Salarios de profesores de las universidades públicas: ¿a qué se debe el escándalo?
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Salarios de profesores de las universidades públicas: ¿a qué se debe el escándalo?

Escrito por Víctor Manuel Gómez

El decreto sobre el régimen de salarios y prestaciones de los profesores de universidades públicas crea gran desigualdad y subvalora tanto las labores docentes como la utilidad social de muchas publicaciones.

Víctor Gómez*

Un incentivo mal diseñado

En las universidades privadas y en las públicas existen incentivos a la productividad académica, pero también existen diferencias. En las privadas las bonificaciones son temporales y no aumentan el salario, mientras que en las públicas por cada publicación se otorga un puntaje que ingresa a la base salarial. 

Así lo especifica el Decreto 1279 de 2002. Por tanto, las publicaciones aumentan considerablemente el salario del profesor estatal, un salario que además se extiende por muchos años a partir de la jubilación.

Las publicaciones son artículos en revistas indexadas, nacionales o internacionales, y libros con Comité Editorial. Los escritos son sometidos a evaluación y aprobación o denegación del Comité de Asignación de Puntaje, quien determina el puntaje correspondiente que ingresa a la base salarial.

Desigualdad salarial 

Este sistema favorece más a determinadas áreas del conocimiento, y por eso existen grandes desigualdades de ingresos entre docentes según sus especialidades académicas. 

Más del 40 de los 50 profesores mejor remunerados se dedican a las ciencias exactas y naturales, ingenierías o medicina; las ciencias sociales, la filosofía, la psicología, las artes, el derecho, el trabajo social y las humanidades en general están muy subrepresentadas. 

el descuido de la docencia es un común denominador de muchas universidades, “el imaginario del ‘profesor-investigador’ ha suplantado el del ‘profesor-docente’”.

La desigualdad se origina en el método para asignar los puntajes. En las áreas mejor remuneradas es posible que el docente publique en varias revistas especializadas varios informes cortos de investigación. Este tipo de artículos le permite publicar varias veces al año y ganar puntajes en cada ocasión. 

El escándalo 

Por eso durante los 21 años de vigencia del Decreto 1279 algunos profesores aumentaron sus ingresos hasta 30, 40 o 50 veces el salario mínimo. 

Hay algunos profesores que reciben más de 50 o 60 millones mensuales, quienes han aprovechado la lógica del sistema: numerosas publicaciones cortas en revistas especializadas. 

Dos o tres publicaciones cortas por año durante 20 años explican los altos salarios de estos profesores. Acusados, ahora, por parte de la protesta estudiantil como la ‘oligarquía académica’.

En las disciplinas sociales, humanísticas y artísticas es mucho más difícil y exigente publicar en revistas indexadas y demostrar méritos que reciban reconocimiento de puntaje por productividad. No es común la publicación de textos cortos.

El sesgo

Por eso debe revisarse el sistema del Decreto 1279 para diferenciar las modalidades de productividad académica y artística propias de cada una de las disciplinas.  

Según el decreto, las universidades deben enfocarse en los puntajes de productividad porque son los indicadores utilizados en los rankings internacionales de calidad de las instituciones. Es decir, son decisivos para el estatus social y académico de las universidades. 

El sesgo hacia revistas indexadas internacionales, preferiblemente in English, es necesario para mejorar la calificación en los rankings internacionales. También sucede en universidades privadas de elite que otorgan altas bonificaciones a docentes que publiquen en revistas internacionales y en inglés.

Pero la producción intelectual de una universidad no se limita ni se reduce a publicar en revistas internacionales. 

En realidad, hay numerosas publicaciones no sujetas a criterios de publicación indexada que pueden ser de gran aporte social en diversos temas como la educación, la salud, la equidad, la pobreza, el medio amiente, la vida urbana, la alimentación o la producción agrícola. E, incluso, pueden llegar a ser de mayor pertinencia y audiencia que las revistas internacionales. 

Sin embargo, estas publicaciones son ignoradas en el Decreto 1279, lo cual implica un fuerte sesgo hacia publicaciones para el exterior, para los rankings, y a subestimar las publicaciones de extensión, de educación ciudadana, de propuesta de reformas en diversas áreas.

