
Venezuela: el dilema Chavismo- Capriles
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Tras catorce años de gobierno autoritario y algo así como “un empate técnico” en las pasadas elecciones, los venezolanos esperan ansiosamente que se conozca toda la verdad acerca de las votaciones.
El chavismo con Chávez La verdad os hará libres. Esta sabia sentencia de Jesucristo tiene hoy plena autoridad moral para dirimir sin la violencia de las armas una contienda política que divide por mitad a Venezuela.
En un primer momento -como se estila en todos los países democráticos del globo- la contienda trató de dirimirse a través de los votos y no de las balas. En un régimen muy personalista y de poder concentrado (desde el ejecutivo), el comandante Hugo Chávez había logrado absorber a los otros poderes (legislativo, judicial y electoral), con inmensos recursos petroleros y altos precios internacionales, un avasallador control de los medios de comunicación y un exitoso discurso populista de acento anti-estadounidense. Por 13 años sucesivos años Chávez se había empeñado en implantar en Venezuela un llamado "socialismo del siglo XXI" nunca bien definido, siguiendo el modelo económico, social y político de Cuba ('la isla de la felicidad'). El 7 de octubre de 2.012 en elecciones presidenciales para otro período de seis años, el Comandante tuvo que enfrentar al joven candidato Henrique Capriles Radonski, exitoso ex alcalde de Baruta y gobernador del Estado Miranda, escogido por limpias elecciones nacionales primarias como representante de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). El candidato ya recogía el desencanto y rechazo de veinte partidos y organizaciones políticas frente al desgobierno, ineficiencia, corrupción y despilfarro de los dineros públicos. Los resultados electorales de entonces -tras un proceso organizado, manejado y contado por un Consejo Nacional Electoral compuesto en un 80 por ciento por personas del régimen- fueron: 54 por ciento (7 millones 500.000 votos ) por Chávez – 45por ciento (6 millones 200.000 votos) por Capriles. La oposición denunció la escandalosa parcialidad del gobierno en todos los aspectos del proceso electoral, pero reconoció los resultados, y además admitió los errores cometidos, prometiendo que no se repetirían. Chavismo sin Chávez El chavismo con Chávez se prometía seguir gobernando hasta el 2030 o más. Pero todo se vino abajo para él y su entorno de incondicionales, con la aparición de un grave y silencioso cáncer, que le fue tratado en La Habana y que intentó disimular en su real gravedad y desenlace. El 8-9 de diciembre de 2012 Chávez regresó inopinadamente a Caracas, consciente de lo que pudiera ocurrir tras la cuarta cirugía que le esperaba en La Habana la siguiente semana. Se despidió del país y señaló sin más al que ya era su ministro de Relaciones Exteriores y Vice-presidente, Nicolás Maduro, como su hombre de total confianza y eventual candidato a sucederlo en una eventual falta absoluta suya como presidente. El hecho innegable es que la salida de Chávez de la escena política está permitiendo destapar la olla cocida durante su largo mandato de catorce años (de muchas promesas y pocas realidades cumplidas); ha dejado un vacío de poder en el chavismo imposible de llenar; y ha demostrado que el carisma no se decreta ni se hereda. El "chavismo sin Chávez", huérfano de su padre y conductor único, recurrió desde diciembre -en forma inescrupulosa con el mismo difunto presidente- a montar una especie de 'endiosamiento' de Chávez, con rasgos religiosos y motivación sentimental ("amor de la patria") que le permitiera ganar las elecciones aupando la "devoción" de los electores hacia la figura de Chávez. Así funcionó todo el reciente proceso electoral. El chavismo en el poder hizo hasta lo imposible para que esta elección la ganara Nicolás Maduro, delfín del fallecido presidente Chávez y a quien el Tribunal Supremo de Justicia ya había designado como presidente encargado de la República – debido a la falta absoluta del mandatario que no alcanzó siquiera posesionarse y ser juramentado con su gabinete el 6 de febrero cuando terminaba su período. La decisión del Tribunal fue a todas luces anómala, pues el cargo aunque temporal y limitado correspondía al Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, a tenor del artículo 233 de la Constitución. Lo cual dejaba al país temporalmente sin gobierno legal y legítimo (un gobierno "mientras-tanto") como lo ha enfatizado el candidato de la oposición, Henrique Capriles, quien mostró públicamente y sustentó – a través de la TV y redes sociales- un legajo contentivo de 3.200 "incidencias" (eufemismo de múltiples "irregularidades") que favorecían siempre al candidato oficial, denunciadas a tiempo y destiempo sin que hubieran tenido respuesta efectiva. Empate técnico
