse en uno.

Por ello, los mensajes de castigo y reincidencia son fuertes. Si aun así son reincidentes, somos más drásticos, al punto de cancelar la licencia desde la segunda ocasión, específicamente para el tercer grado.

Finalmente, la sanción para quienes reinciden en una tercera ocasión es la máxima posible, ya que han pasado por alto las dos drásticas alertas anteriores. Son un verdadero peligro para la sociedad y no se les debe permitir volver a conducir por un periodo de tiempo largo: la renovación de la licencia una vez cancelada solo se podrá hacer pasados 25 años.

¿Cómo se mide la reincidencia de estas conductas?

Para efectos de contabilizar las sanciones por conducir al haber consumido alcohol, contempladas en el artículo 152 de la Ley 769 de 2002 y establecer la posible reincidencia, aun después de cancelar la multa, esta información permanecerá en el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT) para consulta exclusiva de la autoridad de tránsito, del titular o por solicitud de autoridad competente. En ningún caso estos datos serán de acceso público.

¿Cómo garantizar el cumplimiento de las sanciones?

En todos los casos enunciados, la Policía de Tránsito procederá, al momento de realizar el comparendo, a retener la licencia de manera preventiva y, al día siguiente, informar al respectivo organismo de tránsito.

La retención preventiva se mantendrá hasta tanto el presunto infractor sea declarado responsable o no. Si es declarado responsable se procederá a la suspensión de la licencia y solamente se le devolverá hasta que se cumpla el término de la suspensión.

La Ley 1696 de 2013 se estructuró de tal forma que al graduar las sanciones los conductores cambien este comportamiento. Con la creación de esta Ley queremos crear un tabú en torno a mezclar alcohol y conducir.

La autoridad de tránsito competente procederá a registrar de manera inmediata en el RUNT la retención preventiva de la licencia de conducción. Con la retención de la licencia se busca que la persona no pueda solicitar un duplicado, pues el reporte en el RUNT no se lo permite.

Un ejemplo que ilustra este vacío en la legislación, es el caso mencionado por los medios sobre el concejal de Chía quien, teniendo su licencia suspendida por ir conduciendo en estado de embriaguez, solicitó un duplicado de la misma.

En cuanto a la cancelación de la licencia, debemos establecer que esta solo puede ser renovada pasados 25 años de cancelación. ¿Por qué? Antes de esta Ley, el Código de Tránsito permitía que después de 3 años fuera posible renovarla, es decir, que para el conductor resultaba más conveniente que su licencia fuera cancelada que suspendida.

Por tal razón, la renovación de la licencia deber ser mayor a aquella de la máxima sanción de suspensión (20 años) y así, la cancelación cumple su objetivo de ser el mecanismo más drástico. Así mismo, quien sea sorprendido conduciendo infringiendo la cancelación o suspensión de la licencia, incurrirá en el delito de fraude a resolución judicial y se compulsarán copias a la Fiscalía de dicha conducta para iniciar las acciones legales pertinentes

Por su parte, la inmovilización del vehículo genera otro incentivo gradual para que los ciudadanos no incurran en la conducta de beber y conducir. Anteriormente, sin importar el grado de alcohol ni la reincidencia, los ciudadanos podían retirar su vehículo al día siguiente de ser sorprendidos cometiendo esta infracción.

¿Qué retos quedan por superar?

Aunque la reducción en las cifras de comparendos impuestos nos demuestra que la mayoría de ciudadanos ha comprendido el mensaje, lo ideal sería que cada vez se necesite recurrir menos a la ley como castigo o amenaza y, en su lugar, se interiorice la importancia de prevenir esta nociva conducta que ha cobrado tantas vidas. Para llegar a este escenario, debemos reforzar el control social y reprochar este comportamiento.

Otro de los desafíos es fortalecer los organismos de tránsito. Estos entes cumplen la función de implementar las políticas en materia de seguridad vial, recaudar y hacer cumplir las sanciones que se imponen, pero hay organismos a nivel nacional que no cuentan con la capacidad institucional ni técnica para responder a dichas funciones.

Un ejemplo que ilustra este vacío en la legislación, es el caso mencionado por los medios sobre el concejal de Chía quien, teniendo su licencia suspendida por ir conduciendo en estado de embriaguez, solicitó un duplicado de la misma.

En parte, esto explica el bajo recaudo de las multas, la debilidad de estos organismos para adelantar estos procesos antes del vencimiento de las sanciones. En este reto, la creación próxima de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, proyecto de ley del cual también soy participe, puede jugar un papel fundamental. Esta institución permitirá que esfuerzos y recursos se concentren hacia un mismo objetivo: el mejoramiento de la política pública de seguridad vial en Colombia

Nota: Para el momento de ésta publicación el Instituto Nacional de Medicina Legal aún se encontraba en cierre de sus bases datos. Por lo que el balance de las cifras de muertes y lesiones personales por conducir en estado de embriaguez las podríamos compartir a finales del mes de enero.

*Ingeniero industrial, magíster en Sicología de la Universidad Kansas y Ph.D. en Educación de la Universidad de Harvard, senador de la República 2010-2014 por el Partido Verde. www.johnsudarsky.com

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies