Jaime Wilches, autor en Razón Pública
Foto: Facebook: Vicky Dávila

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La idea de que Vicky Dávila pueda lanzarse a la presidencia vino de una encuesta en redes sociales. Esto abre el debate sobre el papel de los medios en la política y sobre la tradición de los periodistas-presidentes en Colombia.

Jaime Wilches*

La cultura de la polémica

Deborah Tannen, profesora de lingüística de la Universidad de Georgetown, publicó en 1999 uno de los mejores libros que se han escrito sobre el funcionamiento de los medios de comunicación: La cultura de la polémica.

Tannen plantea que el éxito de los medios de comunicación no reside en alentar el debate público a través del argumento razonado. Lo que catapulta a una empresa de información son las emociones primarias y los discursos que promueven el miedo, el odio o la euforia. De ahí que las noticias más leídas se relacionen con la militarización de las calles, las infidelidades entre los personajes del mundo del espectáculo o los conflictos en un reality show. En cambio, los logros científicos, la discusión del Plan de Desarrollo o la agenda cultural del fin de semana quedan relegadas a un último plano.

Desde hace unos años el escritor Alejando Peláez acertaba en decir que el éxito de las plataformas digitales no depende de la calidad de la información, sino de la instrumentalización del derecho a la libre expresión a través del cual se emiten juicios y noticias sin responsabilidad ética.

Dicho esto, hubo una controversia reciente protagonizada por Daniel Samper y Vicky Dávila, la principal bandera mediática de la oposición al gobierno Petro. Samper publicó una encuesta preguntando por quién votarían los usuarios si la elección presidencial fuera entre Claudia López y Vicky Dávila. La periodista arrasó en la encuesta y empezaron las reacciones desaforadas que ya son habituales y que están desprovistas de un juicio razonado.

Los que se burlan de estas encuestas subestiman el papel de las redes sociales. Ya tenemos el caso reciente de Milei, quién llegó a la presidencia de Argentina con una campaña primitiva de mensajes coloquiales en TikTok.

López y Dávila se trenzaron en una vulgar discusión, en la que por supuesto hacen justicia a la costumbre de estar eligiendo presidentes a dos años de las elecciones. La polémica favoreció a Samper y a Dávila pues no importa si los usuarios los insultan, los comentarios y los likes no tardaron en llegar.

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Vicky Dávila, ¿periodistas-presidente?

No obstante, la periodista tiene derecho a presentar sus credenciales a las elecciones de 2026. No solo responde a los clamores del extremismo ideológico, sino que pertenece a la curiosa tradición de periodistas-presidentes que hay en Colombia. Un estudio del Diario la República muestra que el periodismo es la segunda profesión que los presidentes de la nación han ejercido.

En la historia republicana, es sabido que el diario El Tiempo posicionó a tres presidentes, Enrique Olaya, Eduardo Santos y Juan Manuel Santos,  y que Uribe tuvo que acudir a Pacho Santos como vicepresidente para aceitar las relaciones con un medio que se reconoció como “Oficialista” o como conciliador.

La explicación de esta curiosa tendencia se extiende cuando se realiza un análisis de las profesiones de los presidentes en otras naciones. El periodismo no aparece. Por ejemplo, en Estados Unidos lo más cercano al espectro mediático fue la llegada al poder de Ronald Reagan, quien fue un actor promedio de Hollywood. Esta tendencia se mantiene en el resto del mundo, donde el periodismo no figura. En cambio, sobresalen las profesiones de abogados, economistas y militares.

Está claro que esta tendencia no significa que los mass media y las redes sociales no tengan el poder de construir culturas polémicas en cualquier latitud del mundo, y que la relación política-periodismo tenga ese discreto encanto de seducción, traición y conspiración. Sin embargo, conviene preguntarse por qué los periodistas en Colombia acaban siendo seducidos por el poder. Hay cinco hipótesis que explican este fenómeno:

