La educación terciaria y la crisis de la educación técnica y tecnológica - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad La educación terciaria y la crisis de la educación técnica y tecnológica

La educación terciaria y la crisis de la educación técnica y tecnológica

Escrito por Víctor Manuel Gómez

Estudiantes universitarios

Víctor Manuel GómezEl gobierno insiste en confundir la educación terciaria, la técnica y la tecnológica, y con esto se afectan la calidad de la formación que reciben nuestros jóvenes y la posibilidad de mejoras efectivas. ¿De qué estamos hablando en cada caso? 

Víctor Manuel Gómez*

¿Educación terciaria o de tercera?

So pretexto del Acuerdo de Paz y por la vía expedita del fast-track, el gobierno pretende establecer el “Sistema Nacional de Educación Terciaria” (SNET) donde mezcla y confunde la educación superior con la formación para el trabajo y el desarrollo humano. Por eso importa mucho precisar en qué consisten cada una de estas cosas.

En el mundo el concepto de educación ‘terciaria’ (o de tercer nivel) se aplica a sistemas educativos que han logrado una cobertura total en el nivel secundario y altas tasas de cobertura en el nivel superior (más de 60 por ciento). Esta categoría excluye la formación profesional o ‘vocational education’, equivalente en Colombia a las diversas modalidades de formación para el trabajo y capacitación ocupacional, como las ofrecidas por instituciones de ‘formación para el trabajo y desarrollo humano’, tradicionalmente conocidas como de educación ‘no formal’. 

Es evidente que ninguna de estas condiciones se cumplen en el sistema educativo colombiano, que tiene bajas tasas de cobertura en el nivel medio (menores de 60 por ciento) y en el nivel superior (menores de 50 por ciento), cuando se ven con realismo las estadísticas del Ministerio de Educación Nacional, artificialmente infladas desde el gobierno Uribe con estudiantes de programas tecnológicos del SENA.

En Colombia se usa el término ‘terciario’ para referirse a la educación superior como una manera de congraciarse con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un prestigioso “club de países” al cual este gobierno ansía ingresar.

Inclusive este término fue formalizado mediante el Plan Nacional de Desarrollo (2014-2018), donde se crea el Sistema Nacional de Educación Terciaria (SNET). Pero ni en este Palan ni en los documentos del MEN se justifica la creación del SNET a partir de un análisis del sistema postsecundario colombiano, en particular de la educación técnica y tecnológica y la formación profesional. Tan solo se menciona la necesidad de elevar el nivel de reconocimiento social y educativo de estos tipos de formación en Colombia.

De la Ley 30 hasta hoy

Desfinanciación progresiva de la oferta pública, estándares de “tecnólogo/a”.
Desfinanciación progresiva de la oferta pública, estándares de “tecnólogo/a”.  
Foto: Urna de Cristal

En sus 25 años de vigencia la Ley 30 ha tenido tres grandes consecuencias:

  1. La desfinanciación progresiva de las universidades y de las instituciones  técnicas y tecnológicas (TyT) de carácter público. Actualmente existen 29 instituciones públicas asociadas en la Red de Instituciones Técnicas Profesionales Tecnológicas y Universitarias (RedTTU): 8 técnicas, 7 tecnológicas y 14 universitarias (de las cuales 3 son escuelas tecnológicas).
  2. La privatización de la oferta de educación superior en todos los tipos de instituciones: universidades, universitarias y TyT. Esto ha llevado al predominio de políticas de subsidio a la demanda (crédito educativo, Ser Pilo Paga).
  3. La crisis continuada de identidad y de reconocimiento social y académico de la llamada educación técnica y tecnológica en Colombia.

Son bien conocidas las dos primeras consecuencias negativas de dicha Ley, pero menos conocida y estudiada ha sido la tercera..

Confusión vs. calidad

Además, en 25 años  no ha sido posible una clara definición conceptual, curricular y laboral de la llamada ‘educación técnica profesional’ (y esto es un claro indicador de la incompetencia del MEN).

¿Es posible una educación técnica moderna en instituciones privadas financiadas con matrículas de pobres?  

¿En qué se diferencia esta educación de la media técnica, que forma un técnico laboral? ¿O de la ‘formación profesional’ del SENA? ¿Cuáles son las diferencias conceptuales, curriculares y pedagógicas entre la ‘formación técnica profesional’ ofrecida por las instituciones técnicas de educación superior y los programas técnicos del SENA? ¿Son similares o diferentes?

Si son diferentes en sus objetivos y contenidos de formación, ¿cómo es posible que se les haya otorgado registro calificado por la Comisión Nacional Internacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CONACES)? ¿Es CONACES realmente autónoma e independiente del MEN o está sujeta a presiones políticas?

Todo esto pone en tela de juicio la objetividad y legitimidad del sistema de aseguramiento de la calidad de la educación superior. Lo ‘técnico’ en muchas instituciones se limita a temas de administración, contaduría, finanzas, mercadeo y hasta educación infantil. Este es un modelo pedagógico de ‘tiza y tablero’, es decir, un modelo barato que nada tiene que ver con la dimensión ‘técnica’ en la economía moderna: instrumentos, insumos, equipos, infraestructura, talleres y docentes con amplia experiencia en la producción.

