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Claudia López después de la COVID-19

Escrito por Miguel Silva Moyano
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Después de ser criticada por su gestión del paro y de la pandemia, la alcaldesa de Bogotá propone un Plan de Rescate Social. ¿En qué consiste y qué tan exitoso puede ser?

Miguel Silva Moyano*

Un estilo de gobierno

No es fácil gobernar una ciudad como Bogotá. Claudia López tiene el mérito de haberla gobernado en medio de una pandemia y un extendido malestar social. También logró mantener altos niveles de favorabilidad en una ciudad donde este fenómeno parece una rareza.

Por supuesto, la favorabilidad no depende apenas de los resultados de sus políticas: se necesita una estrategia de comunicación, y en esto último la alcaldesa parece estar dando cátedra.

Pero la falta de consistencia con las promesas de campaña y el cambio frecuente de posiciones son criticado por muchos: “como digo una cosa, digo la otra”. Algunos sostienen que el vaivén de sus posiciones obedece a que gobierna con encuesta en mano.

Protestas y policías

Claudia López quedó atrapada en una red que ella misma armó. Cuando era candidata se vendió como “la jefe de la policía”, aunque como alcaldesa en varias oportunidades señaló que no lo es.

Este vaivén suscitó la pregunta sobre el papel de la alcaldesa en la respuesta a las protestas, pero también sobre sus relaciones con la fuerza pública, particularmente con la Policía y el ESMAD. En privado, en el Puesto de Mando Unificado se dice algo y después en público se dice lo contrario (como es el caso de la asistencia militar). Esto desconcierta a los policías y a la ciudadanía.

Adicionalmente, en varias ocasiones la alcaldesa señaló los problemas de adelantar manifestaciones multitudinarias durante la pandemia. Esto sumado a su manejo de las protestas pusieron a Claudia López del mismo lado del gobierno nacional.

Manejo de la pandemia

Durante la pandemia, la alcaldía optó por medidas restrictivas cuya efectividad fue abiertamente criticada. Al principio se planteó el dilema entre economía y salud, pero el aumento del desempleo hizo evidente que las medidas restrictivas podían ser tan nocivas como el virus: 1 millón de personas entraron a la pobreza a causa de las restricciones.

Las cuarentenas se aplicaron cuando la curva del virus ya estaba bajando, lo cual reafirmó la idea de que dichas restricciones no eran necesarias. Aun no hay evidencia científica que apoye estas medidas, como tampoco la del 4 x 3, que obligaba a concentrar las interacciones en cuatro días y encerraba a la gente exponiéndola al virus en espacios cerrados durante otros tres días cada semana.

La falta de consistencia con las promesas de campaña y el cambio frecuente de posiciones de López son criticado por muchos: “como digo una cosa, digo la otra”.

Algunos dicen que el paro dio al traste con las cuarentenas, pero en realidad el abuso de la medida impidió que funcionara cuando realmente se necesitaba. La pobreza creada por las cuarentenas y el desgaste de las capacidades de un Estado débil para hacerlas cumplir obligaron a la alcaldía a enfrentar el agotamiento de su paradigma.

Cambio de discurso

Pero la semana de convalecencia le sirvió para hacer un acto de contrición y una lectura política mucho más pragmática de la situación. Necesitaba diferenciarse del gobierno nacional y disputar el liderazgo de Gustavo Petro.

Después de recuperarse de la COVID-19, la alcaldesa retomó actividades con un video donde anunció un cambio en la dirección de su gobierno, especialmente frente al paro nacional y a la pandemia, y con la presentación del “Plan de Rescate Social”: un conjunto de traslados presupuestales por 1,7 billones de pesos, que desfinancia unos proyectos para aumentar la cobertura de otros.

Con el anuncio de la reapertura, López reconoció que existe una manera distinta de enfrentar la pandemia. Sin duda el anuncio llegó tarde, pero será fundamental para luchar contra la pobreza. Los subsidios y las trasferencias monetarias no son suficientes.

Foto: Alcaldía de Bogotá El mensaje de Claudia López se salió de la lógica de la confrontación y apeló al cambio de rumbo.

El cambio en el discurso parece obedecer a la necesidad de conectar con el grueso de la población bogotana (¿y colombiana?) que, aunque siente el malestar social, no está de acuerdo con el paro, ni con el vandalismo y mucho menos con la manera como Duque gestiona la crisis.

El mensaje de López se salió de la lógica de la confrontación y apeló al cambio de rumbo. El destinatario de sus mensajes fue la población que espera soluciones excepcionales por parte de los gobernantes. Es poco probable que sus anuncios desactiven la contienda violenta, pero sí ganará un mayor respaldo por parte de esas audiencias que no participan activamente en las refriegas.