  1. La ausencia de una esfera pública en Colombia empobreció el debate y lo eclipsó con la aparición de las redes sociales. Ya vimos cómo los candidatos evitaron el debate en televisión y prefirieron posar de chistosos y juveniles en las redes sociales en la campaña presidencial de 2022.
  2. La intolerancia política impide a la sociedad manifestar sus posturas de manera abierta y por eso prefiere desatar sus pasiones en redes sociales donde se mantiene el anonimato. Los asesinatos de líderes políticos tendrían como consecuencia lo que Albert Hirschman denomina la prevalencia del interés privado sobre la acción pública.
  3. La desconfianza en las instituciones democráticas hace que la ciudadanía les cobre su ineptitud y visión de corto plazo a las élites intelectuales. Por eso apoyan candidatos en los que no creen sólo para fastidiar los convencionalismos de las reglas democráticas.
  4. Los medios de comunicación han quedado en manos de empresarios con poderes en distintos sectores económicos. Pero apenas bajo el gobierno Petro, estos emporios informativos han adoptado el papel de opositores; sólo Semana tiene el músculo financiero para llegar al extremismo ideológico, y con ello, enarbolar las banderas que anticipen una campaña electoral anti-izquierda para 2026. En otras palabras, en Colombia se impuso el activismo periodístico-político.
  5. Colombia está sufriendo una ausencia de liderazgos. Tal vez los que tengan capacidades se frustran de tanto intentar ingresar a la vida pública o estando en ella, tener que renunciar por el hartazgo que del desbordamiento de los límites éticos y del escarnio constante al que son sometidos.

El papel de las redes sociales

La encuesta de Samper no debe ser vista como un hecho aislado que pasará a la historia como otro chiste de mal gusto. Vicky Dávila no evadió la posibilidad y puede reclamar que no está haciendo nada que vaya en contra de la historia.

Los que se burlan de estas encuestas subestiman el papel de las redes sociales. Ya tenemos el caso reciente de Milei, quién llegó a la presidencia de Argentina con una campaña primitiva de mensajes coloquiales en TikTok. Por otra parte, Rodolfo Hernández casi logra la misma hazaña en Colombia, y Trump sabía que recuperar sus cuentas en las redes sociales volvería a catapultarlo como candidato de los republicanos.

Foto: Facebook: Donald Trump - Donald Trump sabía que recuperar sus cuentas que redes sociales volvería a catapultarlo como el candidato de los republicanos.

el escritor Alejando Peláez acertaba en decir que el éxito de las plataformas digitales no depende de la calidad de la información, sino de la instrumentalización del derecho a la libre expresión a través del cual se emiten juicios y noticias sin responsabilidad ética.

Puede ser que en la relación costo-beneficio, Dávila prefiera seguir en su posición de periodista provocadora que transformó para siempre uno de los pocos medios de comunicación que mantenía la investigación periodística, para convertirlo en un espacio digital donde la irracionalidad y la noticia escandalosa atraen audiencias y patrocinios. Pero también es posible que los clanes políticos con los que se relaciona sepan ensalzar su vanidad y la lleven a una elección presidencial, que estaría condimentada por el discurso emotivo de elegir a una mujer como la primera presidente de Colombia.

No es casual que haya cambiado su foto de perfil en la red X, de la que algunos se burlaron. Sin embargo, otros valoraron su juventud y frescura frente a representantes de la derecha que se ven poco cercanas, como son los casos de María Fernanda Cabal o Paloma Valencia.

El político Darío Echandía se preguntó en el siglo pasado: ¿El poder para qué? En el caso de Colombia, sirve para que personajes como Vicky Dávila capitalicen su cuarto de hora y logren el máximo sueño de un presidente en Colombia: usar el periodismo para convertirse en un expresidente o expresidenta.

Lea en Razón Pública: #LaMarchadelaMayoría en un país sin mayorías

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Jaime Wilches

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Jaime Wilches

*Doctor Cum Laude en Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), magíster en Estudios Políticos, especialista en Gestión de Ciudad y Territorio, comunicador social y politólogo, docente e investigador del Politécnico Grancolombiano.

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Las elecciones regionales 2023 pasarán a la historia por ser aburridas y predecibles en la comunicación política, formatos de debate y apatía ciudadana. Ganaron los que votaron para castigar al gobierno nacional, los candidatos con carisma en las redes sociales y el negocio de las encuestas.

