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Venezuela: de mal en peor…

Escrito por Enrique Neira
Enrique Neira

Enrique NeiraUna viva descripción del clima surrealista que hoy se vive en Venezuela y un análisis punzante del chavismo-sin-Chávez que mantiene en el limbo a ese país. Nadie  se había preparado para un desenlace previsible y trágico.

Enrique Neira Fernández*

Una economía al garete

La peor economía titula el diario TalCualDigital del 21 de febrero, el editorial del autorizado analista y escritor Teodoro Petkoff, del cual se extraigo algunos apartes:

 

Enrique Neira VenezuelaEn Cuba ya no sabían cómo librarse de esta papa caliente: Chávez aparentemente aislado y casi secuestrado en La Habana durante más de 60 días e incurriendo en grandes costos de imagen internacional.
Foto: El Nacional 
 

"El gobierno ha utilizado todos sus recursos comunicacionales, dentro y fuera del país, para transmitir la idea de que las cosas van de lo mejor […]

“La caradura del gobierno no tiene límites. Después de 14 años de deterioro económico, informa sobre una nueva devaluación del bolívar. La sexta desde 2003. Con el mismo discurso y con la misma desfachatez […]

“Las evidencias de escasez de muchos productos de consumo masivo, así como el repunte de la inflación y la precariedad de los empleos, destacan claramente que nuestra economía lo que ha hecho es alejarnos de las posibilidades de un desarrollo sostenible y creciente […]

“La comparación de nuestras mediocres cifras con el desempeño de todas las economías en desarrollo deja las cosas en su lugar. De 151 países en desarrollo, Venezuela ocupa el lugar 110 en lo que respecta a crecimiento económico en el período 1999–2012 […]

“En el mismo período la tasa de inflación en Venezuela fue la sexta más alta del mundo. Para el año 2012 la inflación venezolana solo es superada por Bielorrusia, Sudán, Sudán del Sur e Irán […] Es una gestión económica de las peores del mundo. Que no queden dudas de ello".

¿El pueblo sabrá esperar?

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo debe condenarse a la incertidumbre a toda la sociedad venezolana?  Cada minuto que se pierda es un minuto que cuenta en la crisis general que va tomando cuerpo a lo largo y ancho del país.

Presionados por una situación que nunca imaginaron, los jefes del gobierno dan muestras de desconcierto, mientras algunos observadores llegan a la conclusión de que se trata, en efecto, de una crisis cuyo origen son ellos mismos. Pero que ninguno está en condiciones de tomar la iniciativa.  Esto explicaría la parálisis.

Justamente Parálisis es el título del editorial del 20 de febrero,  oportuno  y sensato, de El Nacional de Caracas, en contravía de las voces del oficialismo que piden al pueblo calma y más paciencia.

"El mandatario se juramentará cuando esté “bueno y sano”. La procuradora afirma que “el Gobierno no tiene prisa por juramentar al Presidente”. La doctora Flores — esposa del señor Maduro — justificó así la posición oficial: “El pueblo ha sabido esperar y sabrá esperar el tiempo necesario”.  No son, evidentemente, razones jurídicas dignas de quien ejerce tal responsabilidad.

“El pueblo sabrá esperar”: toda la responsabilidad  recaerá en el “pueblo” y no en quienes de manera bastante incomprensible eluden el problema y tratan de disimular las dimensiones de la crisis.

"Chávez volvió obligado" es el título del comentario escrito por Claudio J. Sandoval en El Universal de Caracas, este 21 de febrero. En síntesis afirma:

"El paciente no vino porque quiso sino porque lo trajeron anticipadamente ante el reto de gobernabilidad que atraviesa el chavismo cubano sin-Chávez. En otras palabras, su regreso no fue por motu proprio (sic) sino que, a nuestro entender, obedece a la presión ejercida por el sector castrense y la sociedad civil venezolana, dentro de un contexto de conflictividad que le impide al interinato Maduro darse el lujo de acumular gotas que derramen el vaso de la violencia en su contra". Para bajar la presión

Algunos sectores — como la clase media y los sindicalistas chavistas — si  bien todavía desarticulados, comienzan  a reclamar al verse duramente golpeados por las recientes medidas económicas: alza de precios, más escasez y deterioro del poder adquisitivo del salario, en total contravía de lo que dijo el ministro Giordani: la devaluación “se hizo  para bien  del pueblo”.

En Cuba ya no sabían cómo librarse de esta papa caliente: Chávez aparentemente aislado y casi secuestrado en La Habana durante más de 60 días, y Cuba incurriendo en grandes costos de imagen internacional.

El pasado 14 de febrero un grupo de estudiantes se había encadenado ante la embajada de Cuba para rechazar la injerencia de los hermanos Castro en los asuntos internos del país y  demandar el regreso inmediato del presidente Chávez.

Al gesto de los estudiantes se añadió algo muy peculiar y sensible: un comunicado a nombre de oficiales de rango medio y generales activos donde exaltaban su defensa de la soberanía venezolana frente a la injerencia cubana. En menos de 24 horas, el gobierno interino de Maduro mostró imágenes — con rostros sonrientes e inevitables huellas del fotomontaje — como prueba de supervivencia del líder.  En menos de 72 horas, como por arte de magia, Chávez ya se encontraba en Caracas.

Por el momento, el supuesto regreso del Comandante y su reclusión en el Fuerte Tiuna parecen haber apaciguado tanto a los uniformados como al pueblo chavista y a los estudiantes disidentes que se habían manifestado.