¿Es posible una educación técnica moderna en instituciones privadas financiadas con matrículas de pobres?  ¿Es posible la oferta pública de calidad y pertinencia en condiciones de desfinanciación de las entidades y pobreza de los aspirantes? No hay que olvidar que la educación técnica moderna es mucho más costosa que la académica tradicional.

Tal vez por esa razón desde los años 1980 se desfinanciaron progresivamente los colegios técnicos, los institutos técnicos industriales (ITIS) y agrícolas (ITAS), y los INEM, lo que impidió organizar un sistema público de formación técnica postsecundaria, como existe en muchos países.

Sin prestigio y sin dinero

Concepto de Educación Terciaria.
Concepto de Educación Terciaria. 
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

¿A qué se debe la mala imagen social del técnico? ¿Por qué en lugar de más educación técnica tenemos cada vez menos? Por ejemplo, de 59 instituciones técnicas profesionales en 2002 solo quedan 32 en 2015; y de 800 programas ofrecidos en 2006 hoy solo se ofrecen 506 (que además equivalen tan solo al 3,8 por ciento del total de programas ofrecidos en educación superior).

En el texto del SNET no se presenta ningún análisis de la situación actual de calidad y recursos de las instituciones técnicas, tanto públicas como privadas, o de su efecto sobre el  prestigio social de este tipo de formación. Tampoco se presentan datos sobre el costo de programas técnicos de calidad. Esta carencia analítica debilita enormemente la propuesta del SNET, la deslegitima y anuncia su fracaso.

En el sector público solo existen unas pocas (8) instituciones pobres, mal dotadas, sin talleres, insumos, instrumentos e infraestructura adecuada, en gran medida obsoletas frente a la técnica moderna. Son muy escasas las relaciones con el sector productivo, fuente potencial de aprendizaje y de recursos adicionales. Estas pocas instituciones públicas han sufrido el largo proceso de desfinanciación impuesto por la Ley 30 y perciben apenas una porción muy pequeña del presupuesto público en educación superior (0,79 por ciento en 2015).

En el sector privado la mayoría de las instituciones son pequeñas y dependen básicamente de matrículas bajas, propias de jóvenes de escasos ingresos. Así es prácticamente imposible dotar y actualizar talleres, máquinas e insumos para una educación de calidad. Igualmente imposible es la remuneración adecuada de docentes altamente cualificados y con experiencia en el sector productivo.

Solo algunas instituciones privadas estrechamente vinculadas con empresas productivas podrían captar recursos adicionales para ofrecer educación de calidad internacional. Pero casos particulares no conforman una política pública.

Por lo tanto la pobre imagen social de la educación técnica es el reflejo de la realidad. No puede ser explicada como un patrón cultural tradicional que subvalora el trabajo técnico. En realidad, los jóvenes perciben a estas instituciones y programas como de segunda o tercera clase. Esta imagen social está directamente relacionada con el descenso continuo del número o proporción de matrículas en la educación técnica.

Técnico y tecnológico

Pero, ¿qué significa la educación tecnológica en este país? ¿Por qué siempre se habla de T y T como si fueran dos niveles articulados y complementarios? En realidad habría que borrar el conjuntivo y entre ambas y pensar cada una de manera diferente.

En el sector público solo existen unas pocas (8) instituciones pobres, mal dotadas, sin talleres, insumos.

Lo tecnológico en otras sociedades es muy distinto del concepto colombiano de formación ocupacional intermedia. Esta definición criolla está en la raíz de la crisis de identidad y de reconocimiento social y académico de la educación T y T. Lo ‘tecnológico’ es una dimensión propia de la investigación y experimentación en facultades de ciencias aplicadas y de ingeniería. Y de universidades o institutos tecnológicos modernos, como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y otros destacados a nivel mundial que ocupan los más altos lugares de reconocimiento académico y social. Nada que ver con el modelo colombiano de educación tecnológica. 

¿Es el tecnólogo colombiano un poco menos que un ingeniero y un poco más que un técnico? Esta es una pobre caracterización de este tipo de formación. Por otra parte, el sector productivo, los empleadores, no tienen por qué diferenciar entre un tecnólogo, un técnico del SENA o un ingeniero joven. Esto acarrea problemas serios de identidad e inserción laboral entre estos tipos de formación.

En algunas instituciones la educación tecnológica es el primer nivel de formación en la ingeniería. Como es mucho mejor el estatus social y laboral del ingeniero, pocos tecnólogos quieren serlo y la mayoría aspiran a ser profesionales. Y las pocas instituciones tecnológicas que quedan aspiran a convertirse en ‘instituciones universitarias’, como ene l caso  reciente del Colegio Mayor de Bolívar.

La principal falla del proyecto de educación terciaria es desconocer la crisis de identidad, calidad y pertinencia de la mal llamada educación ‘técnica y tecnológica’ en Colombia. Esto conduce inevitablemente a políticas erradas, ineficaces y con efectos perversos sobre la calidad de la educación superior colombiana.

 

* Profesor del departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia.

 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Conoce la galería de obra gráfica de Razón Pública

Podrás adquirir obra gráfica de reconocidos artistas latinoamericanos a un excelente precio y ayudarnos a financiar este maravilloso proyecto periodístico