Jaime Wilches*

Pesos y contrapesos

Las democracias están diseñadas para tener un sistema de pesos y contrapesos. Para evitar que los discursos populistas rompan el sistema, las elecciones regionales se presentaron como el gran triunfo de la Constitución de 1991, pues evitarían que las regiones quedaran a expensas de los caprichos del gobierno central.

Todavía está pendiente un análisis de fondo de la efectividad de esta fórmula. Las elecciones regionales, y en especial la Alcaldía de Bogotá y ciudades principales, se han usado más como voto castigo para la desazón habitual que causa el primer año del gobierno nacional. Nuestra cultura política es tan frágil que todavía confiamos en líderes mesiánicos que resuelvan los problemas de violencia, exclusión e injusticia con una vara mágica:

  • Ni el todopoderoso Uribe de 2002 se salvó de la tendencia. En 2003 se inventó un referendo que nadie entendía y de carambola la izquierda se encaramó a la alcaldía con Lucho Garzón (recordemos el error táctico de hacer la votación al referendo un sábado y las elecciones un domingo);
  • En 2006 Uribe se reelige pero ya más debilitado y en 2007 recibe otro castigo con Samuel Moreno;
  • Santos 2010, y la respuesta con Petro alcalde 2011;
  • Santos 2014, y con ello se le macartiza de ser un alfil de la izquierda y de apoyar las incursiones de balcón de Petro, para que Peñalosa capitalice el triunfo en 2015;
  • Duque 2018 y el voto castigo con Claudia López que sin ser de izquierda se expone como rival de la maquinaria de su contrincante Galán; y aún más interesante con Daniel Quintero que romperá la cultura de derecha de Medellín.
  • Petro 2022 y los electores que ahora ven a Galán como el institucionalista que necesita el caos; y Medellín que retoma la senda conservadora con Fico Gutiérrez.

Esta dinámica sería interesante, si no fuera por la improvisación que caracteriza los cuatro años de gobiernos regionales. En cada periodo los elegidos se preocupan más por responder a los ataques de sus rivales o contar con trampolines políticos que se asientan como Patrones de la Ciudad (caso Barranquilla con los Char), candidatos presidenciales (Petro y Quintero como alcaldes), o convertirse en jefes regionales (Caso Dilian Francisco Toro en el Valle o Eduardo Verano en el Atlántico).

Le recomendamos: #LaMarchadelaMayoría en un país sin mayorías

Poco esfuerzo y ley de gravedad

En esta dirección, la estrategia de comunicación política de las campañas brilló por aplicar dos leyes:

  • La del menor esfuerzo: a excepción de la reñida competencia por la alcaldía de Cali, no había gran cosa por decir. Más bien se optó por esquivar el escándalo que evitara los triunfos seguros. La voz falsa y de tono sexual en un video de Fico Gutiérrez o la inteligencia artificial impostando a Galán fueron apenas anécdotas que les sirvió para autorrepresentarse como víctimas de la campaña sucia -en las que somos amateurs si nos comparamos con la agresividad de las elecciones en Estados Unidos–.
  • Ley de la gravedad: se esperaba que bajara la efervescencia por el gobierno del cambio, y que era predecible ante la complejidad de ser oposición y pasar a ser gobierno. En segundo plano quedan propuestas de infraestructura, movilidad, innovación, ciencia, tecnología y educación. Lo importante es mover dos emociones primarias: frustración y revancha.

La tendencia en TikTok es útil en la comunicación política de campaña porque apela al relato emotivo, carente de profundidad y estructurado en una narrativa prototípica de héroes salvadores de “su pueblo” o “su gente”.

De candidatos a influencers

Como lo afirma Cervi, las campañas políticas han cambiado con las redes sociales.

En las presidenciales de 2022, Rodolfo Hernández se autoproclamó “El rey del TikTok”  y con esta exótica estrategia logró llegar a segunda vuelta.

Aunque todavía las campañas en redes son incipientes, estas elecciones demostraron el interés por conectar con las plataformas digitales. Un imaginario errático sugiere que las redes sociales están orientadas a públicos jóvenes. Nada más alejado de la realidad. En una encuesta realizada por HubSpot se reveló que los usuarios mayores de 35 años superaron a la generación Z (nacidos entre 1997 y 2005).

