Marcos Peckel, autor en Razón Pública
Foto: Wikimedia Commons

Compartir:

Una historia resumida del conflicto palestino-israelí. Estos son los argumentos de Israel para justificar su operación en Gaza.

Marcos Peckel*

Rodeado de enemigos

El 14 de mayo de 1948, el Estado de Israel declaró su independencia sobre la base de la resolución de partición de la ONU de 1947 que establecía el principio de dos Estados para dos pueblos.

Ese mismo día Israel fue atacado por los ejércitos de la liga árabe, organismo fundado en 1945, que había decidió no permitir la creación del Estado Judío. La guerra, que duró más o menos un año, concluyó con armisticios con Egipto, Siria, Líbano y Jordania.

Esta guerra declarada a Israel impidió la creación del Estado Árabe, cuyas tierras asignadas en la resolución 181 quedaron así:  Cisjordania, en poder de Jordania, Gaza administrada por Egipto y las otras en Israel.

El tema no volvió a aparecer en la agenda internacional hasta después de la guerra de los seis días (1967), cuando Israel ocupó Gaza y Cisjordania además del Sinaí, ya devuelto a Egipto a cambio de la paz, y las alturas del Golán.

Le recomendamos: Medio Oriente 2023: incierto Ciclón geopolítico

La paz de Oslo

Pasarían 45 años para que israelíes y palestinos se sentaran a negociar un acuerdo de paz.

El 13 de septiembre de 1993 se hacía historia. El mundo observaba atónito como el primer ministro de Israel Yitzhak Rabin y Yasser Arafat rubricaban en la Casa Blanca, bajo la mirada del presidente Bill Clinton, los acuerdos de paz entre el Estados de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Israel, representada por Barak y por su canciller Shlomo ben Ami, aceptó en su totalidad los “parámetros del Clinton”; pero Arafat fue incapaz de renunciar a su dogma de no aceptar la existencia del Estado Judío.

Los acuerdos de Oslo, llamados así porque fue allí donde negociaron en secreto durante más de dos años los delegados del gobierno de Israel, los de la OLP y académicos para elaborar los textos que deberían poner fin al conflicto.

Se trataría de un proceso gradual para llegar a la creación de un nuevo Estado; Israel se iría retirando de territorios de Gaza y Cisjordania,  entregando su administración a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), ente creado en el marco de los acuerdos. Yasser Arafat, presidente de la ANP elegido en 1994, se comprometía a evitar la violencia y mantener la paz.

Como en todo acuerdo de paz, surgieron enemigos en ambos lados.  Rabin pagó con su vida, asesinado por un extremista judío, mientras que, en el campo palestino, Hamás, organización radical sunita surgida en 1987 como alternativa a la OLP,  comenzó su campaña para descarrilar los acuerdos mediante el terrorismo suicida.

A pesar de los enemigos y los obstáculos, se avanzó en realizar los acuerdos, Arafat encarceló a los lideres de Hamás, e Israel cumplió con los hitos intermedios. Para el año 2000,  el 97% de la población palestina en Gaza y Cisjordania se encontraba bajo el gobierno autónomo palestino y la violencia había disminuido sustancialmente.

Los acuerdos estipulaban que, transcurridos cinco años, las partes se reunirían para finiquitarlos y arreglar los temas pendientes: fronteras, Jerusalén, refugiados, seguridad y asentamientos.  Por eso en julio de 2000 el presidente Clinton convoca en Camp David al primer ministro de Israel Ehud Barak y al presidente palestino Yasser Arafat a una cumbre de la cual debía salir el acuerdo de paz definitivo.

Tras más de dos semanas de deliberaciones el presidente de Estados Unidos presenta su propuesta de paz, conocida como “los parámetros de Clinton” que establecían lo siguiente: Se crearía un Estado Palestino independiente en Gaza y Cisjordania, con leves modificaciones a las fronteras de 1967; Jerusalén sin ser dividida, sería la capital de ambos Estados, habría un arreglo especial para los lugares sagrados, e Israel desmantelaría los asentamientos ubicados dentro del Estado Palestino.  El Estado Judío tendría garantías de seguridad y los refugiados palestinos se asentarían en el Estado Palestino, Israel aceptaría un número importante para reunificación de familias.

