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Ébola: más que una enfermedad

Escrito por Saúl Franco

en africa varios hombres de la cruz roja cargan una camilla con el cuerpo de una persona sin vida

Es una enfermedad devastadora y es una muestra dramática de la desigualdad económica, social y sanitaria entre países pobres y países ricos, que por las dos razones causa alarma y por las dos razones amenaza la estabilidad del orden internacional.

Saúl Franco*

Una epidemia sacude el mundo

¿Puede un virus provocar un tsunami sanitario mundial? ¿Puede una infección viral poner en cuestión culturas ancestrales al mismo tiempo que el ordenamiento económico-político internacional? El virus del ébola y la fiebre hemorrágica del mismo nombre están demostrando que sí.

Sabemos que este es un virus originario de África, aunque no sabemos hace cuántos años se conservaba en murciélagos y afectaba a ciertos animales. Sin embargo, desde 1976 ha venido demostrando que también puede ser letal para los humanos.

En las últimas semanas esta epidemia, que empezó en Liberia, Guinea y Sierra Leona, ha ganado un protagonismo impensable. Logró que el pasado 8 de agosto la Organización Mundial de la Salud (OMS) la declarara emergencia de salud pública de importancia internacional y la calificara como una “amenaza para la paz y la seguridad mundiales”.

A raíz de ella, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fue convocado por tercera vez en su historia para tratar exclusivamente un tema de salud y en su declaración 2177 afirmó que “a menos que se contenga el brote, esos Estados podrían presenciar disturbios civiles, tensiones sociales y deteriorarse el clima político y de seguridad”.

Se trata de una enfermedad con altísima letalidad, es decir, con una gran capacidad de producir la muerte a quienes la contraen.

El virus logró que la Asamblea General de Naciones Unidas centrara en él sus discursos y su agenda y dejara en segundo plano otras graves amenazas para la seguridad mundial; y también que el Parlamento Europeo se pronunciara sobre la epidemia con una preocupación y un nivel de detalle poco usuales.

El Grupo Banco Mundial hizo desembolsos exprés hasta por 400 millones de dólares para responder a la emergencia y para estimular otros desembolsos millonarios de países, empresas y fundaciones, pues el objetivo de Naciones Unidas es que se recauden unos 1.000 millones para combatir el mal.

Dos explicaciones, aparentemente distanciadas pero en el fondo complementarias, pueden ayudar a entender por qué esta enfermedad ha tenido semejante impacto. La primera se relaciona con la naturaleza misma de la enfermedad. Y la segunda, con su significado e implicaciones económico-políticas.


Especialistas europeos en infecciones peligrosas
trabajan en Guinea, uno de los países azotados
por el ébola.
Foto: European Commission DG ECHO

La enfermedad biológica

Sin duda estamos ante una enfermedad grave y ante un gran desafío para la virología, la clínica, la epidemiología, la salud pública y la investigación biomédica.

Se trata de una enfermedad con altísima letalidad, es decir, con una gran capacidad de producir la muerte a quienes la contraen, y se estima que de 100 personas que se infectan, pueden morir hasta 90.

No se dispone de una vacuna que permita prevenirla, ni de un tratamiento específico probado. Las respuestas terapéuticas que se han dado (en particular el uso del suero ZMapp, producido en Estados Unidos) han sido muy polémicas por carecer aún de las pruebas exigidas por los protocolos internacionales para demostrar su eficacia y evaluar sus posibles efectos secundarios.

Por otra parte, la agresividad del virus, sumada a la baja capacidad de defensa y respuesta acumulada en los humanos dado que hace menos de cuarenta años que se está en contacto con él, facilitan que la enfermedad progrese rápidamente en órganos y sistemas esenciales, y que la sintomatología sea excepcionalmente aguda: fiebre alta, dolores intensos en músculos, cabeza y garganta, vómito, diarrea, sangrados intensos y, muy precozmente, insuficiencia renal y hepática.

Además, es una enfermedad que se adquiere muy fácilmente por el contacto directo con el cuerpo y las secreciones de los infectados y de los cadáveres. Y en esto juegan un papel esencial algunas cuestiones culturales, como el acompañamiento de los enfermos, los ritos funerarios y el destino de los cadáveres.

Son estas características de letalidad, agresividad, relativa indefensión, fácil contagio y expansión las que le confieren con fundamentos a esta epidemia el carácter de riesgo grave y alarma generalizada.

El hecho de que según la OMS se hubieran registrado ya 7.492 casos hasta el 30 de septiembre pasado (y hay estimativos de que por cada caso registrado hay en promedio 2,5) y que de ellos ya hayan muerto 3.431 explica la alarma justificada que se vive no solo en África occidental sino en todo el mundo.

Pero esta es solo una primera parte de la explicación.

