Movimiento MIRA: el conflictivo matrimonio entre política y religión - Razón Pública

Movimiento MIRA: el conflictivo matrimonio entre política y religión

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Mauricio Beltran Iglesia

El escándalo por discriminación puso en el ojo del huracán a este emporio político y económico construido sobre la base de la religión. Una entre muchas organizaciones que han combinado con éxito la fe, el dinero y los votos.

William Mauricio Beltrán *

“La voz de Dios en la tierra”

Para María Luisa Piraquive el MIRA es una iniciativa que surgió en obediencia a un mandato divino y para los fieles de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional –IDMJI- esta es “la obra material de Dios”, el vehículo mediante el cual Dios va a instaurar su reino en este mundo. Dos convicciones que explican en gran medida las formas de actuar de los líderes y los fieles de esta organizaciones.

La sigla MIRA tiene dos significados: Movimiento Independiente de Renovación Absoluta y Movimiento Imitador de la Rectitud del Altísimo y hay una estrecha relación con la IDMJI. Tanto la IDMJI como el MIRA se rigen por lo que el sociólogo Max Weber denominó una “ética de la convicción”. Es decir, están orientadas por unos principios rígidos, que no pueden ser modificados ni negociados bajo ninguna circunstancia porque se consideran mandatos divinos. Esto significa que para ciertos temas no hay espacio para la polémica ni para la discusión ni en la IDMJI ni en MIRA. Simplemente hay cosas que Dios manda, que Dios prohíbe o que son “pecado”.

La alta influencia de María Luisa Piraquive sobre sus seguidores y la convicción de que ella es la voz de Dios en la tierra, explica también las dinámicas de voto 

Esto podría leerse, en parte, como un hecho positivo, porque explicaría la menor inclinación de este partido a participar en componendas políticas o hacer parte de actos de corrupción, que según la IDMJI son considerados pecaminosos. Sin embargo, esta actitud rígida les impide cambiar de opinión o buscar aliados si esto implica violar sus principios sagrados, lo que representa una desventaja en el campo político.

Por ejemplo, uno de los conflictos que evidenció este escándalo surgió de las diferencias de opinión entre los dos principales líderes de este partido, Alexandra Moreno Piraquive y Carlos Baena, respecto a la igualdad de derechos a las parejas homosexuales: Baena se mostró dispuesto a favorecer un proyecto de ley que reconocía la igualdad y Alexandra Moreno Piraquive se opuso y acusó a Baena ante su señora madre (María Luisa Piraquive) por poner al MIRA al servicio del diablo.

Esta ética de la convicción impide también que el MIRA se desmarque de la IDMJI y asuma posiciones pluralistas, como condenar las declaraciones discriminatorias de María Luisa Piraquive. Nadie, ni en MIRA ni en la IDMJI, puede contradecir a María Luisa Piraquive, pues ella es la voz de Dios en la tierra, y si bien ella no es la cabeza visible de partido, toda decisión de importancia en el MIRA debe gozar de su aval.

La alta influencia de María Luisa Piraquive sobre sus seguidores y la convicción de que ella es la voz de Dios en la tierra, explica también las dinámicas de voto cautivo que tiene lugar en el interior de esta organización religiosa. Si Dios espera que sus hijos apoyen a MIRA ¿Quién se atreve a desobedecer su mandato? Además, como es muy frecuente en el mundo pentecostal, los fieles de la IDMJI están convencidos de que desobedecer la voz de Dios acarrea castigos divinos en esta vida o en el más allá. Así, fácilmente, la fidelidad a Dios, a la IDMJI y a María Luisa Piraquive se traduce en fidelidad política a MIRA.


Página de Facebook de Alexandra Moreno Piraquive
Alexandra Moreno Piraquive, Senadora por el
partido MIRA.

El MIRA y el mercado religioso en Colombia

El MIRA no representa a la totalidad de la comunidad cristiana en Colombia. Es solo la expresión del pensamiento de una iglesia, la IDMJI, una entre miles de iglesias cristianas que hacen presencia en el país. Además la IDMJI es considerada herética o de falsa doctrina por otras comunidades cristianas no católicas.

El cristianismo no católico en Colombia incluye diversos movimientos que incluyen una amplia gama de ideas religiosas y políticas y van desde el protestantismo histórico (luteranos, presbiterianos, bautistas, menonitas…) hasta innumerables iglesias evangélicas, pentecostales y neo-pentecostales (o carismáticas), muchas de las cuales son organizaciones religiosas informales, peyorativamente denominadas “iglesias de garaje”.

En general, la relación entre la mayoría de estas iglesias es de rivalidad y no de cooperación. Además, entre ellas es frecuente la estigmatización reciproca: se señalan unas a otras de ser sectas heréticas y peligrosas. Esto tiene una explicación de fondo: todas ellas compiten por el mercado de las almas. En otras palabras, una iglesia u organización religiosa solo puede crecer arrebatándole fieles a las otras, incluida la Iglesia católica.

Es indudable que en Colombia se ha instaurado un mercado religioso competitivo alrededor de la fe y la salvación, que propone sobre todo nuevas interpretaciones del mensaje cristiano. En este mercado es frecuente escuchar pastores que ofrecen la salvación o la vida eterna, pero también milagros de salud y prosperidad en el aquí y el ahora.

Por las almas y por los votos

Algunas organizaciones religiosas participan de manera más moderada en este mercado religioso. Especialmente los protestantes históricos se muestran más renuentes a usar estrategias agresivas de marketing y a sacrificar sus doctrinas con la sola intención de atraer nuevos fieles.