Israel, representada por Barak y por su canciller Shlomo ben Ami, aceptó en su totalidad los “parámetros del Clinton”; pero Arafat fue incapaz de renunciar a su dogma de no aceptar la existencia del Estado Judío. Arafat enterró en ese momento al Estado Palestino. Hasta su muerte en 2004, se mantuvo fiel a su doctrina de todo o nada.

El ocaso de Oslo

A su regresó a Ramala, Arafat abrió las puertas de las cárceles y liberó a los lideres de Hamas, incluido el Sheik Ahmed Yassin (fundador del movimiento), dándoles rienda suelta para la que se conoce como segunda Intifada (2000 a 2005). Esta fue una arremetida de terroristas suicidas, jóvenes adoctrinados en el odio y armados con cinturones de dinamita, que durante los siguientes cinco años llevaron a cabo dos centenares de ataques con un saldo de unos mil cien judíos asesinados en discotecas, universidades, restaurantes, buses, centros comerciales, etc.

Hamás estaba cumpliendo el mandato declarado en su carta fundacional: matar judíos y destruir a Israel; sus actos dieron muerte al acuerdo de Oslo y quitaron apoyo a la paz por parte de la opinión pública de Israel: “les dimos todo y así nos pagan”.

Tras la llegada de un nuevo presidente palestino en 2002, Mahmud Abbas, el primer ministro de Israel Ariel Sharon retiró toda la presencia israelí de Gaza y le entregó las llaves a Abbas. Dos años más tarde Hamás expulsaba de Gaza al gobierno legítimo de la Autoridad Palestina y tomaba control total de la franja, que ha utilizado desde entonces para llevar a cabo ataques contra la población civil de Israel. En ese momento Israel y Egipto impusieron el bloqueo sobre Gaza.

El “concepto”

En Israel y en la comunidad internacional se instaló el “concepto” de que Hamás sería un actor responsable porque tenía bajo su gobierno a dos millones de palestinos residentes en Gaza.

Cada cierto tiempo (2009, 2012, 2014, 2021)   empezaba una ronda de lanzamiento de cohetes contra Israel  (ya van más de 30 mil),   que concluía con una tregua mediada por Egipto y Qatar, que enviaban millones de dólares para la “reconstrucción” pero Hamas los utilizaba para sus túneles y arsenal.

Desde que gobierna Gaza, Hamás no se ha ocupado de los habitantes de la franja, unos dos millones, a quienes usa como escudos humanos y se lucra de su sufrimiento. En palabras de uno de sus fundadores, Mousa Abu Marzouk hace unos días, “Los túneles son para nosotros los combatientes, que la gente arriba se organice como pueda, que Naciones Unidas los cuide”.

No es el concepto, es la carta fundacional

Pero ese “concepto” no es lo que Hamás y su padrino Irán tenían en mente, sino aplicar la carta fundacional del movimiento cuando llevaron a cabo la masacre de este 7 de octubre.

Ese día unos mil cuatrocientos civiles fueron acribillados en sus hogares, mujeres violadas y quemadas, fetos muertos por bayoneta,  jóvenes asesinados en un festival de música y unos 240 secuestrados, la mayoría niños, mujeres y ancianos.  El “timing” de la operación está relacionado con a Irán le preocupaban los acercamientos que se estaban dando entre Israel y Arabia Saudita. Teherán dio la orden de atacar y el “concepto” quedó hecho añicos.

Foto: Flickr: Gaza-Palestine - Hamás nunca se ha preocupado por los habitantes palestinos de la franja. En los últimos días Mousa Abu Marzouk afirmó que los túneles eran para los combatientes y que la gente debe organizarse como pueda.

La única forma de comenzar a salvar la solución de dos Estados, a los palestinos de Gaza, al pueblo palestino y a la región, es degradar a Hamás

El ataque del 7 de octubre ha servido además para desenmascarar a amplios sectores progresistas que han salido a las calles en Occidente a celebrar la masacre y destilar su odio a los judíos y a Israel. Los palestinos los tienen sin cuidado.

Israel, que se encontraba en medio de un debate interno por la reforma judicial propuesta por el gobierno Netanyahu, se unió en un monolito para ejercer su derecho a la legítima defensa, a recuperar su capacidad de disuasión y asegurarse que lo que ocurrió el 7 de octubre no vuelva a suceder.