Falta de información 

Un análisis más detallado del funcionamiento y los efectos salariales del sistema vigente de estímulos a la productividad académica requiere de la siguiente información: 

  1. Aumento del costo de la nómina atribuido a incentivos de productividad en los últimos 5 y 10 años.
  2. Distribución de los aumentos salariales por productividad según facultades o áreas del conocimiento en los últimos 5 y 10 años.
  3. Áreas del conocimiento con mayor y menor aumento en salarios por productividad.
  4. Revistas indexadas con mayor publicación de artículos de docentes, según facultad y área del conocimiento.
  5. Escala de diferencias salariales entre los mayores y menores ingresos, y la correspondencia con áreas del conocimiento.
  6. Puntajes por productividad concedidos por publicaciones de libros y de artículos en revistas indexadas.

Olvido de lo principal

Otro sesgo grave del Decreto 1279 es el efecto diferencial sobre las funciones de investigación y de docencia en las universidades públicas colombianas. 

En un artículo coescrito con Jorge Celis para la Revista Nómada de la Universidad Central, titulado “Docencia, estatus, distinción y remuneración”, afirmamos que el «Decreto establece un sistema desigual de remuneración, reconocimiento y estatus entre ambas, a favor de la investigación y en desmedro de la docencia”. 

De hecho, la docencia “no tiene reconocimiento ni estatus, ni es remunerada la producción intelectual de índole curricular, didáctica y pedagógica”. Es decir, no hay diferencia entre ser un excelente docente, un mal docente o un pésimo docente, por lo menos en términos de remuneración y promoción. 

Sucede que el descuido de la docencia es un común denominador de muchas universidades, “el imaginario del ‘profesor-investigador’ ha suplantado el del ‘profesor-docente’”. 

Por lo anterior, no son prácticos, valorados ni relevantes los programas o estrategias para formar a los profesores en la docencia. Si no se cambian las normas actuales “la docencia seguirá siendo la ‘carga’ académica, una actividad subvalorada, sin reconocimiento ni estatus”. 

En defensa de la universidad que educa  

En la actual sociedad o economía del conocimiento, el alto y creciente valor del poder y estatus ha ocasionado una intensa competencia entre universidades por recursos, contratos e investigadores reconocidos. Esta lógica ha dado prioridad a la categoría del ‘profesor-investigador’, quien investiga, publica y obtiene grandes recursos y prestigio para la institución donde  trabaja. 

Pero no hay rankings de universidades según la calidad de la educación del pregrado, porque la prioridad está en otra parte: en la investigación, en las maestrías, doctorados, extensión, en los contratos, en el poder económico y político.

Si la docencia es una función poco estimulada y sin mayores reconocimientos, los profesores pierden interés en educar a sus alumnos, ya que no hay una recompensa que motive o un estatus al cual aspirar.  

Foto: Alcaldía de Medellín - En las universidades se ha dado prioridad a la categoría del profesor-investigador, quien investiga, publica y obtiene recursos; esto ha causado un mayor interés en la investigación, maestrías y doctorados que en los pregrados.

Hay algunos profesores que reciben más de 50 o 60 millones mensuales, quienes han aprovechado la lógica del sistema: numerosas publicaciones cortas en revistas especializadas.

La visión de la universidad como una institución que mercadea conocimiento ha conllevado una especial valoración de aquellos productos susceptibles de ser cuantificados y comercializados. En este contexto, la investigación se entiende y proyecta como la productividad académica por antonomasia, mientras que la docencia pierde reconocimiento y estatus dentro y fuera de las universidades.  

La función docente, fundamental para la calidad de la educación superior, requiere un sistema de estímulos y valoración de la innovación curricular y pedagógica, similar al sistema de estímulos en el campo investigativo. 

Además, la producción académica de las disciplinas de humanidades, ciencias sociales, arte y derecho debe tener un sistema de evaluación y asignación de puntajes propio de la naturaleza de estas disciplinas y diferente del de las áreas de ciencias naturales e ingenierías. 

La no diferenciación entre estas áreas del conocimiento, tan diferentes entre sí, es la causa de grandes desigualdades de ingresos entre docentes. 

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16 Comentarios

Luis Eduardo Cárdenas abril 22, 2024 - 4:29 pm

Un artículo muy acertado, ejemplo la universidad UPTC facultad de historia donde existe un oligarca grupo de maestros que no permiten una dinámica más actual del proceso investigativo y están apoltronados en la facultad, gozando de pensiones y sueldos super altos y la producción es relativa, pero figura por los bombos y platillos con los cuales les celebran.
Profesores salgan a disfrutar su pensión, permitan a los nuevos ingresar.