Plan de Rescate Social

Frente al Plan de Rescate Social conviene preguntarse si este mensaje le llegó o no le llegó a la ciudadanía.

En todo caso, las dimensiones precisas del Plan se conocerán en un par de semanas, cuando sea radicado ante el Concejo. Según algunos rumores, también se presentarían traslados presupuestales en otros sectores que la alcaldesa no anunció.

¿Es un verdadero Plan de Rescate Social o, como sucedió con el llamado Plan Marshall de la alcaldía, se trata de un acto comunicativo rimbombante cuyos contenidos son claramente menos ambiciosos que los títulos que se le asignan?

En principio, los 1,7 billones se reasignarían a varios componentes:

  • un paquete de obras locales,
  • aumento de cobertura en primera infancia y en educación superior,
  • aumento de trasferencias monetarias a los más pobres y los jóvenes,
  • subsidios de vivienda y arriendo,
  • apoyo a emprendimientos de mujeres,
  • creación de empleo cofinanciado entre el distrito y la empresa privada.

Tres programas prioritarios

-El componente principal de esos 1,7 billones (por un monto cercano al medio billón de pesos) sería un conjunto de obras locales con estudios y diseños listos que debieron contratarse el año pasado mediante los Fondos de Desarrollo Local, pero quedaron desfinanciados por la pandemia. Con esta decisión la alcaldía se pone al día con unas obras que vendrían incluso de la administración anterior.

Esta reasignación financiera podría crear nuevos empleos, pero conviene medir que tanto compensa los trabajos que no se crearían con los otros 1,2 billones que estaban contemplados también para obras de infraestructura pero que serán reasignados a los otros componentes.

-El segundo componente al que le asignan una mayor cantidad de recursos (350 mil millones) consiste en aumentar el alcance del ‘ingreso mínimo garantizado’ para llegar a un millón de hogares. Sin duda es una apuesta en la dirección correcta que permite atender directamente a las poblaciones más necesitadas.

El cambio en el discurso de López parece obedecer a la necesidad de conectar con el grueso de la población bogotana (¿y colombiana?) que, aunque siente el malestar social, no está de acuerdo con el paro

Ahora bien, este programa funcionó con la concurrencia del gobierno nacional durante el 2020. Sin este programa, probablemente el aumento de la pobreza en la ciudad sería mayor, ya que como sostiene Fedesarrollo las transferencias monetarias podrían reducir la pobreza en cerca de 40 %.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de una respuesta temporal y debe complementarse con la creación de empleo, en especial si se tiene en cuenta que a cada familia le correspondería en promedio un giro mensual de 83 000 pesos o incluso menos.

-Las cifras de la administración para las iniciativas en el campo de la educación superior no son claras. La alcaldesa habló de 100 mil millones para 30 mil cupos (una razón de unos 3,3 millones por estudiante). En las instituciones de educación superior de la capital, oficiales y privadas, puede haber unos 700 mil estudiantes.

La confusión consiste en saber si esos recursos aumentarán la cobertura de la educación superior y crearán cupos nuevos (pasar de 700 mil a 750 mil estudiantes, por poner un ejemplo), o si financiarán la matrícula a una parte de esos 700 mil alumnos existentes.

También existe otra opción: usar esos recursos para financiar cursos de “inmersión” de estudiantes, sin matricularlos, mejorando las cifras de beneficiarios que muestra la alcaldía, pero creando una trampa para los estudiantes que podrían quedar con asignaturas cursadas y sin un cupo en las universidades.

El lenguaje usado por la alcaldesa en la presentación del Plan es un mal indicio. Allí usó referencias engañosas como que una beneficiaria de ‘Reto a la U’ estudiaba en la Universidad Nacional gracias a alcaldía, cuando en realidad la estudiante es beneficiaria de cursos de inmersión que son válidos si logra aprobar el proceso de admisión.

También habló de ‘Educación Superior barata’, pero no es claro cómo puede abaratarse la educación superior. Parece que sería necesario deteriorar aun más las condiciones laborales de los docentes universitarios o sacrificar los recursos para la investigación científica y el desarrollo tecnológico.

Una parte de esta discusión se abordó durante el debate del presupuesto para la vigencia 2021, cuando los concejales exigieron garantizar recursos para cubrir el dinero que dejaría de recibir la Universidad Distrital por la decisión de la matrícula cero. En esa ocasión la alcaldía propuso no otorgar recursos adicionales y que la universidad mirara que sacrificios hacía. Habrá que poner la lupa sobre este asunto cuando se presente el Plan de Rescate Social ante el Consejo.

No se trata de gastar unos recursos para avalar el mensaje político de la importancia de invertir en los jóvenes, sino de garantizar que esos recursos se inviertan del mejor modo posible. En este caso, que se abra la puerta para que más estudiantes puedan acceder a las mejores instituciones disponibles.

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