Israel enfrenta una amenaza existencial por parte del eje liderado por Irán, que nunca ha ocultado su intención de destruirle, el cual incluye principalmente a Hamás y Hezbollah, además de milicias shiitas regadas por la región que han desestabilizado y destruido Estados árabes: Yemen, Siria, Irak y Líbano Las comunidades judías del mundo entero se han unido en su apoyo a Israel en esta guerra de supervivencia.

¿Qué sigue?

La única forma de comenzar a salvar la solución de dos Estados, a los palestinos de Gaza, al pueblo palestino y a la región, es degradar a Hamás, sacarlo del gobierno de Gaza, destruir su capacidad militar y enviarle un mensaje contúndete a Irán.

Esta tarea solo la puede hacer Israel y ya está haciéndola, a un precio muy alto en su imagen internacional, en vidas de civiles palestinos cuya responsabilidad es principalmente de Hamás y en un aumento inusitado del antisemitismo alrededor del mundo.

Una vez que Hamas haya sido removido se podría volver a hablar de paz. Será un camino culebrero, con inmensas dificultades, lleno de encrucijadas donde podría tomarse el rumbo equivocado, pero al final del día no hay alternativa a la solución de dos Estados y esa es la que se debe buscar, hoy mañana y siempre.

Vea en Razón Pública: ¿Hará daño la tensión entre el Presidente y su Canciller con Israel?

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

Foto: Wikidata

Compartir:

La nueva geopolítica regional muestra el debilitamiento de viejas alianzas y la prevalencia del pragmatismo e intereses puntuales en un ambiente convulso y cambiante.

Marcos Peckel*

El horizonte

Decía alguien que la geopolítica del Medio Oriente es tan clara como el barro.  Entrando al 2023 la afirmación parece ceñirse como guante a una realidad cambiante y convulsa.  La geopolítica regional es fluida, pragmática e hibrida, a la vez que incierta e impredecible. En cualquier momento puede estallar una crisis y expandirse de diversas maneras a toda la región.

La guerra de Ucrania ha tenido un efecto directo e inmediato en el Medio Oriente. Por un lado, ha causado un aumento de los precios de los hidrocarburos beneficiando a los ricos de la zona, los países del Golfo, pero creando crisis inflacionaria, alimentaria y social en los países pobres. De igual manera, la guerra ha puesto a varios países a hacer equilibrismo geopolítico, especialmente a los aliados de Estados Unidos como Israel, Arabia Saudita, Turquía   y los Emiratos Árabes que no han roto con Moscú ni se han plegado a las sanciones impuestas por Occidente.

Para Israel, mantener sus cordiales relaciones con Rusia le permite actuar libremente en cielos sirios atacando objetivos iranies y de Hezbollah, libertad de maniobra que Israel no puede poner en riesgo alienando al Kremlin.

El cisma geopolítico que ha fracturado al Medio Oriente entre shiismo y sunismo, enfrentando a Arabia Saudita con Irán y sus proxis en Líbano, Irak, Siria y Yemen es una catástrofe sin luz al final del túnel.

Otro efecto de la guerra es la creciente alianza entre Rusia e Irán, en la que a   cambio de drones y misiles iraníes, Teherán se beneficia de apoyo diplomático, armamentístico y en tecnología nuclear por parte del Kremlin.

En el mundo multipolar y de rivalidad entre las potencias, se presentan desafíos y oportunidades para los Estados de la región.  Atrás queda el relacionamiento en blanco y negro estilo Guerra Fría, estás conmigo o contra mí. Arabia Saudita, por ejemplo, se dio el lujo de rechazar los ruegos de Estados Unidos, su gran aliado, para elevar la producción petrolera a la vez que ha convertido a China es su principal socio comercial.

Puede leer: Así cambió el mundo en el 2022

Foto: Wikimedia Commons - Aunque las protestas en Irán iniciaron por el asesinato de Mahsa Amini, se han convertido en un rechazo hacia el líder Ali Khamenei.
El cisma geopolítico que ha fracturado al Medio Oriente entre shiismo y sunismo, enfrentando a Arabia Saudita con Irán y sus proxis en Líbano, Irak, Siria y Yemen es una catástrofe sin luz al final del túnel. Mientras que el cisma entre países del Golfo por un lado y Qatar y Turquía por el otro ha cedido tras el final del bloqueo que le impusieron a Doha sus vecinos y el realineamiento de la política exterior turca, reforzando sus relaciones con Arabia Saudita, los Emiratos e Israel.