La tendencia en TikTok es útil en la comunicación política de campaña porque apela al relato emotivo, carente de profundidad y estructurado en una narrativa prototípica de héroes salvadores de “su pueblo” o “su gente”. No hay tiempo para explicar propuestas, pues lleva a confusiones técnicas y perder votantes.

En X (antes Twitter), el tono verbal se ubica en el plano de la acusación, la polémica y el escándalo, o en el caso que han inaugurado Petro y López, como vía para el enfrentamiento por el Metro de Bogotá, o Quintero con su tono provocador a la oposición en Medellín.

Este nuevo contexto permitió que los candidatos explotaran las posibilidades de producción audiovisual. Mediante TikTok, ampliaron la cobertura de los performance que suelen hacer cuando se hace campaña en plaza pública: mostrarse como seres humanos frágiles, con una estructura familiar sólida, defensores de perros y gatos, chistosos y cercanos a la cotidianidad del ciudadanos de a pie.

En el caso de candidatos a ediles, concejales y asamblearios departamentales, las redes sociales han significado un abaratamiento de costos y también la posibilidad de competir ante una sobrepoblación de candidatos. Buena parte de estos candidatos pueden no considerar las implicaciones del trabajo en estos órganos decisorios, pero entienden que es una oportunidad para aumentar los seguidores en redes, aumentar la visibilidad de sus emprendimientos y en jerga de mercadeo político “hacerse contar en las urnas”.

¡Son las encuestas, estúpido!

A los estrategas de la comunicación política se les cruzó el negocio de las encuestas y el furor por la ciencia de datos. Al finalizar las elecciones, hubo algunas sorpresas, pero lo cierto es que triunfan las tendencias y de manera implícita guían a los electores a un escenario de voto útil.

Google Trends analiza una muestra de las búsquedas de Google para determinar cuántas búsquedas se llevaron a cabo en un período de tiempo específico. Cuando se buscan varios términos en Trends, se verá un mapa comparativo donde aparecen los términos o temas más buscados en cada región. Las cifras del gráfico no representan el volumen absoluto de búsquedas porque los datos se normalizan y se presentan en una escala de 0 a 100, en la que cada punto del gráfico se divide por el punto mayor o 100.

Los datos de Google Trends en Bogotá, Medellín y Cali revelan que las encuestas dominan el panorama electoral y que un candidato que no aparezca en las mediciones queda condenado al imperio de la relevancia estadística.

Como muestran las gráficas 3, 4 y 5, temas cruciales en la democracia como las propuestas o los debates (que tienen el músculo financiero de los medios masivos de comunicación) no lograron captar el interés de los usuarios.

Parece que estamos ante una tendencia de largo aliento: popularidad de datos ágiles que permitan tomar decisiones ante la falta de tiempo para decisiones informadas o de lectura argumentada y razonada. Incluso, los candidatos han optado por cumplir la disposición normativa de presentar los planes de gobierno con documentos cortos y genéricos.

Y en la mediocridad de la comunicación política orientada a campañas electorales, siempre queda la pregunta del día después cuando se deben tomar decisiones que afectan a los territorios. El sistema es tan flexible que permite la representación política con fórmulas improvisadas, políticos en cuerpo ajeno y reformas a pupitrazo.

Nuestra cultura política es tan frágil que todavía confiamos en líderes mesiánicos que resuelvan los problemas de violencia, exclusión e injusticia con una vara mágica

La polarización no está entre derecha e izquierda…la división está entre votantes y abstencionistas. Ojalá algún día una firma encuestadora o un mecenas se diera a la tarea de caracterizar esa franja de la población que desconfía de las instituciones y resuelve su vida en la esfera privada.

Interesante analizar la perspectiva de divulgación que tomarán los elegidos. Es claro que una cosa es la comunicación política para enamorar electores, y otra, la comunicación gubernamental que debe lidiar con el golpe de realidad en la vida cotidiana, y la ausencia de conceptos técnicos para formular proyectos de país con visión de largo plazo; ahí es cuando llega la tristeza de las promesas no cumplidas, y se repite el ciclo trágico del voto castigo y revanchista.

Tal vez el problema no sea de redes sociales, sino de ausencia de pedagogías y alfabetizaciones para hacer de la comunicación política una herramienta para el cambio y no un instrumento para el burdo montaje de la representación política.