Ocurre entonces el segundo momento para dirimir civilizadamente la enorme diferencia que contrapone en Venezuela a dos modelos de economía, de gobernanza, de ideología política, de concepción de Estado, que en vida del presidente Chávez venían ya enfrentándose en el país como dos colectividades de un mismo pueblo. El resultado contable -esperado en suspenso por todo el país- lo emitió Tibisay Lucena, a nombre del Consejo Nacional Electoral (con voto salvado del único miembro independiente) pasadas cuatro angustiosas horas de cerrarse las mesas de votación:
Posteriormente (el 28 abril), con los resultados manuales llegados de la votación en el exterior que arrojaron cerca de 250.00 votos a favor de Capriles, según otro boletín, la diferencia entre el resultado oficial y el de la oposición se redujo a un simple 1 por ciento: 800.000 votos que habían sido por Chávez en Octubre pasaron en Abril a favor de Capriles. El resultado fue prácticamente un "empate técnico", sin claro vencedor ni vencido, y no cuadraba con el que medio país había legitimado con un voto impecable. Por ello fue lamentable que la Señora Lucena se hubiera apresurado a dar resultados finales y a calificarlos como "irreversibles". Y se exigió, de acuerdo con la ley y con la práctica utilizada tanto en Venezuela como en otros países, que llevara a cabo la "auditoría ciudadana" prevista para estos casos. Maduro en su alocución televisada tras el supuesto triunfo la aceptó sin reservas, pero al día siguiente la rechazó tras haber "consultado". Aparentemente Lucena, a nombre del CNE, prometió que lo haría, declaración que permitió a los jefes de Estado de los países de UNASUR, reunidos de emergencia en Lima 15 abril, emitir una declaración conciliatoria que fue unánime y positiva en el supuesto de que la veeduría se llevaría a cabo. Parece que muchos fueron, así, engañados. El oficialismo no ha hecho sino mover sus fichas en el CNE y demás poderes públicos para evitar o dar de larga la auditoría y, si no, reducirla a una auditoría "chucuta" (recortada, aminorada) que la oposición no podría avalar de modo alguno.
El país entero, las representaciones diplomáticas, los observadores extranjeros y las ONG solo aceptarán como válida y garante de la verdad electoral, una auditoría que conjugue tres factores simultáneos y aplicables a todo el universo de votos emitidos, es decir, del 54 por ciento supuestamente 'ya bien auditado' (según Lucena) y del restante 46por ciento: voto por voto, mesa por mesa, cuaderno por cuaderno. Lo anterior incluye: 1) papeletas de los votos depositados + 2) cuadernos de votación + 3) acta de escrutinio. Los puntos neurálgicos, como se desprende de las ruedas de prensa y videos explicativos que ha presentado Capriles son entre otros: a) la enorme desproporción de votos alcanzados ahora (14 abril) por Maduro, que sobrepasan con mucho los obtenidos por Chávez personalmente (7 octubre); b) miles de votos de difuntos mayores de 100 años suplantados que siguieron votando; c) miles de votos 'asistidos sin impedimento valido' que lo justificara; d) no dejaron votar a 150.000 nuevos votantes jóvenes que estaban ya inscritos para la votación del 7 de octubre; e) cerraron la frontera para evitar que cerca de 50.000 personas con ciudadanía venezolana pudieran hacerlo legítimamente; f) se impidió físicamente a testigos de mesa estar presentes para cumplir su deber. Disyuntiva inevitable Debo entonces formular la inevitable alternativa que más temprano que tarde se le plantea para optar al bravo pueblo venezolano en esta coyuntura crucial que marcará su historia de democracia con libertades y progreso con justicia social y que reclama para ello el apoyo y respaldo de sus amigos de todo el mundo.
* PhD en Ciencias Sociales, politólogo colombo-venezolano, actualmente profesor titular jubilado de la Universidad de los Andes
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| ![]() Enrique Neira Fernández*
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Enrique Neira
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