Los acuerdos de Abraham que acercaron a Israel con países árabes (Emiratos, Marruecos, Bahréin y Sudán) sumados a los coqueteos entre el Estado Judío y el Reino Saudí significan un cambio fundamental en la arquitectura de seguridad regional y en el entorno geopolítico.

Tras los fracasos acumulados en Irak y Afganistán y su “victoria” contra el Estado Islámico, Estados Unidos, que sigue manteniendo una importante presencia militar con bases en la zona y acuerdos de cooperación, ha decidido reducir su injerencia en la agenda política y diplomática regional.  La prioridad de Washington   se ha concentrado en   revivir el JCPOA —acuerdo nuclear con Irán— esfuerzo al parecer infructuoso.

China, cuyo único interés en la región había sido fundamentalmente energía y comercio, aprovecha los vacíos que dejan Estados Unidos y Rusia para introducir su iniciativa de “Belt And Road”. En ese nuevo marco de políticas y amistades cambiantes, adquiere relevancia la visita del presidente chino Xi Jinping a Arabia Saudita donde se reunió con los líderes del Consejo de Cooperación del Golfo, una especie de patio trasero americano, hasta ahora.

Además, hay que resaltar el incipiente desarrollo geopolítico que se manifestó en la cumbre 2022 del nuevo Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD) entre Estados Unidos, Emiratos Árabes, Israel e India. con el objetivo de fortalecer la cooperación militar, sanitaria, científica, espacial y alimentaria.

La realidad actual del Medio Oriente es que los Estados están en búsqueda de beneficios puntuales, vengan de donde vengan, soltando amarras con viejas alianzas. navegando en las turbias aguas de la nueva geopolítica regional.

Países Árabes- Luces y Sombras

En la mayoría de los estados árabes el panorama es desolador, prevalecen   sistemas políticos autoritarios y estancados, lo que ha creado un abismo entre gobernados y gobernantes.

Las guerras civiles que en los últimos años azotaron Siria, Yemen y Libia, si bien bajaron de intensidad, dejaron en el camino colosales crisis humanitarias, destrucción y Estados fallidos.

Túnez pasó de ser el ejemplo de la Primavera Árabe a una renovada autocracia en cabeza del presidente Kais Sayed. Iraq, atrapado entre Estados Unidos e Irán, es el paradigma de un sistema político paralizado mientras que el país poco ha reconstruido de los estragos  causados por la guerra contra el Estado Islámico.

Líbano, la otrora Suiza del Medio Oriente, es un Estado colapsado, epicentro del conflicto regional entre Irán y Arabia Saudita, preso del clientelismo y corrupción de los clanes religiosos, con su población empobrecida y desesperanzada.  Líbano encara a diario el riesgo de que Hezbollah inicie una guerra contra Israel con consecuencias devastadoras. Un desarrollo positivo es la firma el pasado año del acuerdo marítimo con Israel que le permitirá explorar yacimientos de gas en el Mediterráneo.

En contraste, la luz brilla en los países ricos del Golfo, dominados por centenarias dinastías históricas, mientras que Marruecos   se constituye, quizás, en el único ejemplo de éxito de la Primavera Árabe tras las trasformaciones constitucionales y políticas iniciadas por el Rey Mohamed VI.

Irán – El Protagonista central  

Lo que ocurra en el Medio Oriente en 2023 dependerá en buena medida del desenlace que tengan en Irán dos acontecimientos en apariencia no conectados: las protestas internas y el agonizante acuerdo nuclear.

Desde mediados de septiembre, tras el asesinato de Mahsa Amini, el régimen de los ayatolas enfrenta unas revueltas que, si bien comenzaron contra la obligación legal de usar el hiyab por parte de las mujeres, se transformaron en el rechazo a la república islámica y su líder supremo, el ayatola Alí Jamenei.

La represión ha sido brutal, centenares han sido asesinados por los esbirros del régimen, miles encarcelados y varios condenados a muerte por protestar. La mayoría de las víctimas son mujeres y niñas que desafían la falta de libertades y la segregación hacia las mujeres en el país.

Nunca, desde la revolución, el régimen sufrió un furor popular de la magnitud del actual.  Jamenei enfrenta el dilema de los dictadores: si ceden, se les va a exigir más, si no lo hacen, las protestan continuarán. La población ha perdido el miedo.