Lea en Razón Pública: La política del clic

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Jaime Wilches

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Jaime Wilches

*Doctor Cum Laude en Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), magíster en Estudios Políticos, especialista en Gestión de Ciudad y Territorio, comunicador social y politólogo, docente e investigador del Politécnico Grancolombiano.

Foto: Twitter: María Fernanda Cabal

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La derecha y la izquierda dicen que sus marchas son originales y representativas. Pero estas marchas son viejas y el país que “representan” no está en Twitter ni confía en la democracia y sus instituciones. ¿Otros cuatro años perdidos para Colombia?

Jaime Wilches*

Después del paro del 2021

La #LaMarchadelaMayoría o de la oposición de este martes 20 de junio se anunció y fue presentada por algunos medios como un hito en la historia nacional. Pero en verdad no lo fue.

Y esto que digo nada tiene que ver con la deslegitimación de la protesta: las fuerzas de la derecha ya habían demostrado su poder de convocatoria el 4 de febrero de 2008, con la “marcha del millón de voces” contra las FARC.

La marcha del 7 de junio a favor del gobierno tampoco fue multitudinaria y, según la Policía, convocó menos gente que la de este martes: las fuerzas de la izquierda están celosas porque sienten que la derecha les quitó su espacio de expresión preferencial.

Las dos orillas están obsesionadas en demostrar que son menos corruptas, clientelistas y violentas que su contraparte.

Pero las dos creencias están equivocadas porque olvidan que el estallido social bajo el gobierno Duque dejó la plaza pública agotada y banalizada. Ahora se incursiona en la protesta callejera sin necesidad de una causa histórica o de una organización cohesionada de movimientos sociales.

Le recomendamos: La protesta acompaña a la democracia

Dos versiones de lo mismo

Las marchas seguirán. Hay un cóctel “explosivo” (para utilizar la jerga reciente de la revista Semana), entre un gobierno que se aferra a mantener un discurso populista de balcón con fragilidad en los argumentos técnicos, y una oposición intransigente que no se resigna a perder el poder político y económico.

En un lugar secundario quedan las ideas o consignas del activismo digital o de la plaza pública. Lo importante es que la foto refleje que somos más los buenos que los malos y que el filtro demuestre que somos “verdadera mayoría”.

Lo interesante en los dos casos es que ninguno está interesado en demostrar que es la mejor propuesta para la transformación del país. Las dos orillas están obsesionadas en demostrar que son menos corruptas, clientelistas y violentas que su contraparte.

Y para esta explicación breve de lo que sucede, es oportuna analizar el pasado del revanchismo social, el presente de la euforia mediática y el futuro de un país sin nación y territorio.

El revanchismo social

Los estrategas del marketing nacionalista suelen mostrarnos como un país diverso en la cultura. Nada más alejado de la verdad: somos una nación intolerante a ordenes alternativos y reaccionaria a una transformación que amenace los valores de Tradición, Familia y Propiedad.

Aun siendo válida esa narrativa multicolor, se ha demostrado que las fuerzas alternativas que hoy tienen el poder político también están confundidas, se pierden entre tanta pluralidad y acaban cometiendo los mismos errores del establecimiento.

Y esto ha llevado a lo mismo de siempre. La historia de 213 años de vida republicana que Indalecio Liévano retrató con genialidad en el siglo pasado con su obra “Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia”: Centralistas vs Federalistas, Liberales vs Conservadores y ahora Uribistas 2.0 vs Petristas.

Una narrativa mediada por la constante sed de revancha, de rabia cuando se es excluido del juego político, de exacerbar las virtudes del amigo y de cobrar con sevicia los errores del enemigo ideológico.

Por esa razón, los extremos están enfocados en replicar las tácticas de su contraparte, con el objetivo de demostrar que nadie puede tirar la primera piedra —traducción: nadie tiene respeto por la esfera pública y por eso es mejor cooptarla para intereses sectarios—.

Si la derecha apostaba por la repartición burocrática para gobernar, la izquierda también lo hizo para llegar a la Casa de Nariño (con las predecibles consecuencias que dejan para los dos bandos cuando se unen en particulares contubernios).

Si la izquierda apostaba por la plaza pública, la protesta y el movimiento popular, la derecha también sale a marchar, hace pancartas y compra megáfonos para gritar sus consignas emotivas.