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Luis Alejandro Galeano abril 22, 2024 - 8:56 pm

Hay algunas afirmaciones del autor que no tienen ninguna base fáctica:

1. «Es que en ciencias exactas se pueden publicar artículos cortos». Desconoce que en las ciencias exactas no te publican porque mandes el texto más largo, sino porque tus resultados demuestren impacto y novedad. En otras palabras, en estas áreas no se trata de echar carreta.
2. Es mas difícil publicar en las ciencias sociales. No lo creo, sencillamente les gusta menos medirse internacionalmente y someterse al escrutinio de revisores de cualquier parte del mundo.
3. Sugiere que en las ciencias sociales las publicaciones locales tienen más impacto que las internacionales. Muy dudoso, es obvio que una audiencia más amplia garantiza más lectura y citaciones.

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Benjamin Montoya J. abril 23, 2024 - 10:57 am

Es muy buen articulo, y la discusión central debe ser si realmente estos docentes que están subidos en el «pedestal» de la investigación están nutriendo como debe ser a los alumnos de pregrado que es la verdadera razón de las universidades y no su prestigio. La excelencia de una universidad se debería medir en las capacidades, competencia y calidad de los egresados que le estamos entregando a la sociedad, sujetos competentes, críticos, innovadores, emprendedores y sobre todo éticos.

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Andrés abril 23, 2024 - 11:11 am

Según entiendo, las humanidades tienen más revistas nacionales y mejor categorizadas que las ingenierías

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Ruth María Cuéllar de Romero abril 23, 2024 - 1:41 pm

En verdad que los docentes que ya hemos obtenido nuestra pensión, debemos dar paso a los nuevos profesores que también merecen y necesitan oportunidades de surgir y demostrar sus capacidades . De otra parte estos nuevos docentes también vienen más preparados para enfrentar los retos que les presenta su profesión.

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Mario Alvarez abril 23, 2024 - 4:08 pm

De acuerdo con Luis Alejandro Galeano.El artículo se basa en percepciones más que en hechos.Las ciencias sociales también pueden publicar en revistas internacionales.Tal vez el escaso dominio de otros idiomas les impide medirse y ser criticados y ranqueados.

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Natalia Castañeda abril 23, 2024 - 4:11 pm

Así las cosas la universidades públicas quiebran. La platica se va para pagar a unos pocos

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María E. abril 23, 2024 - 7:04 pm

La oligarquía académica también presionó para que el retiro forzoso sea a los 80 años. No quieren dar paso a la renovación generacional académica. Deben bajar la edad del retiro forzoso

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Paty abril 23, 2024 - 10:03 pm

Que impacto en la sociedad tienen esas investigaciones, eso debería ser un indicador. De que sirve una universidad en la que se cultivan egos, consecuencias del jueguito de las publicaciones ….que en muchos casos no aportan.

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Geyler abril 23, 2024 - 10:50 pm

Y qué decir de los profesores catedráticos, a ellos no se les tiene en cuenta para subir su puntaje ni para mejora de su salario, ese es privilegio de los nombrados.

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Edwin Eduardo Millán abril 24, 2024 - 11:19 am

El artículo se ve sesgado hacia las ciencias sociales, y habla solo de un factor de mejorar el salario relacionado con artículos, se olvida mencionar que también se puede subir el salario con libros, capitulos de libro, traducciones, videos, obras artísticas, software, libros de texto, libros de ensayo, premios. Cómo se evidencia estos productos están más asociados a las ciencias sociales que a las ciencias naturales, por ende el cuestionamiento sería porque estos profesores no han subido su salario. El decreto 1279 es la única herramienta en el estado Colombiano que reconoce su productividad y lo refleja en el salario. Se escandalizan por un salario de 10000 dólares para un Doctor o Magister pero revisen los salarios de algunos bachilleres o personas que no han tenido necesidad de estudiar para lograr esos salarios. Colombia debería implementar este tipo de incentivos para todas las áreas públicas.