El segundo asunto hace referencia al restablecimiento del JCPOA por su sigla en inglés —el acuerdo nuclear— que parece  tener  nula viabilidad   mientras  que  Irán  avanza  raudo en el desarrollo de  su  programa nuclear armamentístico.   ¿Cuál será la reacción de Estados Unidos e Israel en caso de que Irán se acerque al umbral atómico o incluso realice una prueba?  ¿habrá un ataque preventivo contra sus instalaciones nucleares o se convertirá Irán en un Corea de Norte en la volátil región del Medio Oriente? ¿Comenzará, si es que no ha comenzado ya, una carrera armamentista nuclear en la región?

Irán representa la mayor incertidumbre regional en 2023.

Siria – Assad como Pirro

La guerra civil en Siria, la más cruenta de este siglo, concluyó, en apariencia, con la “victoria” de Bashar al-Ássad, “aceptada” ya por sus otrora enemigos, los países del Golfo y Turquía.

El país de Assad está en ruinas, el costo de la reconstrucción es astronómico y sin embargo no hay alternativa viable al oftalmólogo, quien controla únicamente dos tercios del territorio.  A futuro una posible reducción de la presencia rusa por la guerra en Ucrania podría conducir a un resurgir de la guerra en varios frentes. Turquía, que ocupa una parte del país, pretende ampliar su “corredor estratégico” en la región nororiental en poder de los kurdos, mientras que Israel arreciaría más sus ataques contra la presencia de Irán y sus proxis.

Siria seguirá dando de qué hablar en 2023.

Israel – Palestina                                            

Israel comienza el año con un nuevo gobierno tras las quintas elecciones en menos de tres años, producto de las vicisitudes de un régimen parlamentario en un ambiente de polarización  política.  Tras un año del gobierno más diverso que haya tenido Israel en su historia, Benjamín Netanyahu vuelve al poder con una coalición de partidos de extrema derecha y religiosos que generan inquietud tanto dentro como fuera de Israel.

Al nuevo gobierno habrá que juzgarlo por sus hechos, pero hay que tener en cuenta que Israel cuento con sólidas instituciones democráticas, división de poderes, una activa sociedad civil y es sensible a la  comunidad  internacional,  lo que será  clave para  evitar  posibles excesos por parte del gobierno.

China, cuyo único interés en la región había sido fundamentalmente energía y comercio, aprovecha los vacíos que dejan Estados Unidos y Rusia para introducir su iniciativa de “Belt And Road”.

Israel es  percibido como un jugador esencial en la arquitectura de seguridad regional por su superioridad militar, tecnológica y científica, además de sus vínculos con Estados Unidos, por lo que para países del Medio Oriente  son   beneficiosas  las relaciones  con el Estado Judío, como demuestran   los casos de Turquía que ha  reestablecido  las  relaciones diplomática plenas con Jerusalem   y   Marruecos, que  tras los acuerdos de Abraham ha  llevado los vínculos  con Israel  al plano militar  y de inteligencia.

En el campo palestino la situación es calamitosa, divididos, sin liderazgo, sin horizonte político o diplomático, con un presidente.  Mahmud Abbás, 88, quien gobierna únicamente Cisjordania, se ha anclado al poder durante 18 años y sin sucesor a la vista.   Su estrategia de tornar jurídico un conflicto político acudiendo a instancias multilaterales augura un rotundo fracaso.

Por otro lado, Hamás, la organización islamista que controla Gaza por la fuerza, tiene muy poco que mostrar a sus atribulados habitantes.  Solo destrucción y desesperanza causados por su pésimo gobierno, corrupción y cuatro guerras que comenzó lanzando misiles contra Israel.

La cuestión palestina tiene la capacidad de galvanizar a la región y las perspectivas no son halagüeñas. El pasado año fue testigo de aumento significativo en la violencia entre Israel y los Palestinos en Cisjordania y entre estos internamente.  La solución de dos Estados, la única justa y realista, está más lejos que nunca, pero aún vive.

Le recomendamos: China y Estados Unidos: la gran línea divisoria

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

Foto: Unión Magdalena - Gana Unión Magdalena ante la mirada desconcertada de cualquiera que haya visto un partido de fútbol en su vida.

Compartir:

Marcos Peckel

Irán, Turquía e Israel, los tres países no árabes se erigen como los principales jugadores geopolíticos y los Estados de la región se acomodan a una realidad post – americana y post – petróleo. En ese dinámico entorno, unos progresan y otros se quedan.