Y para dar más gasolina al conflicto se le suma que cada bando tiene medios de comunicación y redes sociales para trasmitir su verdad buena, pura y objetiva y censurar al otro mentiroso, sesgado y manipulador.

Impresionante, Revelador, Explosivo y Urgente

La izquierda siempre se ha sentido por fuera del juego mediático y acusa a la oligarquía del control de los medios. Aunque no fuera precisamente un adalid del petrismo, Daniel Coronell se erigió como el héroe antiuribista.

La derecha no se iba a quedar atrás y durante años buscó a su heroína. RCN no sirvió porque su producción es mediocre y necesitaban personalizar el campo de lucha por la esfera mediática. Apareció Vicky Dávila y con ella recibió como como botín la revista Semana, y una caja de negra de adjetivos Impresionantes, Reveladores, Explosivos, Gravísimos y Urgentes, con el propósito de encender la opinión pública

Petro no tiene medios y se ve abocado a defenderse desde su tribuna tuitera. Esto lo lleva a cometer errores y declarar la guerra mediática en 140 caracteres, lo cual pone a la contraparte en la cómoda actitud de llamar a la libertad de expresión y la defensa de la democracia frente a los abusos del gobierno.

Los periodistas, al igual que los populistas, anteponen la vanidad de su nombre a los deberes del medio o a los límites éticos de la información. Lo importante es convertirse en mártires: Coronell lo había logrado frente a Uribe y ahora Vicky lo ha logrado a tal punto que la marcha del 20 de junio lo reconoció en pancartas que defendían su lucha contra “el establecimiento”.

Mientras tanto, el otro país se levanta a trabajar, a vivir del olvido de las regiones o a soportar la congestión de las ciudades, o de los actores armados

Foto: Twitter: Vicky Dávila - Petro no tiene medios de su lado y usa su Twitter para defenderse. Sin embargo, ha cometido errores que han llevado a la derecha a reclamar la libertad de expresión.

Y el país

Y en medio del almendrón que propuso Hernando Gómez Buendía “la viveza individual y la bobería colectiva”, se asiste a un desgastante espectáculo de auto-referenciación donde   cada bando dice ser mayoría porque marchan en los habituales escenarios de Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla.

Mientras tanto, el otro país se levanta a trabajar, a vivir del olvido de las regiones o a soportar la congestión de las ciudades, o de los actores armados que tienen un sincretismo excepcional de derecha-izquierda y mantienen el orden en un singular modelo de gobernanza criminal.

Un país que no le interesa Twitter (reservado para algunos entusiastas e histéricos), lee poco porque no hay mucho tiempo y porque la pandemia aceleró el reloj, y espera con paciencia a que los trancones se resuelvan mientras los activistas marchan a favor “de su pueblo”.

El futuro es preocupante porque las marchas aumentarán, Vicky Dávila se atrincherará en su extremismo, los sectores alternativos se radicalizarán y el país quedará sin los cambios que son necesarios y que se aprueban o desaprueban a pupitrazo en el Congreso de la República.

Ah, y las elecciones regionales serán decididas por esa fracción de país dedicado a insultar, amenazar o boicotear cualquier acción racional que huela a coexistencia en la diferencia.

Mientras tanto el país “de las mayorías” ignoradas e instrumentalizadas seguirá manteniendo su abstencionismo, su desconfianza de las instituciones, y hará lo de siempre: resolver la vida cotidiana como vaya saliendo, con o sin ayuda de la legalidad.

Si una opción de derecha llegará a ganar en el 2026, el revanchismo social seguirá utilizando la misma táctica de espejo retrovisor. A Indalecio Liévano le hubiera encantado retratar este nuevo e inservible capítulo de nuestra conflictividad social.

Puede leer: Qué nos dicen las movilizaciones de Petro y de la oposición

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Jaime Wilches

*Doctor Cum Laude en Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), magíster en Estudios Políticos, especialista en Gestión de Ciudad y Territorio, comunicador social y politólogo, docente e investigador del Politécnico Grancolombiano.

Foto: Cámara de representantes - Exigir la renuncia de los funcionarios públicos implicados en escándalos de plagio se ha convertido en un deporte nacional.