La enfermedad política

La segunda tiene que ver con el hecho de que la epidemia pone en evidencia inequidades sanitarias, económicas y políticas escandalosas que, en un contexto enrarecido por diversas tensiones y graves enfrentamientos, pueden desbordar los débiles mecanismos de control y encender nuevos incendios con consecuencias incalculables.

Liberia, el pequeño país que ha aportado el 75 por ciento de los muertos por la actual epidemia del ébola, tiene un poco más de 100.000 kilómetros cuadrados y ronda apenas los cuatro millones de habitantes.

Pero sus indicadores sanitarios, sociales y económicos son alarmantes: tiene una esperanza de vida de 56 años para los hombres y de 59 para las mujeres y una tasa de mortalidad infantil de 71 por cada mil nacidos vivos, solo el 18 por ciento de la población tiene acceso a servicios de saneamiento básico y más de la cuarta parte no tiene acceso al agua potable, los servicios de salud son extremadamente precarios en personal, tecnología, planta física y cobertura, y el 84 por ciento de la población sobrevive por debajo de la línea de pobreza.

La epidemia pone en evidencia inequidades sanitarias, económicas y políticas escandalosas.

El PIB per cápita del país fue en 2012 de US$ 700. Para el mismo año el de Sierra Leona (otro de los países infectados) fue de US$ 1.400 y el de Singapur fue de US$ 60.900. Es decir, el PIB per cápita de Singapur es 152 veces mayor que el de Liberia.

Con razón Brownie Samukai, ministro de Defensa de Liberia, expresó ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que el ébola representa “una amenaza para la existencia de mi país”. En otras palabras, lo que está en juego no es el riesgo de muerte de algunos liberianos sino la sobrevivencia misma de Liberia como país.

Por su parte, la directora general de la OMS, Margaret Chan, afirmó que “se trata de una crisis social, humanitaria, económica, y una amenaza a la seguridad nacional que se extiende más allá de los países afectados”.

A su turno, el presidente de Estados Unidos declaró: “esto es mucho más que una crisis de salud. Es una amenaza creciente a la seguridad regional y mundial. En Liberia, Guinea y Sierra Leona, los sistemas públicos de salud están al borde del colapso. El crecimiento económico está cayendo de forma dramática. En una era en la que las crisis regionales pueden convertirse en amenazas globales, frenar el ébola interesa al mundo entero”.


Calle en el centro de Monrovia, capital de Liberia.
Foto: Wikimedia Commons

Ébola: doble riesgo

Si evaluamos las dos explicaciones planteadas en términos de riesgos, puede afirmarse que el ébola implica un doble riesgo: el de la expansión masiva de la enfermedad y el de la desestabilización de la seguridad mundial.

El primero se va cuantificando periódicamente con los informes de la OMS que muestran un crecimiento exponencial de la epidemia en el occidente de África. Pero la expansión que en el fondo preocupa a muchos de los actores que han intervenido es la que se da fuera de África, que ya ha empezado a pasar de la amenaza a la realidad como lo muestran algunos ejemplos:

– Un sacerdote español murió como consecuencia de esta enfermedad;

– Se trataron con éxito dos estadounidenses y están en observación cincuenta de los cien contactos en Estados Unidos de un liberiano infectado (lo que prueba que no es lo mismo que se trate la misma enfermedad en los países africanos que en los centros médicos de un país rico); y

– Ya está en tratamiento en Alemania un médico ugandés infectado.

La otra preocupación de fondo es la seguridad mundial. Es decir, el riesgo de que el ébola se convierta en la vitrina mundial de inequidades económicas, políticas, sanitarias y culturales insostenibles, remueva las bases del ordenamiento mundial y llegue a convertirse en la chispa que acabe de encender el pajar de conflictos que ya están en curso en distintas partes del mundo.

La seguridad mundial de que se habla no es solo entonces la contención de las guerras sino la estabilidad del orden económico-político internacional vigente. El peligro latente no es solo la guerra sino que el tsunami epidémico haga tambalear la estructura de poder vigente en los pequeños países víctimas del virus o en las grandes potencias y sus empresas trasnacionales.

Las dos explicaciones provisionales no son entonces independientes. La agresiva dinámica bionatural del ébola no es independiente de las condiciones de vida de los africanos, de la precariedad de sus condiciones sanitarias y nutricionales y de las carencias científico-técnicas para enfrentarla.

Y el riesgo para la seguridad mundial tiene que ver con el temor de que la evidencia de las inequidades desnudadas por la epidemia sea el detonante de la indignación internacional.

Esta epidemia, que a pesar de las actuales cifras ya alarmantes, apenas comienza, y de la cual ningún país puede sentirse fuera de riesgo, está poniendo en evidencia la esencial relación entre salud, economía y política. Por eso es necesario tratar no solo los síntomas de la enfermedad sino las causas más estructurales de esta y de otras epidemias en curso.

 

*Médico social y docente-Investigador de la Universidad Nacional de Colombia y Universidad Santo Tomás.

 

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