Marcos Peckel*

Un año crucial

El año que pasó fue testigo de importantes movidas  geopolíticas en el Medio Oriente y Norte de África —MONA—.

Los acuerdos de Abraham concretados en los albores de la administración Trump, la reiniciada negociación nuclear con Irán, el apocalipsis en el Levante  y una debilitada alianza Turquía-Qatar-Hermanos musulmanes marcan  los hechos geopolíticos quizás más significativos  en la región comenzando el año 2022.

Se trata de una región altamente inestable, sin mecanismos de seguridad colectiva,  en la que arrecian conflictos sectarios,  predominan tiranías monárquicas y militares,  viejas  fracturas  sociales,  territorios sin Estado, pretensiones hegemónicas y  en varios países, desesperanza generalizada de la población.

En el plano  geopolítico, Estados Unidos  trata desde hace años  de  disminuir su  involucramiento   en la región  mientras que   Rusia incrementa  su presencia dentro de limitaciones históricas y  estratégicas.  Irán, Turquía e Israel, los tres países no árabes se erigen como los principales jugadores  geopolíticos y   los Estados  de la región se acomodan a una realidad post —americana y  post— petróleo. En ese dinámico entorno,   unos progresan, otros se quedan.

Israel aprovecha  su fortaleza militar y  creciente  “softpower”, potenciado en su capacidad  tecnológica, sólida  economía y formidables relaciones con Estados Unidos,  para cosechar importantes logros diplomáticos alrededor del planeta.  Un  Irán envalentonado usa sus proxis  para dominar  países vecinos.  Turquía  no oculta sus pretensiones neo-otomanas y  los países del Golfo, bastiones del islam sunita, se alían  con Israel.

En la clasificación de  democracias  del 2021 de  Freedom House, la gran mayoría de Estados de la región aparecen como “no libres”  exceptuando a  Israel y  Túnez;   “libres” y Marruecos y Kuwait;  “parcialmente libres”. En un   abatido  mundo árabe, los países del Golfo, sin ser democracias y Marruecos   gozan de estabilidad  social y política  y crecimiento económico y  enfrentaron  con mayor éxito la pandemia del COVID.

Libia  se transformó en el Somalia del Mediterráneo, Yemen es  víctima de una guerra brutal que enfrenta a Arabía Saudita contra los  Houties, proxis de Irán.   En los últimos dos años, los regímenes  de Argelia y Sudán fueron derrocados por la furia popular y la democracia tunecina, el único resultado positivo de la primavera tambalea frente a fuerzas autoritarias.

Acuerdos de Abraham

En 2020, Israel y cuatro países árabes —Emiratos Árabes, Bahréin, Sudán y Marruecos—firmaron los Acuerdos de Abraham, en honor al padre de las tres religiones monoteístas, inaugurando así una nueva era en el medio Oriente. Atrás quedó el paradigma  de que ningún país árabe normalizaría sus relaciones con Israel hasta tanto no se resolviera la cuestión palestina.   Estos  cuatro países antepusieron sus propios intereses nacionales formalizando y fortaleciendo sus relaciones con Jerusalem.

Además de Irán como enemigo común, los países de golfo ven en sus relaciones con Israel amplias posibilidades  de desarrollo y cooperación en múltiples campos.  Los Emiratos obtuvieron un compromiso  por parte del gobierno de Israel de no anexar territorio en Judea y Samaria lo cual sacó de la agenda ese espinoso tema, abrió el camino a los acuerdos y  dejó abierta la oportunidad  a los palestinos para que en un futuro se unan a los mismos.

Las relaciones de Israel y los Emiratos Árabes   han avanzado a la velocidad de la luz y ya incluyen cooperación militar, científica, académica, comercial y en innovación y emprendimiento. Decenas de miles de turistas han surcado lo cielos en los  recientemente instaurados vuelos directos entre ambos países.

Lo de Marruecos  merece capítulo aparte pues fue una  magistral jugada diplomática  del expresidente americano  Donald Trump quien a cambio de que Rabat  normalizara sus relaciones diplomáticas con Israel, reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental.  Los dos países, unidos por centenarios lazos históricos, profundizan sus relaciones con visitas de dignatarios israelíes a Rabat, apertura de embajadas, vuelos directos y cooperación en seguridad.