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jaime wilches

El plagio de la presidenta de la Cámara de Representantes revela los muy graves defectos de las universidades colombianas. La renuncia de la funcionaria no resolvería los problemas de fondo.

Jaime Wilches*

El país de los escándalos

Exigir la renuncia de los funcionarios públicos implicados en escándalos de plagio se ha convertido en un deporte nacional.

En las pocas ocasiones cuando uno que otro político se marcha, se oyen gritos de celebración en las redes sociales. Pero el problema de fondo queda intacto.

Por ejemplo, Karen Abudinen renunció al Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones cuando su apellido fue utilizado en redes sociales como sinónimo del verbo robar. Pero de los 70 mil millones no volvimos a saber nada. Al parecer quedarán en el museo de la corrupción.

Y la lista sigue: los familiares de reconocidos personajes de la farándula implicados en el narcotráfico corroboran que estamos lejos de superar la narcocultura, pero sus sanciones quedaron reducidas a un meme.

Ese era el tema de este artículo, pero como es habitual en Colombia apareció un nuevo escándalo que tapó el anterior. La semana pasada la Universidad Externado confirmó que la presidenta de la Cámara de Representantes Jennifer Arias cometió plagio en su tesis de maestría. Rápidamente, la palabra de moda inundó las redes sociales: renuncie. Pero su improbable renuncia sería inútil, pues no aleccionará a nadie ni cambiará la forma de hacer política en Colombia.

En las pocas ocasiones cuando uno que otro político se marcha, se oyen gritos de celebración en las redes sociales. Pero el problema de fondo queda intacto.

Ni la civilizada y desarrollada Alemania se salva de estas situaciones. En 2011, el ministro de Defensa Karl Theodor zu Guttunberg admitió el plagio de su tesis doctoral y presentó su carta de renuncia, pero el “triunfo” mediático fue pasajero, pues al poco tiempo el político de derecha volvió a presentar su tesis y actualmente hace giras políticas y es aplaudido en la plaza pública.

Cinco omisiones importantes

Lo de veras preocupante del escándalo de Arias es que los medios se han negado a reconocer que la academia y la universidad son responsables de que los plagios se hayan convertido en una práctica habitual. A continuación, expongo cinco puntos que han omitido los medios:

  1. El plagio ha desbordado a la academia

El afán por conseguir títulos, la flexibilidad ética y la cultura del atajo han invadido la comunidad docente y estudiantil. Una investigación más profunda y menos mediática revelaría que un porcentaje considerable de trabajos de grado se pasan por la faja el respeto a los derechos de autor.

  1. Las universidades anteponen la cantidad a la calidad de los graduandos No es un secreto que la educación privada está atravesando una crisis, y que muchas veces los profesores reciben sutiles recomendaciones para que “pasen el estudiante”, pues el objetivo principal es mover el mercado de títulos.

Hoy existe una sobreoferta de cupos universitarios que obliga a competir con precios y con licencias en el desarrollo de trabajos de grado o eufemismos como los “conductos regulares” en donde las directivas muchas veces se inclinan a dar la razón al estudiante para evitar tutelas y derechos de petición.

Pero hoy por hoy sin duda gana el espectáculo y el Externado salió bien librado pese a que debió descubrir el plagio cuando Arias presentó su tesis y no ahora.

  1. Las investigaciones tienen poco o ningún impacto

Las Universidades están obsesionadas con los rankings internacionales, pero la obsesión ha sido improductiva, pues ninguno de los 6.000 investigadores más citados del mundo es colombiano.

Un fenómeno menos visible que el plagio, pero más dramático, es la aceptación de tesis donde prima el “plagio diplomático”, es decir, que se limitan a citar con normas APA lo que otros han dicho sin aportar absolutamente nada nuevo al campo de conocimiento.

  1. Las universidades exigen requisitos inútiles

Para los estudiantes es difícil aportar algo nuevo al canon académico porque las universidades exigen un sinnúmero de minucias administrativas que carecen de sentido y son condescendientes con el plagio y el plagio diplomático.

