Los paramilitares en Colombia: un retrato colectivo (II) - Razón Pública
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Los paramilitares en Colombia: un retrato colectivo (II)

Escrito por Juan David Velasco

viendo fotos de personas asesinadas por paramilitares

Juan David Velasco

Esta segunda entrega de la serie sobre paramilitarismo analiza cómo la ubicación geográfica de los frentes hacía variar las técnicas para desaparecer los cadáveres de sus víctimas.

Juan David Velasco*

El papel de la geografía

La geografía condicionó el modo de actuar de los grupos paramilitares, y un caso ilustrativo que permite examinar esta hipótesis  empíricamente es el delito de desaparición forzada.

Según Salvatore Mancuso, en versión libre del 30 de agosto de 2012, todos los frentes paramilitares que tenían el influjo de Carlos Castaño, debían “ocultar cadáveres” para no deteriorar la colaboración con la Fuerza Pública: “(…) las órdenes (de desaparecer los cadáveres) vinieron de Carlos Castaño, pues tenía presión porque esto aumentaba los índices de violencia de los municipios”.

Los grupos con presencia en zonas rurales próximas a cuencas hídricas tendieron a utilizar los ríos caudalosos para sumergir los cadáveres.

Aunque que existía una “política” en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)    para desaparecer los cadáveres de las víctimas, la forma (o modus operandi) como lo hacían los bloques y frentes paramilitares era diferente en cada región o localidad:

· Unos optaban por enterrar los cuerpos en fosas clandestinas (Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada),

· Otros arrojaban los cadáveres al río (Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá y Bloque Cundinamarca),

· Otros construyeron “hornos crematorios” para incinerar los cuerpos de las víctimas (Bloque Catatumbo).

· Otros descuartizaban a las víctimas y arrojaban las partes de sus cuerpos en diferentes lugares (Frente William Rivas y Frente Héroes de Boyacá)

En ese contexto vale la pena preguntarse: si existía una “política” de las AUC  para desaparecer la evidencia sobre la comisión de homicidios, ¿por qué el método de ocultamiento de cadáveres fue tan diverso entre los varios grupos?

La evidencia aportada por los Tribunales de Justicia y Paz parece indicar que la geografía fue el factor preponderante para que los comandantes paramilitares escogieran su método de ocultamiento de cadáveres.

En zonas urbanas como Cúcuta, los cadáveres eran desmembrados o incinerados.
En zonas urbanas como Cúcuta, los cadáveres
eran desmembrados o incinerados.
Foto: Wikimedia Commons

La desaparición en zonas rurales

Los grupos con presencia en zonas rurales próximas a cuencas hídricas tendieron a utilizar los ríos caudalosos para sumergir los cadáveres.

Por ejemplo en Puerto Boyacá, el comandante Arnubio Triana Mahecha (alias “Botalón”) utilizaba un lugar a la orilla del río Magdalena, conocido como “los Transmisores”, para asesinar a las víctimas y arrojarlas al río.

Igualmente en Yacopí, Luis Eduardo Cifuentes (alias “el Águila”), comandante de las Autodefensas del Bloque Cundinamarca, ordenaba sumergir los cadáveres en los ríos, cuando los homicidios eran cometidos en las veredas de Terán y Patevaca, por donde atraviesa la cuenca hídrica del Rionegro.

Por su parte los grupos que operaban en zonas rurales no montañosas (llanura) tendieron a desaparecer los cadáveres mediante el entierro en fosas clandestinas de distintos  tamaños.

El tamaño estándar de una “fosa común paramilitar” es de 4 metros de ancho por 4 metros de largo. Sin embargo, integrantes de las Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada han dicho que, por “ahorrar tiempo y energía”, descuartizaban en partes más pequeñas el cadáver de la víctima, para no tener que cavar fosas tan grandes.

Por ejemplo Baldomero Linares (comandante de las Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada), ordenó cavar múltiples fosas comunes en la inspección de Remolinos en el municipio de Puerto López, y también instruyó a sus subalternos para que, después de asesinar a un civil que se encontraba en su finca, cavaran “fosas improvisadas” cerca del lugar de la comisión del delito.

La desaparición en zonas urbanas

En contraste, los grupos con presencia en zonas urbanas que no estaban próximas a cuencas hídricas tendieron a:

1. Construir hornos crematorios para incinerar el cuerpo de las víctimas; y

2. Descuartizar el cadáver para dispersar los restos en diferentes lugares.

Al respecto es contundente la declaración de Jorge Iván Laverde Zapata (alias “el Iguano”), comandante del Frente Fronteras del Bloque Catatumbo: “Pregunté si existía algún río para librarnos de esos cuerpos por si la Fiscalía decidía incursionar en el terreno, ya que no era una fosa única sino varios fosas con uno o dos cuerpos. Pero este río no era tan torrentoso”.

Los grupos que operaban en zonas rurales no montañosas (llanura) tendieron a desaparecer los cadáveres mediante el entierro en fosas.

Ante la dificultad para arrojar los cadáveres a un río, alias ‘el Iguano’ ordenó construir hornos crematorios en municipios de Norte de Santander que fueran colindantes con Cúcuta (su centro de operación económica y logística). Uno de los hornos crematorios más utilizados por este jefe paramilitar se encontraba en la vereda Juan Frío del municipio Villa del Rosario, en un sitio conocido como "trapiche viejo”.

Adicionalmente, otros grupos con operación netamente urbana (por ejemplo, el Frente William Rivas en Santa Marta, Ciénaga y Fundación, en Magdalena, y el Frente Héroes de Boyacá en San Cayetano, Cundinamarca) tendieron a desmembrar a las víctimas y a dispersar los restos del cuerpo en diferentes barrios y vecindades, ante la doble dificultad geográfica para construir fosas comunes (ya que en un municipio urbano densamente poblado, las fosas comunes no tienen cabida) y para sumergir los cadáveres en ríos caudalosos.

 

* Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana. Este artículo hace parte de una investigación en desarrollo adelantada por Eduardo Castellanos Roso, Gladys Martínez, Hugo Pineda y Alexander Silva. 

@Velasco_Juan

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