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Rajieen abril 24, 2024 - 9:31 pm

¿Acaso el 1279 no es susceptible de cambios? El mundo es otro ahora, 22 años después, y más con el devenir de la IA. De hecho, de todos los tipos de productos que señala el 1279, el que otorga, y eso está estudiado, puntos de manera más clara, es el artículo. Se sabe un libro o capítulo de libro no es recompensado igual que un artículo, hay uno o varios sesgos en el decreto en sí, tal vez no fue pensado así pero en eso se ha convertido. Y decir que no se puede ajustar a los nuevos tiempos, eso sí parece contrario al mundo académico y al pensamiento crítico. Por otro lado, es cierto que sea por ese decreto o porque se volvió práctica, sí se privilegia al profesor-investigador sobre el profesor-docente, cuando muy pocas personas son capaces de vivir los dos roles – investigador/docente- con la misma calidad. Tal vez hay que aceptar con cierta humildad que los académicos son humanos, solo humanos, la academia necesita más humildad.

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Dudley abril 26, 2024 - 8:29 am

Se le olvida al autor que el docente por ser docente, al estar incorporado a la nómina de la entidad se le paga por esa función ¿cómo se le va dar bonificación también por desempeñarse como profesor?

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joseoscar jaramillo abril 26, 2024 - 12:37 pm

El tema de lo puntos para estimular la producción acdémica es importante. El problema es que se ha vueto un objetivo per se. La docencia es desestimulada, pues un profesor que intent escribir un libro docencte (con 10 o 12 capítulos, no puede aspirar a recibir el estímulo de otro docente que presenta 12 arículos similaares en 12 revistas. El estímulo del salrio debe hacerse un sola vez, no debe ser una herencia. También debe limitarse la participacion de colegas en una aspiración a puntaje por un artículo. Deben evitase los carruseles, que llevan a varios prfesores con un mismo artículo y después se cambian de orden para otro articulo. Igulamente los estudiantes no deben ser parte del proceso de bonificaciones. Hay docentes que presentan artículos que son en realidad tesis de grado de estudiantes. Las asociaciones profesorales como Aspu han hecho propuestas de limitan este exceso de privilegios y buscan que se mantenga un esquema salarial, con algunas limitaciooes. El presupuesto de nuestras universides no puede justificar salarioss de $60 millones o más, cuando el promedio no alcanza los $10 millones. Etos privilegios son exagerados y deben controlarse.

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Iván Hernández abril 27, 2024 - 11:21 pm

Muchas gracias al profesor Víctor por sus sesudos e interesantes análisis. El debate sobre los salarios ruega ciertas preguntas: ¿ cuál es el modelo de financiación con el que se financia estos incrementos por productividad dado que la financiación por presupuesto nacional de la nación, aunque indizado, está congelado? ¿Se financia la productividad con recursos frescos? ¿ Cuáles son las Facultades que más contratan por consultorías y proyección social y que por medio del «overhead» obtienen recursos frescos? ¿Existe una división interna del trabajo en las universidades públicas para que unas Facultades hacen consultorías y otras investigación? ¿ha traído consecuencia en la calidad de investigación de dichas facultades especializadas en traer recursos frescos? Estas son las preguntas que deberían hacerse la Contraloría y la Procuraduría, ahora que está última llegó para investigar el proceso de designación de rector. Un gran abrazo profesor Víctor.

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Nohora abril 28, 2024 - 12:09 pm

Me parece que se tocó parcialmente el asunto. Soy Dra en Ciencias Sociales que vive en México, donde la carrera como investigadora debe pasar por escrutinio cada 5 años, valorando los diversos productos: publicaciones, docencia, divulgación, incidencia en comunidad. A partir de allí, te otorgan un nivel y te dan un estímulo que dura lo que dures en este sistema presentando productos de calidad. No es el mejor sistema, pero, está lejos de torpedear el presupuesto público de las universidades con un decreto como el de Colombia. No estás discutiendo el hecho de que no hay presupuesto que aguante tanta puntitis salarial por productos. Es muy descarado el sistema y muy silenciado veo aquí el asunto presupuestal. Aquí el problema no es que haya asimetría entre las ciencias naturales o las sociales, aquí el problema es la descarada desigualdad que se produce con profesores/as universitarios dedicados a la publicación para inflar salarios de esta manera. No hay presupuesto público que pueda soportar semejante situación. Colombia debe discutir seriamente lo que está pasando y discutir una fórmula que incentive la investigación pero no en detrimento de la docencia, la calidad y el presupuesto. Es absurdo que se sostenga con dinero público esos salarios de profesores de universidades públicas, es muy vergonzoso, no se puede hacer uno rico a costa de la academia y el dinero de todas las personas colombianas. Es una muestra de falta de solidaridad y empatía con la realidad del país!

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