  1. Las personas estudian por razones equivocadas

El deseo de adquirir y producir conocimiento no es la principal motivación para realizar un posgrado. Las universidades venden estos programas como tablas de salvación económicas, aunque en la práctica no lo sean. Expresiones como “Necesito graduarme”, “Me están pidiendo el título” o “Cuando me gradúe me van a ascender” dan cuenta de las motivaciones que impulsan a los estudiantes a realizar estudios especializados. En el fondo, se trata de una cuestión de reconocimiento económico y social, y no de un interés genuino en el conocimiento.

Puede leer: El gobierno colombiano desprecia la ciencia

Un país confundido

Por supuesto, estos diagnósticos no niegan la existencia de profesores, estudiantes y universidades cuyo deseo es el conocimiento.

Pero hoy por hoy por hoy sin duda gana el espectáculo y el Externado salió bien librado pese a que debió descubrir el plagio cuando Arias presentó su tesis y no ahora.

Como señala Mauricio García Villegas en El país de las emociones tristes (2020), Colombia es un país confundido en la administración de sus sentimientos. Y esa confusión hace difícil encontrar los rumbos éticos. Unos piden renuncias, otros se aferran a sus puestos y otros prefieren callar y esperar que la marea del escándalo se calme. Lo más grave es que muchos quedan con la sensación de que para lograr cosas grandes hay que ser deshonesto como Arias.

Seguramente, la próxima semana habrá un nuevo escándalo, y una nueva petición de renuncia a un funcionario público cuyos actos dan cuenta de nuestra hipocresía social.

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Jaime Andrés WilchesGina Rico A tres semanas del plebiscito, los dos bandos insisten en las viejas estrategias de la politiquería pero no logran llegarle a la gente del común. Los argumentos no existen o no mueven, y la batalla confusa se ha venido desplazando hacia las redes sociales.

Gina Paola Rico* – Jaime Andrés Wilches**

Continue reading «Los problemas del “sí” y el “no” para comunicar sus mensajes»

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Promenade des Anglais en Niza, lugar del ataque terrorista

Jaime WilchesPara enfrentar el terrorismo en el corazón de Europa hay que ir más allá de las declaraciones de estados de emergencia y comenzar una reflexión a fondo sobre cómo se puede coexistir en medio de las diferencias en el mundo contemporáneo.

Jaime Andrés Wilches*

Continue reading «Atentado en Niza: ¿cómo parar el terrorismo?»

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Memorial a las víctimas de los bombardeos en la capital belga de Bruselas.

Hugo GuerreroJaime WilchesLa continua estigmatización del Medio Oriente y de todos los pueblos considerados “bárbaros” por el pensamiento occidental acabó por exacerbar el odio global, y ha desembocado en una guerra que se lleva a cabo con la peor de las armas: el terror. 

 Hugo Fernando Guerrero* – Jaime Andrés Wilches**

Continue reading «Profecías autocumplidas y terrorismo internacional»

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jaime wilchesLo sucedido con uno de los clubes de fútbol más populares de Argentina es un pretexto para reflexionar sobre nuestros modos de vivir y de pensar. Ojalá la realidad entusiasmara tanto a tanta gente…

Jaime Wilches*

Continue reading «River Plate y nosotros: relato de un descenso social»

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jaime wilchesEl ganador en el cierre de la campaña electoral es el gobierno saliente. Los candidatos temen contradecir tesis que cuentan con un 70% de popularidad y omiten problemas gruesos en los espacios para el debate. El paramilitarismo es uno de los temas que no salieron en la balota de preguntas.

Jaime Wilches*

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*Doctor Cum Laude en Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), magíster en Estudios Políticos, especialista en Gestión de Ciudad y Territorio, comunicador social y politólogo, docente e investigador del Politécnico Grancolombiano.

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jaime_wilches Unos dirán que el deporte aliena al pueblo, otros dirán que al equipo le faltó verraquera y las autoridades anunciarán una re-estructuración. Tres eliminaciones sucesivas de un mundial de fútbol deberían ayudarnos a entender que las cosas no dependen de encontrar un culpable ni buscar un salvador.

Jaime Wilches *

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Jaime Wilches

Escrito por:

Jaime Wilches

*Doctor Cum Laude en Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), magíster en Estudios Políticos, especialista en Gestión de Ciudad y Territorio, comunicador social y politólogo, docente e investigador del Politécnico Grancolombiano.

ISSN 2145-0439

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