Es de esperar que otros países se unan a los acuerdos de Abraham  incluyendo, quizás,  “la joya de la corona”, Arabia Saudita.

La reacción palestina a los acuerdos  se enmarca dentro del negacionismo  que ha caracterizado sus posturas por décadas. A los Emiratos y Bahréin  los acusaron de traición, aunque  con Marruecos su reacción fue  más medida.   En tanto subsista la división entre  Hamás y Fatah,  el apoyo y apología al terrorismo y la parálisis en el liderazgo palestino, poco se avanzará en la paz, en una región en que algunos emprenden un nuevo rumbo hacia la reconciliación y el progreso y otros se quedan en el pasado de resentimiento y odio.

Foto: Pixabay - Las apuestas ilegales se estiman en 1,7 billones de dólares al año.

Puede leer: Biden y su política con Medio Oriente

Irán nuclear

Lo que ocurra en el 2022 en la región de MONA dependerá en buena medida el resultado de las actuales conversaciones en Viena  destinadas o lograr  el regreso de Teherán al cumplimento  de los términos  del   acuerdo nuclear  de  2015, tras la  unilateral retirada de  Estados Unidos  en  la administración Trump. Irán  busca  que se levanten las  draconianas sanciones que ha impuesto Washington,   sin embargo,   ha dado pocas señales de flexibilidad en su postura.  El  director general de la AIEA, Rafael Grossi ha manifestado acerca de Irán que “no hay ningún país que haya llegado a esos niveles de enriquecimiento de uranio, salvo aquellos dotados de armamento nuclear”.

De no lograrse un acuerdo, Estados Unidos que al igual que Israel, ha  manifestado  que no permitirá un Irán dotado de armas atómicas,  tendría que sopesar su reacción. Para un estratégicamente   confuso Estados Unidos, su mayor prioridad regional sería lograr un acuerdo con Teherán para  reducir las tensiones regionales, sin embargo, no cualquier acuerdo pues Biden enfrenta seria oposición en el Congreso y en la misma región en la medida que  un  acuerdo se perciba  como  apaciguamiento.

En estas circunstancias no es   descartable una acción militar contra los reactores  nucleares persas con las implicaciones que esto tendría para la región toda.

El Levante no levanta

En tres países del Levante;  Irak, Siria y Líbano  confluyen todos   los demonios que azotan el Medio Oriente:  colapso institucional, guerra sectaria, intervención extranjera, sociedades postradas, desplazamiento y desesperanza.  Irak y Líbano  son además precursores de un nuevo  y perverso modelo  institucional   en el que el monopolio de las armas  no  recae  en el Estado, sino  que  este debe compartirlo con milicias proxis de Irán que han sido  legalizadas.

Líbano  pasa  por el peor momento desde 1989 cuando concluyó  la   guerra civil. La moneda ha perdido  su valor, el sistema político  basado en clientelas étnico-religiosas hizo agua, más de un 80% de la población esta empobrecida   y el país es rehén de la organización terrorista Hezbollah cuyo poder bélico es mucho mayor que el del ejército nacional. El país no parece tener  futuro alguno a menos que haya cambios estructurales al sistema político y Hezbollah se desarme. Un Hezbollah contra la  pared o empujado por sus jefes en Teherán podría acudir una vez más a su siniestra estrategia de iniciar un guerra contra Israel con desastrosas consecuencias para el país del cedro.

Irak, cuna  de la  guerra sectaria en la región entre sunitas y shiitas, consecuencia de la invasión de Estados Unidos,  padeció lo horrores del Estado Islámico hasta que este fue derrotado dejando un legado de  ciudades en ruinas y millones de desplazados.  Antes de la pandemia la población estaba en la calle exigiendo cambios en el sistema político, servicios públicos, reconstrucción y rechazando la excesiva injerencia iraní.  En contraste, desde 1991  los kurdos en el norte del  país gozan de completa autonomía , controlan sus fronteras, establecen sus propias relaciones internacionales y progresan más rápido  que el resto de lo que queda del estado iraquí.

Sirio cesó de ser un Estado hace ya años.  Ciudades enteras yacen en ruinas, más de seis millones de refugiados han abandonado el país y  el desplazamiento interno afecta a la mitad de la población.  Bashar al Assad continua en el poder  tras haber asesinado a más de medio millón de conciudadanos,  gracias al paraguas diplomático e  intervención militar de Rusia y el apoyo  de  Teherán,  aunque controla a medias  solo dos terceras partes del territorio.   Sin embargo, las fisuras de  la alianza   entre Irán y Rusia se hacen cada vez mayores mientras que   Israel lleva a cabo operaciones regulares contra las fuerzas iranies y sus proxis shiitas. Por su lado,  Turquía ocupó parte de la región kurda al norte del país de la cual difícilmente se irá.