Como sucede con los partidos políticos, las relaciones entre las diversas comunidades cristianas que participan en el campo electoral son también de rivalidad y competencia. Además de la IDMJI, otras organizaciones religiosas, como la Misión Carismática Internacional, el Centro Misionero Bethesda o La cruzada Estudiantil y Profesional de Colombia compiten por las almas y por los votos.


Wikimedia Commons
María Luisa Moreno Piraquive, dirigente de la Iglesia
de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional.

El negocio de la fe… y de los pastores

Todas las iglesias cristianas tienen intereses económicos, en primer lugar, porque todas necesitan sostener su organización y su culto, deben pagar salarios a sus pastores y deben rentar o comprar inmuebles para celebrar sus cultos. Para satisfacer estas necesidades básicas, prácticamente todas estas organizaciones enseñan el diezmo: animan a sus seguidores a donar el 10 por ciento de sus ganancias.

Hay algunas diferencias entre las iglesias en la forma como manejan sus finanzas. Las organizaciones más pequeñas  tienen ingresos relativamente modestos que solo les permiten sostener la organización. Mientras que los protestantes históricos suelen invertir sus excedentes en formas de servicio social, que benefician a sus fieles o a otras comunidades vulnerables, como programas de educación, asistencialismo o salud.

Sin embargo existe un limitado número de organizaciones religiosas que por su tamaño y el carisma de sus fundadores recaudan inmensas riquezas, estamos hablando de miles de millones de pesos mensuales. Entre estas además de la IDMJI, encontramos, por citar unos pocos ejemplos, la Misión Carismática Internacional, el Centro Misionero Bethesda o el Centro Mundial de Avivamiento. Estas organizaciones además del diezmo predican otras formas de donación (pactos, siembras u ofrendas) y promocionan la llamada “teología de la prosperidad”, que consiste en afirmar que toda donación que hagan a la iglesia les va ser retribuida con creces, pues Dios los va a colmar con prosperidad, salud y éxito personal.

Los líderes de estas iglesias no temen exhibir estilos un de vida suntuoso (carros costosos, mansiones, joyas) y sus fieles son conscientes de que estos lujos son adquiridos gracias a sus donaciones y no se escandalizan ni se sienten estafados u ofendidos. Consideran que estos lujos son señal del carácter de elegidos que tienen sus líderes: el fiel considera a su pastor como el modelo a imitar y su aspiración es llegar a estar un día “tan bendecido como su pastor”, y disfrutar de la misma prosperidad y éxito que éste tiene.

La mayoría de estas organizaciones, (que en mis investigaciones he denominado “mega-iglesias”, “multinacionales de la fe” o “empresas prestadoras de servicios religiosos”) no tienen obras sociales, ni reinvierten sus ganancias en servicios a sus fieles diferentes a los servicio religiosos. Se consolidan como emporios económicos internacionales e incluso como franquicias que manejan cuantiosos dividendos, la mayoría amplían su convocatoria adquiriendo emisoras y canales de televisión.         

Todo queda en familia

En general todas las grandes organizaciones cristianas no católicas que he mencionado funcionan como empresas familiares. Todas ellas han sido fundadas por lo que Max Weber denominó “líderes carismáticos”: predicadores o pastores que según sus seguidores exhiben un don o un talento extraordinario: sanan a los enfermos, tienen poder sobre los demonios o predicen el futuro.

El MIRA no representa a la totalidad de la comunidad cristiana en Colombia. Es solo la expresión del pensamiento de una iglesia.

Estos líderes carismáticos encuentran entre sus parientes más cercanos sus colaboradores más confiables. Por lo cual, los lugares de poder en las organizaciones religiosas -y en este caso en el partido político- quedan en manos de parientes cercanos. Además, los líderes carismáticos suelen entrenar a sus hijos o a sus yernos (pues la mayoría de estas organizaciones sigue la línea patriarcal) como herederos de la autoridad y de la organización religiosa.

¿Qué pasa en el MIRA?

En el MIRA no todo es prosperidad, riqueza y buenos vientos. Es claro que un grupo de creyentes insatisfechos ha desertado de la IDMJI, después de reflexionar se sienten estafados o engañados, por lo que quieren denunciar las estrategias de esta Iglesia para desprestigiarla y evitar que otras personas sean víctimas de lo que ellos ahora consideran técnicas de manipulación.

En el campo político, este escándalo es celebrado desde todos los sectores políticos pues el MIRA venía consolidándose como un partido con autonomía relativa, con cierta vocación social y con menos enredos de corrupción que la mayoría de partidos y movimientos políticos. Ahora, como consecuencia del escándalo, un sector de la opinión que no pertenece a la IDMJI y que veía a MIRA como un proyecto político prometedor, ha quedado desconcertado y se convierte en un potencial electoral que los demás partidos están ansiosos de captar.

Es indudable que en Colombia se ha instaurado un mercado religioso competitivo alrededor de la fe y la salvación

Con las elecciones ad portas, el MIRA está en una condición muy difícil y el escándalo ha abierto la caja de pandora con todos sus males. A estos se les suma el nuevo umbral electoral que constituye un gran reto para los pequeños partidos y movimientos políticos.

Llegarán las elecciones y veremos si aún funciona la organización religiosa y política que ha demostrado una gran capacidad de movilización de sus fieles.

 

* Sociólogo, profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

 

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