La táctica no deja de ser paliativa: todo indica que la enfermedad del candidato recién elegido, pero no posesionado, es simplemente terminal. El aislamiento es absoluto. Su estancia en el noveno piso del Hospital Militar se sigue manejando con un patético sigilo,  pues solo la familia Chávez, Maduro y Cabello están autorizados para entrar. Evo Morales quedó ponchado, pues tuvo que regresar a Bolivia sin ver siquiera a su gran bienhechor. No sería raro que el recién reelecto presidente Correa ni lo intente.

Desde la óptica de la gobernabilidad, el chavismo sin–Chávez mantendrá hasta cuando pueda el desconcierto y confusión en torno al súbito regreso y a la aparición pública del comandante.

Una picante caricatura de diario caraqueño dice: "Antes el enfermo estaba en Cuba. Ahora Cuba está aquí". Me atrevo yo a tildar esta situación de pre–revolucionaria: es decir, de antesala con cuidados intensivos de una inevitable revolución en la revolución bonita.

Inevitables comicios presidenciales

Resulta inevitable adelantar un nuevo proceso electoral, producto de lo que terminará siendo una falta absoluta del Presidente… en tres meses, en seis meses o dentro de un año.

Mientras tanto el gobierno de facto del vicepresidente, que terminó realmente el pasado 10 de diciembre, está tratando de dibujar lo mejor posible una transición que permita la continuidad.  Maduro es apenas el heredero del presidente in pectore, como se decía en el Vaticano para la designación oculta de ciertos cardenales de la diáspora.

No le va a ser posible esperar hasta 2015, cuando completaría  — entonces sí constitucionalmente como vicepresidente —  el período correspondiente al nuevo mandato ya corrido (artículo 233, párrafo 3). Corresponderá al pueblo de Venezuela avalar o no el intento de continuismo, más allá de la ausencia del líder mesiánico.

Los actuales poderes ejecutivo, legislativo,  judicial y  electoral se están valiendo de todos los medios para anular a la oposición antes de las próximas elecciones. Este gobierno transitorio sabe que la oposición representada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) obtuvo 6,5 millones de votos (45 por ciento) frente a los 8 millones de Chávez (55 por ciento) en la elección de octubre del año pasado.  Si persiste unida, movilizadora y activa, esta plataforma política podría rebasar electoralmente la pretensión de continuidad chavista.

La inviabilidad económica del proyecto del gobierno, por sí sólo, no es argumento suficiente como para desatar cambios políticos. Pero si el principio de empatía con el pueblo se profundiza y no se pierde tiempo esperando que ocurran cosas providenciales, la oportunidad de un nuevo gobierno podría estar ad portas.

Esto no significa que un proceso electoral  adelantado allane el camino de la oposición.  Puede resultarle aún más difícil que el del pasado 7 de octubre: un presidente retirado y sentenciado a muerte próxima, pero todavía en capacidad de ejercer una influencia carismática sobre el pueblo, más toda una pesada maquinaria del Estado petrolero en manos del vicepresidente–candidato constituyen obstáculos formidables.

El futuro chavismo sin-Chávez sigue mostrando que no tiene ni organización, ni generación de relevo bien formada, ni suficiente imaginación en sus líderes como para adoptar una estrategia que concilie legitimidad y eficacia.  No se vislumbra un mejor gobierno que enfrente los agudos problemas actuales y ofrezca al pueblo razones para creer y motivos para esperar un avance real en lugar de la palabrería violenta y las acciones de intimidación con miras a consagrar por continuidad errores pasados de una pésima administración pública.

Se derrumba el mito

Lo que hoy ocurre en Venezuela ilustra con tintes trágicos la pesadilla inesperada de un hombre en la cúspide del poder, aparentemente invencible, casi inmortal.

El Comandante Chávez, militar de carrera como paracaidista, llegó al poder en las elecciones de 1989. Fue reelegido tres veces.  Utilizó a fondo los medios masivos oficiales y privados.  Logró un control pleno desde el Ejecutivo central sobre los demás cuatro poderes del Estado — Legislativo, Judicial, Electoral y Defensoría del Pueblo —. Logró en 14 años erigirse en nuevo Mesías, sabio, omnipresente, omnipotente y generoso. Encarnó el mito del buen gendarme, al que es proclive el pueblo en nuestras frágiles repúblicas.

La ambición de conseguir orden con progreso y estabilidad interna en Venezuela, en el marco de un proceso de integración continental como lo soñó Bolívar, lo condujo a proponer planes y políticas que requerían un hegemón, un buen tirano, en fin un César democrático, representante y regulador de la soberanía popular.

Su grandioso andamiaje imaginario — aupado por un entorno adulador y complaciente y apoyado en su gran apego al poder (en el extremo opuesto de Benedicto XVI) — lo llevó a vivir una falsa seguridad basada en una presunta invencibilidad  electoral, que garantizaba su legado político hasta 2030 o más allá.

Pero el andamio se está viniendo abajo desde la aparición del grave y silencioso cáncer que no perdona. Durante la noche dramática del 8 de diciembre pasado, cuando se despidió para someterse a una cuarta cirugía en La Habana, y pensando que era posible que no regresara, expresó enfáticamente su preferencia por Maduro para candidato presidencial.

Pero no tuvo la grandeza de renunciar a su cargo para evitar al país y a su propio partido esta larga agonía y el desastre político–constitucional en que se ha convertido su relevo.

 

PhD en Ciencas Sociales, politólogo colombo-venezolano, actualmente profesor titular jubilado de la Universidad de los Andes. 

www.enrique-neira.com      www.saber.ula.ve/observatorio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 La clase media y los sindicalistas chavistas si  bien todavía desarticulados, comienzan  a reclamar al verse duramente golpeados por las recientes medidas económicas.

 

 

 

 

 

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