La alianza  difuminada

Desde hace años se viene  consolidando  una extraña alianza, política e ideológica, entre Turquía, Qatar y los Hermanos Musulmanes, agrupación islamista  con presencia en varios países árabes principalmente en Egipto y en Gaza con Hamás.  Turquía  bajo el nuevo “Sultán”,  Recep  Erdogan,  implantó una agresiva política de expansión  combinando todas las formas de lucha: militar, económica e ideológica. obteniendo un inobjetable triunfo bélico  con Azerbaiyán, ocupando territorios kurdos en Siria y enviando tropas a Libia.  Su alianza con Qatar se fortaleció cuando este último fue víctima de un bloqueo total impuesto en 2017 por Arabia Saudita, los Emiratos Árabes, Bahréin y Egipto. Estos cuatro países sancionaron a Qatar por su apoyo a los Hermanos Musulmanes y por la propaganda hostil promovida desde los estudios del canal de televisión Al-Jazeera. Este bloqueo se levantó en 2020 y Qatar volvió al su redil natural.

Turquía es presa de una  severa  crisis política y económica, su  economía va   en caída libre, la moneda ha perdido más del 50% de su valor, la inflación está desbordada y sus extensas aventuras militares pasan factura. Erdogan, quien modificó  las constitución para perpetuarse en el poder,  enfrenta  quizás la  mayor crisis de su presidencia, situación que lo  ha empujado a  buscar mejora en  sus tensas relaciones con Israel, Egipto y el Golfo. La reciente visita del príncipe heredero  de los EAU a Ankara demuestra el interés de Erdogan de cambiar de rumbo y rehacer amistades que el mismo había alienado.

Se difumina la alianza de  Turquía con Qatar y los Hermanos Musulmanes, quizás para bien de la región.

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

Compartir:

Marcos PeckelLa inestabilidad –nacional e internacional– ha marcado la historia reciente de los países de Oriente Medio y la tensión en la región parece estar llegando a su límite. ¿Qué se puede esperar este año?

Marcos Peckel* Continue reading «Medio Oriente en 2020: ¿es inevitable la guerra?»

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

Compartir:

Marcos PeckelEsta región caracterizada por la inestabilidad y los conflictos, seguirá agitada el año que comienza. Estados Unidos planea su retirada con más pena que gloria, mientras que otros poderes determinan las movidas políticas y militares.

Marcos Peckel*

Continue reading «Medio Oriente en 2019: nuevas alianzas, viejos conflictos»

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

Compartir:

Marcos PeckelPorque seguirá siendo el foco de la tensión mundial – y porque se han dado grandes cambios geopolíticos – esta mirada prospectiva a una región martirizada por las guerras que implican a las potencias y a su vez repercuten sobre el rumbo futuro de las potencias.

Marcos Peckel*

Continue reading «Medio Oriente 2018: año de transición»

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

Compartir:

Acuerdo P5+1 logrado con Irán, bajo el mandato de Obama.

Marcos PeckelNinguna región del mundo tuvo un año tan marcado por la muerte y la tragedia como Medio Oriente. Se libran varias guerras simultáneas en las que el radicalismo religioso se convierte en uno de los principales motivantes y las instituciones internacionales aparecen impotentes para encontrar salida alguna que ponga fin al cataclismo regional  

Marcos Peckel*

Continue reading «El apocalipsis de Medio Oriente en 2016»

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

Compartir:

Apertura oficial de la Liga de las Naciones en Oslo, en 1920.

Marcos PeckelDespués de un siglo del conflicto palestino-israelí el panorama es sombrío,  no hay  proceso de paz, los palestinos  están irremediablemente  divididos  y el apocalíptico entorno regional no es el más apropiado para acometer iniciativas que conduzcan a la solución de dos estados.    

Marcos Peckel*

Continue reading «Conflicto palestino-israelí: sin solución a la vista»

0 comentarios

Marcos Peckel

Escrito por:

Marcos Peckel

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Columnista del El Espectador y El País.

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.